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El búcaro de barro

Día a día

Tu cumpleaños

Tu cumpleaños

         Al fin llegó el día de tu cumpleaños, ese que iba a ser un tanto especial y que has aguardado con una espera no exenta de euforia durante los últimos doce meses. Y es que por obra y manera de los números ahora sociológicamente y desde mi punto de vista te has convertido en una señora mayor.

            Es buen momento, de hecho me consta que lo has hecho así, de mirar hacia atrás agradecida por todo lo que estos años te han regalado y sobre todo por todo lo que has asimilado. El tiempo le ha dado forma a tus, ahora viejas, ilusiones de juventud, las ha dotado de realismo y ha exprimido de ellas lo mejor que guardaban dentro.  Has aprendido a relativizar las situaciones, a hacer lo que te viene en gana sin estar pendiente del que dirán, a querer a los que se lo merecen e incluso a realizar lo importante por encima de lo urgente. Comprendo muy bien esa felicidad que transmites esculpida con delicadeza minuto a minuto durante tanto tiempo. Tus gestos, tras reposar durante años en las barricas de la vida, al igual que el mejor vino se han teñido de madurez añeja y haciéndome partícipe de ellos. Hoy disfrutarás de este día entremezclando risas y lágrimas teñidas de emoción.

            Lo único que se me hace extraño es tener, a partir de este día, amistad con una señora tan mayor, sin embargo en seguida se atenúa mi extrañeza, cuando pienso que antes de dos meses tendremos ya idéntica edad.

Adiós Benedetti

Adiós Benedetti

      Hace unos días nos ha dejado el poeta uruguayo Mario Benedetti con él se nos va un hábil entretejedor de versos. Sostengo entre mis manos uno de sus libros "Preguntas al azar" y recuerdo aquel lejano día de 1986 en aquel rincón del parque del Retiro, en que estaba la feria del Libro, en que él me lo dio dedicado con su trazo vivo y anguloso.

        Me siento deudor de sus palabras, porque a través de ellas ¡cuántas veces he logrado salir de la monotonía y hacer ascender mi espíritu hacia esos lugares donde sólo la creatividad es capaz de conducirlo!, también porque sus palabras, en más de una ocasión, han sido el vehículo para transmitir, aquello que sentía, de la mejor manera posible.

          Descanse él en paz, pero sus palabras, no mueren, seguirán vivas allá donde haya un corazón atento que quiera escucharlas.

TE QUIERO

Tus manos son mi caricia,
mis acordes cotidianos;
te quiero porque tus manos
trabajan por la justicia.

Si te quiero es porque sos
mi amor, mi cómplice, y todo.
Y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.

Tus ojos son mi conjuro
contra la mala jornada;
te quiero por tu mirada
que mira y siembra futuro.

Tu boca que es tuya y mía,
Tu boca no se equivoca;
te quiero por que tu boca
sabe gritar rebeldía.

Si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo.
Y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.

Y por tu rostro sincero.
Y tu paso vagabundo.
Y tu llanto por el mundo.
Porque sos pueblo te quiero.

Y porque amor no es aurora,
ni cándida moraleja,
y porque somos pareja
que sabe que no está sola.

Te quiero en mi paraíso;
es decir, que en mi país
la gente vive feliz
aunque no tenga permiso.

Si te quiero es por que sos
mi amor, mi cómplice y todo.
Y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.

Una inolvidable aventura

Una inolvidable aventura

      Por motivos de trabajo, durante la semana pasada, he cogido cuatro aviones y recorrido más de mil kilómetros para realizar, por motivos laborales, un curso en tierras gallegas. El sitio donde se celebraba era un paraje encantador, rodeado de la mayor policromía de verdes que nunca había visto y situado en una altura desde la que se divisaba una hermosa extensión de mar que,  con la luz cambiante del día y los diseños elaborados por las nubes, siempre se veía nueva. 

  He aprendido cosas, entre otras a sobrevivir veinticuatro horas sin equipaje, gracias a la ineptitud de la compañía aérea. He compartido el tiempo con un grupo de personas procedentes de todos los puntos de España y he recorrido ciudades pétreas de acogedores soportales. He experimentado la caricia dulzona de la lengua gallega en mis oídos.  Por la noche teníamos tiempo de disfrutar de la gastronomía del lugar: esos animales con coraza que, al arrancárselas, permiten paladear con exquisitez sabores poco habituales, regados con un vino de Albariño que fluía en ríos dorados por nuestras gargantas.

