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El búcaro de barro

La montaña mágica

La montaña mágica

   Acabo de terminar este libro de Thomas Mann. Ha sido una lectura que me ha durado varios meses,  como consecuencia de ello tengo todavía varios libros pendientes de leer, algunos de los que me trajeron los reyes. Me ha gustado el libro, aunque en ocasiones he llegado a pensar que no culminaría las casi 1000 páginas en letra pequeña que lo compone.

   El protagonista es Hans Carstop, un joven alemán que va a un sanatorio antituberculoso en Suiza a acompañar a su primo Joachim que se encuentra allí internado. Hans llega con la intención de pasar allí tres semanas, pero enferma también y aquella breve estancia se convierte en una larga estancia de siete años en que toda su vida de "allá abajo" queda apartada por un nuevo concepto del tiempo y de la realidad, muy diferentes.

"Una narración que recogiese la acción desarrollada a lo largo de cinco minutos podría durar, a su vez -si describiese hasta el último detalle de dichos cinco minutos-, mil veces más; y al leerla se nos podría hacer corta, aunque fuese muy larga en relación con el tiempo de lo narrado o imaginado. Por otra parte, también es muy posible lo contrario: que la duración de los acontecimientos narrados sea infinitamente mayor que la duración propia del relato que los presenta en extracto".

  La idea del tiempo va empapando todo el relato, a veces  parece que el tiempo se detiene. Otras salta. En ocasiones, el tiempo poco parece importar. A mí me ha llegado a pasar, me sumergía en su lectura y parecía como que mi concepto temporal formaba parte de lo que se relataba y me veía inmerso en aquel ambiente sosegado, vivo en apariencia, de aquel sanatorio entre montañas cubiertas de nieve. Por sus páginas pasan distintos personajes todos con sus vidas apartadas y reunidas en aquel lugar. Pero los personajes siguen manteniendo sus ideas, sus pasiones y, a veces, se organizan elaboradas discusiones, incluso filosóficas que se hacen difíciles de leer.

   Un libro aconsejable, para leerlo sin prisas y dejar el resto de las cosas, mientras se lee, en las afueras de sus páginas.

Un nudo en la garganta

Un nudo en la garganta

         Andrew McGregor, de ascendencia escocesa, habitante desde hace varios años de las Vegas, se despertó con dolor de cabeza. El despertador no había sonado y tuvo que acelerar sus preparativos matinales para no llegar tarde al instituto donde daba clases de Química. Cuando se estaba afeitando notó como un nudo en el estómago. ¿Qué le preocupaba? Se lo iba preguntando mientras conducía por una de las iluminadas avenidas de la ciudad. Tal vez fuera que no sabía la manera de introducir la tabla periódica a alumnos que, mientras él hablaba, escuchaban sus MP3 o jugaban con la Gameboy. Se había quejado de la situación al director y su único consejo fue que tuviera iniciativas pedagógicas al respecto y que no le complicara la vida que él seguía necesitando su suplemento de sueldo como director.

        Entró en su clase y tras decirle a Thomas, siempre Thomas, que dejara de colgarse de la lámpara sintió que su nudo en la garganta se iba apretando más. No supo cómo lo consiguió pero al cabo de diez minutos en cada silla había sentado sólo un alumno. Desenrolló un mural de la tabla periódica de los elementos en la pared. Fue cuando señalaba al Litio y justamente cuando una bola de papel rozó la patilla de sus gafas, haciendo como si fuera un movimiento postrero de baile cayó fulminado en el suelo.  Por una única vez en su etapa docente la clase quedó sumida en un silencio sepulcral durante unos minutos.

-¿Qué opinas Grissom?- le preguntó la guapa forense, mientras con un bisturí abría la epidermis de la garganta de Andrew, como si ésta tuviera una invisible cremallera, tumbado cuan largo era sobre la mesa de autopsias.

-Es la primera vez, en toda mi carrera en el C.S.I, que veo un caso de muerte por asfixia al formarse y apretarse un nudo en la garganta.

Francisco Ayala

Francisco Ayala

   Sí siempre es bueno celebrar un cumpleaños en este caso es algo especial, son los cien años de una persona viva, un escritor de prestigio y cuya vida que fue testigo privilegiado del siglo XX, la podemos seguir celebrando cuando ya hemos entrado, hace varios años en el XXI. Mi particular homenaje con este dibujillo.

