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El búcaro de barro

Día a día

Volviendo a escribir

   Los días que he pasado fuera he tenido una sensación paradójica, por un lado me ha venido bien el alejarme de la escritura y descansar de engarzar palabras, pero por otro lado he notado esa necesidad y he echado de menos el construir ideas en el blog. Incluso me da la impresión a colocarme frente al teclado como si hubiera perdido, un poco, el ritmo semigimnástico que supone el escribir en el blog. ¿Será que deje las musas en Valencia? Espero que no y seguiré registrando en los cajones de la mesa hasta que me aparezca alguna.

   De las muchas cosas que podría escribir, hoy voy a traer a colación mi trabajo, algo que por higiene mental dejo tras de mí al cerrar la puerta, pero es que hoy, me siento feliz, después de año y medio se ha incorporado una compañera nueva, lo que supone un reforzamiento sustancial de la plantilla y no sólo eso...además con ganas de aprender y trabajar. Me tocará una vez más enseñar, pero no me importa porque estoy seguro que el tiempo que dedique a ello beneficiará a la larga a esa compañera y a todo el que se acerque a hacer una gestión donde trabajo.

De vuelta

Siempre cuando vuelvo de algún viaje tengo paradójicas sensaciones, por un lado me ha alegrado el cambiar de ambiente y lugar, pero por otro me alegra también el volver a mi rincón habitual. He disfrutado de estos días en Valencia, un viaje que estuvo a punto de ser frustrado por una varicela inoportuna y de última hora pero que al final la situación no dio problemas.

Algunos apuntes del viaje:

-Nunca había subido a un avión tan minúsculo, tenía que ir con la cabeza agachada pues pegaba en el techo, me alegré de no ser un poco más alto porque me hubiera atorado en el pasillo.
-Todos los taxistas a los que conocí eran emigrantes.
- Los valencianos con los que me topé todo un dechado de amabilidad.
-Algunos días demasiado calor.
-Me dio la sensación de que los semáforos están más tiempo en rojo que en verde.
-La Ciudad de las Artes y las Ciencias un prodigio arquitectónico pero me decepcionó un poco por dentro.
-Interesante y curiosa la manera de realizar los ninots.
-Los dos platos de arroz que tomé estaban buenísimos.
-¡Qué grande es la Albufera!
-Tuve la alegría de reencontrarme con algún amigo al que hacía más de quince años que no veía.
-Escuché protestas de más de uno, debido a los atascos cotidianos que se forman por el corte del puente sobre el que se construye el escenario para la próxima visita del Papa en julio.
-Hay metro, pero nunca había parada donde yo tenía que ir, así que no me monté en él.
-Lo malo de que me dieran el último asiento del avión es que sólo me llegaban los canapés que nadie quiso.
-Es incomodísimo orientarse con un plano donde las letras no se ven y cuando intento sacar las gafas el plano se dobla de mil maneras imposibles de deshacer.
-Lo bueno de que me dieran el último asiento del avión es que al despegar y aterrizar la azafata sentada en el pasillo estaba justo a mi lado.

-Me enteré que eixida significaba salida, cuando después de muchas vueltas para salir a la calle sólo encontré una puerta con ese cartel.

Ya está de nuevo aquí...

         "Polvo, sudor y hierro..." así si mal no recuerdo empezaba un viejo romance español que hablaba de las gestas del Cid. Ese mismo comienzo es el que me viene a la cabeza cuando llegan estos días de feria a mi pueblo. Son unos días extraños donde parece que el mundo se pone un poco al revés. Los que habitualmente trabajamos reducimos jornadas de trabajo o algunos, incluso, durante toda la semana vacacionan. Los que no suelen trabajar nada durante el año consiguen un puesto de trabajo durante unos días en mil y una labores haciendo jornadas de horas sin fin. El montaje de casetas une a todos ingenieros y parados, maestros y artesanos, que codo con codo trabajan de una manera tan intensa que si eso lo hicieran durante el resto del año nuestra economía se levantaría muchos enteros.