         Durante estos días el mundo mundial y el mío local, han seguido su ritmo, aunque en aquel extremo norte de la península pareciera que se había detenido por unos días. He vivido lejos de los periódicos, de la televisión, de internet...y me he dado cuenta que se puede vivir sin esas cosas tan "necesarias" que me suelen rodear habitualmente. Y esa "desintoxicación" me ha venido de maravillas cuando, además, la he podido compatibilizar con el sueño de paisajes y ciudades diferentes y el conocimiento de gente maravillosa.

  Sí, en definitiva, una grata aventura, que ha dejado un sabor en los labios que sé que perdurará durante mucho tiempo.

Me gustan...

Me gustan...

...esos ratos como el de esta mañana, en los que por unas horas dejo de lado aquello que me preocupa y logró centrarme en las sensaciones que me rodean: el color del mar, el bramido de las olas rompiendo y engalanándose de espumas, el trino confundido de los distintos pájaros saludando al sol y el alfombrado multicolor de las flores sobre los campos verdes.

     ¡Qué fácil resulta, cuando se abre uno a las sensaciones, el alcanzar sin esfuerzo la cima de los sueños!

Y todavía...

Y todavía...

… nos quejaremos de que nuestra vida es difícil.

Nos conocemos hace ya unos cuantos años. Acudió a mi oficina con un fajo desorganizado de papeles que, aunque no tenían que ver con mi trabajo, sabía que lo podría orientar. Andrés ha aprendido burocracia a base de recorrer despachos, cosa que nunca le ha asustado como aquella vez, hace diez años, en que subió al tren para ir a Madrid y fue directamente a un Ministerio, desde el que llamaron asombrados diciendo que qué hacía aquel hombre allí. Tras un rato en que estuve explicándole qué pasos debía dar, le costó trabajo pero su cabeza moldeada a empujones por la vida acabó enterándose.

             Ya más relajado, resuelta aquella preocupación, me habló de su vida con un tono jocoso, aunque no exento de una cierta angustia. Se levantaba a las siete de la mañana a fregar la cocina, lo primero que hacía su mujer al levantarse era “revisar” que estuviera en perfecto estado de revista y decía que en eso se jugaba su plato de comida. En su casa tiene diez personas de distinto parentesco a las que hay que darles de comer, cuando no hay comida, decía, se reunían en torno a la mesa vacía. Uno de sus hijos es minusválido síquico y llega a mediodía del centro al que acude, otra de sus hijas tiene problemas con la droga y una de sus nietas pequeñas tiene una minusvalía física que la hace totalmente dependiente. Contaba que el dormía en el sofá porque cualquiera quita a la nieta de ese lado de la cama al lado de su abuela. El soluciona todos los papeleos y cuando llegan las doce de la mañana llega su mejor rato del día, en el que olvida todos sus problemas y es que, a pesar de sus más de sesenta años, se dedica a correr 20 km y se siente nuevo. Se marchó con la sonrisa en la boca… y cuando escucho cosas como estas ¿tengo derecho a decir que mi vida es difícil? ¡Desde luego que no!

Sabor a primavera

Sabor a primavera

     Me gusta, llegadas estas fechas, eludir de vez en cuando la vista de los papeles que tengo sobre la mesa de la oficina y dirigirla al balcón en el que tengo esta maceta de aeonia. Es una planta agradecida y que crece  a pesar de que, no siempre, me acuerdo de regarla todos los viernes, como símbolo del fin de semana. Es la primera planta a la que todos los años veo florecer y esa salpicadura de pétalos amarillos, especialmente al mediodía,  me colorea la mañana.

    Ha coincidido la floración con los primeros días de sol, que aquí en Andalucía con temperaturas que llegan hasta los 20ºC ya empieza a tener sabor a primavera. Vendrás más lluvias, probablemente, y alguna que otra bajada de temperatura, pero la naturaleza siguiendo su camino inexorable ya abandona las temperaturas del crudo invierno. Ojalá este brillo de primavera que ahora se extenderá por doquier no quede solo reducida a la naturaleza.

