20111124111002-0-portada-no-abras-los-ojos-w.jpg

    Sigo leyendo novela negra, en esta ocasión la segunda novela de John Verdon que repite el éxito de su primera aparición en el mundo de las letras: Sé lo que estás pensando. Vuelve a repetir protagonista el policía retirado, David Gurney, que teóricamente dedicado a la placidez de la vida campestre, junto con su esposa Madeleine, es incapaz de sustraerse al interés cuando se le plantea un caso de homicidio.

      El protagonista, que no llega a la cincuentena, nos es presentado como un hombre con una atormentada vida interior, que quiere a su esposa, pero con la que parece tener más una relación de frases desencontradas que de complicidad cercana.  Su mente es ágil y se dispara cuando no entiende los por qués de un caso de asesinato y no la deja descansar hasta que llega hasta el final. Dos líquidos le son imprescindibles para seguir con su actividad investigadora: el café y el agua.

En este caso es el asesinato de una joven durante su boda el que atrae su atención. La policía parece tener claro cómo se ha cometido el asesinato y quién ha sido el asesino, pero les resulta imposible saber por dónde escapó. Cuando Gurney empieza a investigar el crimen, se da cuenta que no es tan sencillo como parece y tras ese crimen hay una historia mucho más truculenta de la que se pudiera imaginar.

"La idea de que el asesino de Jillian, estuviera relacionado con su caótico pasado, un pasado común con Héctor Flores, le hacía sentir que estaba pisando suelo firme y que estaba siguiendo una dirección prometedora en la cual insistir con sus investigaciones. La presentación ritual del cadáver, con la cabeza cercenada situada en el centro de la mesa de cara al cuerpo, constituía una declaración retorcida que iba más allá del simple homicidio".