Contaminación

Contaminación

   Nunca he fumado, pero si hubiera sido fumador estoy seguro que, a mi edad, ya lo hubiera dejado. Nunca me ha molestado en exceso el humo de los cigarrillos, pero con la nueva ley del tabaco debe ser que me estoy acostumbrando más a los ambientes libres de humo que cuando entro en uno ahumado me molesta mucho más que antes.

   No sé por vuestra tierra, pero aquí en todos los bares se deja fumar con lo que aprovechan algunos para echar todos los humos que no dejan en otros lugares. Por eso cada vez se me hace más insoportable entrar en los bares. Todos los jueves tengo que hacer una hora de espera por la tarde y aprovecho para entrar en uno a tomarme un café y leer tranquilamente. Pues bien, cada semana pruebo en uno diferente. En uno a la contaminación tabaquera de dos postadolescentes se sumaba la contaminación acústica de sus charlas y el aún peor contaminación de un olor agrio que impregnaba el ambiente. Y encima uno con el móvil dirigiendo la empresa a toda voz, probablemente si apagara el móvil y asomara la cabeza por la ventana le escucharían mejor.

  Otro día cambié de bar. En este era el único parroquiano a esas horas por lo que la atmósfera estaba despejada. Tenían un sillón cómodo y acogedor, pero no todo puede ser perfecto y la televisión gigante a toda potencia ponía videoclips. ¿Tan difícil es leer tranquilo en un bar mientras se degusta un café sin que me afecte la contaminación?

Ver más allá

Un día, como por casualidad, Fidel descubrió que al cerrar los ojos frente a alguien era capaz de entrar  y ver en el interior de esa persona. En un principio se sintió entusiasmado con esta nueva cualidad. Y, entonces, cuando estaba con alguien era capaz de saber lo que había detrás, de sus gestos, de sus miradas, de sus lágrimas, de sus enfados, de sus halagos, de sus sonrisas, de sus palabras …pero descubrió tantas máscaras e hipocresía que no pudo resistirlo. Y aquella aparente virtud se convirtió en un problema. Después de esto Fidel, por temor, no ha vuelto a cerrar los ojos y lleva despierto varios meses.

Avatares

  Mi compañero ha decidido alargar sus vacaciones, cosa de la que me enteré el lunes a las ocho de la mañana mediante un post-it pegado en mi pc de la oficina, y se ha tomado otra semana. Mala cosa ésta de que el lunes tenga que mentalizarme para estar solo otra semana de trabajo, no por el tema de la soledad sino porque al tener que hacerlo todo no tengo ni un minuto libre y la mesa va acumulándose de papeles que son imposibles de tramitar.

  Me veo trabajando con dos ordenadores a la vez, no sé por qué hay programas que sólo funcionan en uno de ellos, y dos teléfonos, sin contar el móvil, aparte de atender a la gente que se acumula frente al mostrador o al cartero que espera, nervioso, que le prepare la correspondencia. Por eso cuando llegan las dos de la tarde y cierro la puerta, intento hacerme consciente de mí mismo y me doy cuenta que en toda la mañana no he podido "pensar", sólo tengo tiempo para actuar, escribir a toda velocidad en el ordenador mientras tengo la oreja ocupada con el auricular del teléfono.

  Cuando salgo a la calle, me doy cuenta que ando como por inercia, hasta que las neuronas empiezan a funcionar regularmente sin la opresión del reloj que me impone estas sesiones laborales. No es raro, pues, que lleve unos días en que me cueste más escribir y sacar post de la chistera de mi cabeza...¡primero tendré que encontrar la cabeza!

Ignorantes pero simpáticos

      Desde que somos pequeño vamos conociendo a esa gente metepatas aunque de buen corazón. Los que para evitar lloros nos dieron un bombón ignorando que teníamos una gastroentiritis. Los que en el examen nos dejaban copiar las soluciones de los problemas y luego nos pillaba el profesor porque sólo dos alumnos pusieron tan gran barbaridad. Los que nos avisan que tenemos un muñeco de papel a la espalda y cuando giramos la cabeza tropezamos con un escalón y nos caemos de boca.  Los que nos advierten de una pareja que se morrea por la calle descaradamente, sin saber que ella es mi novia.

