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El búcaro de barro

La casa de Riverton

La casa de Riverton

     Es la primera novela de Kate Morton, que se ha hecho famosa porteriormente por “El jardín olvidado”.  Nos presenta a Grace Bradley una anciana de noventa y ocho años que en 1999 es visitada por una directora de cine, que quiere rodar una película sobre La Casa de Riverton  y los acontecimientos que allí sucedieron que culminaron en 1924, durante una fiesta de la alta sociedad, con la muerte de un poeta delante de dos hermanas.

     Grace, a partir de la visita de esta directora de cine, remueve sus antiguos recuerdos y nos va narrando la historia en primera persona como, siendo muy joven, entró de doncella en dicha casa. Primero muy despistada para, con  los años tener una especial relación con una de la hija de las dueñas Emmeline. Por sus páginas pasa un exacto retrato de la nobleza inglesa del primer cuarto de siglo, retratando esas imágenes que nos evocan a muchas películas.  Aparecen esos dos mundos, tan diferentes a pesar de estar tan interrelacionados, la nobleza y la servidumbre. Y vemos como la primera guerra mundial influye en todo aquello.

      Esta novela me ha gustado menos que la de “El jardín olvidado”.  He echado de menos algo más de “acción” y en algunos momentos me ha despertado expectativas de algo interesante que luego va a pasar y que después no me resultó tan interesante.         

“Sus celos me habían impactado. Ella envidiaba mi lugar en esa gran casa. Estaba claro que le había tenido cariño a Penélope, la madre de las chicas, porque ¿qué otra cosa podía explicar su reacción cuando mencioné que el señor Frederick volvería a casarse? Y verme en la posición que ella alguna vez tuvo le recordaba que se había visto obligada a abandonarla. ¿Realmente no había tenido otra alternativa? Hannah había dicho que lady Violet había admitido antes madres con hijos. Por otra parte, si a mi madre le molestaba que yo hubiera ocupado su lugar, ¿por qué había insistido tanto en que ingresara en el servicio de Riverton?”

Deja en paz al diablo

Deja en paz al diablo

     Tercera novela del escritor John Verdon, tras el gran éxito de sus dos anteriores: “Sé lo que estás pensando” y “No abras los ojos”. En todas ellas aparece como protagonista David Gurney un expolicía de homicidios que a pesar de estar retirado en su retiro campestre junto a su mujer Madeleine, cuando aparece un asunto intrigante, cuanto más mejor, ante sus ojos, no ceja hasta encontrar la solución.

     David Gurney se va recuperando poco a poco de las secuelas que dejó la resolución de su último caso, cuando recibe la llamada de una vieja conocida, la periodista Connie Clark, que quiere pedirle ayuda. Su hija Kim está haciendo un documental sobre la familia de las víctimas de un asesino que nunca fue atrapado, el Buen Pastor.  David acepta y pronto se verá involucrado en un asunto en el que tanto él como sus seres queridos se sentirán vigilados por ese peligroso personaje, que no duda en seguir asesinando. El protagonista se meterá de lleno en una investigación que quiere llevar hasta el final, a pesar de las dificultades que se encuentra incluso provenientes de la propia policía.

             El autor va perfilando cada vez más las características del personaje y nos logra meter en el interior de una mente deductiva, que se va introduciendo en las ideas más de lo que aparentemente se ve. Su peculiar relación con su mujer nos la muestra con una especial ternura que se va dibujando con sus simples gestos o impresiones intercambiadas. La trama no envuelve y nos empuja a no dejar la lectura, hasta que con el protagonista logramos llegar al final de la historia.

