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Tengo paciencia con los errores ajenos porque pienso que todos tenemos derecho a equivocarnos, pero me sacan de quicio cuando veo que  son fruto de una incompetencia manifiesta. La semana pasada recibí una carta con acuse de recibo, lo que me sorprendió, del administrador de la comunidad del garaje. Sorpresa que se tornó en indignación cuando leí el contenido de dicha misiva. En ella se me requería el pago de cinco meses de comunidad, que debía según dicho administrador, o de lo contrario se daría curso a un proceso judicial.

 

Al llegar a mi casa busqué los justificantes de pago, y no sólo tenía pagados los meses que se me solicitaban sino además el mes siguiente, pues suelo pagar varios meses a la vez con adelanto. Esa misma tarde estaba en correos con una carta de respuesta adjuntando copias de los justificantes. En ella le indicaba que otro día antes de hacerme perder el tiempo y el dinero, el franqueo de la carta no me lo va a pagar él, comprobara bien los datos y sobre todo, que si le mandé, en su momento, una transferencia con todos los datos, ¿dónde ha contabilizado ese dinero que debe sobrarle?

Este administrador lleva sólo cinco meses, con el otro durante años nunca tuve ningún problema, tal como ha empezado me parece que va a durar poco o quizás hay que decirle como dice la letra de esa canción: “Manolete, manolete, si no sabes torear para que te metes”.