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Polvo

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         Nueva entrega de la forense Kay Scarpetta, la protagonista preferida de las novelas de la escritora norteamericana Patricia Conrwell (Florida, 1956). “ Lo que sí es Scarpetta es una compañía estupenda en mi tarea de escritora y no me imagino dejar de escribir sobre ella" dice la autora en una entrevista. Es la creadora de “trhiller” forense, antes de que se conocieran las andanzas del CSI. En este caso es el nº 21 de la serie de Scarpetta, ella vuelve a casa tras trabajar en la escena de unos peores asesinatos en masa. Es llamada por el agente Pete Marino para comunicarle el descubrimiento del cadáver de una mujer asesinada. Se pondrá a trabajar en la resolución de este crimen, contando con los personajes que habitualmente la acompañan: el ya nombrado Marino, su marido Benton y su sobrina Lucy, en algunos momentos intentando superar las dificultades que les impone el propio FBI.

         Me he leído  todas las novelas de la serie y debo decir que, a pesar de que Scarpetta durante mucho tiempo llegó a ser mi personaje preferido de ficción, este libro me ha decepcionado y no me ha atrapado como lo hicieron otros libros de la serie. Me ha dado la sensación de una escena demasiado estática y falta de agilidad. Espero que en sucesivas entregas me cambie esta sensación que me ha producido esta historia.

 

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W de whisky

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    Cuando un personaje de novela se hace habitual es casi como tener un amigo invisible. Eso es lo que sucede con Kinsey Millhoine, la intrépida investigadora privada creada por la escritora norteamericana Sue Grafton.  Esta historia forma parte de la serie “alfabeto del crimen” donde cada historia empieza por una letra sucesiva. En esta caso va ya por la número veintitrés, que comienza con la W y en la que sigue sin decaer el pulso narrativa que esta escritora imprime a todas sus novelas.

     Kinsey, es una detective del pueblo de Santa Teresa que desarrolla su actividad en los años ochenta. Es una investigadora que en algunas ocasiones nos recuerda a los detectives  clásicos del genéro, pero que, a la vez, manifiesta unas características muy peculiares.  Avanza paso a paso en la resolución de los casos, es inteligente y respetuosa de la ley, y va poco a poco entrecruzando indicios y atando cabos, como en este caso, hasta relacionar dos muertes ocurridas casi al mismo tiempo y que, aparentemente, nada tienen que ver.

    Nuestra heroína es acompañada de una serie de personajes que completan el elenco del ambiente que la rodea.  Así aparece, como en otras ocasiones, su casero y su octogenaria familia o asoman brevemente algunos de los hombres con los que tuvo una relación amorosa, aspecto en el que ella no es demasiado afortunada.

     Esta historia es una buena ocasión para seguir  disfrutando de esa escritura, que no decepciona, de Sue Grafton o una buena ocasión, si no se conoce, para entrar en sus letras y animarse,  posteriormente, a seguir leyendo ese “alfabeto” tan peculiar.

 


La legión perdida

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   No me resulta desconocido Santiago Posteguillo, este escritor valenciano nacido en 1967 y que se ha hecho un merecido hueco en la literatura por sus novelas situadas en el mundo romano. Ya me había leído su trilogía sobre Escipión y hace tiempo que leí las dos primeras de Trajano, por lo que al salir el desenlace de la historia de este emperador me apeteció mucho el leerla y desde luego no me ha decepcionado.

   La legión perdida perdida se refiere a los miles de soldados romanos de Craso que fueron hecho prisioneros tras su derrota con los partos. Ciento cincuenta años después Trajano quiere expandir el imperio romano hacia tierra de los partos. Los legionarios, a pesar de su confianza en su emperador que no ha perdido ninguna batalla, no pueden dejar de tener en mente a la legión perdida. En sus páginas aparecerán cuatro grandes civilizaciones: romanos, partos, la India y China; de las que acabaremos conociendo bastantes.

     Son algo más de mil páginas, pero la habilidad del autor para enlazar los hechos reales y perfectamente documentados con situaciones y personajes novelados, convierten esta historia en algo apasionante y cuya lectura fluye entre los dedos. Hay distintas subhistorias que se cruzan con habilidad hasta llegar a un final perfectamente armónico. Y el lector no puede dejar de  sentirse atraído por los personajes. Me han gustado las seis novelas que he leído de Santiago Posteguillo, pero ésta para mí es, sin duda, la mejor.