“Gurney parecía observar los rescoldos en la rejilla de la estufa, pero tenía la mirada perdida. Se levantó de la silla, encendió la lámpara de pie y se acercó a la isla de la cocina para prepararse un café. Tiempo atrás, había descubierto que para conseguir dar con una solución era bueno distanciarse del problema, ocuparse en otra cosa. El cerebro, libre de la presión de encontrar una respuesta en concreto, solía hallar él solito su propio camino. Como uno de sus vecinos del condado de Delaware, nacido y criado en el lugar, le había dicho en cierta ocasión: “El sabueso no puede atrapar al conejo hasta que lo sueltas de la correa”.

Un aller simple

Un aller simple

     Otro libro en francés, empiezo a disfrutar con este idioma, porque aunque no entienda, a veces, todas las palabras, voy entendiendo los contextos sin necesidad de diccionario, lo que antes era un verdadero rollo cuando tenía que acudir continuamente a él. En esta ocasión el título original es "Un aller simple" (Un viaje de ida), del escritor francés Didier Van Cauwelaert, con la que consiguió en 1994 el premio Goncourt. 

Nos narra la historia de Aziz, un niño francés que superviviente de un accidente de tráfico es recogido por unos gitanos rumanos, vive en las afueras de Marsella y se hace experto en el robo de radios de coches. Los únicos papeles que tiene son los más baratos que pueden conseguir allí: los de ciudadano marroquí. Detenido por la policía, acaba incluido en una gran campaña publicitaria en que se le quiere reintegrar a su país de "origen". En este viaje le acompañará Schneider un funcionario francés que se está separando de su mujer y Valérie una guía francesa harta de turistas horteras. Los tres irán a la búsqueda de ese pueblo ficticio, en el interior de Marruecos, en el que Aziz teóricamente vivió. 

         Un viaje inciático hacia  no se sabe dónde, donde todos cambiarán. Narrado a veces por Aziz, con un cierto tono jocoso y otras veces redactado de manera más seria a través de las observaciones de Schneider. Un libro que es fácil de leer y quizás en los comienzos crea más expectativas de las que cumple al final. Eso sí, he encontrado algunas frases que me han parecido sumamente geniales.

"-Tu sais Valérie...

-Oui?

 Le nez au creux de son épaule, j´ai arrêté mes pensées dans son odeur.

-Rien.

Elle a répondu, en serrant doucement mon poignet contre elle:

-Te raconte pas d’histoires."

"-Sabes Valérie.

-Sí.

La nariz en el hueco de sus espaldas, detuve mis pensamientos en su olor.

Ella contestó, apretando suavemente mi muñeca contra ella:

-No te cuento historias".

El lector de Julio Verne

El lector de Julio Verne

     Durante el fin de semana pasado el tema de la postguerra ha sido recurrente en mis ratos de ocio. Primero porque vi la película "Miel de naranjas" de Imanol Uribe, en la que un soldado que trabaja en un juzgado militar en el que se practica la represión de la postguerra va evolucionando en su mentalidad.

       También he dedicado unas pocas de horas a leer el último libro de Almudena grandes: "El lector de Julio Verne". Leer las letras de esta autora es como reencontrarme con viejas amigas, ya que llevo muchos años leyendo y disfrutando de sus libros. Con este relato sigue la trayectoria iniciada en 2010 con "Inés y la alegría" que llevan el sobrenombre de "Episodios de una guerra interminable", que en su título recuerda a los Episodios Nacionales de D. Benito.

         El protagonista de esta historia es Nino, de nueve años, que nos va narrando la historia en primera persona, hijo de un guardia civil, que vive en una casa cuartel de la sierra sur de Jaén, desarrollándose la historia en 1947. Se hace amigo de un forastero Pepe el portugués, al que de mayor le gustaría parecerse. Su pueblo es un pueblo en el que mucho de sus habitantes son de izquierdas y no miran con buenos ojos a la guardia civil. Nino sufrirá desde la cama los gritos de presos que son torturados en aquella época de represión. 