         A mi personalmente no me gusta nada la feria, será que no la viví cuando era niño, pero el jaleo del ferial no es de las cosas con las que disfruto, así que sólo procuro ir lo justo. Otra de las cosas que hace que no me guste nada es que es una feria que está en el centro, paraliza en todos los sentidos el pueblo y es sumamente molesta para la gente de las proximidades, entre las que me incluyo. Al menos, delante de la puerta de mi casa, como le ocurre a algunos no me ponen un puesto de patatas fritas y cada vez que vas a entrar o salir se tiene que echar para el lado el patatero. Esta feria atrae a mucha gente de los pueblos de alrededor, pero mucho de los que vivimos aquí, aprovechamos estos días para irnos a conocer otros lugares y tomar unas pequeñas vacaciones de primavera. Así que desapareceré de éste vuestro rincón durante unos días.

          Dejaré las macetas en la puerta del blog, si algun@ pasa por aquí, por favor: regarlas!

Diecisiete años

    Ya han pasado diecisiete años con sus + y sus -, con sus X mí o X ti y sus : los dos. Años en que ha habido tiempo para que haya de todo:

-tiempo para nacimientos y otro tiempo de muertes

-tiempo de llorar y otro tiempo de reír.

-tiempo de abrazar y otro tiempo de desprenderse

-tiempo de callar y otro tiempo de hablar

-tiempo de amar y otro tiempo de odiar

-tiempo de buscar y otro tiempo de perder

    Y la vida sigue y nosotros seguimos caminando con ella, a veces creyéndonos los protagonistas de ella y en otras unos meros secundones que sólo actuamos a las órdenes del director. Seguiremos caminando buscando esa luz que deseamos encontrar, aunque en los momentos malos tengamos la tentación que en alguna ocasión la dejamos atrás.

    El conmemorar un diecisieteavo me ha traído a colación esta hermosa canción de la cantante chilena Violeta Parra: "Volver a los diecisiete"

Volver a los diecisiete
después de vivir un siglo
es como descifrar signos
sin ser sabio competente;
volver a ser, de repente,
tan frágil como un segundo,
volver a sentir profundo
como un niño frente a Dios.
Eso es lo que siento yo
en este instante fecundo.

Mi paso ha retrocedido
mientras el de ustedes avanza;
el Arco de las Alianzas
ha penetrado en mi nido.
Con todo su colorido
se ha paseado por mis venas,
y hasta la dura cadena
con que nos ata el destino
es como un diamante fino
que alumbra mi alma serena.

Se va enredando, enredando
como en el muro la hiedra,
y va brotando, brotando
como el musguito en la piedra.

Lo que puede el sentimiento
no lo ha podido el saber,
ni el más claro proceder,
ni el más ancho pensamiento.
Todo lo cambia el momento;
cual mago condescendiente
nos aleja dulcemente
de rencores y violencias.
¡Sólo el amor con su ciencia
nos vuelve tan inocentes!

El amor es torbellino
de pureza original;
hasta el feroz animal
susurra su dulce trino.
Detiene a los peregrinos,
libera a los prisioneros;
el amor con sus esmeros
al viejo lo vuelve niño,
y al malo sólo el cariño
lo vuelve puro y sincero.

De par en par la ventana
se abrió como por encanto;
entró el amor con su manto
como una tibia mañana.
Al son de su bella diana
hizo brotar al jazmín;
volando cual serafín
al cielo le puso aretes;
mis años en diecisiete
los convirtió el querubín.

Entre libros

Entre libros

  Al fin viernes y he podido escapar de la rutina semanal para acudir a Cádiz a la feria del libro. Un año más, el Baluarte de Candelaria un antiguo fortín militar rehabilitado para usos varios y lamido por las olas del mar, sirve como presentación a cientos de libros que se distribuyen, sin orden ni concierto, por estanterías. Me gusta sumergirme entre tanto libro, hojearlos, y saborear su presencia. Aunque se nota esa preferencia por lo comercial, ¿qué no es comercial?, en los libros que se exponen. Mayoría de esos libros tan nombrados en lista de ventas y que la globalización y el marketing hace que los encontremos en un pueblo perdido de Teruel y en una librería de Manhatan. Libros que parecen querer aupar en esta feria, pues siendo de autor desconocido no faltan en ningún stad. Viejos libros de la infancia que ahora aparecen con nueva piel, al cogerlos en mis manos tampoco ellos parecen reconocer mi piel actual. Pero rebuscando aparece ese libro escondido que a nadie llamó la atención y, sin embargo, atrajo mi vista y me impelió a hacerlo acompañante mío en el paseo que me di a continuación. De alguno de estos que se adhirieron a mí hablaré otro día.

