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El búcaro de barro

Leyendo

Leyendo

     Contra lo que suele ser habitual, no es el verano la época en la que más leo. Me resulta más sencillo durante la rutina laboral del curso, encontrar ese rato, tan necesario como sosegante, para introducirme en la lectura de un libro. Raramente suelo leer sentado en un sillón. Si el libro es para trabajar prefiero hacerlo sentado frente a una mesa y con la mano derecha armada con un bolígrafo y si es para leer hay una hora durante el día en que me gusta especialmente. Es la hora de Vísperas, ese momento en que la luz declinante del sol deviene en trémula y el duro esfuerzo del día parece sosegarse y volverse sobre sí mismo. Desciendo la persiana de mi dormitorio a media altura y dejo que el sol juguetee con las rendijas, mientras me tiendo en la cama y saboreo el descanso horizontal en mis piernas. Alzo mi cabeza con una almohada, me pongo las gafas de cerca y abriendo el libro dejo que mis ojos persigan sus líneas, casi amorosamente, hasta que la luz natural se ausenta y los primeros sonidos de la noche murmullean al otro lado de la ventana. Me levanto, entonces, con esas nuevas fuerzas que dan las letras, dispuesto a dar ese último impulso a lo que queda de día, antes de dejarme vencer por el cansancio de toda la jornada.

Lamento póstumo

Lamento póstumo

"Se nos va la vida", decías mirándome

debajo de un naranjo y del azul del cielo.

Tus labios oliendo a azahar

invadieron de besos,

jugosos y mágicos, llenando de caricias

nuestro primer encuentro.

 

Tus manos fuertes se asieron a las mías.

Me tragaban tus ojos lanzándome destellos

y brotaron mil sensaciones

que pensé ya durmiendo.

El adiós esperado, que separó destinos

se convirtió en eterno.

 

Rendido por tu ausencia, frente al mármol,

lloro solitaria ante los crisantemos.

Arrepentida de temores

y de todos mis miedos,

porque no conseguí saltar, lanzándome al vacío,

para decir ¡te quiero!

El blog del inquisidor

El blog del inquisidor

   Un libro diferente a lo que tengo acostumbrado leer de Lorenzo Silva, en el que internet tiene un papel fundamental, ya que gran parte del libro es usando el género literario del chat, que recuerda a aquellas obras de teatro donde sólo había diálogos. La diferencia respecto al teatro es que en estos diálogos es fundamental el uso del ordenador y otra cosa fundamental: los interlocutores están muy distantes en el espacio y no se ven los ojos... 

    Una historiadora escocesa encuentra un blog en internet que se llama Cuaderno del inquisidor. Habiendo investigado sobre el Tribunal del Santo Oficio este blog le llama la atención. En él se hace referencia a un proceso acaecido en el siglo XVII. Ella se pone en contacto con el autor y entre los dos, manteniendo las distancias, se establece una cierta corriente de simpatía.

    Aunque a veces el lenguaje se hace complicado por el uso de términos poco habituales y del ámbito judicial, la historia llega a enganchar.

"Busqué una historia ajena porque no tengo la naturalidad que tú tienes para hablar de mis propias cosas. Un día me dijiste que eso quería decir que me avergonzaba de lo que había sido o había hecho y no te lo negué. Es una de las razones que me mueven a ser reservado con lo que a mí se refiere y a preferir ocuparme de las andanzas de otros. Pero no la única. Quizá tampoco la principal. Podríamos discutir qué sentido tiene contar una historia: mal mirado no es más que gastar o perder el tiempo, limitado, que podamos destinar a vivir."

Abducido?

Abducido?

    Logré resistir las discusiones futbolísticas en plena esfervescencia del Mundial del fútbol. No vi ni un solo minuto de los partidos, durante la final entre España y Holanda estuve paseando por la orilla del mar. Entonces, me pregunto ¿qué hago yo, aquí, en la plaza Mayor de Salamanca, escuchando, aplaudiendo y homenajeando a Vicente del Bosque? ¿Habré sido abducido por alguna extraña fuerza?

Si vas a Salamanca...

Si vas a Salamanca...

...desde el sur y en coche, la autovía de la Plata es una buena opción, una buena y tranquila carretera. Las áreas de servicio son más bien escasas, aconsejo la salida 730 cerca de Monasterio al pie de la misma.