      Multitud de ejemplos de estos podríamos citar, pero un caso especialmente peligroso de estos es los que se supone que están informados y se dedican a la atención al público, quieren ser serviciales pero la ignorancia no les deja ir más allá de sus narices. Es el caso típico del que va a una ventanilla y le dicen: aquí no es pero vaya a la calle Z que es allí, cuando sólo se lo imagina. Y allí va el sufrido contribuyente de una oficina a otra sin que nadie le solucione su problema.El otro día a mi trabajo me llegó una señora de andar dificultoso y que, por culpa de individuos de estos, llevaba toda la mañana yendo de un lado a otro.

     Alguna vez cuando he salido a una calle del centro por la mañana la he visto llena de gente. Y he pensado ¿nadie trabaja? Pero después de experiencias de ese tipo, me pongo a pensar si muchos de los que caminan por las calles no serán sufridos des-informados que van de un lado a otro buscando ese lugar, esa persona que le solucione su, llega a pensar, irresoluble problema.

Día de la mujer trabajadora

Día de la mujer trabajadora

Desgraciadamente, todavía, muchas veces nos seguimos perdiendo en demasiadas palabras...

Encontra-dos

     El azar hizo que nos encontráramos hace tiempo. En un punto en el centro de la nada. Charlamos y nos conocimos y entre nosotros se creó una afinidad que nos llevó a descubrir que coincidíamos en bien poco. Nuestras opiniones a la vez que compartidas se radicalizaron y cada vez teníamos cada uno, más claro, que nuestra posición era la adecuada.

     Nuestros encuentros se convirtieron en líneas paralelas que siempre caminaban a la misma distancia, pero sin acercarse un ápice. Eso convertía nuestras charlas, a la vez, en cordiales y tensas y parecía extraño cómo seguían manteniéndose cuando la coincidencia era nula y aquel paralelismo originaba un cierto estiramiento por nuestra parte.

    Al fin un día me di cuenta que nos acercábamos, siempre estuve seguro que ese momento llegaría, y una vez más se cumplió la propiedad de las líneas paralelas y, al igual que ellas, tuvimos nuestro punto de encuentro y coincidencia...en el infinito.

Gotas de silencio

Gotas de silencio

    Hoy he estado totalmente sólo en mi trabajo. Una parte del edificio quedó vacía hace unos días y de los dos que estamos el otro ha marchado de vacaciones. Se me hace extraño trabajar rodeado de tantas gotas de silencio cayendo a mi alrededor. No porque lo huya, el silencio me gusta, pero a veces la mañana se hace larga y eso que el trabajo no me falta. De vez en cuando se interrumpe por alguien que llega hasta aquel, ahora, aislado lugar, que me pide que le solucione algún papeleo o le aclare una información. Cuando sus pasos van perdiendo sonoridad a medida que se alejan vuelven las gotas de silencio.

    Un silencio que todo lo invade y que me hace pensar que el silencio total no existe. Se interrumpe por esos ruidos imperceptibles que no solemos escuchar: el sonido de la impresora en reposo, las ramas de los árboles agitadas, el tecleo de un escrito que suena como el redoblar de unos tambores e, incluso en algunos momentos, me pareció escuchar a una mosca que respiraba cerca de mi oreja.

     Es difícil que el silencio lo invada todo y si pretendiéramos forzarlo a tal extremo llegaríamos, incluso, a escuchar el bombeo de la sangre que realiza el corazón, o el zumbido confuso del no-silencio. Lo malo es que no siempre coincide en los momentos que apetecería. Yo por si acaso estos días no llevaré chubasquero a trabajar y me dejaré empapar bien por las gotas de silencio que se derramarán sobre mí a lo largo de toda la mañana. Su humedad me puede venir bien para el resto del día.

Antes de mirar por la ventana

Antes de mirar por la ventana

Corazón helado,

manos húmedas,

sentimientos fríos,

sensibilidad agarrotada,

oídos taponados,

lengua dormida,

ojos velados,

pies quietos,

poros cerrados,

y quietud no escogida.

Al mirar por la ventana

vi que los almendros

estaban en flor,

noté unas alas a mis espaldas

y este vuelo hacia mi blog.

Problemas de no saber idiomas

Problemas de no saber idiomas

Regalos...

              La Junta de Andalucía últimamente está un tanto dadivosa como si le sobrara el dinero gastándolo en cosas un tanto "sui generis". En primer lugar van a dar, me parece que eran doscientos euros, a aquellos estudiantes de ciclos formativos que estudien cosas que no son habituales de su sexo. Por ejemplo una que estudie mecánica del automóvil o uno que estudie peluquería. La mitad se la dan al matricularse y la otra mitad cuando termine. Esto me parece algo absurdo, ¿qué se pretenderá con ello? ¿Tal vez que uno que fuera para mecánico con el señuelo de los doscientos euros se dedique a teñir cabelleras el resto de su vida? Me parece que hay maneras más prácticas de gastar el dinero y más bien se debería incentivar el aprovechamiento académico cualquiera que fuera el sexo del estudiante o la materia que estudiara.