   Cuando salí de allí, un paseo junto a un Atlántico de brillos turquesa completó el sosiego de mi espíritu. La guinda fue que al pasar por el museo de Bellas Artes estaba abierto y pude admirar una exposición de pistores costumbristas gaditanos del principio del siglo XX, una verdadera gozada para los sentidos.

Mudan-zas

      Llevo toda la semana con la sensación de que la vida empuja mis pasos sin la posibilidad de que yo ande, ni un instante, por donde me apetecería andar, ya que las circunstancias no me dejan tiempo ni para pensar. Hoy he tenido el día de mudanzas, pero no en mi casa, sino que hoy han cambiado todo el mobiliario de mi oficina. A las ocho y media de la mañana ya había comenzado a organizar aquello y ya empezaron a llevarse muebles. Más allá de las nueve ya comencé a perder el buen humor porque el cincuenta por ciento de mi oficina, es decir mi compañero, precisamente hoy no había llegado. Cuando llegó se excusó con que había tenido bronca familiar y que había pensado no venir, por eso llegaba tarde. Y digo yo ¿qué culpa tendré de que se pelee en casa para que llegue tarde al trabajo? Seguí vaciando carpetas de los muebles hasta que apareció el camión con los muebles nuevos que llevaba una hora perdido. Y toda la mañana se me fue en un suspiro, dos operarios bajando muebles viejos y otros dos montando muebles nuevos, yo tomando decisiones sobre la marcha y el otro cincuenta por ciento de la oficina como flotando en el aire. Le dije que si podía subir una maceta a un fichero, uy mejor que la suban los de la mudanza, fue su respuesta. Al final la cosa fue cogiendo color y a las tres menos cuarto estaba todo colocado y en su sitio y lo que es importante, con los ordenadores funcionando. Cuando todos se marcharon me senté en el sillón y solté un suspiro liberando toda la tensión que llevaba dentro, en ese momento creo que fue cuando esbocé mi primera sonrisa del día. Creo que la próxima vez diré que en vez de una mesa con ala me la traigan con alas, para cuando me harte abrir la ventana e irme con ella volando hacia más allá de las nubes.

      Durante toda la tarde me ha acompañado el cansancio, para colmo a primera hora tenía mi cita anual con Hacienda, afortunadamente me dieron la buena noticia de que me devolverían dinero. He llegado agotado a casa, con los ojos hinchados, mezcla de alergia y cansancio, pero me resistía a no ponerme aquí delante y escribir unas palabritas...y es que ¡este vicio de escribir es mucho vicio!

Tarde aflautada

Tarde aflautada

    En mi casa tenemos dos flautas, tal como suenan y nunca mejor dicho, no me refiero a las dulces de la que guardo, con cariño,  una de madera que ya cumplió sus bodas de plata sino a dos flautas traveseras. Hoy me he dedicado toda la tarde a dichas flautas. La flauta mayor hace un par de días vino con el problema de que tenía escapes. ¿Una flauta con gases?-le dije, pero el chiste no fue bien recibido y me insistió que era un problema serio y así no se podía tocar. Llamada por teléfono a uno de los mejores talleres de instrumento de viento de toda la zona sur el de Philip Herman, donde tras llorarle lo suficiente nos dijo que nos acercáramos hoy a ver si se podía arreglar sobre la marcha. Philip Herman es un simpático norteamericano afincado en Chipiona desde hace muchos años y un verdadero artista en la reparación de estos instrumentos, que ha creado escuela de la que participan sus hijos. A las cuatro y media, con un viento de levante y un calor que atonta hasta a los caracoles estábamos delante de dicho taller, adornado en la puerta por una gran lira. Nos atendió el hijo y nos dijo, tras un pequeño examen del instrumento que en poco más de hora y media la tendría arreglada. Vuelta a mi pueblo, ahora para llevar a la flauta chica al Conservatorio quejándose de que tenía mucho que estudiar del colegio. De allí tuve que pasar por una farmacia y luego corriendo de nuevo al taller, menos mal que la temperatura había descendido unos grados, al mismo nivel que el tráfico había aumentado. Allí tuvimos que esperar todavía un rato a que le dieran a la flauta los últimos toques y engrases. Aquello terminó con una clase práctica del hijo de Philip sobre como se debe limpiar y mantener una flauta travesera. Yo agradecido por las atenciones, pero algo nervioso porque veía que la flauta pequeña estaba a punto de salir de clase. Salimos de allí corriendo, menos mal que el tráfico se portó bien.

