Blogia

El búcaro de barro

T de trampa

T de trampa

      Cuando ya se han leído anteriormente diecinueve libros con la misma protagonista, es difícil no dejarse seducir por esta nueva entrega del alfabeto del crimen de Sue Grafton, en que la que una vez más aparece esa heroína tan intrépida como peculiar en su forma de actuar que es Kinsey Millhone. Gusta encontrarse con esa vieja conocida, los personajes que la rodean y disfrutar, una vez más, en ese paraje junto al mar de Santa Teresa.

           En esta ocasión será un anciano vecino de Kinsey que al no poder valerse por sí mismo debe contratar a una enfermera Solana Rojas, para que lo cuide. Lo que nadie sospecha es que detrás de la figura de tan eficiente enfermera, se esconde una calculadora mujer que no se detiene ante nada para quedarse con el dinero de sus pacientes. Kinsey tendrá que desenmascararla, no sin grandes dificultades e incluso siendo ella acusada por dicha enfermera ante el juez. 

           Para pasar un rato muy agradable, no es imprescindible, pero sí conveniente empezar a leer este alfabeto del crimen por el primero: "A de adulterio" y siguiendo las letras del abecedario, que dan título a las diferentes historias.

La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina

La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina

     Segundo volumen de la trilogía del Millenium del escritor sueco Stieg Larsson, fallecido prematuramente a los cincuenta años, tras escribir esos tres libros y no verlos publicado. Si el primero de sus libros me gustó mucho, debo decir que éste me atrapó desde que empecé a leer sus primeras páginas.

     Son los mismos personajes de su primer libro que siguen evolucionando en estas letras y de los que conocemos más de su pasado. Mikael sigue trabajando en su revista Millenium donde van a hacer un reportaje sobre tráfico de blancas, que va a sacar trapos sucios de gente aparentemente decente. Lisbeth, desaparecida de Estocolmo durante un año, vuelve intentando pasar inadvertida, sin imaginar que se va a ver envuelta en unos crímenes y esa lucha por la intimidad que siempre tiene se vendrá abajo, cuando toda su historia quede a la vista de todo el país. Poco a poco se van entrelazando las tramas y las letras nos van envolviendo, hasta desear que no tarde mucho en que se publique la tercera y última novela..

Así me siento yo...

Así me siento yo...

... como expresa muy bien Mel en este dibujo, en esos días en que llego al final del día agobiado por la carencia de tiempo.

El manuscrito de piedra

El manuscrito de piedra

   Una interesante intriga, ambientada en 1497, es la que nos propone el profesor de Literatura Luis García Jambrina, autor de esta novela. El protagonista es Fernando de Rojas, el autor de la Celestina, que es un estudiante universitario al que la fuerza de las circunstancias le obligan a dedicarse a la investigación de unos extraños crímenes que suceden en la ciudad de Salamanca.

    El autor nos retrata esta Salamanca que está abandonando la Edad Media, una ciudad a la que la Universidad la dota de importancia y en este ambiente hay pugnas entre los distintos grupos de poder políticos o eclesiásticos y aparecen los miedos de unos conversos ante una Inquisición que actúa de manera taxativa. Entramos con el protagonista en conventos y tabernas, residencias de estudiantes y mancebías, pero sobre todo nos introducimos en ese submundo a la vez físico y esotérico que tiene su entrada por la Cueva de Salamanca. La intriga atrapa y a través de sus páginas podemos reconocer muchos trozos de esa antigua Salamanca que aún perviven en la actualidad

El mapa del tiempo

El mapa del tiempo

      Acabo de terminar esta novela y he recordado cuando en el pasado mes de diciembre, en un día en que la lluvia caía a semejanza de una catarata y el viento tronchaba los paraguas, en una bodega de gruesos muros y aroma a manzanilla, asistí a la presentación del libro.

     El escritor sanluqueño, Félix J. Palma, conocido sobre todo como autor de relatos, con "El mapa del tiempo", su tercera novela y último premio de novela del Ateneo de Sevilla, se sumerge en la atmósfera de la Inglaterra victoriana a finales del siglo XIX, con una interesante trama. Dibuja una variada galería de personajes, unos reales y otros ficticios que atraviesan sus páginas como Jack el Destripador, el hombre elefante o escritores de la época. Destaca como personaje H.G. Wells autor de "La máquina del tiempo" y que tras su relectura dice el autor que surgió esta obra voluminosa de casi setecientas páginas.