Seminario de novela juvenil

Seminario de novela juvenil

      La Fundación Caballero Bonald ha organizado, un interesante seminario sobre "La novela juvenil", a desarrollar en sesiones mensuales con el siguiente plan:

29 de enero Jesús Díaz Armas habló de "En busca de un lector adolescente: paseo por la actual novela juvenil".

19 de febrero Jordi Sierra y Fabra, autor de "Lágrimas de sangre" conversa con María José Gómez Navarro

26 de marzo Mariasun Landa autora de "Mi mano en la tuya" dialoga con José García Oliva

23 de abril Eliacer Cansino autor de"El misterio Velázquez" dialoga con Antonio Ventura

21 de mayo Joan Manuel Gisbert autor de "Los espejos venecianos" dialoga con Rosa Huertas Gómez

11 de junio Lorenzo Silva autor de "El cazador del desierto" dialoga con Aida Rodríguez Agraso

    Una buena oportunidad para que los amantes de las letras se acerquen  a estos importantes autores que tan bien han sabido acercar al mundo de la literatura para jóvenes.

Arte

Arte

      Hay figuras construidas por la naturaleza que son verdaderas obras de arte, como ésta que acabo de atrapar hace unas horas con mi objetivo. Sólo hay que estar atento a ellas.

Atardecer

Atardecer

   Todos los días hay un atardecer, pero no siempre es tan hermoso como éste que acabo de contemplar hoy.

¡¡Feliz año nuev-e!!

¡¡Feliz año nuev-e!!

    Cuando sólo faltan unas horas para acabar el año 2008 quiero desearos a todos los que entréis por aquí un muy feliz año. El año empieza, tal vez un día como otro cualquiera, aunque tengamos que inaugurar calendario en la pared. Vendrá, sin duda, con sus problemas, pero lo importante es que tengamos fuerzas y ánimo para afrontarlos. A ello ayudará el potenciar los valores de paz y solidaridad que son tan necesarios para una mejor convivencia entre todos.

    Ojalá que cuando terminemos el año seamos capaces de afrontar el siguiente, al menos, con el mismo ángulo de sonrisa que éste.

Feliz Navidad!

Feliz Navidad!

     Sí, ya creo que es buen momento para desearla.  No es cuestión de anunciarla desde noviembre, como hacen los centros comerciales, ellos se excusan con que tienen que vender. Pero yo no tengo que vender nada, todo lo contrario si algo hermoso tienen estos días es el don de lo gratuito, que está en su base. El origen está en ese Dios hecho niño que vino a este mundo en un rincón humilde y nada acogedor, sin pedir nada a cambio. 

    Es el momento de detenerse un poco sobre ello y una excusa para vivir de una manera especial el concepto de cercanía y solidaridad con aquellos que nos rodean. La vida no suele ser fácil, especialmente en estos momentos de crisis económica que se ceba sobre aquellos que menos tienen. Demos una oportunidad a lo inesperado, rompamos esa burbuja, que nos suele acompañar, llena de buenas intenciones, de cosquilleos de corazón, de besos perdidos, de ilusiones baldías, del que dirán, de palabras animosas reprimidas...y dejemos que todo ello se reparta sobre los demás, intentando hacer un mundo mejor. Unos gestos que no deben ser lo original de unos días, sino un cambio de actitud para el resto de nuestros días.

A todos vosotros, a los muchos o pocos que asomáis por aquí, a los que me leeis por primera vez y  a los que sois viejos amigos de mis letras, a los que no me conocéis de nada y a los que más de una vez habéis visto mis ojos, a los que nunca más entraréis en este rincón y a los que seguiréis viniendo, a los que disfrutáis con estos días y a los que sólo deseáis que llegue el siete de enero, desde y con estas letras os deseo de todo corazón que seais felices y tengáis:

¡¡FELIZ NAVIDAD!!

En la exposición

En la exposición

      Siguiendo los consejos de Prometeo, estuve hace unos días en Madrid visitando dos de las exposiciones colgadas en la Fundación Mapfre de Madrid. La exposición muy interesante y digna de ver, me encantaron especialmente los Sorollas, sin embargo hubo cosas, no sé si porque uno no está acostumbrado a ciertas costumbres capitalinas, que me llamaron la atención.