       La flauta grande eufórica, parecía nueva después de tanto mimo y con ganas de sonar en cuanto llegara a casa. La flauta pequeña salía contenta de clase, había aprendido a tocar el Himno a la alegría. Yo agotado y tras una ducha me senté a escribir para relajarme un poco. Mientras, en casa, suenan las dos flautas, una silabea con entusiasmo el himno de la Alegría, la otra lanza al viento con maestría una canción barroca. Las notas se pelean por el aire y yo deseando que las dos flautas aprendan a tocar una canción a dúo.

¿Todo tiene una explicación?

         Suele decir una amiga mía que todo tiene una explicación, en la mayoría de los casos tiene razón, pero hay cosas que afortunadamente se escapan del enconsertamiento ajustado de las razones o las circunstancias. Me venía esta idea a la cabeza ante un cúmulo de cosas que me sucedieron ayer y hoy:

-Abotorgamiento excesivo de cabeza.

-Más cansancio de lo habitual durante todo el día.

-Crispación y tensión especial por mi parte y de los que me rodeaban.

-Alergia especialmente acentuada.

-Mucha carga eléctrica en el ambiente.

-Variedad de insectos de todos los colores y estilos.

-Sensación de que el esfuerzo que hago en mi trabajo hace las cosas avanzar...hacia detrás.

-Hipersensibilidad ambiental.

 

         Tantas cosas a la vez y simultáneamente no podían ser normales. ¿Se acercará una nueva glaciación? ¿Estaremos ante un cambio de civilización? En estas cavilaciones andaba yo al salir del trabajo cuando al llegar a la calle lo comprendí todo: ¡había saltado el viento de levante!

Esperando el punto

   De un tiempo a esta parte me estoy acostumbrando a que me comuniquen mucho más de manera escrita que oralmente. Cómo será que cuando alguien termina de decirme algo me quedo mirando embobado y cuando me dicen: ¿te pasa algo?

   ¿Cómo les digo que estoy esperando que ponga un punto y aparte en el aire?

Comida campestre

   Dicen que los primeros años de vida condicionan, en mucho, el carácter de los seres humanos. Yo nací en una ciudad con una configuración muy original, donde no había manera de encontrar el campo en ella, a excepción del campo de fútbol, ni en los alrededores. Estaba, cual una isla, rodeada de agua por todos lados que estrangulaban un posible crecimiento y sólo una lengua estrecha de tierra la unía a la península ibérica. Tardé años en ver mi primera vaca y eso fue un día en un autobús a varios kilómetros de donde yo vivía. Por tanto no se puede decir que tenga mucha relación con el medio agrario. Sí me han gustado las excursiones campo a través, pero nunca me ha gustado especialmente eso de las comidas campestres.