     Un libro que le ha obligado a documentarse sobre la época y a modificar, nos dice, su prosa habitual. Es una historia de aventuras, de detectives y en la que no faltan historias de amor y rasgos de humor. En ella aparecen viajes reales y ficticios en el tiempo, aunque trata más sobre los universos paralelos que sobre los viajes temporales. Según su autor: "creo que la gran ventaja de El mapa del tiempo es que puede gustar a los amantes del género fantástico y al público que nunca se acercará a ese estilo por igual".

Un encuentro etéreo

Un encuentro etéreo

     Recuerdo cuando te vi por vez primera, fue al doblar una esquina. Tus formas voluptuosas, ondulantes al aire y acicaladas por los rayos de sol, atrajeron irremisiblemente mi mirada. Troqué el camino, que seguía hasta ese momento, para seguir la senda que me marcabas. Cual una moderna Salomé bailabas en el espacio, pero sin la protección aparente de ninguno de los siete velos. Mis ojos y mis pasos pugnaban por acercarse a ti, pero tú como si juguetearas conmigo acelerabas tus movimientos. No podría decir hasta cuando duró aquel juego mientras el que mi mente fantaseaba con todo lo que podría hacer yo contigo.  Solo sé que, sin razón aparente, impresionante pompa, ¡estallaste en el aire!

Me gustan...

Me gustan...

...esos ratos como el de esta mañana, en los que por unas horas dejo de lado aquello que me preocupa y logró centrarme en las sensaciones que me rodean: el color del mar, el bramido de las olas rompiendo y engalanándose de espumas, el trino confundido de los distintos pájaros saludando al sol y el alfombrado multicolor de las flores sobre los campos verdes.

     ¡Qué fácil resulta, cuando se abre uno a las sensaciones, el alcanzar sin esfuerzo la cima de los sueños!

Y todavía...

Y todavía...

… nos quejaremos de que nuestra vida es difícil.

Nos conocemos hace ya unos cuantos años. Acudió a mi oficina con un fajo desorganizado de papeles que, aunque no tenían que ver con mi trabajo, sabía que lo podría orientar. Andrés ha aprendido burocracia a base de recorrer despachos, cosa que nunca le ha asustado como aquella vez, hace diez años, en que subió al tren para ir a Madrid y fue directamente a un Ministerio, desde el que llamaron asombrados diciendo que qué hacía aquel hombre allí. Tras un rato en que estuve explicándole qué pasos debía dar, le costó trabajo pero su cabeza moldeada a empujones por la vida acabó enterándose.

             Ya más relajado, resuelta aquella preocupación, me habló de su vida con un tono jocoso, aunque no exento de una cierta angustia. Se levantaba a las siete de la mañana a fregar la cocina, lo primero que hacía su mujer al levantarse era “revisar” que estuviera en perfecto estado de revista y decía que en eso se jugaba su plato de comida. En su casa tiene diez personas de distinto parentesco a las que hay que darles de comer, cuando no hay comida, decía, se reunían en torno a la mesa vacía. Uno de sus hijos es minusválido síquico y llega a mediodía del centro al que acude, otra de sus hijas tiene problemas con la droga y una de sus nietas pequeñas tiene una minusvalía física que la hace totalmente dependiente. Contaba que el dormía en el sofá porque cualquiera quita a la nieta de ese lado de la cama al lado de su abuela. El soluciona todos los papeleos y cuando llegan las doce de la mañana llega su mejor rato del día, en el que olvida todos sus problemas y es que, a pesar de sus más de sesenta años, se dedica a correr 20 km y se siente nuevo. Se marchó con la sonrisa en la boca… y cuando escucho cosas como estas ¿tengo derecho a decir que mi vida es difícil? ¡Desde luego que no!

