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El búcaro de barro

Cine Nic

Cine Nic

      Ayer viendo una exposición vi este extraño artilugio, que fotografié, llamado cine Nic y que no dejó de traerme viejos recuerdos de hace unos cuarenta años. El cine Nic es un invento español que data de 1931, el que había en mi casa era exactamente igual que ese, de color verde. El funcionamiento era muy simple, una lente que incidía sobre una película (una cinta de papel) en la que había dos dibujos distintos, y dos agujeros que eran tapados con un obturador alternativamente a través de los cuales se proyectaban en la pared, dando una sensación primitiva de movimiento.

      La cinta de papel en la que iba la película, se guardaba en esa caja negra y blanca de la foto, se enganchaba en un extremo del proyector y mediante una manivela se iba desenrollando paulatinamante hacia el otro lado. Las películas actuales, sin duda tienen una calidad infinitamente mayor a aquellas imágenes proyectadas. Hoy se ven pulsando simplemente el botón del play, en aquel entonces era toda una aventura el día en que mi padre se subía en una silla para coger el cine Nic que estaba guardado sobre una estantería. La "compleja" elaboración de aquel rato de proyección y aquellas imágenes infantiles permanecen en un recodo poético de mi memoria de tal manera, que dudo que la visión del DVD de cualquier película actual permanezca con similares resonancias, dentro de cuarenta años, en los que hoy la ven.

Ministra gaditana

Ministra gaditana

(Dibujo de Mel)

       Traigo un dibujito del blog de Mel acerca del nombramiento de una ministra gaditana. Es la parte que más me gusta de la política, la de la visión humorística.

La soledad del mojado

La soledad del mojado

            Cuando en los mapas meteorológicos se anunciaron las lluvias, acogí la noticia con cierto regocijo, teniendo en cuenta la escasez de precipitaciones  que estamos teniendo en los últimos meses. Lo que no recordaba, hacía tanto que no llovía, la influencia del agua sobre la cotidianeidad, porque en mi tierra llueve poco, pero cuando cae tiene dos características: llueve con la fuerza de una catarata, aquí desconocemos el orballu, y siempre de lado, lo que hace que los paraguas clásicos tengan poca eficacia.

           Al salir a la calle a la oscuridad de preamanecida se le añadía la de la cortina de agua que me fue empapando paulatinamente durante todo el camino hacia el trabajo. El trayecto no fue nada aburrido, porque tenía que hacer malabarismos con el paraguas, buscando en cada calle, la dirección del viento para evitar su rotura. Se ve que los semáforos no están acostumbrados tampoco a las borrascas y estaban todos apagados ocasionando un verdadero caos, a pesar de los pocos coches que circulaban a esas horas. Cuando llegué a la oficina lo primero que tuve que hacer es quitarme los pantalones y escurrirlos, tras  lo cual lo coloqué en una percha. No hubo ningún “conflicto” a esas horas porque estaba completamente solo y tengo guardado otros pantalones en el armario, preparados para tal eventualidad.

         A la hora del desayuno la peculiar algarabía cotidiana fue sustituida por el ruido de mi masticación ya que era el único que desayunaba, menos mal que el del bar tiene la casa pegada al mismo bar, que si no, capaz es de no abrir. Volví de nuevo chorreando a la oficina, aunque afortunadamente esta vez no me tuve que cambiar de pantalones…¡tampoco hubiera podido! y no tardé en darme cuenta que mi compañero de trabajo, como suele ser habitual en los días de lluvia, no aparecería.  

        La mañana resultó tranquila, las inundaciones intermitentes durante la mañana de la calle, parece que no ha animado a mucha gente a acercarse a la oficina. La mañana, por tanto, ha sido inusualmente solitaria.  ¡No imaginaba que la lluvia de hoy me iba a convertir en un eremita forzado pero mojado!