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La chica del tren

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   Una novela de las más vendidas en los últimos meses. Su autora es la escritora británica Paula Hawkins, nacida en 1972 en Zimbabwe en 1989 se trasladó a vivir a Londres. Escribió distintas novelas románticas sin mucho éxito, hasta hacerse famosa con esta novela de misterio, que tardó en escribir seis meses.

    Nos cuenta la historia a través de tres mujeres: Rachel, Megan y Anna, que van tomando la voz de la novela, pasando de una a otra. Rachel es una joven alcohólica a quien su marido Tom la ha dejado por Anna. Rachel viaja todos los días en el tren, como si fuera a Londres a un trabajo del que fue despedida varios meses y no puede dejar de mirar a través de la ventanilla, las casas del antiguo barrio en el que vivía y donde todavía vive su exmarido. Esta aparente inocua distracción, hace que se meta en un verdadero lío a raíz de una desaparición que se produce en ese barrio.

    Es una historia distraída, pero que a mí me ha decepcionado un poco, como suele ocurrir cuando hay un libro que se hace famoso y todavía no has leído, que las perspectivas suelen ser tan altas que difícilmente se alcanzan. Al principio tardé darme cuenta de que hablaban tres personajes diferentes y el final no me gustó.

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La amiga estupenda

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   Primer tomo de la tetralogía escrita de forma magistral por la escritora Elena Ferrante. El primer misterio es la personalidad de la autora, pues se desconoce quién es, pues su nombre es un seudónimo, llegando a decirse que, incluso, podría tratarse de un hombre.

     Con una mirada hacia atrás se nos va narrando la historia de dos amigas Lenu, que es la narradora,y Lila. Conocemos el barrio de Nápoles en el que van creciendo y un grupo de familias del barrio, creando un pequeño universo de personajes bien delimitados, con los que se relacionan. Nos enteraremos de lo que sienten, de sus amores, de sus peleas en el barrio. Escenas, algunas, que me recuerdan a películas del neorrealismo italiano.

       Tras terminar este libro, entran ganas de seguir leyendo los siguientes para saber lo que la vida les depara a estas dos buenas amigas.


La década que nos dejó sin aliento

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     He leído unos cuantos libros de Juan Eslava, escritor jiennense nacido en 1948. Aparte de escritor se ha dedicado a la enseñanza como catedrático de inglés de instituto. Fue premio planeta en 1987 con su novela "En busca del unicornio". Ha escrito varios libros con el seudónimo de Nicholas Wilcox. Me encantó "La lápida templaria" y la trilogía templaria que escribió también con este seudónimo.

   En este libro nos narra, de una manera documentada y amena, diez años fundamentales en nuestra historia reciente, de 1973 a 1982. Con la ayuda de algunos personajes ficticios nos retrata estos años de nuestra transición democrática y nos ayuda a conocerlos mejor. Son años que están relativamente cercanos , pero que conviene no olvidar, porque mucho de lo que hoy somos procede de esa historia. Un libro que vale la pena leer.

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De Madrid al cielo

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          Hace ya mucho tiempo viví durante cuatro años en Madrid. Siempre me agobió el estrés con el que allí se vive, siempre corría por las calles, sin saber muy bien por qué,  por lo que agradecí volver a la vida de provincias. Desde entonces me gusta volver de vez en cuando, siempre con la seguridad de que llevo en el bolsillo el billete de vuelta, para recorrer sus calles y disfrutar de las muchas posibilidades que tiene. Tras la resaca navideña he pasado allí unos días, he  evocado viejos lugares y conocido otros nuevos. Me gusta admirar, con visión de turista, aquellas cosas diferentes a las de mi cotidianeidad habitual y, en ocasiones, me asombro con ellas.