    Vaya aquí esta breve introducción para poder entender que no me sentí demasiado a gusto cuando ayer, unos amigos, nos invitaron a una comida campestre. Primero fueron los preparativos. Llevar ropa como para ir de campo, nos dijeron. Como era la primera vez que iba ¿qué ropa se lleva al campo? Traeros sombrillas y butacas de playa, añadieron. Pero ¿en el campo se pueden clavar las sombrillas? ¿Y los árboles? Y las butacas de playa yo en la playa siempre sé como colocarlas: mirando al mar. Pero en el campo ¿hacia donde se dirigen?¿hacia el poniente? Bueno ya decidida la intendencia y el maletero saturado de múltiples artilugios y bolsas venía la segunda parte, encontrar el campo. Quedamos con otros amigos para perdernos juntos, porque tampoco tenían mucha idea. Cerca de las dos y media estos no habían aparecido y yo y mi estómago teníamos nostalgia de un sábado normal en que a esa hora ya estaría descansando en el sofá tras haber comido. Al fin aparecieron ellos y  mi alergia, mis ojos empezaron a escocerme y mi nariz me obligaba a conducir con una mano en el volante y la otra en el pañuelo. Temía que en cualquier momento me parara la guardia civil por asimilar el pañuelo a un móvil. Abandonamos la carretera normal y nos metimos por caminos llenos de agujeros que no permitía pasar de la segunda marcha y de una estrechura que sólo permitía circular en una dirección. Afortunadamente no encontramos ningún coche de frente ¿porque qué hubiéramos hecho? Llegamos a un camino que se bifurcaba, allí nos paramos hasta tres coches. Nadie llevaba GPS, menos mal porque si alguno lo hubiera llevado en aquellos caminos se hubiera vuelto loco. Finalmente nos rescataron de aquel perdido lugar rodeado de viñas y amapolas y llegamos a lugar de la comida.

     Este es un terreno arenoso y con hierbas y plantas variadas, pues no tiene ninguna edificación. En medio colocadas varias mesas de playa y cuatro sombrillas en las que se acumulaba el personal unos 20 adultos y sólo veintitantos niños, teniendo en cuenta que la mayoría de los adolescentes se habían escaqueado de la comida. Tras asentar nuestros variados trastos y múltiple esfuerzo de horadar aquel suelo para poner nuestra sombrilla logramos sentarnos y poco a poco calmar un hambre que ya estaba creciendo más de la cuenta. La comida abundante, ensaladas, y barbacoa funcionando a destajo: carne, hamburguesas, chorizo, salchichas... conclusión: en poco más de una hora cayeron por tierra las consecuencias beneficiosas de dos semanas de gimnasia. La alergia en aquel paraje campestre migró de mi nariz a mis ojos. Y me pasé todo el resto de la tarde con los ojos encogidos por el picor. De la silla de playa en la que estaba me moví poco, no confiaba mucho en su estabilidad y temía que un movimiento brusco me llevara con mis huesos a la hierba. Cuando me levanté fue para una clase práctica de agricultura, vi plantas que en mi vida había visto y pude ver como mi amigo, de férreas raíces agrícolas, sacaba hábilmente con el azadón unas orondas patatas de la tierra y extraía unas hermosas y carotenadas zanahorias.

     Cuando ya el sol empezó a descender y el cielo se envolvió de colores pasteles, decidimos volver. De nuevo autocross por aquellos caminos intransitables de manera que cuando llegamos a la conocida  carretera estrecha habitual me pareció una autopista. Tras darme una ducha en casa y sentarme en un sillón di un suspiro de alivio...no estoy hecho para estas comidas campestres.

Ejercicio físico

    Sigo yendo al gimnasio, ya llevo año y medio. No pensé que me lo iba a tomar tan en serio. Acabo de llegar, agotado, sudoroso, con las piernas vibrando todavía y llegado a esta hora me he hecho la pregunta metafísica del día: Voy al gimnasio, ¿para sentirme bien, cosa que ahora no la tengo muy clara, o por que la responsabilidad conmigo mismo me conduce hasta allí?

La primavera ha venido

     Pues sí, ayer fue para mí la entrada oficial de la primavera. No es cuando a mediados de febrero unos grandes almacenes pretenden convencernos que ya ha llegado. Tampoco cuando las amapolas salpican los bordes de la carretera con puntos rojos. Ni siquiera cuando noto que las hormonas somnolientas del invierno empiezan a despertar. La primavera oficial me llegó ayer con la inauguración de la temporada de alergia:


 -Picores de nariz con estornudos repetitivos en plan ametralladora.
-Mucosidades que me hicieron gastar, casi del todo, una caja de cien pañuelos y me pusieron la nariz como un pimiento rojo.
-Molestias en los ojos.

