Blogia
El búcaro de barro

Día a día

Diversidad

Diversidad

      A pesar de estar ya en plena Cuaresma aquí seguimos con las fiestas de Carnaval. Están tan enraizadas que las distintas actividades (pregón, cabalgata, disfraces y cantos de agrupaciones en la calle), se desarrollan durante diez días. Sin contar el concurso de agrupaciones carnavalescas, que previamente se desarrolla durante varias semanas. Miles de personas de todos los lugares se desplazan a vivir estos días en la ciudad, que gira, a pesar de las fuertes lliuvias, en torno a esta fiesta.

       El Carnaval nació como una respuesta social a la Cuaresma que, por entonces, coloreaban en tonos cenicientos el ambiente, incluso, a nivel general. La gente buscaban una forma de "responder" a esos cuarenta días de vida sacrificada que casi se imponían. Hoy, en esta sociedad laica, ha perdido mucho de su sentido lo que no quita que haya gente que siga disfrutando de todo este entorno tan peculiar en que el disfraz, el convertirse en algo distinto a lo habitual es lo esencial.

         Yo puedo entender que haya gente que disfrute con ello, a pesar de las aglomeraciones bulliciosas, los atascos de tráfico, las ausencias de aparcamiento, los miles de kilos de basura por las calles, pero...que cuando me pregunten si me gusta y les diga que no, también respeten mi diversidad y no pongan cara de pena mientras dicen: Pero ¿es posible que no te guste el Carnaval?

Cada día me divierto menos, por no decir nada, en esos acontecimientos bulliciosos y masificados. Prefiero la diversión que supone un paseo entre los chopos de un río, un buen libro en que sumergirme, tumbarme en una terraza a la luz de la luna llena o compartir una conversación agradable al calor de una chimenea.

Las olas

Las olas

Esta mañana cuando paseaba por la orilla del mar,  contemplando los mil tonos de verdes que conformaban sus aguas y acompañado del leve rumor que producían al lamer la orilla, aquellas olas me recordaron a ti. Tampoco es extraño, porque cuando estoy a tu lado, por muy lejos que estemos de la costa, tu mirada viva siempre me recuerda a la dulzura espumosa de las olas del mar.

Verde

Verde

     Mi color preferido siempre ha sido el verde. Me parece un color elegante y tierno a la vez. Me gusta el verde que pende de las ramas de los árboles y ese otro verde que alfombrea los campos. Me gusta el agua de mar cuando verdea o esa luz del semáforo que sana la impaciencia dejando paso libre. Me producen cierta inquietud nerviosa la mirada de unos ojos verdes o imaginarme unos alienígenas de ese color. Me emboba el brillo de las esmeraldas, aunque sólo lo vi en foto y me asombra la variedad de verdes que salpican la naturaleza. 

      Con esas apetencias por el verde, ¿cómo no me iba a detener a fotografiar esos tiernos brotes verdes que surgen del tronco del árbol, dándole esa chispa alegre a su seriedad grisácea?

Entre dos luces

Entre dos luces

       Cuando hago el camino cotidiano por las calles, en esas horas previas al amanecer, pienso que si no fuera por la luz, que desprenden los objetos, todo estaría oscuro y su existencia permanecería oculta a mi mirada. La luz nos descubre su fisonomía, sus rincones y permite a mis ojos posarse sobre ellos y reaccionar gustándolo o repeliéndolo. La influencia de la luz es fundamental, eso pensaba al ver esta casa que da a dos calles con distinto tipo de farola. En una de las calles la fachada con la luz blanca aparece moderna e incluso alegre. La otra amarillenta, nostálgica, somnolienta...como si se resistiera a despertar a la luz del amanecer. 

          Sólo unos minutos después la luz del sol invisibilizará la luminosidad de las farolas y uniformará esas dos fachadas, ahora tan diferentes, y al que pase por delante, yo mismo, no se le ocurrirá reflexionar sobre la diferencia de las dos luces.

Desnudez

Desnudez

Lo más hermoso de la desnudez es, cuando como en este caso, se convierte en la alborada de una futura y maravillosa fecundidad.

La planta de mi oficina

La planta de mi oficina

     En mi oficina sólo tengo una planta, que surgió de un pequeño brote que planté en la tierra de una maceta. Me gusta verla todos los días asomada en el balcón y contemplarla cómo evoluciona su crecimiento a lo largo de todo el año. Hay épocas en que está más triste, otras parece querer escaparse en busca de aventuras y ahora en estas fechas regada por las abundantes lluvias que sazonaron su tierra se encuentra en su época más lozana. Crece sin desmayo y abre sus flores amarillas alegrándome la vista y anunciándome que dentro de muy poco nos visitará ¡al fin!, tras este crudo invierno, la primavera.