           A medida que crece va evolucionando y descubriendo un mundo nuevo a su alrededor. Recibe clases particulares de una maestra represaliada y descubrirá con otros ojos a las personas que tiene ésta a su alrededor. No todo es lo que parece y a medida que pasa el tiempo se va dando cuenta de que cada uno tiene un papel en la vida que no siempre ha elegido y al que ha sido muchas veces empujado por culpa de las circunstancias. Un libro que me ha gustado y leído en pocos días.

"Así, exactamente, estaba yo, contento, y contento seguí estando durante toda la primavera, abril, mayo y veinticinco días de junio, doce semanas enteras de la mejor vida que había tenido jamás, días de libros, de palabras, de risas, días cómplices de los amores del Portugués, de la casa de doña Elena, del futuro de un niño de diez años que se sintió tan mimado, tan arropado, tan seguro, que llegó a creer que nunca sería secretario de Ayuntamiento ni oficinista en ninguna Diputación, por mucho que llegaran a mejorar sus pulsaciones. "

     Como cosa curiosa comparando la película y el libro, en los dos sale un personaje en la clandestinidad con el mismo sobrenombre "Cencerro", mira que habrá sobrenombres... Y otra coincidencia, que no todos los guardias civiles son lo que parecen. 

Muriel Cerf y otras cosas

Muriel Cerf y otras cosas

     Leyendo el Blablablog de la escritora francesa Katherine Pancol, autora de "Los ojos amarillos de los cocodrilos", me entero del reciente fallecimiento de otra escritora francesa: Muriel Cerf. Esta escritora nacida en 1950, tras terminar sus estudios, recorrió el mundo tras las huellas de los hippies: Calcuta, Nepal, Bangkok... Su viaje por Asia le inspira su primer libro "L’Antivoyage" en 1974, saludado por la crítica como una revelación. Ha publicado más de una treintena de novelas. Participó como escritora en la películar "La naissance de l’amour", del que he encontrado unas curiosas imágenes, muy evocadoras, rodadas en Cádiz,que han hecho que me apetezca ver esta película. La película es de 1993, un año en que la palabra crisis sólo salía en los diccionarios y yo ni siquiera imaginaba la crisis de los cuarenta...

El reflejo de las palabras

El reflejo de las palabras

        Esta novela nos narra los lazos férreos entre un padre sordomudo Aga Akbar  su hijo Ismail. La historia se desarrolla en unos tiempos convulsos de la historia iraní.  El autor es un novelista iraní, licenciado en Físicas en Teherán, que participando en una organización clandestina debe exiliarse a Holanda.  Allí va a recibir de manera anónima el diario de su padre fallecido, un tejedor de alfombras. El diario está escrito en caracteres cuneiformes que aprendió a partir de los símbolos de una inscripción del monte sagrado del Azafrán.

       El traducir esas notas y elaborar esa historia de la vida de su padre y de su propia vida, será a la labor que se dedicará su hijo Ismail. Por sus páginas nos aparecerá la historia de esta familia en aquella remota región iraní, influida por los acontecimientos históricos en que se sumerge Irán en el siglo XX con la época de Sha y la posterior llegada de Jomeini y el gobierno de los clérigos. Escrita evocativamente una veces nos habla el autor y otras es el narrador omnisciente el que nos va contando los distintos sucesos. Una novela en que el autor, desde la distancia, intenta reconciliarse con su pasado y, en el fondo, con su presente.

        El autor Kader Abdolah es iraní, refugiado político en Holanda desde 1988 y es reconocido actualmente como unos de los más destacados autores de la lengua holandesa.

Barcelona

Barcelona

      Aprovechando la feria de aquí, hemos viajado a conocer Barcelona. Me ha gustado el pasear por sus calles y avenidas a pesar de que en algunas costaba dar un paso. Me he detenido en rincones coquetos y sorprendido en dulces museos...hasta de xocolata. He disfrutado de sus paisajes, sus edificios de curvas imposibles y de los rayos luminosos que tras atravesar las coloridas vidrieras acariciaban las centenarias piedras de sus iglesias. He pasado calor, el viento frío azotó mi cara y me he mojado bajo la lluvia. Siempre es bueno el ampliar horizontes, contactar con gente distintas y descubrir que el mundo se extiende más allá de la estrechez de nuestros habituales ejes de referencia.