           Otra de las ideas geniales es regalarle a todos los recién nacidos un maletin con un cd y un libro, como modo de incentivar a la lectura. ¿De quién? ¿Del recién nacido? Cuando este aprenda a leer cualquiera sabe donde está el dichoso libro. Me imagino al padre metiéndole prisas al niño para que aprenda a leer cuanto antes y se lo pueda leer, temiendo una inspección de la junta que le pida la devolución del maletín por no haberlo aprovechado convenientemente. ¿No habrá otras maneras más lógicas de motivar el acercamiento al libro?

           Da la impresión de que hay una mente genial que se dedica a pensar en cómo invertir el dinero, independientemente de su eficacia y mirando sólo la propaganda de los hechos. Cómo decía aquel: ¡qué hablen de mí aunque sea mal!

Escribir...

   El escritor es hermano del ilusionista y su arte consiste en hacer visible a los demás su mundo interior, pero debe hacerlo con cuidado, de forma íntima, discreta, sin la estridencia de lo evidente.

(Guillermo Samperio)

Historia-s

         A pesar de que fui de aquella generación que se tuvo que aprender aquella temida lista de los reyes godos, eso no me influyó negativamente para que desde adolescente me entusiasmara la historia y leyera mucho sobre ella en libros y enciclopedias, a pesar que en que aquella época algunas páginas de nuestra historia estaban escritas más bien como historietas.

        Pero si hay alguna historia que me apasiona es la historia de cada día, la reciente y la que han sufrido y vivido mis ascendientes o la mía propia. Lo que ocurre es que de todo esto me di cuenta tarde y en cuanto a la historia de mis ascendientes, por ley de vida, ya quedan pocos para poner aquellas historias por escritos y en cuanto a la mía intento recomponerla por escrito con la ayuda de mi memoria, por si dentro de unos años alguien hubiera que le interesara también la historia. Pero en este trabajo de reconstruir el pasado he encontrado una gran dificultad: mi memoria es buena y es capaz de traer al papel los acontecimientos y personas vividas, pero ¡qué difícil es re-vivir las sensaciones y sentimientos del pasado, siempre modificados por el paso inexorables de los años! Para tener más vivo lo que uno sintió ante uno de esos acontecimientos que cambiaron nuestra vida, hay que escribirlo casi al mismo tiempo que transcurren y no dejarlo "envejecer" que los matiza, los amolda o simplemente los convierte en políticamente correcto.

Una historia de la guerra civil que no va a gustar a nadie

Una historia de la guerra civil que no va a gustar a nadie

        Siempre me han gustado lo que he leído de Juan Eslava Galán, desde aquel ya lejano 1987 en que ganó el premio planeta por "En busca del Unicornio". De entre los muchos y variados libros de este licenciado en Filología Inglesa destacaría uno que me impresiónó muy favorablemente, "La lápida templaria", escrita con el sobrenombre de Nicholas Wilcox. A éste siguió, con dicho sobrenombre también una trilogía de novelas sobre los templarios. Hasta años después no se dio a conocer que ese desconocido escritor, aparentemente británico, y Juan Eslava se trataban de la misma persona.

        Este libro sobre la guerra civil no me ha decepcionado. Su lectura se hace atractiva y ayuda a ahondar y conocer muchos de los episodios y protagonistas de aquella trágica contienda en la que quedó tan de manifiesto la división de las dos Españas. Por sus páginas pasa toda una galería de personajes de los dos bandos, con sus grandezas y también con muchas de sus miserias. Numerosas fotos ayudan a ilustrar el texto y a poner cara a muchos de los nombres citados. Sí he encontrado algunas ideas repetitivas, aunque no sé si será una técnica del autor para que, pedagógicamente, quede más clara. He palpado en su lectura la cercanía de aquellos hechos que, aunque transcurridos ya setenta años, figuran, más de lo que imaginamos, inmersos en el subconsciente colectivo. El ser humano no cambia mucho a través de los años, los que cambian son las circunstancias, las historias se repiten y parte de los barros de hoy tienen su origen en aquellos oscuros lodos.