Apagón

Apagón

        Os transcribo una iniciativa que me ha llegado por  correo y que me parece lo suficientemente interesante para compartirla a través del blog:            

  El Martes 17 de abril, de 19:53 hrs a 20:00 hrs., Se propone apagar todas las luces para darle un respiro al PLANETA!!! (La propuesta nace desde Caracas). Si la respuesta es masiva, el ahorro energético puede ser brutal. Solo 7 minutos, a ver que pasa. Tomemos CONCIENCIA del CALENTAMIENTO GLOBAL, miren nada mas el ejemplo de los osos polares........ los icebergs se están derritiendo y junto con eso los osos mueren cada día y ya no porque los cace el hombre, sino porque estos animales tienen la peculiaridad de aprenderse sus rutas en el mar, y con los derretimientos se pierden y se mueren ahogados! Si, ya se que estaremos 7 minutos a oscuras, aprovecha para hacer un alto al stress, agarren lo que puedan y hagan algo ingenioso, entretenido,distinto, quién sabe si generamos una tremenda cadena por el planeta. Recordemos que Internet tiene mucha fuerza y podemos hacer algo grande. Y pasa la noticia!

Su primera vez

Su primera vez

         Me encontré con ella el sábado por la noche, al doblar una esquina. Hacía tiempo que no la veía y la alegría de aquel encuentro hizo que me cubriera de besos. Percibí en su rostro una chispa diferente, jovial y hasta juvenil, a la que le había visto las últimas veces. Su cara resplandecía hendida por una sonrisa que la dividía por la mitad. Creí notar que flotaba en el aire y es que me confesó entre tímida y pícara que aquella era la noche de "su primera vez".

         Sí, después de sesenta años de matrimonio, lo había pasado muy mal en la enfermedad de su marido, dos años sin salir de su casa, y enviudado hacía dos meses. Pero hoy era la primera vez que salía a la calle por la noche, nunca lo había hecho y se había animado a salir con dos sobrinas. Quedó asombrada mirando aquel techo oscuro que en vez de bombillas tenía estrellas, no recordaba en los ochenta y siete años que tiene, cuando fue la última vez que la luna había iluminado sus pasos.

Firmin

Firmin

        Firmin es una rata muy peculiar, protagonista de esta original novela. Nace en Boston y vive en una librería en la que se alimenta, primero de los libros y luego de las palabras. Es capaz de leer y nos narra su peculiar vida roedora en aquel ambiente sumergido de libros. 

          Nos relata su día a día, con un tono amable y no exento de sentido del humor y con ello esa visión que tiene del mundo desde su vida de rata intelectual y haciéndonos participar de sus ideas y preocupaciones. Toma cariño a Norman, el librero, pero ¿cómo comunicarse una rata con un ser humano sin que le entre tentación de eliminarla? Sí consigue una cierta amistad con Jerry Magoon un escritor fracasado con el que convivirá durante un tiempo, pero ninguno de ellos es capaz de entender la inteligencia literaria de aquella rata como la puede captar el lector de sus aventuras. 

          El autor Sam Savage nacido en 1940 sólo ha escrito esta novela que se ha convertido en todo un acontecimiento editorial.

¡No te quejes!

¡No te quejes!

Comparto con vosotros un texto leído en la revista El Ciervo que me ha resultado interesante:

        El reverendo Will Bowen, de la curiosa Iglesia de la Unidad daba el sermón a sus 250 parroquianos un domingo de julio del 2006. Se le ocurrió pedirles una cosa: no quejarse durante 21 días."Es un periodo de tiempo largo lo que rompe un hábito", advirtió el reverendo, que es un sonriente y simpático pastor.

         Para ello, regaló pulseras. Si se quejaban, debían cambiársela de muñeca. Según parece, la gente tardó entre cuatro y diez meses en conseguir llevar la pulsera durante 21 días seguidos en la misma muñeca. El reverendo Bowen vio que la idea cogía cuerpo y decidió ampliarla. Por ahora ha enviado ya más de cinco millones de brazaletes a 80 países. No ganan dineero con esto; sólo hay que pagar los gastos de envío.