Además tuve la oportunidad de en una calle tropezarme, reconocer y saludar a Angela Becerra, una de las escritoras que más me gusta y de la que he leído cuatro de sus libros: De los amores negados, Lo que le falta al tiempo, El penúltimo sueño y Ella que todo lo tuvo. Fue uno de los bonitos regalos de este viaje.

Ni d'Ève ni d'Adam

Ni d'Ève ni d'Adam

     Siempre tiene una cierta complicación elegir un libro para un grupo de lectura y más si es de literatura en francés. El último que elegimos fue "Bouvard et Pécouchet", la última obra e inacabada del escritor Gustave Flaubert. Empecé a leerla y en ello anduve durante unos quince días, en una labor no exenta de cierta dificultad, lo que hacía que cada vez la afrontara con más pereza. Llegó un momento en que decidí dejar de leerla, la historia de dos individuos que se conocen y deciden irse a vivir al campo, con las tonterías que allí se les ocurre, no me atrajo demasiado, aparte que el vocabulario me resultaba bastante complejo.

      Andaba con esta mala conciencia de haber abandonado a ese texto francés, cuando este libro de Amélie Nothomb llegó a mis manos. Lo abrí por la primera hoja y cuando mi vista empezó a recorrer aquellas líneas atractivas con fluidez, me di cuenta que me había quedado atrapado por la historia. Es un relato autobiográfico en que Amélie, que en su infancia había vivido en Japón, tras vivir varios años en Bélgica vuelve al Japón. Empezará a dar clases de francés a un japonés, Rinri, pero en seguida iniciarán una historia de amor. 

Amélie nos va narrando la historia en primera persona, sus reflexiones son a la vez profundas y humorísticas. Nos va narrando las sorpresas que el carácter japonés, tan distinta a su cultura belga, le produce. Todo esto con un lenguaje sencillo y que entretiene. Ese tono jocoso no lo abandona ni cuando se pierde en una noche de invierno escalando una montaña, ni cuando estando desnuda en una piscina se acerca un anciano y no sabe cómo salir de ella. Comparte sus preocupaciones con el lector y éste acaba siendo cómplice de la autora:

"Yo, sin que pudiera explicarlo, me esperaba otra cosa. Yo no sabía en qué consistiría, pero estaba seguro de esperarla. Un deseo es tanto más violento cuando se ignora el objeto".

Código QR

Código QR

     Ya que están de moda los códigos QR, también he generado el correspondiente a este blog. Se genera de manera muy sencilla mediante el programa qrcode.kaywa.com, una vez confeccionado como éste, se puede acceder al blog haciendo la lectura de este código a través del programa bidi del móvil.

La fuente y la muerte

La fuente y la muerte

    Hace unos años le escuché a Pedro Sevilla, recitar alguno de sus poemas, pero no sabía que escribía otro tipo de cosas. Por eso me sorprendió cuando la biblioteca anunció para el próximo jueves la presentación de este libro, que son unas memorias. Tuve curiosidad por este libro y empecé a leerlo, sorprendido por que nada más comenzar me vi atrapado por la prosa tan envolvente y especial del autor y sabía, como asi ha sido, que no pararía hasta terminarlo.

"Estoy sintiéndome crecer en el vientre de mi madre, flotando en un universo cálido y cerrado. Siento cómo me divido, cómo me abro en dos y tengo mucho miedo. A través del cordón umbilical, además de la alimentación, nos llegan las querellas de fuera, las mezquindades del mundo, y se nos inocula la angustia de los nuestros, porque mi madre tiene miedo y yo, dentro de ella, mientras me voy formando y dividiendo, voy impregnándome de ese desazonador sentimiento que no ha de abandonarme nunca. No lo recuerdo, pero siento que no quiero salir de ese mundo cerrado y entrañado, de ese cómodo envoltorio." 