Sabor a primavera

Sabor a primavera

     Me gusta, llegadas estas fechas, eludir de vez en cuando la vista de los papeles que tengo sobre la mesa de la oficina y dirigirla al balcón en el que tengo esta maceta de aeonia. Es una planta agradecida y que crece  a pesar de que, no siempre, me acuerdo de regarla todos los viernes, como símbolo del fin de semana. Es la primera planta a la que todos los años veo florecer y esa salpicadura de pétalos amarillos, especialmente al mediodía,  me colorea la mañana.

    Ha coincidido la floración con los primeros días de sol, que aquí en Andalucía con temperaturas que llegan hasta los 20ºC ya empieza a tener sabor a primavera. Vendrás más lluvias, probablemente, y alguna que otra bajada de temperatura, pero la naturaleza siguiendo su camino inexorable ya abandona las temperaturas del crudo invierno. Ojalá este brillo de primavera que ahora se extenderá por doquier no quede solo reducida a la naturaleza.

¡Hoy toca!

¡Hoy toca!

      Sí, eso es lo que pensó Susan cuando, abrazada aún por las sábanas, escuchó ese silbo al aire que producía su marido mientras se vestía y que ella identificaba con el grito de llamada del macho en celo. Hoy toca…hacer el amor.

         Robert cogió su cartera y el aroma de un breve beso continuó en el aire tras cerrar la puerta. Susan se levantó de la cama, dando un salto, hoy sería un día largo. Lo primero que hizo fue ducharse, le gustaba sentir el agua deslizándose sobre su cuerpo e imaginaba que arrastraba por el desagüe sus suciedades exteriores y sus demonios internos.  Se miró al espejo y se fue gustando mientras lentamente sus cabellos se engalanaban sobre sus hombros recuperando unas formas que hacía tiempo que no disfrutaban. A continuación, se depiló, aunque no esa depilación habitual sino aquella tan especial que sabía que a Robert tanto le seducía. Extendió sus pinturas a lo largo de todo el lavabo y dudó, decidió y eligió aquellos colores que aquel día le vendrían mejor para resaltar las líneas de su rostro y los pliegues de sus párpados. Culminó aquel arreglo con su lápiz rojo de tonos brillantes que daba a sus labios una seductora apariencia de humedad continua. Se vistió y se dirigió a visitar a la masajista, quien con ágiles dedos fue recolocándole mansamente todos los músculos en su lugar y fomentada por su desnudez, aquel íntimo contacto la llegó a excitar. Se dirigió a continuación  a una tienda de lencería donde eligió un conjunto que ajustaba y resaltaba su cuerpo. Me lo llevo puesto, le dijo a la dependienta.

         Las luces de la tarde comenzaban a declinar cuando, como otras veces, agazapada tras un árbol vio a Robert descender los escalones de aquella casa de cortinas horteramente amarillas en las ventanas y subir al coche, para tras aquel paréntesis, seguir su jornada laboral.

         Susan volvió a casa y cenó.  Dejó su ropa sobre la silla y se tendió sobre la cama, con aquella lencería que estrenaba, a leer un libro. Robert llegó tarde, la saludó distraído y la besó con ese olor a perfume barato que a ella ya le resultaba insultantemente familiar. Se desnudó, quejándose del cansancio del día y  se dirigió hacia la ducha. Susan dejó sus gafas y el libro sobre la mesa de noche y se dedicó a elaborar fantasías en el techo.

         Robert entró en el dormitorio ya con el pijama puesto y le dio las buenas noches, dándole primero un beso y luego toda su espalda. En pocos minutos su respiración suave mutó a ronquidos, fue entonces cuando Susan se dirigió al salón, una vez más había perdido aquella apuesta que se había hecho consigo misma. Sacó un billete de diez dólares de su cartera y lo introdujo en la hucha que ella llamaba de las frustraciones. Ya quedaba poco para completar el precio de aquel revólver que había decidido comprar. Era barato, de una sola bala, pero no importaba, estaba segura que desde detrás de aquel árbol y a tan poca distancia de los escalones no podría fallar el disparo.

La isla

La isla

     Este opúsculo a camino entre el relato y la novela escrito por Giani Stuparich, ha sido una verdadera sorpresa para mí. En la isla se narra la historia de un hombre enfermo de cáncer que le pide a su hijo que abandone la montaña, en la que pasa el verano, por unos días para acompañarlo, a la isla en la que nació y el hijo iba en su juventud.