A pesar de...

A pesar de...

...los atascos, los baches, las curvas, la estrechez entre los asientos, los ratos de espera, las excesivas paradas, la música estridente de la radio, las conversaciones a gritos,...hay momentos en los que viajar en autobús se convierten en un verdadero placer para los sentidos.

Un conocido

Un conocido

     Hace muchos años, incluso antes de conocerlo, me fijé en aquel individuo con el que todos los días coincidía en un viaje a las seis media de la mañana en un autobús que rompía la oscuridad de las carreteras con sus focos. Alto y de aspecto adusto y circunspecto, con una barba cuidada y de porte elegante, cargaba con una bolsa donde le suponía el equipaje para unos días de ausencia por un trabajo que, entonces, yo desconocía. Mi situación laboral cambió y  dejé de subir en aquel autobús y de verlo, hasta que, al cabo de los años, volví a verlo con motivo de mi trabajo. 

        De vez en cuando coincidíamos.  Cogió confianza conmigo y acudía de vez en cuando a que le solucionara algunos de sus asuntos.  Aquella habitualidad me hizo conocerlo mejor, sobre todo cuando empezaba a hablar de temas familiares y me contaba de los trabajos de sus hijos y de cómo iban labrándose camino en la vida. Y detrás de aquel gesto serio que lo caracterizaba, descubrí en ocasiones una leve sonrisa que lograba esbozar bajo su bigote. Hacía tiempo que no nos veíamos, pero hace mes y medio nos saludamos en la consulta del médico, lo encontré extremadamente delgado...

Llegamos a apreciarnos, por eso esta mañana no pude evitar ,que cuando tuve en mis manos su certificado de defunción, un leve temblor recorriera todo mi cuerpo.

 

Cruzar

Cruzar

    Hay momentos en la vida en que dar un, aparente, pequeño paso es como cruzar un arco, que no sabemos con qué nos encontraremos. Esa ignorancia es la que nos impide darlo y desde aquí tratamos de imaginar lo que habrá al otro lado...

¿Frío?

¿Frío?

           ¡Qué manía con que en estas tierras del sur nunca hace frío! Que nos lo digan estos días... Aquí refleja muy bien el dibujante Mel  este falsa idea, de manera muy acertada, en su dibujo publicado hoy en el Diario de Cádiz.

Dicen...

Dicen...

...que después de la tempestad llega la calma...¡y se agradece!

La extraña pareja

La extraña pareja

 

        Aquella mañana, al levantarme de la cama, percibí algo extraño. Mis movimientos iniciales disimétricos, me informaban de que algo insólito me estaba sucediendo. Aquella sensación, se transformó en pocos minutos en una simple percepción y, por ello, no tardé en olvidarme de aquel leve estremecimiento que me había sacudido al inicio de mi jornada.

         El día siguió como otro cualquiera y en él viví los retazos cotidianos de trabajo, de sonrisas, de olvidos y de sueños. Sobre todo, era en aquellos momentos en que deambulaba por la calle, cuando, tenuemente, me volvía aquella extrañeza inicial acentuada por la presencia constante de aquella pareja, que de manera insistente no se separaba de mí. Ni siquiera los ratos de comida o aquellos en que charlaba con alguien, conseguían hacerme olvidar que algo me ocurría. 

            Coincidió la desaparición de la luz solar con mi llegada a casa. Me senté en la cama, con el alivio del fin del día y procedí a quitarme los zapatos y, entonces fue, cuando al depositarlos en paralelo sobre el suelo, me di cuenta que ¡había pasado todo el día con un par de zapatos diferentes!

 

Cielo azul

Cielo azul

       Esa foto sacada esta mañana es un simple cielo azul, donde unos aviones se han dedicado a hacer dibujos con sus blancas estelas. Un simple cielo azul, pero que tras dos semanas de lluvias abundantes, de olor a humedad en el ambiente y de viento y zonas anegadas, lo agradece la naturaleza y el ánimo.

       Hasta los pájaros, enmudecidos en estos días, recuperaban esta mañana el coloreo de sus trinos y gorjeos que aderezaban el aire. Los naranjos de la calle cargados de fruta, brillan como caprichosos semáforos de tonalidad equivocada. Y es que después de los temporales que hemos sufrido, se agradece este día de invierno con olor a primavera.