Felinofobia

Felinofobia

-Nunca me han gustado los gatos ni soporto esa estampa de sabihondos y astutos que se gastan. No aguanto cuando me miran con esos ojos que parecen que van a atravesarme más allá de mis entretelas. No me fío de sus andares sincrónicos y silenciosos  que me resultan hipócritas. Tampoco de esas uñas ocultas prestas a salir y arañar en el instante más inesperado. Me parece falsa su sinuosa elasticidad. No, mamá, no me convencerás a los gastos no quiero verlos ni en pintura.

-Pero hija, ¡a ese paso te quedarás soltera toda la vida! –repuso mamá gata alzando sus ojos rasgados al cielo, mientras suspiraba y pensaba que cada vez entendía menos a las gatas jóvenes.

¿Nacida prematuramente?

       El frío de la mañana hizo que se sacudiera entera. Y un ligero temblor le hizo estremecerse. Llegó a pensar si es que no había nacido demasiado pronto, cuando una gota de nieve, derretida, resbaló por sus pétalos como una lágrima y mecida por el aire,  cayó sobre el suelo, alegrando a una minúscula semilla que estaba brotando.

Paseo vespertino

Paseo vespertino

     El salió a la calle bastante saturado por el ambiente del día. Caminó sin rumbo fijo, simplemente hacia ese destino incierto al que le conducían sus pies. Y en este disperso camino al ritmo sincrónico de las suelas de sus zapatos, al doblar una esquina, fue cuando se topó con Ella.

     En un principio su presencia, casi olvidada, le sorprendió ya que, aunque la reconoció con prontitud, su imagen se le había desdibujado en la memoria. No tuvo tiempo de decidir si le gustó encontrarla, porque en seguida se colocó a su lado y, la verdad es que, tampoco El se esforzó mucho por desembarazarse de Ella. Caminaron uno junto al otro y fueron construyendo palabras en el aire que iban transformándose en un diálogo. El se sorprendió, una vez más, de lo bien que lo conocía. Ella empezó a cuestionarle muchas cosas, a desempolvarle recuerdos, incluso, en ocasiones, a incidirle dónde más le dolía. Pasearon entre el bullicio de los comercios, atentos a lo suyo, aislados de los demás como en una hermética burbuja. En algún momento El detuvo sus pasos, pero ya se encargó Ella de darle motivos para seguir andando. Al fin se pararon en un bar y pidió una cerveza. Ella le dijo a El que nunca tomaba alcohol. No sé por qué, penso El, pues nunca le había visto conducir. En algún momento a El le pareció sentir su caricia fría y despierta helándole los sentimientos, pero debía ser, más bien, consecuencia de la cerveza helada que fluía por su garganta. Cuando se levantaron la noche había apagado ya los colores pero, paradójicamente, Ella brillaba cada vez más en la creciente oscuridad. Siguieron caminando hacia la casa de El mientras las luces de la calle creaban sombras juguetonas sobre la acera. El la notaba íntimamente cercana, parecía que se le había adheridol con la misma fuerza que el percebe a una roca. Ya llegando a casa aquella presencia de Ella le estaba produciendo hartazgo. Con mano temblorosa  El abrió con la llave y cerró de golpe quedándose Ella en la escalera. Sintió que Ella le seguía llamando pero no cedió a sus ruegos.

   Al rato El fue consciente de que Ella, la soledad, ya se había marchado pero se hizo una pregunta que no deja de inquietarle: ¿cuándo volverá de nuevo?

Miedo a volar

        Tengo mucho miedo a volar.  Siempre lo he tenido.  No lo puedo remediar, pero eso de ver el suelo bajo mis pies me aterroriza .  Todo el mundo me dice que no es para tanto, que sólo es cuestión de relajarse y pensar en otra cosa, pero no terminan de convencerme.  Con lo tranquilo que se puede ir andando a todos lados... que se tarda más, ¡pues claro!  Pero, ¿para qué tenemos tanta prisa?   La vista desde arriba es preciosa, pero a mí ¡qué más me da, si me siento nervioso e intranquilo!  Creo que tendré que pedir ayuda sicológica a un profesional, sino a este paso acabaré sin conocer nada.
-¡Gaviotín! Deja de hablar sólo y ven para acá.
-¡Voy en seguida, mamá!
         Uf, me temo que vamos a empezar hoy más temprano la clase de vuelo. ¡Qué no me pase nada!