"Polvo, sudor y hierro..." así si mal no recuerdo empezaba un viejo romance español que hablaba de las gestas del Cid. Ese mismo comienzo es el que me viene a la cabeza cuando llegan estos días de feria a mi pueblo. Son unos días extraños donde parece que el mundo se pone un poco al revés. Los que habitualmente trabajamos reducimos jornadas de trabajo o algunos, incluso, durante toda la semana vacacionan. Los que no suelen trabajar nada durante el año consiguen un puesto de trabajo durante unos días en mil y una labores haciendo jornadas de horas sin fin. El montaje de casetas une a todos ingenieros y parados, maestros y artesanos, que codo con codo trabajan de una manera tan intensa que si eso lo hicieran durante el resto del año nuestra economía se levantaría muchos enteros.

         A mi personalmente no me gusta nada la feria, será que no la viví cuando era niño, pero el jaleo del ferial no es de las cosas con las que disfruto, así que sólo procuro ir lo justo. Otra de las cosas que hace que no me guste nada es que es una feria que está en el centro, paraliza en todos los sentidos el pueblo y es sumamente molesta para la gente de las proximidades, entre las que me incluyo. Al menos, delante de la puerta de mi casa, como le ocurre a algunos no me ponen un puesto de patatas fritas y cada vez que vas a entrar o salir se tiene que echar para el lado el patatero. Esta feria atrae a mucha gente de los pueblos de alrededor, pero mucho de los que vivimos aquí, aprovechamos estos días para irnos a conocer otros lugares y tomar unas pequeñas vacaciones de primavera. Así que desapareceré de éste vuestro rincón durante unos días.

          Dejaré las macetas en la puerta del blog, si algun@ pasa por aquí, por favor: regarlas!