2.010 razones para ser feliz

2.010 razones para ser feliz

Porque..

- respiramos

-el sol sigue saliendo cada mañana

-hay más de uno que nos quiere

- hay más de dos a los que queremos

-existen las cosquillas

-comemos cuando tenemos hambre

-porque las caricias siguen siendo gratuitas

-seguimos con capacidad de asombro

-la luna llena nos cosquillea como si fuera nueva cada veintiocho dias

-el mar y el cielo siguen siendo azules

-sigue intacta nuestra capacidad de soñar

-somos capaces de vivir realidades

-la primavera nos sonríe con sus colores

-el verano nos abraza con su viveza

-el otoño nos mece en nostalgias

-el invierno nos hace gustar especialmente el calor de hogar

-los niños nos hablan de futuro

-las cerezas seguirán estando dulces

-el sueño repara el cansancio del día

-seguimos teniendo fuerzas para sonreír cada mañana

-leer nos permite viajar desde el sillón

-escribir nos permite construir mundos nuevos

-todos los días aprendemos algo nuevo

-cuando nos lo proponemos podemos crecer sin aumentar en estatura

-hay mariposas entre las flores

-tenemos un techo sobre nuestra cabeza

-aún está vivo el lenguaje de las miradas

-la lluvia sigue dando vida a la tierra

-desaparecen los anuncios en televisión española

...se me ocurren muchísimas más...¿y a ti?

¡FELIZ 2.010!

La no-navidad

La no-navidad

        Hace unos días iba bajando una cuesta con una bolsa de regalos, cuando desde el otro lado de la carretera alguien me llamó. Reconocí a Julia, una joven de 35 años y a quien por motivos laborales he tratado en variadas ocasiones. Cruzó la calle y se acercó a mí, para preguntarme a ver si conocía algún sitio donde le dieran una paga. Su historia es truculenta, madre de siete hijos y abuela de una nieta estuvo cobrando por víctima de malos tratos, pero ya esa paga se le había terminado y su situación actual se había convertido en crítica. Como siempre las cosas se pueden convertir en peor, a su hija de doce años, al estallarle el cristal de una ventana, se le clavaron varios trozos en su cuerpo y estuvo a punto de desangrarse, estando ingresada durante varios días en la UCI del hospital. Me habló de este último episodio, toda su historia la conocía yo de sobra, y de lo mal que lo había pasado. Ahora venía con una bolsa con alimentos que le habían dado en un convento de monjas. No me pidió nada, pero ¿cómo no iba a sacar dinero de mi cartera de modo que ella pudiera comprar algunas cosas en aquella Nochebuena? Me dio un abrazo agradecida y, con ojos llorosos, siguió su camino, mientras yo como un maxmordón pensaba que algunas personas lo tienen muy complicado para sentir la alegría de la navidad y, más bien, sus días se convierten habitualmente en una no-navidad. 

            Cuando se mira a lo lejos el árbol de Navidad, los adornos y demás aderezos nos espumillean  con sus luces y multitud de colores de esa alegría, casi infantil, de este tiempo. Si, por el contrario, hacemos, como en esta foto, el esfuerzo de acercarnos a una de esas bolas, vemos que ahora el mundo se ve monocolor y deformado. Hay gente que, por mucho que lo intente, no puede alejarse de la bola…

 

 

Navidades lluviosas

Navidades lluviosas

Parecía imposible, hace unos días en que los campos estaban secos y los pantanos escaso de agua, que de pronto las nubes venidas en formación y abundantes descargaran de forma tan bestial sobre nuestra tierra sureña. Estos temporales están dando más de un problema, anegando casas y en algún lugar hasta formando remolinos en el aire con un balcón. Aquí pongo una foto obtenida hace diez minutos donde se observa un foco de luz con melenas de agua que ha sido la característica de estos últimos días. Las navidades las he pasado sin salir, porque ¿a dónde vamos a ir si no tengo una barca para recorrer las calles?

Celebrar la alegría

Celebrar la alegría

 

         Hoy celebramos el cumplimiento de una esperanza, de esa esperanza que la humanidad durante siglos esperó y que nunca nadie pudo imaginar que se pudiera realizar de aquella manera tan original y sencilla a la vez. En la persona de un niño alumbró esa divinidad a la que el ser humano anhelante de trascendencia siempre se ha acercado de muy distintas maneras. Y en lo más pequeño alumbró lo más grande, un milagro sólo visible para aquellos que tengan el corazón abierto para verlo.

