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El búcaro de barro

Escribiendo

La nao Victoria

La nao Victoria

         Ayer estuve visitando la réplica de la Nao Victoria, aquella embarcación que al mando de Juan Sebastián Elcano y con sólo dieciocho hombres famélicos arribó en 1522 al puerto de Sanlúcar de Barrameda tras realizar la primera vuelta al mundo. Al subirme en la nave, a pesar de que estaba el mar en calma, empezó a bambolearse. Y pensé como se atrevieron sometidos a mil peligros y tempestades a lanzarse a la aventura en aquella especie de cascarón.  Pero pensándolo bien también nosotros vivimos la gran aventura de la vida en la que nos movemos con no demasiados pertrechos y sometidos a los temporales y tormentas que las circunstancias nos traen. Tanto en la vuelta al mundo como al caminar en la propia vida, el hecho de convertirse en supervivientes depende en gran parte del factor suerte ¿o deberíamos llamarla mejor azar?

Entre volutas

Entre volutas

           Elvira se sentó en la silla de la cafetería, mientras su minifalda dejaba al descubierto unas largas y bien contorneadas piernas. Saca un cigarro de la pitillera y lo acomoda entre sus labios. Su mente empieza a trenzar recuerdos a través de las volutas del humo.

            Se acuerda de cuando conoció a Carlos en un viaje en tren con aquella sonrisa que, en pocos minutos, quebró sus defensas. Se sintió alborozada cuando, al despedirse, él le pidió su número de móvil y aún más cuando la llamó, al día siguiente, para invitarla a cenar en la que se convertiría en una mágica noche. No puede recordar los sabores de aquella comida aunque sí el brillo continuo de sus ojos que hacían palidecer la luz de las velas que había en la mesa. Tampoco ninguno de los olores que les rodeaban, pero no olvida el que emanaba, continuamente, de su piel fresca. Sus manos se encontraron y distrajeron cuando ella fue a coger el postre. Sus bocas se fundieron tras el soplo con que él apagó las velas. La salida del restaurante estuvo acorde con la torpeza que dan los grados alcohólicos añadidos al movimiento de dos caderas que pretenden caminar al unísono sin dejar espacio de separación entre ellas.

            A través del humo del cigarro, siguió viendo la puerta de aquel hotel que atravesaron entre risas. Sintió su mano fuerte desnudándola con la liviandad de una brisa y tiembla su cuerpo con las consecuencias de aquellas hábiles caricias que, desde entonces, quedaron prendidas a su piel. Durante horas sus cuerpos navegaron juntos en un océano de placer. Al principio en una mar rizada que, a medida que la navegación se hacía más insistente, se modificaba primero en vaivenes cada vez con más oscilación que se transformaron en olas de marfileña espuma que crecieron hasta límites inenarrables, desde la cresta de una de estas olas, ella le calculaba unos doce metros, fue desde la que cayó anegada de delicias en una bajada que hubiera querido eternizar mucho más de lo que duró. Nunca había vivido una sensación de tal intensidad. El agua se tornó calmosa y se refugió entre los brazos acogedores de Carlos. Vio, como él encendió un cigarro que sus bocas compartieron. Los humos de aquel cigarro se confundían con el que ahora tenía entre sus labios. Y luego, todo se esfumó en el aire. Se despidieron con un beso y  un "hasta pronto" que, todavía, transcurridos tres meses aún no se había logrado.

            Elvira lo pasó muy mal, no entendía cómo era posible desaparecer sin decir nada, cómo tras haberle hecho florecer un jardín lo había anegado, todo en un solo día. Se pasa sus dedos por el muslo pero no es capaz de reproducir esa caricia que tanto extraña. Lo llamó varias veces pero nunca descolgó el teléfono. Ayer, desesperada, le mandó un mensaje citándolo para hoy en este lugar. Elvira duda que aparezca pero guarda esa secreta esperanza, como una luminaria minúscula, en sus ojos marchitos por la soledad. Oye unos pasos a sus espaldas, debe ser Carlos, su corazón se acelera, la luminaria ahora le ocupa todo el iris. Una mano se deposita en su espalda, mientras una voz le dice:

-Perdone señorita pero en esta cafetería no está permitido fumar. ¡Ah! Lo siento no me había dado cuenta de que el cigarro lo tiene apagado.

