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Dos mares

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    Dos mares enfrentándose, hoy, al atardecer. El mar de agua y el mar de nubes. ¿Quién resultó vencedor? Me quedé sin enterarme, porque en pocos minutos llegó la noche y todo se volvió oscuro.


Dos herramientas para escritores

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     No sólo son escritores esos personajes afamados, que publican sesudas novelas leídas por muchos lectores. A casi todos los que andamos por la blogosfera nos gusta trenzar palabras y disfrutamos con ellas y comunicándonos a través de frases escritas, somos por tanto escritores.

También en internet se pueden encontrar herramientas que ayudan a la afición literaria, comparto, por si a alguien le interesa:

1) Programa para escribir novelas y ensayos: Ywriter5, un interesante programa para descargar. Vamos escribiendo cada capítulo independientemente, podemos acceder a un esquema, introducir personajes y sus puntos de vista, borrador... y otras herramientas que se van descubriendo a medida que se trabaja con él.   Aunque se descarga en inglés, el lenguaje del programa se puede transformar al castellano. También podemos encontrar un sencillo manual, que nos permite acercarnos a él, dar nuestros primeros pasos y tener una visión global del programa.

2) Programa para rimas. ¿Quién no ha sudado, exprimiendo la mente a la hora de escribir una poesía, buscando palabras con las que hacer rimas? Este problema lo soluciona. Decimos si queremos una rima asonante o consonante, el número de sílabas y por qué comienza...y nos aparecen montones de palabra para usarlas en nuestro poema. De muchas de esas palabras desconoceremos el significado, pero no importa, poniéndonos sobre ellas, nos aparece su significado en el Diccionario de la RAE.

     Dos herramientas interesantes que pueden ayudar a escribir, pero que nunca sustituirán al deseo por la escritura que es algo que brota del interior del escritor.


Solar

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     Primera novela que leo del afamado escritor británico, Ian McEwan. Es la historia de Michael Beard un cincuentón, premio nobel de física, con una vida personal más que desastrosa. Va por el quinto matrimonio, pero acostumbrado a cometer infidelidades no lo está tanto a ser engañado, como le ocurre con su última esposa. Su vida profesional tampoco va muy bien y está en un centro de investigación , más por sus logros pasados que por los presentes, donde debe lidiar con proyectos sin  sentido de jóvenes becarios. La escena que más me ha gustado es la de la expedición científica a tierras polares.

Leí buenas críticas sobre este libro, sin embargo a mí no me ha gustado demasiado y eso que reconozco que hay pasajes que aparte de imaginativos me han hecho esbozar más de una sonrisa. Sin embargo, no sé por qué, la forma de escribir no me ha atrapado.

"Miró a su alrededor lo mejor que pudo. Las casas más cercanas estaban a cuatrocientos metros y en sus grandes paredes desnudas sólo había una o dos ventanas diminutas: sin duda ventanas de cuartos de baño. Oh, lo que daría por estar allí dentro, en un caldeado cuarto de azulejos, descalzo y en pijama, orinando a sus anchas antes de volver a zambullirse debajo del edredón para una hora más de sueño. Aunque podía ir allí mismo, a la cuneta, dar la espalda al viento, lidiar con las manos desnudas con la gruesa cremallera helada de su traje de una sola pieza, buscar a tientas por debajo de la chaqueta, las hebillas de las hombreras de su mono de esquí y bajárselo de alguna manera, bucear con la mano por entre el suéter, la camisa, la camiseta larga de seda, los calzoncillos largos y los cortos para obtener por fin el momento de alivio en que no se atrevía a pensar. No, era tan difícil que tendría que esperar, y además se sintió mejor en cuanto estuvo sentado en la motonieve".

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Las ardillas de Central Park están tristes los lunes

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    Brillante colofón de la trilogía, que empezó con "Los ojos amarillos de los cocodrilos", y que ahora termina con esta novela. Y que ha hecho que una autora,Katherine Pancol, que hasta entonces era desconocida haya logrado atrapar entre sus letras un buen número de seguidores entre los que me cuento.