...como alojamiento aconsejo el hotel que hay en la calle Álava nº 8. Muy fácil de llegar con el coche y dispone de aparcamiento. Lo suficientemente lejos para que no moleste el bullicio del centro y lo suficientemente cerca, unos ocho minutos, de la plaza Mayor.

...ponte unos zapatos cómodos y disponte a andar y a asombrarte en cada rincón.

...el arte y la historia de sus monumentos te transportarán a otro tiempo, es una ciudad donde se puede soñar sin temor a que te rompan los sueños. Y no te olvides de conocer las leyendas que aderezarán el conocimiento y hará que permanezcan los monumentos en la memoria.

...y te gusta la literatura, te podrás topar con el Lazarillo de Tormes, evocar en un hermoso jardín los amores de Calixto y Melibea, sentarte en el café Novelty junto a Torrente Ballester, conocer la plaza en la que nació y vivió Carmen Martín Gaite, recorrer a paso lento los rincones por donde paseaba Miguel de Unamuno, detenerse ante la casa de Antonio de Nebrija o traspasar el aula de Fray Luis de León y en el silencio, aprovechar cuando no haya turistas, escucharle decir "como decíamos ayer..."

...infórmate por internet de los horarios y visitas gratuitas, dependen del día de la semana, de los distintos monumentos, lo que puede suponer un sensible ahorro. Por ejemplo la Universidad es gratis los lunes, la catedral vieja es gratis los martes (hasta las doce de la mañana).

...y quieres llevarte "recuerdos" gastronómicos no te olvides del hornazo y de las raquetas.

...el paseo en el tren que sale de la Plaza de Anaya te dará una visión global del casco histórico y de algunas de las cosas que puedes ver.

...todo el mundo te hablará y conoce la rana, que la verás hasta en la sopa, pero poca gente conoce la tortuga pequeña que está en la puerta de metal, hoy un restaurante, que hay bajo la casa de las Conchas.

...si pasas por los mismos sitios a distintas horas, la luz del sol jugueteando con las piedras te hará ver escenas muy diferentes. Sobre todo no te pierdas el color de la piedra al atardecer o iluminadas en la noche.

...piérdete por las orillas del Tormes, cruza por debajo del puente romano y deja a las aguas del río que te hablen.

...no intentes ver todo, porque cuando vuelvas a ir siempre encontrarás cosas nuevas que ver y admirar.

...ten cuidado porque como dice en el licenciado Vidrieras de Cervantes, "enhechiza la voluntad de volver a ella a todos los que de la apacibilidad de su vivienda han gustado".

Arráncame la vida

Arráncame la vida

   Novela escrita por la escritora mejicana Angeles Mastretta y que fue llevada al cine en el año 2008. Con su prosa siempre fluida y envolvente la autora nos cuenta la historia de Catalina quien se casa con el general Andrés Ascencio, quien va ascendiendo en la vida política mexicana y ella va despertando a una vida de pasión y lujo. Ella va descubriendo que teniendo tantas cosas materiales carece de ese soplo necesario de aire fresco que hace posible que la vida valga la pena vivirla. De la mano de Catalina y en forma de monólogo nos va conduciendo por una historia bien urdida que tiene ingredientes de todo tipo.

"Emilito volvió con Georgina Letona, que le perdonaba todas y le había aguantado un noviazgo de ocho años. Era bellísima y lo quería como una boba. No recuerdo a nadie con sus ojos. Tenía las pestañas apretadas y oscuras, unas cejas como dibujadas y en el centro dos bolsas color miel idénticas al pelo que le caía hasta los hombros. Nunca la oí carcajearse: sonreía. Enseñaba los dientes pequeños y parejos bajo los labios abiertos con una espontaneidad que daba envidia.

   Lilia y yo los encontramos una vez caminando por Reforma cogidos de la mano. Cuando estaba con ella, Emilito perdía el gesto de idiota con que lo recuerdo".

Mientras...

Mientras...

...todos esperaban que entrara el gol, yo esperaba que entrara el sol. Total, de gol a sol no hay tanta diferencia, sólo una letra.

Rarezas

Rarezas

   Como todo el mundo tengo unas ciertas rarezas que me acompañan habitualmente en mi vida cotidiana. Hay épocas en que deben estar más acentuadas y circunstancias en las que no soy ni siquiera consciente de ello. Ayer fue una tarde de esas. Al llegar la tarde salí a pasear por una playa insólitamente solitaria, disfrutando de los mil colores del ocaso e incluso del viento que creaba pequeños remolinos de arena y peinaba la superficie del mar.