En primer lugar la cola. Se ve que no era el único que había decidido ir a Madrid en esos días. Cuando me acerqué, bajo el paraguas a la sede de la exposición, vi que una larga cola daba la vuelta a la manzana. Y allí estuve más de media hora intentando evitar mojarme más de la cuenta y dudando de si valía la pena tanto tiempo perdido. Me consolaba ver en la acera de enfrente, otra cola, yo diría que más larga que ésta que iba a ver una exposición de pinturas en el BBBVA. Tras ese rato y goteando agua desde la cazadora hasta el suelo, entramos en el interior.

Nada más entrar había que colocar los paraguas en una especie de paraguero con cuadritos, en los que se introducían los paraguas. Yo preferí recoger el mio y disimularlo que dejarlo allí y entré a ver los cuadros de Degas. Pero nada más entrar a uno de los vigilantes no le gustó mi mochila y me dijo que había que salir a dejarla en una consigna exterior. No entiendo el por qué se puede pasar con un bolso pero no con una mochila ¿qué distingue una cosa de otra? Eso sólo lo pensé no iba a filosofar ahora sobre el tema, así que me llegué a la consigna a dejar la mochila. La introduje dentro, cerré la puerta de la taquilla y no había forma de sacar la llave. La cambié de taquilla y lo mismo, hasta que me di cuenta de que había que introducir un euro para que se pudiera sacar la dichosa llave.

        Me puse a ver los cuadros. Me gustó Degas, en especial el ver al natural aquellos cuadros, de damas en sus arreglos cotidianos, que hacía muchos años había conocido en libros. ¿Por qué en una exposición la gente no habla? El que lo hace, articula palabras entre murmullos, como si en un extraño respeto cohibiera la presencia en aquel lugar. Se acerca un vigilante a la señora que está a mi lado y le dice que su paraguas plegable no puede llevarlo colgado en la muñeca, sino que tiene que hacerlo desaparecer dentro del bolso. 

Busco el ascensor y subimos a la primera planta. Un lío, se abren dos puertas en el ascensor, acierto por la que tengo que salir y veo la exposición de 1900. Me encantan estos cuadros, sobre todo la luz que emana de ellos y esos retratos sosegados que hace de la realidad. La gente sigue sin hablar y en medio de este silencio catedralicio suena mi móvil...Todavía no he podido contestar cuando tengo una vigilante a mi lado, interrumpiendo la conversación antes de empezar, para decirme que allí no se puede hablar con el móvil, sino que tengo que irme junto al ascensor. Intento decirle que no es que yo estuviera llamando a nadie, pero mejor me callo y cuelgo en segundos.

         Me voy de la exposición, ha dejado de llover, contento pero con la convicción de que en estas exposiciones, antes de entrar, deberían dar un manual con todas esas cosas que, aunque se hagan en la vida diaria, no están permitidas en tan peculiares recintos.

Entrada al colegio

Entrada al colegio

 

       La mañana, armada de un pincel de frío seco, dibuja bajo un cielo límpidamente azul, el ambiente de brillantes colores. Rojo escarlata y verde esmeralda se suceden en las alturas dando órdenes de detención y aceleres a la fila de vehículos que se entrecruzan, milagrosamente, sin chocarse. La temperatura acelera los pasos agitados de madres y niños enbufandados que con ojos sólo medio abiertos se dirigen al colegio. Gestos de adioses, que expresan figuras de pelos revueltos surgen de las mangas de batas desgastadas que asoman a las ventanas.

       Los árboles exhiben ostentosamente sus ramas desnudas mientras a sus pies revolotean hojas secas de podrida belleza que crepitan y crujen al ser pisadas. Un viejo edificio de piedra vieja coronado por una torre parece engullir aquella hilera revoltosa que serpenteando por la plaza desaparece en el interior en una atenuada algarabía. En lo alto de la torre la mirada abstraída de las cigüeñas acompaña los pasos, ahora relajados, de esas madres que se refugian al calor seguro del café y la cómplice compañía.

        En un banco un anciano con la boina calada sobre una frente en láminas, observa como mudo espectador a aquella plaza, ahora, muda y silenciosa.  Los tacones acelerados sobre el suelo indican la proximidad de una joven que llega tarde al trabajo. Su abrigo modela unas líneas que revitalizan, por un instante, aquel lugar. El anciano, al mirarla, se sorprende exclamando a sí mismo:

-¡Ay, quién tuviera cincuenta años menos!