La luz de aquel fanal acabó disolviéndose en la negrura de sus ojos.

Causas inimaginables

       Últimamente me han pasado un par de cosas con algunos objetos inanimados que paso a relatar. El primer caso fue con un televisor a través de la cual recibo la televisión por cable. Ocurría una cosa extraña cuando llevaba un rato puesto el televisor, perdía los colores y llegaba a oscurecerse totalmente la pantalla. Lo achaqué a que la televisión tiene ya casi diez años y le estaba fallando el tubo de imagen que al calentarse se le iba la luz.  Ya estaba pensando en llamar a un técnico para que la arreglara o, más drásticamente, el tirarla a un punto de reciclado. Menos mal que retrasé cualquiera de esas dos decisiones. Una tarde viendo la televisión con mi hija, de nuevo volvió a ocurrir en mitad de una película, pero mi enfado tornó en asombro cuando mi hija se levantó y moviendo levemente el decodificador de la televisión por cable, la televisión volvió a recuperar la imagen con toda nitidez. Es lo que hago cuando se deja de ver, me dijo simplemente. ¡Menudo ridículo si llamo al técnico!   

         El otro suceso fue con una persiana del trabajo. Es una persiana vieja y no me extrañó que fallara y, de pronto, quedara enganchada y no pudiera bajarse del todo. Probablemente alguna tabla rota o desenganchada, pensé. Pero después de lo de lo del televisor no me fío. Entonces mirando para arriba me di cuenta que un hilo del visillo se metía por el agujero por donde corre la cinta, atascándola. Saqué el hilo y funciona perfectamente la persiana.

          Estas cosas que me han pasado  con los seres inanimados en que el comportamiento de los mismos tenía causas que ni por un momento imaginaba me lleva a pensar que, con más razón, el comportamiento de los seres animados y especialmente el ser humano tiene un comportamiento que en la mayoría de las veces no podemos determinar las causas. Muchas veces la gente nos sorprende con unas actuaciones dificiles de comprender, que quizás si conociéramos las causas entrarían en el campo de lo comprensible. Lo complicado es educar ese sexto sentido que por encima de las actuaciones nos ayude a distinguir las verdaderas intenciones.

Tan real como en internet

        Acabo de leer una noticia en que habla de una mujer de 40 años en Londres a  la que han encontrado muerta delante de la televisión encendida. Eso no es lo que más me ha sorprendido, ya que viendo la ínfima calidad de algunos programas de televisión demasiado aguanta nuestro corazón, sino que hace dos años que ocurrió y hasta ahora no la han descubierto.
        ¿Tanta soledad acarreaba esta mujer que en esos dos años nadie se había preocupado de su desaparición? Tenía hermanas pero éstas no parece que se acordaran mucho de ella. ¿No tenía amigos o alguien que se interesara en felicitarle el cumpleaños o la navidad? Al parecer había sido víctima de la violencia doméstica y la habían refugiado en aquel piso, pero hasta los mismos Servicios Sociales no la volvieron a recordar. Fue justamente al romper la cerradura y entrar en el piso, por no pagar el alquiler, cuando descubrieron el cadáver.
       Poco a poco y sobre todo en las grandes ciudades se está perdiendo aquel concepto de vecindad que extendía a los vecinos una relación cuasifamiliar. Me pregunto si no hemos llegado en nuestra vida real al extremo al que se llega en Internet, que cuando alguien desaparece nos parece incluso “normal” el que no volvamos a saber, nunca más, de esa persona con la que, en muchas ocasiones, llegamos a compartir algo más que un rato de nuestra vida.

Hablar con las estrellas

Hablar con las estrellas

              ¡Qué difícil es aprovechar las oportunidades que nos brinda la vida para detenernos y conversar con las estrellas, que es uno de los caminos para encontrarse con uno mismo!