       Aquella historia de aquella mujer anodina, Joséphine Cortès, abandonada por su marido, con dos hijas adolescentes que podría haberse hundido en su desgracia, cambia de signo al escribir una novela que la convierte en autora famosa. El segundo tomo recuerda a una novela policíaca, nuestra protagonista sufre un intento de asesinato y en este tercero encuentra el apoyo y el medio para escribir una nueva historia. En torno a ella se mueve un elaborado universo de personajes: sus hijas Hortense y Zoé.  Su malvada madre que se vale de muchos tejemanejes para intentar hacerse rica. El hijo de su padrastro de tres años pero superdotado yu con unas capacidades que dejan asombrados a todos. Su amiga Shirley siempre tan fuerte hasta que el amor llama a su corazón. 

Y es que en esta última novela todos los amores incomprendidos de los distintos personajes, van encontrando su cauce hasta reencontrarse en su verdadero punto. Aunque a lo largo de sus páginas nos parece imposible que eso ocurra, ya que retrata muy bien, la soledad, las incomprensiones, las dudas...que todos los personajes viven como Gary alejado de su enamorada Hortense en Nueva York y que nostálgico acude cada lunes a Central Park, pues ha observado que el hecho de que no haya en el parque tanto público como el domingo hace que "Las ardillas de Central Park están tristes los lunes". 

         Un libro que hace pasar un buen rato como ocurrió en los dos anteriores y que en muchos de sus pasajes nos hacen pensar y nos podemos reconocer en actitudes cotidianas, no es raro que en esta Navidad hayan sacado la trilogía en un mismo paquete.

"Hay personas con quienes pasamos gran parte de la vida y que no aportan nada. No te iluminan, no te nutren, no te dan impulso alguno. Puede uno dar gracias de que no te destruyan a fuego lento colgándose de tu cuello y chupándote la sangre.

Y después...

Están los que uno se cruza, los que apenas conocemos, los que te dicen una palabra, una frase, te conceden un minuto, media hora, y cambian el curso de tu vida. No esperabas nada de ellos, apenas le conocías, y llegabas, completamente despreocupado, o despreocupada, a la cita y sin embargo, cuando te despides de ellos, de esas personas asombrosas, descubres que han abierto una puerta detro  de ti, que han activado un paracaídas, iniciando ese maravilloso movimiento que es el deseo, movimiento que te llevará más allí de ti mismo y te asombrará. Dejarás de ser irrisorio para siempre, bailarás sobre la acera lanzando destellos y tus manos rozarán el cielo...

Fue lo que, ese día, le pasó a Joséphine."


Feliz dos1000doce

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    La mañana se despereza, tras el trasnoche, con cierta dificultad. Nada parece haber cambiado, todo está como ayer, salvo los calendarios que se van colgando en las paredes. Ahora con muchas más hojas que el de ayer y con todas las páginas terminado el año en el 2.

La prensa y la televisión nos bombardean con palabras de significados similares: ajustes, recortes, medidas de contención, malos tiempos se avecinan... y al que se le ocurra colgar un gesto de incomodidad en su rostro, se le dice: ...y esto sólo es el principio!

       Las circunstancias se empecinan en incordiarnos, pero nada podrán hacer si somos capaces de rebelarnos contra ellas. Lo cambiable se intenta que vuelque, pero lo que no puede cambiar sólo es cuestión, con mayor o menor esfuerzo, de adaptarnos a ello e incluso de no dejar de azuzar esas ilusiones que siempre están dentro de nosotros. Hay cosas que no dependen de que la economía funcione bien, como el regocijarse cada mañana en el día que comienza, disfrutar de la compañía de la gente que queremos, dedicar unos minutos al día a hacer algo que nos guste o saborear esos ratos en que podemos sentirnos útiles a los demás.

           Es lo mismo de siempre, pero en estos tiempos de recesión con más motivo, el hacerse experto en encontrar esos ratos sencillamente felices en el interior de nosotros. Si lo conseguimos, ni los más duros presagios será capaces de enturbiar nuestra alegría.

