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    Tal día como hoy se celebra el setenta y cinco aniversario de la muerte del gran poeta Antonio Machado en la ciudad francesa de Colliure. Allí había llegado unas semanas antes con su madre Ana Ruiz y su hermano, huyendo al final de una guerra que se había vuelto contra ellos y contra tantos miles de españoles. Allí se alojaron en el hotel de la familia Quintana y a las cuatro de la tarde del 22 de febrero, como consecuencia de una neumonía, falleció. Cuando su hermano José metió la mano en su bolsillo, encontró sus últimos versos: "estos días azules y este sol de la infancia". Su madre  murió tres días después. En su retrato escribe sobre su último día:   

 Y cuando llegue el día del último viaje,

y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,

me encontraréis a bordo ligero de equipaje,

casi desnudo, como los hijos de la mar.

En 1975 en el colegio mis compañeros de Letras hicieron un homenaje a Antonio Machado con motivo del centenario de su nacimiento, al que asistí participando de la escucha de sus poemas y con un montaje de diapositivas de aquellos campos de Soria a los que cantó el poeta. Me gustó y empecé a leer su poesía y sobre todo a conocer la tierra castellana a través de sus versos, en una antología que durante muchos años fue mi libro de cabecera. Al año siguiente cuando conocí Castilla, en la que viví durante cuatro años, me di cuenta que era tal como me había hablado Antonio Machado de ella y no me costó enhechizarme de aquel paisaje infinito de trigos y encinares.