             Por eso hoy celebramos la alegría, no una alegría vana y sin razón, sino una alegría compartida que sobre todo es cercanía a los demás y solidaridad con aquellos que nos necesitan. Y en un día como hoy nos deseamos felicidad, ese anhelo cotidiano que tanto buscamos y que tan difícil, muchas veces, se nos hace encontrar. Y celebramos el encuentro con esas personas que tenemos alrededor y nos sentimos especialmente cercanos de aquellos que tienen un huequito en nuestro corazón y que la distancia se empeña en separarnos y nos acordamos de esos otros que tanto aportaron a nuestra vida y se marcharon, siempre se van antes los mejores, a otra vida mejor. Con esta llegada de Jesús se nos anuncia que otro mundo es posible...

            Y desde este pequeño rincón del esta gigantesca red, a ti que por lo que sea te has acercado hasta mis letras, aunque sea por pura casualidad, o a ti que sueles darte de vez en cuando un paseo por aquí te deseo ¡muchas felicidades! y te invito a compartir la alegría. ¿Te animas?

 

En el mercado

En el mercado

         Nunca me gustó durante los años de juventud que pasé en  Cádiz, que me llevaran a comprar al mercado. Donde más disfrutaba, era fuera de sus muros: aquellos puestos de tebeos viejos y el olor vivo del puesto de churros de “la guapa”. Entrar en aquel viejo edificio, a donde siempre iba obligado, no me hacía ninguna gracia. Aquel bullicio de señoras y carros de compra, sin control, por aquellos pasillos, me resultaba agobiante. Y eso que había cosas que me llamaban la atención, como aquella carnicera de pechos gigantes que no paraban de sorprenderme, mientras nos despachaba la manteca colorá, el aspecto siempre grato a la vista de los puestos,  tan brillantes, de fruta o aquel olor de los puestos de pescado que siempre me hacía entrar con la nariz tapada mientras recorría, a paso rápido, aquellos pasillos.

 

            Ayer aprovechando que tuve unas horas por la mañana, visité el nuevo mercado, abierto la semana pasada tras largos meses de reforma. Y ahora sí que me gustó pasear por aquellos soportales reformados, con todo perfectamente colocado y entre la curiosidad de los numerosos viandantes que expectantes recorrían con su mirada todo aquel espectáculo novedoso. Lo que más me gustó es el poder pasear por la zona de pescadería sin tener que taparme la nariz entre las sonrisas estáticas de los marrajos y las patas agitadas de las galeras que se amontonaban vivas dentro de las cajas. Lo que menos me gustó la imposibilidad de que me acompañaran aquellos pasos que antiguamente me obligaban a entrar por aquellos rincones.  Al salir un suculento olor a churros llegó hasta mi nariz….

De lecturas

De lecturas

(portada de TBO del año 1967)

 

Inicié mi inmersión en el mundo de la lectura con viejos TBOs, que hoy conservo como verdaderos tesoros encuadernados, algunos incluso de los que les compraba mi abuelo, a mi madre,  cuando era una niña. De allí pasé a los comics de Tintín y Astérix, en los que todavía me recreo de vez en cuando y di el salto a Enid Blyton y Julio Verne. Luego rebuscaba en la biblioteca de mis padres, intentando encontrar aquellos libros, especialmente en la vieja colección RTV que me sedujeran con sus letras. Después libros de todos los tamaños y colores han formado parte de mis lecturas.

Me preocupa como transmitir mi afición a la literatura a mis hijas y aunque ellas leen, me doy cuenta de que no sirve de mucho los consejos partenales al respecto. A veces, basta que con ilusión les aconseje uno para que dormite días sobre su mesa hasta que vuelvo a recolocarlo al lugar en el que estaba de mi biblioteca. De todas formas, cómo podría competir mi vieja colección de libros de Julio Verne, editada en los setenta, y de de letra minúscula y apretujada sobre páginas rugosas y amarillentas con esos libros de hojas satinadas, colores vivos y dibujos atractivos que les ofrecen las librerías.

Supongo que debe ser así, porque cuando pienso en los libros que he leído, pocos de ellos fueron los que me aconsejaron mis padres. Probablemente es que los libros que leemos, como la vida de cada día, sea, en realidad, algo muy nuestro.

Esta mañana...

Esta mañana...

...cuando, al amanecer, vi el sol desperezarse de esta manera, imaginé que hoy podría ser un día bonito...¡y no me equivoqué!