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Trayecto en tren

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        Siempre que viajo en tren me envuelve un poco la nostalgia que produce el desplazarme hacia otro lugar donde se despierta mi sensibilidad de una manera muy especial. Y eso que estos trenes son muy diferentes a aquellos de olor rancio, traqueteo continuo y detenciones inauditas en mitad de la nada. Se nota que es época de vacaciones, el tren entra veloz rasgando la estación con el doble de vagones de lo habitual. Voy en uno de los últimos vagones por lo que tengo que recorrer unas decenas de metros por el andén, lamentando que mi maleta además de ruedas no tenga motor.

         Coloco la maleta sobre mi asiento y me acomodo, con una cierta incomodidad, valga la contradicción, porque he sido de los afortunados en viajar frente a otro asiento. Allí se sienta un individuo alto, de cabellos largos por detrás e intermitentes sobre la cabeza, boca cerrada en forma de A y unas estudiadas patillas que adelgazan por la mejilla hasta desaparecer.  Tanto él como yo tenemos que hacer habilidades con las piernas para no estorbarnos mutuamente. No dice nada, sólo mira al frente, mientras yo abro mi libro y leo, mientras me gusta mirar a mi alrededor. No presto atención a la película, la he visto hace poco.

         Cuando miro por la ventana, los olivos parecen perseguirse unos a otros, mientras atravesamos las tierras de Jaén. A mi derecha una pareja madura, ella oronda apoyada en el cristal de la ventana, hace punto sin parar con dos agujas. A él con una gorra cuya visera casi le roza las gafas, le falta un brazo y lee a Stieg Larsson en un libro de bolsillo que apoya contra su pierna izquierda.  Con suma habilidad descansa el libro y saca el móvil del bolsillo para mirar la hora. Interrumpe ella el punto para decirle que quiere una cocacola light y él sumiso deja el libro sobre el asiento para desaparecer hacia el vagón cafetería. Frente a ellos una pareja muy joven, él descansa su cabeza, casi descolgada y de ojos cerrados, sobre el hombro de ella, una chica de rasgos sudamericanos con uñas muy cuidadas de color de moras.

         Sigo leyendo. El tren ralentiza su marcha, miro por la ventana cuando entramos en una Ciudad Real fantasmagórica, casi desaparecida por la niebla. La puerta del vagón se abre continuamente y al fondo la luz roja indica wc ocupado. Una mujer de formas de tan apretadas, estilizada, pasa a mi lado y su perfume nos impregna, Mi vecino gestualiza convirtiendo su boca en A, ahora en U.

           Los primeros edificios de Madrid aparecen tras la ventana y coches, muchos, camino de quién sabe donde. Distingo edificios conocidos y el tren se va rodeando de otros trenes que le hacen como de coro. La velocidad disminuye hasta que el tren se para del todo. Desciendo del tren con mi maleta y de nuevo me doy un obligado paseo de muchos metros hasta llegar a la estación, al menos no llueve. Cuando llego a la parte principal me detengo y me pongo a admirar a las tortugas que hay allí. No corren, están casi estáticas y yo diría que hasta sonrientes…

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Feliz Navidad

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    Hace años en estas fechas compraba una buena colección de felicitaciones navideñas y un pliego de sellos y durante horas me dedicaba a escribir. Era una excusa, para una vez al año, acercarme a gente que habían formado parte de mi historia y que ahora estaban lejos. Iba al león de correos y veía cómo iba desapareciendo aquel mazo de cartas en su boca. De esas pocas volvían, pero a pesar de ello seguí con esa costumbre,

Los tiempos evolucionarion y la forma de comunicarnos dio lugar al abandono del papel por los sms y las letras digitales y hoy hay otras formas muy diferentes de felicitar. A mí de todas formas me gusta siempre darle un puntito diferente, más personal con algo que no proceda de esa biblioteca sin fondo que es internet, como con este dibujo.

Así que desde aquí para los que:

-habitualmente siguen mis letras

-me conocen

-es su primera vez que leen mis letras

-bostezan o sonríen al leerme

-saben a qué me refiero

-están hartos de que le feliciten

-leen esto lejos de la Navidad

-se pregunten quién escribe esto

-para el que entra por casualidad

-para ti

-para todos

¡FELIZ NAVIDAD!


