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     Si siempre especialmente me ha gustado el cine bélico, más me ha gustado esta película y precisamente porque no es una película de guerra al uso.  Está basada en la historia autobiográfica de un marine en la guerra del Golfo.  Y en sus imágenes se llega a respirar la cercanía de la cotidianeidad, a veces rayando en la monotonía del día a día del soldado. Es una historia que se nota cercana al espectador, aunque estemos muy  lejos de allí, los acontecimientos históricos en que está basada los tenemos todavía relativamente cercanos. En ella podemos encontrar esos momentos carentes de lógica que todos los que hemos hecho el servicio militar hemos conocido, momentos de compañerismo y amistad,  de aburrimiento y situaciones límites, de ilusión y desesperanza. El desierto llega un momento en que se nos hace un rincón habitual y no se entiende muy bien, en ocasiones, que hace aquel pelotón variopinto patrullando por un lugar sin límites o duchados en petróleo. Aunque hay instrucción, no hay batallas. Aunque hay muertos, no vemos como mueren. Llega un momento en que un soldado que se considera perfectamente preparado se desespera y berrea, porque no le autorizan a disparar a un enemigo indefenso. Los únicos tiros que se pegan son los que al final celebran el final de la guerra.

    Una película digna de ver y que nos acerca, en definitiva, a ver lo que piensa un soldado, un hombre, en una situación de guerra, algo muy diferente a lo que estamos acostumbrados por unos medios de comunicación que, en este campo, suelen estar cuidadosamente manipulados.