         Según Bowen la gente se queja porque encuentra cosas que no le gustan y es más fácil lamentarse que encontrar una solución. O se queja también porque es un modo de chulear, o de mostrar sofisticación. El eslogan del movimiento de Bowen es de una poeta que se llama Maya Angelou: "Si no te gusta algo, cámbialo. Si no puedes cambiarlo, cambia tu actitud. No te quejes."

El viento...

El viento...

..azota las ramas, que se entrechocan unas con otras originando unos originales acordes, y sopla con estridentes silbidos a través de las ventanas mal cerradas. Los pétalos del azahar inician su viaje mortal desde las ramas del naranjo hasta ese suelo que los recibirá sin miramientos ni mimos, pero por el camino irán dejando ese rastro postrero de su inconfundible aroma que tanto potencia el embeleso del espíritu.

         Nubes negras lanzan ráfagas de lluvia que empapan la tierra hambrienta y que cesan con la misma violencia con la que se inician. Nubes que mutan al blanco y que son rasgadas por rayos de sol que asoman y parecen languidecer a su través.

         El murmullo del aire se mezcla con el lejano sonido de las olas que barruntan temporal en el alta mar. Y los colores de amapolas, pensamientos y rosas, disputan la atención a la mirada que se pierde por jardines de arco iris, mientras granos invisibles de pólen excitan el interior de mi nariz. Hoy ha empezado la primavera...

Un cartel original

Un cartel original

        Al no haber tenido, finalmente, que sentarme en una de las mesas electorales me ha permitido disfrutar del domingo desde hora inusualmente tempranera. He paseado por las calles silenciosas gustando el silencio de ese amanecer festivo. En este paseo me encontré con este cartel en la puerta de un colegio al que no me pude sustraer de el deseo de hacerle una fotografía.

        Me surge la duda de cual habrá sido la razón última que ha llevado a la directora a colocarlo y se me ocurren varias posibilidades:

-Que algún padre haya traído al niño a caballo hasta el colegio y haya tenido el mal gusto de introducirlo en el interior.

-Una manera disimulada de atacar a una epidemia de piojos que se haya podido desarrollar en el centro.

-Impedir el paso de las molestas moscas...aunque éstas no saben leer.

-Finalmente podría ser una sutil forma de fomentar la buena educación de los alumnos y poder expulsarlos cuando se comporten como "animales".

Sones electorales

Sones electorales

         Hasta ahora me había librado, pero por primera vez en treinta años de democracia me han convocado como suplente para una mesa electoral. Me convocan hoy a una reunión informativa y cuando llego al lugar, en esta tarde fría, me asombro ante la cantidad de gente que se agolpa en la calle. Las caras de muchos se parecían a esas que se portan cuando se acude a un funeral. Si no fuera por la cantidad de mujeres que había, me hubiera recordado a aquella fila antes del servicio militar en que entrábamos a por primera vez al cuartel y nos daban los macutos.

         Se abren las puertas y entramos rápido al interior del auditorio, calculo unas trescientas personas, siempre hay gente más lenta, esos son los que se quedan de pie. Tres miembros de la Junta Electoral tras presentarse se ofrecen a aclarar dudas. Difícil tarea porque aunque ellos tienen micrófonos los que preguntan no lo tienen y es difícil escuchar lo que se dice. Efectuada la primera pregunta le dicen desde la mesa, que por favor al preguntar se pongan de pie. "Estoy de pie" contesta la señora que no era muy alta, ante las risas del resto.  Se aclaran algunas cosas y alguno se dedica a contar su vida de que cómo le han llamado si se operó el otro día. Algunas cosas quedaron claras, que el que no acuda a la mesa incurre en delito electoral y otra cosa que desconocía que si no hay gente suficiente para formar la mesa, se puede obligar al primero que pase por las inmediaciones. Me imagino a ese pobre hombre que sale de casa a las 9 de la mañana a comprar el pan y lo sientan en una mesa, cualquiera convence a su mujer cuando vuelva a aparecer a las doce de la noche, que ha estado todo el día en una mesa electoral.