-Cargazón en la cabeza.


             Todo ello no es grave pero sí sumamente molesto y aunque me permite realizar las actividades cotidianas, alguna sí que las limita o las impide. Ayer por ejemplo no me atreví a ir al gimnasio me hubiera tenido que colocar un pañuelo en cada oreja, para cuando me hiciera falta. Todos los años cuando llegan estas fechas tengo la esperanza de que al igual que un día, de pronto apareció, pase de largo sin que la note. Pero por lo visto, no va a ser este año. Al parecer lo que florece en esta época son las gramíneas. De todas formas menos mal vivo en la ciudad no quiero pensar cómo estaría si viviera en el campo. Menos mal que esta alergia tiene fecha de caducidad, cuestión de aguantar con paciencia hasta los primeros días de junio para que se vaya por donde ha venido.

 

Las edades comprensivas

     Estamos en una etapa en que se no pide comprensión ante las actitudes de los otros por cuestión de las edades. En el caso de nuestros hijos, cuando de bebés no nos dejan dormir o de adolescentes no compartimos muchas de esas extrañas actitudes, nos dicen: “Es normal, están en la edad”.En el caso de nuestros progenitores, cuando alguno toma actitudes difíciles de catalogar, nos dicen: “Es normal, es la edad”.
     

     Y, digo yo, a nosotros y a nuestra edad…¿quién nos comprende?

Un esguince súbito

   Hoy un día más fui al gimnasio. La asistencia regular allí es por hacer algún tipo de ejercicio y no quedarme oxidado, pero ¿quién dijo que el gimnasio y el ejercicio físico crea adicción? Yo llevo en estos avatares año y medio y todavía no soy consciente de ello. Llegué a casa con las piernas aún vibrando del esfuerzo sometido y tras la ducha salí a la calle.

   Ahora, tras la ducha, me sentía mejor, aunque las piernas aún vibraban un poco. El estómago me chirriaba un poco de hambre, pero ¿cómo iba a comer después del ejercicio y tirar todo por la borda? Paseaba despacio disfrutando la tarde cuando, de repente, un olor a chicharrones recién hechos escapó súbitamente de la carnicería y, sin poder controlarla, mi cabeza dio un espontáneo giro buscando en el aire el aroma de los chicharrones y me dio un esguince en el cuello, que desde entonces tengo dolorido.

    Cuando fui al médico me dio la  solución para que me fuera recuperando del esguince, a partir de ahora coger, siempre, por la acera de enfrente de la carnicería.

Un complicado encuentro

   El pasado 24 de marzo hablaba de que iba a asistir a una conferencia del escritor Jesús Maeso. Se presumía interesante la conferencia y me apetecía conocerlo después de haber leído su novela "Tartessos" que me acercó a conocer un poco ese mítico lugar, no muy lejos de la tierra en la que piso. Pero...lo que no conté es que finalmente los hados convergieron para que no pudiera asistir. Me enteré de la conferencia por el periódico y, bien clarito, ponía allí que era a las 22 h. Cuando voy de camino veo un "terrible" cartel que dice que es a las 20h 30'. Cuando llego a la puerta de la sala están cerrando, la gente saliendo y el escritor charlando con la gente por lo que no me parecía bien interrumpirlo para que me firmara, a esas horas y en la calle semioscura, el libro que llevaba paseando. Frustrado tras aquel inexistente encuentro volví a casa.

   Un par de días después me entero de que en un programa de televisión, en un canal digital, el mismo autor hablará de su último libro. Me propongo verlo, pero como no hay forma de enterarme de la hora exacta, cuando al fin pongo el programa, el presentador agradece al autor su presencia...mi gozo, de nuevo, en un pozo.

   Al fin hoy me entero que a las 12 de la mañana, viene aquí a firmar ejemplares de su último libro. Insisto pensando que a la tercera va a la vencida. De camino a la librería, veo como Jesús Maeso, sale de parking donde ha dejado el coche. Me presento y lo saludo y lo acompañé, mientras charlábamos, de camino a la librería.  Ya tengo en mi librería su último libro firmado por el autor. Este lo valoro especialmente después del trabajo que me ha costado conseguirlo.