      Pero sale de ese envoltorio que es el seno materno y nos relata su vida infantil en su pueblo Arcos de la Frontera, en la sierra gaditana, donde nació en 1959. Retratamdp la vida rural de entonces con aquellos personajes y rituales de la infancia tan peculiares. Aquellas mujeres fuertes que conducían las familias y esos hombres jornaleros y callados a los que había que llamar de la taberna para que fueran a cenar. Su corta experiencia en Barcelona trabajando, sus enamoramientos y como la vida lo fue apartando de aquel trabajo jornalero, pero sin nunca perder sus raíces. Me ha llamado la atención cómo viviendo yo esos mismos años en ciudades que sólo están separadas por cuarenta kilómetros, nuestras experiencias infantiles son tan diferentes.

      Nos va relatando todo con una mirada aguda de la realidad, esa mirada que saliendo del interior del escritor, siempre da a los hechos mas viveza y autenticidad que si los estuviéramos grabando con una cámara. Quizás las cosas no fueron exactamente como las cuenta, pero cómo él dice "prefiero la memoria literaria, la recreación del pasado a través de la poesía o de la prosa, que el soporte documental de un cartón con una imagen".

        Es un libro que atrapa, evoca, hace soñar y emociona. Quizás no sean ni una editorial ni un autor conocidos, pero si tienes la oportunidad de que este libro llegue a tus manos estoy seguro de que no te decepcionará su lectura.

Quantic Love

Quantic Love

    Laila, una joven sevillana va a trabajar durante un verano como camarera al CERN, uno de los centros científicos más prestigiosos del mundo, situado en la ciudad suiza de Ginebra. Aquella experiencia, de la que irá tomando nota en su inseparable Moleskine, supondrá un antes y un después en su vida. En aquel ambiente irá aprendiendo cosas de ciencia y a dilucidar algo mucho más complejo: la ecuación del amor. Su corazón se debatirá entre un atractivo periodista suizo y un joven científico norteamericano.        

      Esta novela es la segunda que ha escrito el la joven autora Sonia Fernández Vidal, que es doctora en Físicas y tiene pasión para divulgar la ciencia. Una novela dedica. Escrita para los jóvenes, de vez en cuando conviene saber lo que leen nuestros hijos, es fácil de leer con una trama bien urdida y aderezada con interesantes datos científicos. El libro dispone de una página web en la que conoceremos más sobre él y la autora, incluso una banda sonora compuesta por Nikosia.

 

El sueño de Hipatia

El sueño de Hipatia

   Novela del escritor e historiador José Calvo Poyato. La historia se mueve en un doble escenario siempre en Egipto. El primero en el siglo IV donde los cristianos van desplazando a en la sociedad de Alejandría a los sabios y filósofos que hicieron de la ciudad un emporio cultural. En aquella sociedad destaca la figura de Hipatia, matemática, astrónoma y gran defensora de la cultura clásica, opuesta en un desafío permanente a una Iglesia intransigente.

   El otro escenario de la novela es en 1948, tras el encuentro de unos códices por unos campesinos, distintas personas se interesarán por ellos. Un periodista británico, su novia y un investigador viajan a Egipto para comprarlos, pero no saben que muchos peligros se cernirán sobre ellos.

    De los varios libros que he leído de este autor es el que menos me ha gustado. Los personajes parecen sólo pinceladas y esas dos historias unidas por esos códices no me acabaron de atrapar y convencer.