Palabras

       Las palabras son uno de los instrumentos fundamentales para cambiar el mundo. Eso lo saben bien los políticos, los chalanes, los que se dedican a las relaciones públicas y, sin ir más lejos, los que disfrutamos con ella en la lectura o jugamos con ella para escribir blogs o cualquier otra cosa. La escuela de escritores ha organizado un concurso, que dura hasta el 21 de abril, para elegir la palabra más bonita del castellano. Alli todo el que quiera vota por su palabra preferida. Yo pondré aquí la mía: 

ternura

     Es una palabra que me evoca cercanía, sensibilidad, complicidad y frescor y me gusta por tanto. ¿Cuál es la palabra que más te gusta a ti?

Sospecha

   Cuando ella le dijo al despedirse: "Tanta paz lleves como descanso dejas y, por favor, cierra la puerta por fuera".

    No supo por qué, pero empezó a sospechar que no le caía demasiado bien.

El gorrión y el ciruelo

-Anda que para ocho días que te han durado las flores, menudo trabajo el tuyo de soportar calor, fríos, viento y lluvia – le dijo el gorrión al ciruelo en el que estaba posado.

-Tienes razón, son sólo ocho días, pero doy por bien empleado ese esfuerzo de todo el año por disfrutar de esos ocho días y, además, olvidas que tengo el recuerdo de esos días y la certeza de que sé que, de nuevo, volveré a florecer- le respondió éste agitando las ramas y sonriéndole al viento, que acarició sus renovadas hojas, mientras le hacía un guiño.

Un nudo en la garganta

Un nudo en la garganta

         Andrew McGregor, de ascendencia escocesa, habitante desde hace varios años de las Vegas, se despertó con dolor de cabeza. El despertador no había sonado y tuvo que acelerar sus preparativos matinales para no llegar tarde al instituto donde daba clases de Química. Cuando se estaba afeitando notó como un nudo en el estómago. ¿Qué le preocupaba? Se lo iba preguntando mientras conducía por una de las iluminadas avenidas de la ciudad. Tal vez fuera que no sabía la manera de introducir la tabla periódica a alumnos que, mientras él hablaba, escuchaban sus MP3 o jugaban con la Gameboy. Se había quejado de la situación al director y su único consejo fue que tuviera iniciativas pedagógicas al respecto y que no le complicara la vida que él seguía necesitando su suplemento de sueldo como director.

        Entró en su clase y tras decirle a Thomas, siempre Thomas, que dejara de colgarse de la lámpara sintió que su nudo en la garganta se iba apretando más. No supo cómo lo consiguió pero al cabo de diez minutos en cada silla había sentado sólo un alumno. Desenrolló un mural de la tabla periódica de los elementos en la pared. Fue cuando señalaba al Litio y justamente cuando una bola de papel rozó la patilla de sus gafas, haciendo como si fuera un movimiento postrero de baile cayó fulminado en el suelo.  Por una única vez en su etapa docente la clase quedó sumida en un silencio sepulcral durante unos minutos.

-¿Qué opinas Grissom?- le preguntó la guapa forense, mientras con un bisturí abría la epidermis de la garganta de Andrew, como si ésta tuviera una invisible cremallera, tumbado cuan largo era sobre la mesa de autopsias.

-Es la primera vez, en toda mi carrera en el C.S.I, que veo un caso de muerte por asfixia al formarse y apretarse un nudo en la garganta.

Ver más allá

Un día, como por casualidad, Fidel descubrió que al cerrar los ojos frente a alguien era capaz de entrar  y ver en el interior de esa persona. En un principio se sintió entusiasmado con esta nueva cualidad. Y, entonces, cuando estaba con alguien era capaz de saber lo que había detrás, de sus gestos, de sus miradas, de sus lágrimas, de sus enfados, de sus halagos, de sus sonrisas, de sus palabras …pero descubrió tantas máscaras e hipocresía que no pudo resistirlo. Y aquella aparente virtud se convirtió en un problema. Después de esto Fidel, por temor, no ha vuelto a cerrar los ojos y lleva despierto varios meses.