Lustro más uno

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        El pasado mes de noviembre se cumplieron ya seis años desde aquel día en que decidí alojar mis letras en este blog. Este rincón comenzó como un lugar en el que posar mi ejercicio cotidiano de escritura.  Desde entonces, acompañando al ánimo inspirativo, he venido escribiendo con mayor o menor regularidad o pereza. He procurado insertar una reseña de todos los libros que he ido leyendo, lo que me ayuda a tener un recordatorio de los mismos y en qué época los leí. Me he obligado a rescatar retazos de mi memoria con los que he revivido algún tiempo más o menos lejano. He aprovechado para colgar dibujos realizados con las líneas que se escapan de mi bolígrafo. Y, por fin, otras veces simplemente he escrito por el puro placer de escribir.

         Durante todo este tiempo, he ido leyendo otros blogs, disfrutando de las letras ajenas o contactando con personas interesantes de la blogosfera. Muchos quedaron en el camino, simplemente un día cambiaron de lugar porque cambiaron de vida o simplemente de ganas de escribir y con ellos se fueron sus letras. Otros desaparecieron ¿para siempre?, y quedaron sus post como símbolos de unas ideas que en aquel momento y quién sabe por qué razones bulleron en su interior. En fin, hay otros que siguen resistiendo, pese a la escasez de tiempo o los cambios cotidianos y siguen regando de flores nuevas sus blogs.

        Los comentarios en los post son bastante escasos, por no decir prácticamente nulos, hubo épocas en que abundaban más, lo que me lleva a dudar, aunque sé que hay gente que entra por aquí, si me leen. Eso no es algo que me desanime, cuando uno vive respira porque sí, no por el hecho de que los otros vean cómo lo hace. Cuando gusta escribir ocurre algo similar, se escribe por puro placer, aunque gusta que los demás lean lo que escribes, tampoco es algo esencial para seguir haciéndolo. Eso, sin embargo, no quiere decir que pueda llegar un día en que estas letras se coloquen las alas y se decidan a volar hacia lugares nuevos o inexplorados.


Escritura creativa

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     Ayer por la tarde en el salón de actos de la fundación Caballero Bonald de Jerez de la Frontera, hubo una interesante sesión sobre escritura creativa, impartida durante cuatro horas por el escritor sevillano Julio Manuel de la Rosa.

      Con voz pausada fue introduciéndonos, con su experiencia en talleres literarios, en el mundo de la escritura, con la pregunta inicial de si se puede aprender a escribir y las dos teorías, voluntaristas y espontáneos, que hay al respecto. Nos indicó las cuatro fases de la escritura:

a) Invenire: invención de idea o palabra

b) Ordenación o disposición: el plan

c) Elocución o escritura del texto.

d) Corrección: el arte de tachar o corregir. Todo texto es mejorable.

     Dos opciones básicas en la escritura creativa: Describir y Narrar. Habló de los distintos tipos de descripción y en cuanto a la narración de su técnica y las características de la estructura narrativa. Señaló las narraciones más importantes del siglo XX. Toda la charla estuvo salpicada de textos de diversos autores que sirvieron de ejemplo a la teoría. Finalizó esta interesante sesión, que nos ayudó a acercarnos al apasionante mundo de las letras, con una metodología de análisis crítico sobre las lecturas.

      El búcaro no tenía la cámara de fotos,  pero sí un bolígrafo azul que, entre toma y toma de apuntes le sirvió para hacer este retrato del conferenciante.

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Vieja postal

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Hay veces en los que un descubrimiento en un rastrillo de cosas viejas, trae  a colación viejos recuerdos. Es el caso de esta postal, encontrada hace unos días, de la que aquí he plasmado un recorte, de la Alameda de Cádiz. Calculo que data de 1967 y lo que azuza mi nostalgia es verme retratado en ella con las manos colocadas sobre mi cabeza y acompañado de algunos de mis amigos, en aquel rincón gaditano que fue testigo de mis primeros juegos infantiles.


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