          Se disolvió la reunión y nada más salir por la puerta, uno iba diciendo con voz airada: "Y luego dirán que hay democracia y me obligan a que esté en una mesa, si hubiera verdadera democracia sería voluntario". Me parece a mí que si fuera voluntario poca gente iba a acudir...

Cereza roja sobre losas blancas

Cereza roja sobre losas blancas

      Con este título se publicó en España el primer libro de poesías de la escritora Maram al-Masri. Nacida en 1962 en Siria se traslada a Paris en 1982 tras estudiar literatura inglesa en Damasco. Dedicada a la literatura y a la traducción es una voz que cautiva con sus letras. Conocí sus poemas, de una manera casual, por internet y, dos años más tardes, he conseguido, tras ardua búsqueda, tener este libro entre mis manos.

        Es una edición bilingüe árabe-española, y en cuyos poemas, sean breves o más largos, es muy fácil dejarse acunar por su música y sentirse atravesado por sus sentimientos. Aquí transcribo dos de ellos:

Allí donde los caballos

no pueden galopar.

Allí donde ni siquiera hay

un agujero

que permita a un rayo de luz entrar.

Allí, donde la hierba

no brota;

me aferro a los pies de la palabra.

 

Porque ya no queda entre nosotros

sopa caliente que compartir

ni conversación lánguida que repetir.

Porque ya sólo hay entre nosotros

una cama

en la que únicamente crece el musgo

y una noche que no borra

el cansancio del día.

Porque ya sólo hay entre nosotros

niños

a los que les preparamos

nuestras ilusiones

en un plato.

Porque nos hemos vuelto

más educados que dos extraños

y sentimos menos admiración el uno por el otro

que dos enemigos.

Porque ya no quedan entre nosotros

aquellas desbordantes carcajadas,

ni aquellas caricias puras

ni el sabor

del laurel y la miel

en nuestros labios.

Porque ya no queda

entre nosotros...

 

 

Bajo la parra otra vez...

Bajo la parra otra vez...

        Hace un par de días volvi a recorrer las calles doradas de la ciudad charra y quise volver a ver la parra que cuelga en el balcón de la casa de Unamuno y quedé asombrado ante la diferencia que presentaba con la imagen del pasado octubre. Frente a aquella imagen cubierta de hojas y frutas, ahora se la ve sobre el balcón con aspecto triste, contrastando con la impresionante torre de la catedral, desnuda de cualquier adorno vegetal y como si hubiera muerto como consecuencia de los fríos castellanos.

        Sin embargo como todo lo que depende de los ciclos del tiempo estoy seguro que dentro de pocas semanas ese tronco pelado, como el ánimo desvencijado de muchos de los que lo contemplan, estarán tocados por el milagro vivo y naciente de la primavera.

Hoy ha sido el día...

Hoy ha sido el día...

...ese día único e irrepetible durante el año, en que en ese árbol que está frente a mi casa brota la primera flor, anunciando la próxima llegada de la primavera.

La ventana

La ventana

              A esa hora en que el precoz anochecer convierte los tonos amarillentos en negro, hace fresco en la calle, desierta y otoñal. Camino con la agilidad que me dan mis años jóvenes,  las manos en los bolsillos, encogido, con la cabeza incrustada entre los  hombros, como si eso me atenuara el frío y, entonces, alzo el cuello, mirando hacia arriba, como siempre que paso bajo esa ventana.            

               Está situada en alto, en un cuarto o quinto piso, nunca los he contado, encaramada en la pared, siempre iluminada, rompiendo las tinieblas de la noche. Estando distante, la noto cercana.  A veces abierta, a veces cerrada, pero independientemente de ello, el visillo que está al otro lado del cristal siempre se agita, se mece por el aire invisible, y esas siluetas tamizadas, que se suponen al otro lado, son puras sombras más inventadas que reales. Detrás una luz encendida, calmosa, suave, que se adivina brotando de una lámpara y expandiéndose por toda la habitación.            