César y Marisa

    Traigo hoy hasta el blog una noticia que he leído en el Diario de Cádiz de ayer y como me parece buena, no todo van a ser desgracias, me apetece compartirla. Marisa, de 36 años, es una gaditana afectada de una enfermedad degenerativa, que hace que le vaya deteriorando distintos órganos, entre ellos el páncreas y los riñones. Aficionada a Internet ya había tenido algún que otro desengaño amoroso, de gente con la que contactaba y que cuando se enteraba de su enfermedad hacía mutis por el foro. Hasta que conoció a César un sicólogo colombiano, de su misma edad, nacionalizado español que vivía en Tenerife. Pero éste, tras conocer su enfermedad, siguió chateando con ella hasta que llegó un momento en que le ofreció, para trasplantar, uno de sus riñones. Otro, pensó ella, que echa un órdago, pero éste no desapareció y siguió insistiendo con su oferta.  Le dijo a ella que por qué no se iba a Canarias pero ni ella ni su familia se fiaban mucho, de uno que ofrecía algo sin nada a cambio, aparte de que ella estaba en Cádiz muy apoyada por su familia. Finalmente fue César el que se trasladó a Cádiz y terminó con la desconfianza de la familia. Tras hacerle las pruebas de compatibilidad del riñón, vieron que era más compatible que el de la propia hermana de Marisa. Ya le hicieron el trasplante a Marisa, ahora algo de él siempre lo llevará con ella.
 
            Cuando este mundo internaútico crea, en algunas personas, tantos miedos y temores sobre todo en los que lo desconocen, esta vez se puede decir que para Marisa ha sido providencial, ya que su vida ha cambiado no sólo en el aspecto de su salud sino en todos los sentidos.

Día atípico

   Hoy ha sido un día atípico, salí muy pronto del trabajo pues tuve que ir a Jerez a la consulta del dentista. Se nota que este fin de semana es el premio de motociclismo, me crucé con muchas motos por el camino. Alguno a unas velocidades de vértigo que parecía que el casco no podía ir a la misma velocidad. Una de las avenidas estaba ya cortada y la preparaban con graderíos para que estos días las motos hagan sus habilidades, algo que no le hace demasiada gracia a los vecinos de la zona. Los comerciantes, sin embargo, apoyan todo lo que sea traer motos porque eso le potencia sus negocios.

   Por la tarde estuve leyendo un rato "La orden negra" una novela histórica del historiador Calvo Poyato que se lee bien y me está resultando interesante. Luego me tuve que mentalizar para no dejar de ir al gimnasio. Sudor, dolor de piernas y agujetas en la barriga, pero dicen que eso es "bueno". Pero luego al llegar a casa no pude resistir la tentación de un chorizo de Teror y sucumbí a su seducción. Teror, para quien no la conozca, es una bonita ciudad Gran Canaria donde está situado el santuario de la patrona Nuestra Señora del Pino. Son unos chorizos blandos, parecen sobrasada, que durante el servicio militar me calmaron muchos días el hambre y ahora me han traído unos cuantos de allí y, cada vez que como uno, me vienen a la memoria recuerdos enterrados de cuando uno tenía poco más de veinte años. La sutil diferencia era que entonces no me entraban remordimientos por comerme esos chorizos.

   Esta noche voy a ir a una conferencia de título interesante "De Tartessos al Islam" que da Jesús Maeso un profesor jienense afincado en Cádiz y una verdadera autoridad en la escritura de novelas históricas. Todo lo que sea aprender y ensanchar el espíritu es algo que se agradece.

Contaminación

Contaminación

   Nunca he fumado, pero si hubiera sido fumador estoy seguro que, a mi edad, ya lo hubiera dejado. Nunca me ha molestado en exceso el humo de los cigarrillos, pero con la nueva ley del tabaco debe ser que me estoy acostumbrando más a los ambientes libres de humo que cuando entro en uno ahumado me molesta mucho más que antes.

