Hoy un día más fui al gimnasio. La asistencia regular allí es por hacer algún tipo de ejercicio y no quedarme oxidado, pero ¿quién dijo que el gimnasio y el ejercicio físico crea adicción? Yo llevo en estos avatares año y medio y todavía no soy consciente de ello. Llegué a casa con las piernas aún vibrando del esfuerzo sometido y tras la ducha salí a la calle.

   Ahora, tras la ducha, me sentía mejor, aunque las piernas aún vibraban un poco. El estómago me chirriaba un poco de hambre, pero ¿cómo iba a comer después del ejercicio y tirar todo por la borda? Paseaba despacio disfrutando la tarde cuando, de repente, un olor a chicharrones recién hechos escapó súbitamente de la carnicería y, sin poder controlarla, mi cabeza dio un espontáneo giro buscando en el aire el aroma de los chicharrones y me dio un esguince en el cuello, que desde entonces tengo dolorido.

    Cuando fui al médico me dio la  solución para que me fuera recuperando del esguince, a partir de ahora coger, siempre, por la acera de enfrente de la carnicería.