Encontra-dos

     El azar hizo que nos encontráramos hace tiempo. En un punto en el centro de la nada. Charlamos y nos conocimos y entre nosotros se creó una afinidad que nos llevó a descubrir que coincidíamos en bien poco. Nuestras opiniones a la vez que compartidas se radicalizaron y cada vez teníamos cada uno, más claro, que nuestra posición era la adecuada.

     Nuestros encuentros se convirtieron en líneas paralelas que siempre caminaban a la misma distancia, pero sin acercarse un ápice. Eso convertía nuestras charlas, a la vez, en cordiales y tensas y parecía extraño cómo seguían manteniéndose cuando la coincidencia era nula y aquel paralelismo originaba un cierto estiramiento por nuestra parte.

    Al fin un día me di cuenta que nos acercábamos, siempre estuve seguro que ese momento llegaría, y una vez más se cumplió la propiedad de las líneas paralelas y, al igual que ellas, tuvimos nuestro punto de encuentro y coincidencia...en el infinito.

Antes de mirar por la ventana

Antes de mirar por la ventana

Corazón helado,

manos húmedas,

sentimientos fríos,

sensibilidad agarrotada,

oídos taponados,

lengua dormida,

ojos velados,

pies quietos,

poros cerrados,

y quietud no escogida.

Al mirar por la ventana

vi que los almendros

estaban en flor,

noté unas alas a mis espaldas

y este vuelo hacia mi blog.

Felinofobia

Felinofobia

-Nunca me han gustado los gatos ni soporto esa estampa de sabihondos y astutos que se gastan. No aguanto cuando me miran con esos ojos que parecen que van a atravesarme más allá de mis entretelas. No me fío de sus andares sincrónicos y silenciosos  que me resultan hipócritas. Tampoco de esas uñas ocultas prestas a salir y arañar en el instante más inesperado. Me parece falsa su sinuosa elasticidad. No, mamá, no me convencerás a los gastos no quiero verlos ni en pintura.

-Pero hija, ¡a ese paso te quedarás soltera toda la vida! –repuso mamá gata alzando sus ojos rasgados al cielo, mientras suspiraba y pensaba que cada vez entendía menos a las gatas jóvenes.

¿Nacida prematuramente?

       El frío de la mañana hizo que se sacudiera entera. Y un ligero temblor le hizo estremecerse. Llegó a pensar si es que no había nacido demasiado pronto, cuando una gota de nieve, derretida, resbaló por sus pétalos como una lágrima y mecida por el aire,  cayó sobre el suelo, alegrando a una minúscula semilla que estaba brotando.

Miedo a volar

        Tengo mucho miedo a volar.  Siempre lo he tenido.  No lo puedo remediar, pero eso de ver el suelo bajo mis pies me aterroriza .  Todo el mundo me dice que no es para tanto, que sólo es cuestión de relajarse y pensar en otra cosa, pero no terminan de convencerme.  Con lo tranquilo que se puede ir andando a todos lados... que se tarda más, ¡pues claro!  Pero, ¿para qué tenemos tanta prisa?   La vista desde arriba es preciosa, pero a mí ¡qué más me da, si me siento nervioso e intranquilo!  Creo que tendré que pedir ayuda sicológica a un profesional, sino a este paso acabaré sin conocer nada.
-¡Gaviotín! Deja de hablar sólo y ven para acá.
-¡Voy en seguida, mamá!
         Uf, me temo que vamos a empezar hoy más temprano la clase de vuelo. ¡Qué no me pase nada!

Palabras jartibles

Palabras jartibles

        Hay palabras que, de pronto, la actualidad parece que las hace surgir de la nada, algunas prácticamente en desuso y otras inexistentes. Entonces se convierten en parte nuestra habla común, por ejemplo: insurgentes, tripartito, género, … y llegan, en ocasiones, a resultar un tanto jartibles.

Eso ha pasado recientemente en Cádiz con la palabra ALCORQUE, una palabra de posible etimología árabe y de la que poca gente conocía su significado. En el diccionario de la Real Academia Española se define como: "Hoyo que se hace al pie de las plantas para detener el agua en los riegos".