               Me gusta templar mi mirada, repleta de ausencias y gélida, con el calor instantáneo de aquella imagen. Soñar que yo puedo estar dentro, acogido por la caricia del hogar que allí supongo. Sentarme, con un libro entre mis manos, en un sillón acolchado bajo la luz de aquella lámpara, interrumpiendo la lectura en una conversación animosa con esos que me acompañan, que no sé quiénes serán. Ahíto de tanto caminar, detener mis pasos en aquel refugio seguro, y tenerlo como referente. Pero me alejo y aquella ventana, poco a poco, se va convirtiendo en un idealizado punto de luz a mis espaldas.            

               Ha pasado mucho tiempo, ahora mi piel se pliega sobre sí misma creando arrugas, caminos no deseados en mi cuerpo, y estoy al otro lado de la ventana. El visillo se mueve debido a mis pasos nerviosos en la habitación, no hay chimenea y estoy sólo. El libro cerrado, con el polvo que se acumula sobre su lomo, colocado sobre  la mesa. Una bombilla desnuda pende del techo, proporcionando resplandores aceitosos a la habitación pero, más que aportar luz, resalta las sombras. Me acerco a la ventana con la lentitud de mis pasos cargados de años y que se asemejan al monótono vaivén, del tigre encerrado en su jaula, Diviso la calle oscura tras los cristales. El frío y el viento se dibujan al otro lado con el murmullo agitado de las ramas de los árboles y en forma de hojas que sobrevuelan, juguetonamente, en el aire.  

               Por la calle, solitario, camina un joven con las manos en los bolsillos. Apago la luz, para observarlo mejor, me parece distinguir que mira hacia esta ventana…con gesto de anhelo, se aleja engullido por la tiniebla. ¡Qué envidia le tengo a ese pasear con la ligereza de pasos libres, con su rostro acariciado por el aire de la noche y bañado en rayos de luna!

Plenilunio

Plenilunio

         En una gris ciudad de provincia se ha cometido el asesinato de una niña. El inspector jefe que lleva el caso, y del que no se nos dice el nombre, es un policía que vuelve a su ciudad de la infancia, donde se crió en un colegio de huérfanos, destinado tras muchos años en el país vasco.  Tendrá que encontrar a un brutal asesino en medio de esa ciudad. En ese camino tendrá que luchas contra sus demonios personales, contra sus crisis íntimas y se encontrará con alguien que le hará creer que en la vida es posible una segunda oportunidad.

         Buenos retratos del interior de los personajes, cada uno de los cuales carga con su bagaje de experiencias y de negruras,  pero algunas, en un determinado momento, parece que empiezan a iluminarse. Hay personajes que sólo se se entreven, como si estuvieran a través de unos visillos, como le ocurre a la mujer del inspector o a Ferreras, el forense. De otros descubriremos sus mayores intimidades como de la maestra o el asesino. La luna tiene su protagonismo y su luz atravesará, en más de una ocasión, por entre las letras.

          Me ha encantado releer este libro del jiennense Muñoz Molina, después de nueve años de haberlo leído. Una novela en que en su escritura, a la vez, densa y atractiva, se mezcla la trama sicológica y la policíaca.

       

Hay luces...

Hay luces...

que colorean la mañana con una luz tan alegre, que transmiten su reflejo a mi ánimo durante todo el día.

En-pareja-2

En-pareja-2

         Un chisporroteo, más alto de lo habitual, de las brasas de la chimenea me hace alzar los ojos, por encima de las gafas, y descansar el libro sobre las rodillas. Me paso insconscientemente los dedos por las arrugas de la frente para echarme para atrás esos pocos pelos canosos que se revuelven sobre mi cabeza.