      Un último esfuerzo anímico y de salud parece acompañar a este hombre animoso al que acompaña un hijo quebrado por dentro ante la cercanía de la muerte del padre. Un acompañamiento mutuo al pasado, en que dos seres que se quieren se encuentran frente a frente y las palabras parecen enmudecer ante el flujo de sentimientos, ante una despedida tácita que se produce en esos días de aparentes vacaciones, donde la vida empuja como si fuera un tornado.

      Un libro que no aparecerá entre los más vendidos, pero que gustará a quien le guste leer algo diferente y de calidad. Está escrito con un lenguaje cuidado, que atrapa para sumergirse en estas líneas de las que cito dos párrafos textualmente:

"Una lucha cuya suerte ya estaba decidida. Sin esperanza. Volvía a apagarse la luz en los ojos turbios de su padre como el preludio de una derrota. Sin embargo, tal vez quien combate no tenga una conciencia plena de la inevitable derrota y pueda resistir y recobrar el aliento para luchar todavía. Pero quien asiste impotente a la trágica lucha, y tiene en sus venas la misma sangre que la víctima, sufre con un horror reprimido y todos sus minutos están envenenados."

"El sol, al declinar tras el bajo perfil del promontorio que resguardaba el puerto como en un abrazo, había dejado en el cielo una luz pálida, de una inconsolable melancolía. Un crepúsculo singular: de tintas pobres, apenas velado por una dorada calígine; el sol había desaparecido como sin avisar. Había cesado hasta el menor soplo de brisa y en el aire había quedado un estupor cansino".

Seminario de novela juvenil

Seminario de novela juvenil

      La Fundación Caballero Bonald ha organizado, un interesante seminario sobre "La novela juvenil", a desarrollar en sesiones mensuales con el siguiente plan:

29 de enero Jesús Díaz Armas habló de "En busca de un lector adolescente: paseo por la actual novela juvenil".

19 de febrero Jordi Sierra y Fabra, autor de "Lágrimas de sangre" conversa con María José Gómez Navarro

26 de marzo Mariasun Landa autora de "Mi mano en la tuya" dialoga con José García Oliva

23 de abril Eliacer Cansino autor de"El misterio Velázquez" dialoga con Antonio Ventura

21 de mayo Joan Manuel Gisbert autor de "Los espejos venecianos" dialoga con Rosa Huertas Gómez

11 de junio Lorenzo Silva autor de "El cazador del desierto" dialoga con Aida Rodríguez Agraso

    Una buena oportunidad para que los amantes de las letras se acerquen  a estos importantes autores que tan bien han sabido acercar al mundo de la literatura para jóvenes.

Sólo unos centímetros

Sólo unos centímetros

      Cuando Vicente y Lidia, se conocieron en el Chat nunca pensaron que aquella relación pudiera llegar tan lejos. Y aquellas palabras intercambiadas, al principio breves, escritas a la luz de dos flexos, era una de las asombrosas coincidencias que detectaron entre ellos, se transformaron en sesudos diálogos en los que compartían confidencias en la intimidad de la noche. Casualmente, también, vivían en el mismo pueblo y, aunque no era demasiado grande, el capricho del azar nunca había querido que se conocieran personalmente. Vicente nervudo e impetuoso, tras varios meses de conversaciones, le propuso que podrían conocerse. Lidia grácil y menuda, le respondió que no se atrevía a encontrarse frente a frente con él, a pesar de que con el tiempo imaginaba sus ojos cada vez más luminosos.

 

            Y aquella cháchara impenitente siguió mientras iban cayendo sucesivamente las hojas del calendario, como si el otoño hubiera llegado a la vida. Eso debió pensar Lidia que temerosa de que llegara el invierno y sintiendo en su corazón, cada vez más, la primavera y  con sus defensas socavadas decidió, deseó, necesitó… conocer a Vicente.

 

            Vicente tenía un negocio en el que echaba muchas horas y allí quedaron citados una noche, a una hora en que la luna llena ya había conquistado el cielo. Con la puerta ya cerrada sus miradas se anudaron en aquel local y se sentaron frente a una mesa en la que Vicente llenó dos copas de Rioja. Y mientras sus ojos se dedicaban expectantes a ponerle imagen a todas esas palabras que conocían del otro, su conversación viva fue virando hacia un tono almibarado, en el que los dos se sintieron muy a gusto.