 

Entre líneas

Entre líneas

 

  •       Muchas veces, cuando has asomado la naricilla por este rincón, has intentado leer entre líneas descubrir cuanto habría de ti o no en lo que yo escribía. Yo sonreía cuando lo que era pura ficción lo convertías en algo que yo te habría dirigido tan afilado como una saeta.  Hoy no tendrás que leer entre líneas, quiero dirigírtelas a ti en este día de tu cumpleaños. No puedo contactar contigo. No sé por donde andas, si siquiera si andas o estás sentada, si estas trabajando o te fuiste de vacaciones. Tan lejos...y tan cerca a la vez. No tengo forma de felicitarte, pero como sé que tarde o temprano tu nariz volverá a asomar por aquí, quiero desearte esas felicidades, que te deseo de corazón esperando que la vida siga comportándose contigo, al menos, como hasta ahora. No todos los días se cumple una nueva docena de años...
¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS!!

 

Esos instantes...

Esos instantes...

       Llevo unos días de mucho trabajo y cuando llega la noche noto como el cansancio se aúpa de una manera especial sobre mis hombros, por eso se agradecen esos instantes especiales, como esta noche en que he podido contemplar la luna llena tintineando en el cielo, mientras me embriagaba el perfume exótico de la flor del azahar, que florece por segunda vez en noviembre.

Laborando

Laborando

       Llevo varios días en los que laboralmente no paro un instante, pero hoy, además para ser viernes, ha sido agotador. Tenía trabajo atrasado y acumulado de la semana sobre la mesa, pero al terminar la mañana todo sigue igual debido a que no he parado de atender a la gente. En primer lugar un hombre joven que estaba de permiso carcelario y aprovechó para venir a verrme para hacer una consulta.  Luego una joven madre soltera que venía a que la informara de que tiempo necesita para cobrar una ayuda, trabajando como está en un hotel, feliz ella de trabajar, pero con un empresario aprovechado, que total para un par de meses que iba a trabajar tampoco le iba a dar de alta en la Seguridad Social.  Después un hombre cargado de años y fatigas que me inquiría la forma de conseguir un alta médica, lleva casi dos años de baja y teme que pueda perder el trabajo, tuve que convencerle de que cuando uno está enfermo no se puede decidir por sí mismo el que está curado, sino que para eso está el médico. Tras cuatro llamadas de teléfono le logro aclarar a dónde debe dirigirse para comentar su tema con la inspección médica.

Ya terminando la mañana, y tras varias respiraciones profundas, me apareció Emilio. Éste es un hombre encorvado por el peso de las arrugas, manos rugosas de trabajador y manifiesta afición al vino. Visitante asiduo en las últimas semanas se ha visto inmerso en una burocracia que él no entiende muy bien y que hace que le hayan pagado poco más de mil euros indebidamente, deuda que quedará compensada en su totalidad con un pago que debe recibir. El problema es que lo que ha llegado a su casa es una carta con la deuda y nada de la compensación, lo que hizo que apareciera con aroma alcohólico y ojos llorosos. Y el lamento no era tanto por el dinero que en esa carta le comunicaba que debía, sino porque la mujer lo había puesto como los trapos diciéndole que todo aquello era culpa suya y era él el culpable de haber traído aquella ruina asu casa. "Esto me va a costar un divorcio", me decía. Lo consolé como pude y le dije que se viniera el lunes, pero con su mujer y que ya trataría de explicarle a ella, para que no le echara aquellas culpas indebidas. 

Cerré la puerta y me senté en un sillón, intentando que mi corazón se desacelerara y tomara su ritmo normal. Saboreé durante diez minutos el hecho de no hacer nada, mirar al techo y disfrutar del silencio. Pensaba en todos aquellos rostros a los que había atendido durante la mañana, me sabía nombres y apellidos y casi en dni, y repasaba un poco aquellas historias, todas ellas con su punto de tragedia. Y concluía que me gusta mi trabajo, que me permite estar cerca de gente con unas necesidades concretas y hacer algo por ellas. Por un momento pensé, algo así como debe pensar el médico en su consulta, que no me gustaría estar al otro lado de la mesa.