        En el sillón que está junto al mío se sienta ella con sus canas coronando su cabeza y sus arrugas maleadas por tantos años. Observa distraída un programa de televisión y no es consciente de mi mirada. De pronto esta mirada parece sacudir esa piel envuelta sobre sí misma y la convierte en tersa de manera súbita. El pelo blanco oscurece y crece en una espléndida melena negra, sus manos finas coronada en aquella pintura de uñas rosa que tanto me gustaba, su cuello se estira y, de pronto, reconozco aquella imagen juvenil y recuerdo cuando la vi por primera vez, antes de que creciera una alta montaña de hojas del calendario dentro de la papelera. Mis ojos brillaron levemente por un instante, como si reflejaran la luz del fuego, pero yo sabía que no era eso, y una sonrisa casi olvidada prendió en mi cara.

       Me coloqué las gafas sobre la nariz, cojo el libro entre mis dedos y mientras las llamas siguen su baile sin orden, sigo leyendo...

En el camino

En el camino

         Hay épocas en la vida en que el camino se hace especialmente tortuoso, nos encontramos con numerosos obstáculos que hay que sortear y, en más de una ocasión, tenemos la tentación de detenernos o abandonarlo. Puede que, incluso, sólo nos sostenga para seguir caminando el saber que el fin del camino ya está próximo.

          Pero ¿qué ocurre si cuando llegamos a ese deseado final nos encontramos con un disco de dirección prohibida?

Leía...

Leía...

...pasaba las hojas de aquel libro. No era demasiado apasionante, pero estaba relativamente entretenido, aunque me estaba ya resultando un poco cansino. Tenía ganas de acabarlo, ya. Al llegar a la palabra fin, todo se me oscureció.

    Nadie me había avisado que tenía entre mis manos el libro de mi vida.

De colas sin colores

De colas sin colores

       Cuando llegué a Madrid, allá por el año 1984, una de las cosas que más me sorprendió era la habilidad de sus habitantes para formar colas en situaciones variopintas. Nunca llegué a entender esa afinidad gregaria por caminar en grupo y a paso lento, más que quizás decelerar un poco ese paso tan rápido que se lleva por sus calles y que nos apresa a los provincianos.  Me resultaban especialmente extrañas las largas colas que se formaban los fines de semana en los cines de estreno de la Gran Vía, cuando a dos paradas de metro de distancia, echaban la misma película en otra sala sin atisbo ninguno de empujones.

 

            Debo reconocer que, tras varios meses viviendo allí, terminé abducido por esa extraña afición y recuerdo, como detalle, aquella cola de la que formé parte durante ¡siete horas!, en un frío día del enero madrileño de 1986, para darle el último adiós a Tierno Galván, aquel “viejo profesor” y  alcalde madrileño de la época de “la movida”. En aquellas horas de obligada convivencia, recorriendo a paso de paladeo el Madrid de los Austrias llegamos a establecer una buena amistad con los que nos acompañaron a nuestra alrededor durante tanto tiempo. Y no fue extraño que alguno, en aquella magna celebración de la muerte, algunos se avinieran  a compartir, con aquellos azarosos compañeros de camino, sus anhelos e ilusiones ante la vida.

 

            Este gusto por las colas se va extendiendo por ciudades más pequeñas, nada más que hay que recordar para sacar el DNI, y especialmente en algunas épocas señaladas. Surge esta reflexión a las que, en estos días, se forman todos los años en Cádiz con motivo de la compra de las entradas para el teatro Falla donde se efectúa el concurso de las actuaciones carnavalescas. Este año muchos se las prometieron felices porque el 20 % de las entradas se pondrían en venta por internet, pero en un segundo, según dice el periódico, hubo 70 mil entradas en la página con lo que se bloqueó, aunque la empresa achaca el fallo al ataque de un pirata informático. Las colas seguirán formándose para los distintos eventos carnavalescos, para comerse gratis un plato de pestiños, en la pestiñada, o un plato de erizos, en la erizada. También para la compra del resto de las entradas, aunque este año, para evitar la reventa, serán nominales, pero como en Cádiz hay  “gente pa tó”, ya encontrarán la forma de revenderla a alguien que se le parezca mucho y se le confunda la foto con la de su carnet de identidad.