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Ella caminaba, elegante, engalanada de hermosas y rimbombante frases. Transitaba por líneas, oscilantes como S, dejando sonoras sílabas a su paso. El la miró con los ojos como dos O mayúsculas sobre todo cuando Ella con mirada pícara se despojó de los paréntesis que la cubrían, revelando ante Él todas sus letras.  Con suma donosura fue desprendiéndose primero de sus consonantes y luego, una a una de todas sus vocales. El se maravillaba viendo caer letra tras letra. Se arrancó un asterisco que le sujetaba el pelo agitando al aire su melena leonina, lo que le hizo volar a El algunos puntos de sus ies. Finalmente, para goce de los sentidos de El, exhibicionista ella, quedó sólo con una escueta diéresis prendida en su cuerpo lo que acentuaba su sensualidad.

 

El le planteó una interrogación que una sonrisa de Ella sirvió para cerrarla. Se aproximó a Ella y le arrancó con suma delicadeza aquella diéresis. La V deseosa  de Ella afloró ante El, a quién sumamente excitado su J se le transformó en L.  La V y su L colisionaron ahora, sin vocales intermedias,  y las comas que le separaban desaparecieron abducidas por la fogosidad. Y de aquel encuentro sobre un lecho de papel en blanco surgió una hermosa historia escrita a dos manos, a dos pies,…todo a 2. Un relato de pasión que se elaboró con renovadas frases.  Cuando exhaustos de goce llegaron al límite un punto y final se lo indicó. Entonces, El y Ella con la última letra que les había quedado tras aquella orgía literaria escribieron al unísono: ZZZZZZZZZ.