HHhH

HHhH

       Este libro de impronunciable nombre  HHhH (Himmlers Hirn heisst  Heydrich, “el cerebro de Himmler se llama Heydrich”), porque ¿cómo pronunciar tantas letras mudas seguidas?, no es una novela al uso, sino el relato reconstruido de la operación Androide.  Esta operación fue la preparación del atentado de Richard Heydrich, uno de los jerarcas nazis más importantes, que llegó a ser considerado “el hombre más peligroso del Tercer Reich”.

       Nombrado gobernador del protectorado de Bohemia y Moravia, impuso un régimen de terror, reprimiendo cualquier conato de rebelión. Desde el gobierno checoslovaco en el exilio se decidió atentar contra su vida y con esa intención fueron enviados dos paracaidistas en diciembre de 1941: Jozef Gabcík y Jan Kubis, que durante cinco meses prepararon el atentado. Una misión, prácticamente, suicida de dos soldados que hoy son considerados héroes en la historia de su país.

                Esta narración del escritor francés  Laurent Binet, es un relato vivo muy bien documentado,  a medio camino entre la novela y el ensayo histórico, en el que vamos acompañando las distintas peripecias de organización y desenlace de todo lo que rodeó a esta operación Androide, que sin duda fue fundamental para el futuro devenir de la Segunda Guerra Mundial.

Esa mirada

Esa mirada

       Estaban sentados a la mesa, uno frente al otro. Comían en silencio, mientras él reflexionaba. Nunca se le había olvidado la primera vez que la vio y cómo la acogió desnuda entre sus manos, sintiendo la suavidad de su piel y acariciándola con unas caricias que parecieron elevarla en el aire. Después de eso ¡cuántas cosas habían hecho juntos!: baños, paseos de la mano, viajes y días y noches compartidos. El tiempo pasó y los dos se habían hecho ahora más mayores. Ella se había convertido en una hermosa mujer. Mientras él la contemplaba, ella apenas lo miraba y cuando lo hacía era con una mirada teñida de una cierta agresividad. Una nube de cierta tristeza pasó ante los ojos de él y entonces pensó:

-¿Cuándo fue el puñetero momento en que mi hija se convirtió en adolescente?

 

La sublime puerta

La sublime puerta

      Este título de Jesús Sánchez Adalid hace referencia al nombre de la corte pública del sultán dirigida por el gran Visir en la ciudad de Constantinopla, capital del imperio otomano. Recibe este nombre por la puerta de entrada a las dependencias del Gran Visir cercana al palacio de Topkapi donde el sultán oficiaba la ceremonia de bienvenida a los embajadores extranjeros.

          Nos narra el cautiverio de Luis María Monroy, soldado de los tercios de Felipe II, tras ser apresado por los turcos en la isla de Gelves. Sus dotes como músico lo benefician al ser, por ello, elegido como esclavo del gobernador de Susa, lo que le permite un destino más beneficioso que otros compañeros. En Constantinopla, a pesar de estar preso, inicia una gran aventura, donde habrá amores e intrigas, llegando a formar parte de un grupo que espía a favor del rey Felipe II y consiguiendo, con gran habilidad, instalarse cerca de los grandes personajes de la corte del Sultán Solimán.

Aunque me gusta la novela histórica y ésta me la he leído de manera rápida, no me ha gustado demasiado. Escrita en forma de monólogo, no he logrado empatizar con el personaje. Es como si pasara de puntillas por lo que escribe y no llega ni siquiera a impresionar en los muchos malos ratos, como en las torturas, que sufre. 

Termina con una nota histórica que aclara alguno de los muchos apuntes y reseñas históricas en las que se ha basado el autor para escribir esta novela.

Stoner

Stoner

         Acabo de terminar este libro del escritor norteamericano John Williams (1922-1994) y me he quedado con una doble sensación: pena por que se haya acabado y la alegría de haber leído buena literatura.