 

            Llegó un momento, que tras echar Lidia un sorbo de aquel brebaje rojizo, sus ojos chispearon con especial intensidad y fue cuando Vicente aprovechó la oportunidad esperada. Quería, le dijo con cierto pudor, que ella tomara posesión de esos “centímetros de carne” de él que Vicente había salvaguardado con cariño hasta aquella ocasión. Lo habían tecleado muchas veces en sus ordenadores, y le habían dado ese nombre eufemístico, pero hasta ahora no se había atrevido a proponérselo tan directamente.

 

            Una nube de pena ensombreció los ojos de Lidia, quien sin decir palabra se levantó y salió dando un portazo. ¿Cómo se había atrevido Vicente, por muy carnicero que fuera, el ofrecerle aquel filete de secreto ibérico, “unos centímetros de carne” ellos le llamaban, diciendo que lo había guardado para ella cuando sabía perfectamente que era una vegetariana convencida?

 

            Vicente la vio alejarse cabizbaja y por primera vez en su vida odió su profesión, miró a la luna y, extrañamente, se dio cuenta que ahora estaba en cuarto menguante.

Arte

Arte

      Hay figuras construidas por la naturaleza que son verdaderas obras de arte, como ésta que acabo de atrapar hace unas horas con mi objetivo. Sólo hay que estar atento a ellas.

Ayer 10 de enero...

Ayer 10 de enero...

...fue su ¡ochenta cumpleaños! No sé cómo lo hace pero se sigue manteniendo eternamente joven y las arrugas no llegan a su rostro ni a sus aventuras. Sí, un día como ayer hace ochenta años la primera tira con los dibujos del intrépido reportero Tintín fue publicada en una revista belga. Obra maestra del dibujante George Remi, más conocido con el seudónimo de Hergé, este periodista tan peculiar, nunca escribe nada, pasa por aventuras que nos han hecho soñar a todos los que las hemos leído.

      Con Tintín he subido al Himalaya y he viajado en un cohete hasta recorrer la superficie lunar. He participado en un viaje por el Amazonas y conocido los secretos de la India. He conocido revoluciones y conspiraciones. He estado en China,  conocido a los indios americanos y recorrido el país del oro negro. He recorrido pirámides y viajado en todo tipo de medios de locomoción. He subido a camellos y he sabido que "las llamas cuando se enfadan, escupen". He visto aerolitos que caían del cielo y conocido a los descendientes de los incas. He luchado con piratas y visitado Africa...

       Pero esto no lo he hecho solo con él nos acompañaban en estas aventuras un nutrido elenco de personajes. Empezando por el bravo capitán Haddock y siguiendo por el sabio y despistado profesor Tornasol, los divertidos Hernández y Fernández,  la inmensa Bianca Castafiore (que sólo canta el aria de las joyas de Fausto) y el perverso Rastapopoulos.

         Se anuncia que estas aventuras serán llevadas al cine por Spielberg, tiene que ser interesante el verlas en la pantalla grande, a pesar de que no será siempre igual que esos dibujos originales por los que se mueve el personaje.

        Sí, han sido muchos años y siguen siéndolo los que llevo disfrutando de su compañía, la mitad de su vida, y de sus aventuras que nunca mueren. ¡Qué menos que en agradecimiento regalarle este post de recuerdo por su cumpleaños!

Cometas en el cielo

Cometas en el cielo

      Este libro nos narra en el Afganistán de los años 70 una doble historia de amistad entre dos padres y dos hijos.  Se centra sobre todo en la amistad entre los hijos: Amir, hijo de un hombre rico, y Hassan hijo del criado y que comparten la misma casa. Esta amistad se trunca en un determinado momento por culpa de Amir y eso les obliga a separarse. Posteriormente, circunstancias polítucas hacen que Amir y su padre tengan que reiniciar una vida desde el principio, exiliados en los Estados Unidos.