Quince a uno

Quince a uno

        Sí, estamos sumergidos en una gran crisis pero eso no es motivo para que, mirando atrás, veamos todo lo que nuestra sociedad ha avanzado en estos últimos años. Aunque queda todavía un largo camino para recorrer en la igualdad de sexos, los progresos son visibles. Se trabaja por la paridad en variados lugares y situaciones. La mujer está presente en todos los ámbitos de la sociedad, muchas de ellas ocupan importantes puestos laborales y políticos. Y el hombre parece que ya empezó a entender la importancia de implicarse plenamente en la educación de sus hijos. 

Pero en medio de todo este movimiento, hay un lugar que resiste: ¡mi pueblo! Llevo catorce años asistiendo a reuniones escolares y debería estar acostumbrado, pero lo de hoy me ha resultado excesivo: la tutora, catorce madres y yo.

Nos rodean...

Nos rodean...

 

…¡están por todos lados! Y no los distingue ni la edad ni el sexo. No están contentos consigo mismos, pero menos con los que le rodean. Sin ser “gourmets”, distinguen el mínimo fallo de condimento en una comida. Sin ser Casanovas están seguros de que ellos siempre dan muchísimo más cariño del que reciben. Cuando miran a su alrededor se fijan, con envidia, en los que están mejor que él, pero les cuesta darse cuenta de los que están peor. Su trabajo se les hace sumamente penoso e “ilusión” es una palabra a la que le falta la página en su diccionario. Son expertos, incluso parece que titulados, en el descubrimiento de errores ajenos. En verano se quejan del calor y en invierno repugnan el frío. La soledad les abruma, el bullicio les agobia. Desconfían de las sonrisas pensando que algo ocultarán detrás. La música les suena a murmullo y les molesta el trino de los pájaros. Su pasado fue duro, del presente mejor no hablar y les agobia el futuro. Son hábiles profetas de desastres y llevan escritas en su camiseta la palabra pesimismo.

            Sí, sin duda abundan como si un extraño planeta nos lo fuera inoculando en la sociedad. Todos conocemos a algunos, pero no hay mejor medicina que ignorar sus síntomas, sin olvidar a las personas, para llenar de color la vida cotidiana.

 

Lluvia

Lluvia

            Hoy ha estado la lluvia, durante toda la noche envalentonada con los gritos de los truenos y golpeando en los cristales de mi ventana. Si estoy atento, en ese golpeteo puedo distinguir hasta tres notas musicales diferentes, que formando un acorde acaban por acompasar mi sueño y sumergirme en su placidez. La lluvia, tan escasa por esta zona, cuando llega así, casi por sorpresa, siempre parece traernos estelas de melancolía adheridas a sus gotas. Al despertar esos cristales lamidos por microgotas nos permiten observar como en un caleidoscopio retazos de recuerdos infantiles, que al calor de una lumbre, aunque nunca volverán, permanecen eternos.

             Ojeo el periódico entre mis dedos, precios... las bolsas se hunden, se inyecta dinero...sólo a los bancos, el euribor parece que baja no sin cierto esfuerzo... Entre sus páginas anuncios me asombran los productos de las tiendas de informática, cada vez más potentes y más baratos, sin embargo los libros, a pesar de todo lo que se escribe, no bajan de precio. Se me ocurre pensar que "cualquiera" podría usar un pc o un pendrive, pero para disfrutar un libro y contagiarse de lo que encierran las letras hay que tener, sin embargo, una sensibilidad especial.  

            El hecho de que  bajen de precio y podamos tener más cosas, no nos hace más felices. La felicidad está más bien en saber vivir con ellas. Sigue lloviendo...

  

Ni lo intentes

Ni lo intentes

  Si quieres cambiar de actividad y viajar hasta el sur de la península, concretamente a Cádiz. Si quieres aprovechar que este fin de semana, a pesar de las predicciones, no está cayendo ni una gota. Si te acercas al Castillo de Santa Catalina y tras contemplar ese paisaje único de la playa de la Caleta, te gusta la pintura de Sorolla y sus contemporáneos y quieres ver la exposición que hay en su interior:

¡¡NI LO INTENTES!!

       ....desde ayer viernes a las 14,30 la exposición está cerrada por un fallo en el aire acondicionado. ¿Tan difícil es encontrar a alguien que lo repare, durante el fin de semana, y evite paseos inútiles hasta el interior del Castillo a todos los que nos acercamos con la intención de ver esa muestra artística?