           El tiempo no ha acompañado demasiado, lluvia y viento frío en una pugna constante con un sol invernal que, a veces, durante algunas horas, conseguía vencer a dichas inclemencias. El domingo llovía bastante, no era agradable el paseo y decidí volver a visitar la Fábrica de  la Moneda. Es curioso hacer el recorrido de la moneda en la historia de la Humanidad y, concretamente, en nuestro país. Se ven monedas viejísimas y otras más recientes que aún tenemos en la memoria, como las ya antiguas pesetas. También se fabrican allí los sellos, hoy casi extintos por ese correo electrónico que ha sustituido al postal., y los boletos de lotería o tarjetas identificativas o sanitarias.

                Pero lo que más me gustó e, incluso, llegó a emocionarme de aquella visita no  fue nada que tuviera que ver con lo allí expuesto. Entrando en la sala de Grecia clásica, se exponían algunas fotos de estatuas griegas acompañando a monedas de la época, acostumbrado a recorrer aquellas salas solitarias, me sorprendió encontrarme con una pareja de ancianos que acompañaban a dos niños, previsiblemente sus nietos, que tendrían ocho y seis años. En el momento en que entré en la sala, la abuela deambulaba, distraída en la contemplación de las monedas, mientras el abuelo, un anciano de alrededor de ochenta años, de voz  cavernosa y firme sostenía un bastón en el aire señalando hacia una de las fotos.  Los nietos con papel y bolígrafo en la mano no  perdían de vista la mano y las palabras de su abuelo:

- Esa escultura que veis ahí, lo debe poner en algún lado, es muy famosa… Aquí lo pone…es el discóbolo de Mirón. Id tomando nota!

Los niños apoyaban el papel en la pared y escribían con caligrafía redondeada y lenta sobre el papel. El abuelo esperaba pacientemente a que tomaran nota y proseguía:

- Esa mujer es una Venus, la de Praxíteles…-y dictaba lentamente para que los niños pudieran anotar tan complicado nombre.

        Y así, sucesivamente, los nietos como aplicados alumnos iban culturizándose y anotando datos en ese papel. Me gustó ver a esos niños con ese papel y bolígrafo tan atentos a su abuelo.

        Puede que, algún día, cuando ya peinen canas, encuentren, en un cajón, ese garabateado papel y entonces, se acuerden de aquel día lejano de lluvia donde el cariño de su abuelo se les manifestó en aquella visita a la Fábrica de la Moneda, en la que ya no olvidaron nunca, una de las obras más importantes de Praxíteles.


Justo antes de la felicidad

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    Novela de la autora francesa Agnès Ledig (1973), que es comadrona en Obernai, una pequeña localidad cerca de Estrasburgo. Comenzó a escribir, como terapia, cuando uno de sus hijos enfermó de leucemia y se ha convertido en una de las nuevas voces de la narrativa francesa. Éste es su segundo libro publicado, pero el primero que escribió y ha sido galardonada con el premio de los libreros Maison de la Presse 2013.

     Paul acaba de ser abandonado por su mujer tras treinta años de convivencia, un día se fija en Julie, cajera del supermercado en dónde él compra. No sabe nada de ella, una joven de veinte años que mal vive intentando sacar adelante a su hijo de tres años. Este encuentro propicia, intuición de Paul?, a que él invite a pasar unas vacaciones en su casa de Bretaña, con él y su hijo viudo, a Julie y su hijo.

Todos los personajes llevan detrás unas historias de desgarros que les impide caminar con alegría, pero se empezarán a establecer unas relaciones que ayudarán a cauterizar las profundas heridas que llevan. Un libro doloroso y, a la vez, optimista y cargado de esperanza, para pasar un rato agradable.

"Paul mira de vez en cuando por el retrovisor. De pronto toma conciencia de lo absurdo de la situación y comprende el rumiar de su hijo. Sin embargo, presiente que esa chica será beneficiosa para Jérôme, y que probablemente será algo recíproco. Está harto de reflexionar durante días, semanas y meses enteros antes de actuar. Las decisiones que se toman cuando te da una ventolera tienen la ventaja de ser espontáneas y sinceras. Ayudar a una persona con dificultades a cruzar la calle hace que te sientas bien durante un buen rato. Lo curioso es que Paul tiene la intuición de que con Julie será así no solo un rato, sino buena parte de la vida. A veces tiene uno impresiones que son difíciles de explicar. Quizá en este momento se sienta más libre y feliz de serlo. Julie se beneficia de ello porque se han conocido en el momento y el lugar adecuados."