Todo se ha iniciado al peatonalizar una de las calles del centro de Cádiz que es paso habitual de los desfiles procesionales. La antigua carretera del centro de la calle ha desaparecido y una vez enlosada se han puesto a lo largo de todo el centro una serie de alcorques donde irán colocados los árboles. Ese ha sido el detonante para que muchos se hayan echado las manos a la cabeza por el gran disparate urbanístico que ahora obligará a las procesiones a pasar por el lado de la calle, en vez de por el centro. Ello ha originado reuniones de distintos colectivos, artículos periodísticos, visitas a las obras con fotos incluidas,  intercambios de opiniones al respecto y posicionamientos a favor y en contra de los citados alcorques. Ya sólo queda la convocatoria de una manifestación por el paseo de la Castellana de Madrid.

Que verdad es ese refrán español que dice “Cuando el diablo no tiene nada que hacer se dedica a matar moscas con el rabo”. Si algunos estuvieran más ocupados probablemente la gran mayoría de los gaditanos seguiríamos desconociendo el significado de dicho vocablo. ¿O tal vez debíamos estarles agradecidos por enriquecer nuestro vocabulario?

(en la imagen una foto de uno de esos alcorques sacada en la clandestinidad y nocturnidad)

Los primeros pasos

Los primeros pasos

        Siempre es emocionante ver a un niño dar sus primeros pasos. Cuando vemos esa figura menuda con esas nalgas engordadas por los correspondientes dodotis, que se alza de manera inverosímil sobre sus dos pies y empieza a andar de manera titubeante. Al principio tal vez caiga, rebajada su caída por los brazos de su madre, para volver a levantarse, impertérrito, oscilante, admirablemente, para ir trazando sobre el suelo un rastro invisible con el dudoso equilibrio de esos pasos casi mágicos. La madre estará atenta hasta que su atención se rebaja cuando ve como esos pasos, que se convierten en firmes, van iniciando a ese niño en su camino en la vida.

       Unos pasos que, cada vez, caminarán más seguros. Al poco tiempo no necesitarán ni esas manos de  la madre, ni la mirada que le sigue. Y un día saldrá solo por la vida y ya sabrá caminar muy rápido e incluso correr. Pero aquella seguridad en el camino habrá días que vuelva a flaquear, sobre todo cuando aparecen otros muchos pasos que interferirán los suyos y tendrá que encontrar la forma de rodearlos para no tropezarse. Y tal vez algún día, se detenga y al mirar a su alrededor, no sepa por qué le venga una cierta nostalgia de aquel día en que su paso vacilaba y tenía unas manos acogedoras y seguras donde poder agarrarse. Hay quien me dijo un día que encontró esas manos en las que, en ciertos momentos, poder abandonarse.  Y es que, a veces sienta muy bien, eso de dejar descansar los engranajes mentales que continuamente nos preocupan y dejar que se mezcan  en los brazos de esa persona a la que queremos.

Serendipity

Serendipity

Es un término anglosajón que se podría traducir como:"La facultad de hacer, por casualidad, descubrimientos afortunados e inesperados" (Oxford Avanced Dictionary 1974). Sería esa capacidad, facultad o don de descubrir cosas no buscadas. Y esos descubrimientos en parte tienen que ver con la sagacidad y preparación del que busca y en parte-y eso es lo que importa- no guarda relación entre causa y efecto. Y en todo caso no sólo son fortuitos sino que resultan positivos: agradables, útiles, asombrosos, novedosos, etc.

Muchos de los descubrimientos científicos (principio de Arquímedes, Ley de la Gravedad de Newton, estructura química del benceno de Kekulé...) se descubrieron por accidente, por serendipity.

Algunas actitudes o características a tener en cuenta para desarrollar una educación serendípica

1)Capacidad de asombro e iluminación: Sería la habilidad de dejar que las cosas sucedan, de saber dar la bienvenida a lo que se presenta, e incluso de sentirse a gusto con situaciones en que parece que uno va perdiendo el propio control. Este estado está acompañado de una profunda alegría y gran entusiasmo.