      Nunca se le irá de la mente de Amir, aquella amistad que él destruyó. Un día, muchos años después,llamado por otro antiguo amigo, vuelve a Afganistán, ahora ocupado por los talibanes y se da cuenta de que es muy diferente de aquel país que él conoció. Tendrá la oportunidad, de la forma que menos hubiera pensado, de sanar parte de aquella herida que le había acompañado durante tanto tiempo, viajará por el país y, de alguna manera, hasta dentro de sí mismo.

       Como telón de fondo aparecen esas cometas que dan título al libro y que era uno de los pasatiempos preferidos de Amir en su infancia.  Hermosas pinceladas de aquel desconocido país aderezado con esta historia de amistad.

Atardecer

Atardecer

   Todos los días hay un atardecer, pero no siempre es tan hermoso como éste que acabo de contemplar hoy.

Cita a ¿ciegas?

Cita a ¿ciegas?

     Él salió de su casa con paso vacilante, iba a encontrarse con ella. Mientras caminaba era consciente de que su visión del mundo había cambiado, aunque él se resistía a reconocerlo. Llevaba días esperando aquella cita y cuando estuvo delante de ella descubrió que sus piernas le temblaban. Lo condujo, con suma delicadeza,  hasta una silla y se sentó frente a él. Las delicadas manos de ellas, tan frías como suaves, con unas uñas delicadamete recortadas, levantaron su rostro indicándole que le mirara fijamente a sus ojos.

      Sus miradas se encontraron, él admiró aquellas negras pestañas que servían de antesala a unos ojos luminosos que resaltaban en un rostro mimosamente ornado por una leve capa de maquillaje. Ahora miraba sus labios y estaba inquieto  pendientes de aquellas palabras que sabían que podían cambiar el resto de su vida. Al fin, aquel silencio se quebró con la voz dulzona de ella:

-Sí, efectivamente necesitas gafas, pero has tenido suerte, porque este mes tenemos rebajas porque estamos de aniversario- le dijo la dependienta de  la óptica a la que había acudido.

¡¡Feliz año nuev-e!!

¡¡Feliz año nuev-e!!

    Cuando sólo faltan unas horas para acabar el año 2008 quiero desearos a todos los que entréis por aquí un muy feliz año. El año empieza, tal vez un día como otro cualquiera, aunque tengamos que inaugurar calendario en la pared. Vendrá, sin duda, con sus problemas, pero lo importante es que tengamos fuerzas y ánimo para afrontarlos. A ello ayudará el potenciar los valores de paz y solidaridad que son tan necesarios para una mejor convivencia entre todos.

    Ojalá que cuando terminemos el año seamos capaces de afrontar el siguiente, al menos, con el mismo ángulo de sonrisa que éste.

Feliz Navidad!

Feliz Navidad!

     Sí, ya creo que es buen momento para desearla.  No es cuestión de anunciarla desde noviembre, como hacen los centros comerciales, ellos se excusan con que tienen que vender. Pero yo no tengo que vender nada, todo lo contrario si algo hermoso tienen estos días es el don de lo gratuito, que está en su base. El origen está en ese Dios hecho niño que vino a este mundo en un rincón humilde y nada acogedor, sin pedir nada a cambio. 

    Es el momento de detenerse un poco sobre ello y una excusa para vivir de una manera especial el concepto de cercanía y solidaridad con aquellos que nos rodean. La vida no suele ser fácil, especialmente en estos momentos de crisis económica que se ceba sobre aquellos que menos tienen. Demos una oportunidad a lo inesperado, rompamos esa burbuja, que nos suele acompañar, llena de buenas intenciones, de cosquilleos de corazón, de besos perdidos, de ilusiones baldías, del que dirán, de palabras animosas reprimidas...y dejemos que todo ello se reparta sobre los demás, intentando hacer un mundo mejor. Unos gestos que no deben ser lo original de unos días, sino un cambio de actitud para el resto de nuestros días.

A todos vosotros, a los muchos o pocos que asomáis por aquí, a los que me leeis por primera vez y  a los que sois viejos amigos de mis letras, a los que no me conocéis de nada y a los que más de una vez habéis visto mis ojos, a los que nunca más entraréis en este rincón y a los que seguiréis viniendo, a los que disfrutáis con estos días y a los que sólo deseáis que llegue el siete de enero, desde y con estas letras os deseo de todo corazón que seais felices y tengáis:

¡¡FELIZ NAVIDAD!!