   No sé por vuestra tierra, pero aquí en todos los bares se deja fumar con lo que aprovechan algunos para echar todos los humos que no dejan en otros lugares. Por eso cada vez se me hace más insoportable entrar en los bares. Todos los jueves tengo que hacer una hora de espera por la tarde y aprovecho para entrar en uno a tomarme un café y leer tranquilamente. Pues bien, cada semana pruebo en uno diferente. En uno a la contaminación tabaquera de dos postadolescentes se sumaba la contaminación acústica de sus charlas y el aún peor contaminación de un olor agrio que impregnaba el ambiente. Y encima uno con el móvil dirigiendo la empresa a toda voz, probablemente si apagara el móvil y asomara la cabeza por la ventana le escucharían mejor.

  Otro día cambié de bar. En este era el único parroquiano a esas horas por lo que la atmósfera estaba despejada. Tenían un sillón cómodo y acogedor, pero no todo puede ser perfecto y la televisión gigante a toda potencia ponía videoclips. ¿Tan difícil es leer tranquilo en un bar mientras se degusta un café sin que me afecte la contaminación?

Avatares

  Mi compañero ha decidido alargar sus vacaciones, cosa de la que me enteré el lunes a las ocho de la mañana mediante un post-it pegado en mi pc de la oficina, y se ha tomado otra semana. Mala cosa ésta de que el lunes tenga que mentalizarme para estar solo otra semana de trabajo, no por el tema de la soledad sino porque al tener que hacerlo todo no tengo ni un minuto libre y la mesa va acumulándose de papeles que son imposibles de tramitar.

  Me veo trabajando con dos ordenadores a la vez, no sé por qué hay programas que sólo funcionan en uno de ellos, y dos teléfonos, sin contar el móvil, aparte de atender a la gente que se acumula frente al mostrador o al cartero que espera, nervioso, que le prepare la correspondencia. Por eso cuando llegan las dos de la tarde y cierro la puerta, intento hacerme consciente de mí mismo y me doy cuenta que en toda la mañana no he podido "pensar", sólo tengo tiempo para actuar, escribir a toda velocidad en el ordenador mientras tengo la oreja ocupada con el auricular del teléfono.

  Cuando salgo a la calle, me doy cuenta que ando como por inercia, hasta que las neuronas empiezan a funcionar regularmente sin la opresión del reloj que me impone estas sesiones laborales. No es raro, pues, que lleve unos días en que me cueste más escribir y sacar post de la chistera de mi cabeza...¡primero tendré que encontrar la cabeza!

Ignorantes pero simpáticos

      Desde que somos pequeño vamos conociendo a esa gente metepatas aunque de buen corazón. Los que para evitar lloros nos dieron un bombón ignorando que teníamos una gastroentiritis. Los que en el examen nos dejaban copiar las soluciones de los problemas y luego nos pillaba el profesor porque sólo dos alumnos pusieron tan gran barbaridad. Los que nos avisan que tenemos un muñeco de papel a la espalda y cuando giramos la cabeza tropezamos con un escalón y nos caemos de boca.  Los que nos advierten de una pareja que se morrea por la calle descaradamente, sin saber que ella es mi novia.

      Multitud de ejemplos de estos podríamos citar, pero un caso especialmente peligroso de estos es los que se supone que están informados y se dedican a la atención al público, quieren ser serviciales pero la ignorancia no les deja ir más allá de sus narices. Es el caso típico del que va a una ventanilla y le dicen: aquí no es pero vaya a la calle Z que es allí, cuando sólo se lo imagina. Y allí va el sufrido contribuyente de una oficina a otra sin que nadie le solucione su problema.El otro día a mi trabajo me llegó una señora de andar dificultoso y que, por culpa de individuos de estos, llevaba toda la mañana yendo de un lado a otro.

     Alguna vez cuando he salido a una calle del centro por la mañana la he visto llena de gente. Y he pensado ¿nadie trabaja? Pero después de experiencias de ese tipo, me pongo a pensar si muchos de los que caminan por las calles no serán sufridos des-informados que van de un lado a otro buscando ese lugar, esa persona que le solucione su, llega a pensar, irresoluble problema.