2)Capacidad de silencio interior: El ruido y la palabrería nos aturden y huimos del silencio reflexivo o admirativo, del silencio interior que acoge no sólo pensamientos y acciones sino también sentimientos, presencias y soledades. Debemos potenciar ell "darnos cuenta" si queremos estar abiertos a nuevas sensaciones, percepciones y sentimientos más allá de los habitualmente conocidos y por ello poco saboreados.

3)Capacidad de atención corporal: Serendipity tiene que ver con intuiciones y descubrimientos que -en gran parte-tienen como base toda mi corporalidad en su globalidad y detalle. Todos están de acuerdo en que el cuerpo proporciona una sabiduría distinta de la mente, pero sólo las que la practican consiguen estar preparados para descubrimientos serendípicos.

4)Capacidad de descubrir lo gratuito: Es una invitación a aceptar la realidad como lugar de encuentro sorpresivo y agradecido, como un don ofrecido continuamente en el día a día a quien tiene ojos o sensibilidad para descubrirlos y vivirlos así.
(Ideas extractadas de un artículo de Carlos Alemany)

Cuando leí estas ideas me impresionaron especialmente, sobre todo porque me ilusionó el hecho de "serendepitar" mi cotidianeidad. Me he dado cuenta que esta experiencia de serendipity la he notado muchas veces: en decisiones que me hicieron ir por un determinado camino, en un encuentro con una persona que me transformó la vida, en la lectura de un libro que me iluminó perspectivas nuevas, en alguien que conocí por casualidad a través de la web, en un gesto que me reveló algo sorprendente... Tenemos que cultivar esta actitud y capacidad para no perder esas valiosas oportunidades. Hay una película con ese título "Serendipity", me pareció un tanto bobalicona aunque también trata este tema de casualidades afortunadas.

¡Qué tu vida se "serendipitice"!

Comunicándose

Desde los albores de la humanidad y una vez emitido el primer UGGG, los seres humanos buscaron la forma de comunicarse cuando estaban alejados. En principio sólo fue gritar más fuerte, pero cuando la distancia aumentó hubo que buscar otras formas de lograr qu se mantuviera la comunicación, entre estas puedo citar a algunas:

-La más instantánea: el sms.

-La más original: el silbo gomero.

-La más desesperada: el mensaje en una botella.

-La más contaminante: las señales de humo.

-La más rítmica: el tam-tam.

-La que se va perdiendo: la carta.

-La que depende de la meteorología: señales con espejos.

-La más cómoda: el correo electrónico.

-La que más interrumpe: el teléfono.

-La más sutil:el abanico.

Pero estas y todas las maneras que se nos puedan ocurrir de comunicarnos entre dos personas no valdría para nada, si esas dos personas, previamente, no tuvieran ambos corazones tocando una sutil música en la misma tonalidad. Si no fuera así por mucho que hablaran, nunca se llegaría a una verdadera comunicación.

 

 

Buscando el silencio

Aquel hombre aturdido por el ruido exterior decidió buscar y sumergirse en el silencio. Pero se equivocó y acabó encerrándose en sí mismo. Y a medida que profundizaba, el creía que en el silencio, el mundo se iba cerrando a su alrededor, sin apenas dejar resquicio con el que comunicarse con el exterior, hasta que llegó un momento que estaba totalmente aislado. Le parecía que disfrutaba y se estaba oxigenando del sosiego, pero en aquel mundo cerrado, cuanto más pasaba el tiempo, el oxigeno se iba transformando en CO2 sin posibilidades de regeneración. Llegó un momento en que se le hizo difícil respirar, el dióxido de carbono se lo impedía y ello de menos el ruido, pero ahora le resultaba complicado encontrar una salida de allí. Dio cabezazos, patadas contra las paredes, hasta que abrió un agujero y dio un largo y prolongado grito.

-Qué le gusta a la gente el ruido, con lo bonito que es el silencio-pensó uno, que pasó por allí y estaba empezando a encerrarse en sí mismo.