            No se narra una gran aventura, simplemente la historia del hijo de unos granjeros, William Stoner, que tras su paso por la Universidad acaba convirtiéndose en profesor de Literatura de la misma. Es un hombre como cualquiera con una vida tan anodina como única. Nos retrata magistralmente sus vicisitudes y sus grandes descubrimientos: 

“Sospechaba que comenzaba, con diez años de retraso, a descubrir lo que era y lo que veía era, más o menos lo que se había imaginado que sería. Sentía por fin que empezaba a ser profesor, lo cual era simplemente ser un hombre a quien el libro le dice la verdad, a quien se le concede una dignidad artística que poco tiene que ver con su estupidez, debilidad o insuficiencia como persona. Era un conocimiento que no podía expresar pero que le había cambiado una vez obtenido y mediante el cual nade podía confundir su porte”. (pg 103) 

“En su año cuarenta y tres de vida, William Stoner aprendió lo que otros, muchos más jóvenes, habían aprendido antes que él: que la persona que uno ama al principio no es la persona que uno ama al final, y que el amor no es un fin sino un proceso a través del cual una persona intenta conocer a otra” (pg 170)

            Compartimos con Stoner un largo período del siglo XX, las dos guerras mundiales asoman entre sus páginas. Y aparece el gusto por la enseñanza, unas peculiares amistades y sus problemas laborales. Unos seres tan luminosos como apagados, empujados en muchas ocasiones por las circunstancias que les condicionan y un amor continuo que le acompaña, aunque no siempre sea como él hubiera deseado.

 “El amor intenso y fijo, siempre había estado ahí. En su juventud lo había dado sin pensar, lo había dado al conocimiento que le había revelado-¿hace cuántos años?- Archer Sloane; se lo había dado a Edith, en aquellos primeros días tontos y ciegos de cortejo y matrimonio, y se lo había dado a Katherine, como si nunca antes lo hubiera hecho. Lo había ido dando, de manera extraña, en cada momento de su vida y quizás lo había dado más cuando no era consciente de estar dándolo. No se trataba de una pasión ni de la mente ni de la carne; era más bien una fuerza que comprendía a ambas, como si fuere, más que un asunto de amor, su sustancia específica. A una mujer o a un poema, simplemente decía: ¡Mira! Estoy vivo." (pg 217) 

Quizás haya algo de autobiografía, el autor fue profesor universitario, o también se hable de parte de nuestra vida. En el fondo, todos somos Stoner porque en estas páginas, recreadas con tanta habilidad, se nos narran sentimientos tan universales,   que fácilmente nos reconoceremos en ello, llegándonos a emocionar. Un libro que hay que leer.

Bicentenario

Bicentenario

          Mis primeros años escolares, hasta los diez años, transcurrieron en el edificio anexo al oratorio de San Felipe Neri donde se celebraban las reuniones de los diputados de las Cortes de Cádiz. Me llegué a conocer muy bien los rincones e imágenes de aquella iglesia, pero no tenía muy claro el porqué de tantas placas en el exterior y qué era aquello de las Cortes de 1812. Recordaba esto con motivo, estos días, de la celebración del bicentenario de la Constitución del 1812 en Cádiz.

         En mis años adolescentes, aunque ya me iba decantando por las matemáticas y las asignaturas de ciencias, me gustaba también mucho la historia. Tenía  un, ya anciano profesor, que luego se convertiría en buen amigo, con el que me aprendí todos los reyes de España, desde los reyes católicos hasta nuestros días, lo que siempre me ha venido muy bien para situar los hechos históricos en su época cronológica. Con él comencé a entender la importancia de aquel hecho y más cuando nos hizo dibujar el monumento a las Cortes aprendiendo de su simbolismo o a recorrer la ciudad copiando algunas de placas conmemorativas que de aquel evento. Conociendo bien a aquel viejo profesor, si hoy viviera con sus 107 años, estoy seguro de que hubiera disfrutado como el que más con las conmemoraciones de estos días. 