Nadie dijo que fuera fácil...

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              Llegamos a este mundo, aunque ya no me acuerdo, sorprendidos ante todo lo que veíamos, con esas caras sonrientes de nuestros padres que nos auguraban que lo que venía tenía que ser bueno. Empezamos a caminar y las caídas subsiguientes nos crearon nuestras primeras cicatrices, pero nada que ver con las que vendrían más tarde. Con esas otras cicatrices que provocaba el no entender a los demás y las primeras soledades. Quisimos hacernos mayores y llegó un momento en que, ¡ilusos!, empezamos a sentirnos “maduros”, incluso nos atrevimos a irnos de casa en esa búsqueda desesperada e incierta de “nosotros mismos”, dejando atrás ese calor del hogar familiar.

                Pero esa búsqueda no iba a ser sencilla. Me acuerdo de las prácticas de Química Orgánica en la facultad, era como hacer una receta de cocina. Cogías la hoja, amarilleada por las salpicaduras de los compuestos químicos, y sólo era cuestión de ir echando los gramos exactos de cada reactivo y calentar el tiempo necesario, salvo algún imprevisto, siempre se obtenía el producto esperado. En cambio en esta búsqueda de nosotros hacia la felicidad nunca hay recetas para alcanzarla y continuamente damos palos de ciego. Lo que es bueno para unos es terriblemente perjudicial para otro. Alimentamos nuestra búsqueda de lo que leemos, de lo que nos dicen o experimentan los otros, pero principalmente de lo que nuestra experiencia y nuestras meteduras de pata nos van indicando y vamos intuyendo, a veces después de muchos golpes.

                Hay esos momentos esenciales de nuestra vida, donde te sientes empujado a tomar una decisión, crees que para ser fiel a ti tienes que tomarla, a pesar de lo que ello puede suponer de dolor previo para ti y los demás, porque piensas que si no te decides, esa infidelidad a ti mismo a la larga perjudicará más a ti y a todos. Este año he tenido que pasar por eso. No ha sido fácil, no es fácil…nadie lo dijo… pero sigo pensando que fue necesaria.

                Eso me hace vivir una Navidad diferente, silenciosa, frugal, alejada de cualquier tipo de bullicio. No digo que sea mejor ni peor, pero es la que tengo y como tal procuro disfrutarla y extraer lo mejor de ella. Estoy seguro que en un rato esto se llenará de “gente”, de todas esas personas a las que quiero y que cada día me ayudan a caminar con su cariño. Mientras tanto, sobre la mesa alumbrando ese silencio tintinea levemente la luz de una vela que me acompaña.

                Sé que no entra mucha gente por aquí, pero si eres uno de ellos, te deseo, de corazón que tengas una feliz y luminosa Navidad!


Vigilando el sueño

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    El dormir es algo imprescindible y un buen sueño nos ayuda a enfocar el día con fuerza y alegría. Muchas veces se convierte en un problema, cuando es dificultoso, intermitente y el insomnio intenta vencerlo. Otras veces es tan necesario como reparador cuando nuestro cuerpo, tras el esfuerzo del día parece arrastrarse hasta la cama, que parece acogernos con sus brazos invisibles. 

      El sueño, en algunos casos, nos obliga a dormir con un ojo "abierto", como cuando cuidamos en la noche a un enfermo o estamos atentos al cuidado de un bebé. Pero está el caso opuesto, un sueño especialmente dulce, cuando nos sentimos relajados y plácidamente nos dejamos introducir en sus fauces. Y, sobre todo, si tenemos a alguien al lado que "vigile" nuestro sueño. En ese caso, a pesar de estar dormido, percibimos como nuestros párpados se impregnan de la ternura de esa mirada ajena, que nos cuida y protege de cualquier posible peligro. Nos podemos abandonar, de una manera especial, a ese descanso sabiéndonos queridos por esa mirada única que nos contempla con mimo y, sin aguantarse, en algunos momentos acaricia nuestro rostro con caricias de seda. 

      Quien cuando duerme tiene a alguien al lado que vigile su sueño, sin duda, que tendrá el más maravilloso de los sueños...y de los despertares!


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