 

Estupor y temblores

Estupor y temblores

  La biblioteca de mi ciudad ha tenido la genial idea de organizar un club de lectura de libros en francés, una oportunidad que he intentado no perder sumándome a ella. Somos en torno a veinte personas, entre ellas cinco o seis nativos y varias profesoras de francés de instituto, además de algunos “aficionados” en profundizar, como yo, en la lengua del país vecino. Ello me permite, aparte de obligarme a leer libros en dicho idioma a perfeccionarme en el habla y escucha del mismo.

            El primer libro en torno al que nos hemos reunido ha sido “Stupeur et trembleur” de Amélie Nothomb. Una escritora belga, nacida en Japón, donde su padre era diplomático en 1967 y que escribe en lengua francesa. Una vez licenciada en Bélgica ella vuelve a Japón, habla japonés, y a trabajar en una gran empresa nipona. Su experiencia laboral y, por tanto autobiográfica, en esta empresa es la que relata en este libro, que en 1999 fue gran premio de la novela de la Academia francesa. Posteriormente en 2003 fue llevada al cine en una película protagonizada por Silvye Testud. En 1992 publicó su primera novela siendo todo un éxito y desde entonces publia una al año.

            El título de esta novela proviene de que en el antiguo protocolo imperial nipón se establece que uno deberá dirigirse al emperador con “estupor y temblores”, signo de esa sumisión con la que se mostrará Amélie al entrar a trabajar en esa empresa japonesa, frente a ese sistema cuadriculado de mandos, la mayoría masculinos y su jefa directa Fubuki Mori.  Desde que empieza a trabajar en la empresa una serie de malentendidos hace que vaya descendiendo de categoría, llegando a realizar ocupaciones verdaderamente absurdas. La autora muestra como choca su mentalidad occidental con la oriental y hace una crítica aguda y acertada de todo ello. Es un libro que se lee fácil y que a pesar de ese tono, en ocasiones, jocoso,  uno llega a preguntarse cómo pudo resistir hasta el final en aquel ambiente laboral. Quizás, pienso yo, fue capaz de sobrevivir toda aquella experiencia pues la miró con esa perspectiva objetiva que le permitió posteriormente retratar por escrito ese mundo asfixiante en el que estuvo inmersa.

Post mortem

Post mortem

Recuerdo que en el primer año de universidad una de las conversaciones habituales con los compañeros que estudiaban en la facultad de Medicina era su inicio en las prácticas de Anatomía y si habían superado con éxito el trance de ver y diseccionar su primer cadáver. Me ha venido esto a la memoria al leer un curioso artículo en el que indicaban que actualmente hay en más de una ocasión quien pretende donar el cuerpo de un difunto a la facultad de Medicina, para ahorrarse los gastos del sepelio, pero no se admiten porque para ello es necesaria la autorización en vida del difunto.

            Según el artículo un cadáver a -4ºC puede aguantar hasta ocho años y cuando más aguanta es cuando se congela que puede durar hasta veinte años, el problema en este último caso es, como ocurre con los alimentos, que si se congela no se puede volver a congelar. Aparte hay un método con el que se sustituye el agua y se realiza una especie de plastificación del cadáver que lo deja como si fuera de silicona y ya dura todo el tiempo que haga falta.

            Imagino que habrá más gente que dona órganos, que las que donan cadáveres para la facultad de medicina, alguien habrá, pero en general a nadie le gusta imaginarse en trozos repartidos por las mesas estudiantiles. Eso sí, supongo que estas prácticas con cadáveres son imprescindibles para que cuando estos aprendices de médicos lleguen a tratar con seres vivos ya hayan practicado bastante y vayan sobre seguro.

 

Esa cierta edad...

Esa cierta edad...

    Hay veces en que me noto en esa cierta edad, otras, más extrañamente, en que me veo  tan joven, que todavía me falta tiempo para llegar a ella, sin embargo mi fecha de nacimiento aparece invariable en mi carnet de identidad.¿De qué dependerá esa discrepancia de sensaciones?