       La consciencia de mi rareza vino esta mañana, cuando todo el mundo comentaba un  partido de fútbol que hubo ayer y del que no vi nada. ¿Es posible que no vieras el partido? Pero si en mi casa todos saltábamos con los nervios, me decían señalándome con el dedo, como si acabara de aterrizar del platillo volante, llegado de otro mundo interestelar. Me miraban con cara rara, porque esas teóricas vibraciones que produce no habían surtido efecto alguno sobre una sensibilidad que debía tener atorada.

            Luego fue al ver las noticias, toda la pantalla se llenó de rojo y no había más noticias en nuestro país. Gente que se había lanzado a la calle a jalear con otros ese gol. Y a algunos que vaticinando el sesgo que puede dar a sus vidas el que España sea campeona del mundo, ya decían que se iban a rapar la melena ¡¡¡!! si se conseguía.

               Ante tanta rareza estuve tentado de acudir a un especialista, para decirle que no me gustaba el fútbol, si tenía solución. Aunque por otro lado cuando lo pienso fríamente, sigo concluyendo que gane o pierda, a mí me van a seguir descontando de mi nómina, la crisis seguirá (incluso con menos dinero por todo lo que nos estamos gastando allí) y que mi alegría me gusta demostrarla de otra manera que con gritos y saltos y no uniéndome a un jolgorio colectivo que no me parece que sea demasiado razonable. Otro tipo de logros celebraría yo más en nuestro país que ser más hábiles que el resto jugando a la pelota. Vale, respeto al que le gusta el fútbol, a pesar de que ciertos ruidos y estruendos rasguen la noche con más contaminación acústica de la soportable, pero, por favor, respétenme a mí y no se sientan molestos si el domingo, a la hora de la final, me observan paseando solitario por la playa, disfrutando con la contemplación del mar.

La cúpula del mundo

La cúpula del mundo

     En su última novela Jesús Maeso, con esa deleitante prosa a la que nos tiene acostumbrado, nos introduce en la corte del rey Alfonso X el Sabio.

      El rey Alfonso aspira a convertirse en emperador y entre las alianzas que realiza hay una con el rey Haakon de Noruega, por la que éste envía a su hija para casarse con uno de los hermanos del rey. El protagonista de la historia no va a ser el rey sino Beltrán Sina, un médico de almas (sicólogo), que formará parte de la expedición castellana que irá a Noruega a traer a la corte a la princesa Cristina. En este ajetreado viaje de ida y vuelta tardará más de un año, en el que llegará a enamorarse de la princesa. Una hermosa historia de amor imposible, que atraviesa toda la narración, porque en aquellos tiempos la relación entre una noble y un plebeyo podía conducir a éste inexorablemente a la muerte. No fue el caso de Beltrán, aunque si estuvo preso de las terribles mazmorras del rey de Granada.  Las intrigas se suceden no sólo a nivel cortesano, sino a nivel internacional y caudales de oro circulan buscando apoyos políticos.

      Los sustantivos empleados por el autor enjaezados con variedad de adjetivos, son muy capaces de revivirnos el ambiente de la Edad Media y hasta parece escuchar los cascos de los caballos que se nos acercan. Esta historia amorosa, intrigante, aventurera con visos de histórica, no puede por menos de atrapar en su lectura.

El primer día

El primer día

          Tras diez meses, a modo de un larguísimo embarazo, al fin llegó este día tan esperado. Durante este tiempo ha habido de todo: expectación, ilusión, sofocos, desesperación, afonías, noches sin dormir, sonrisas, desánimos, dudas, lágrimas, sosiego… Siempre les quedará la incógnita de si tanto esfuerzo valió la pena, aunque cuando miran atrás no les cuesta trabajo darse cuenta de aquella antigua semilla, que en otras tierras se plantó, cómo hoy ha dado su fruto. Ha sido un tiempo sobre todo de relación humana, de saber buscar las vueltas para despertar y azuzar eso que llevan dentro. A veces  el camino ha sido fácil en otras ocasiones tan penoso como si se subiera una gran pendiente y en esta última semana, desesperados, sumidos en las dudas de última hora  y en la burocracia administrativa. Hubo momentos en que, incluso, la tentación de tirar la toalla fue más acentuada de lo habitual. Cuando comenzaron en ello siempre supieron que no sería fácil, aunque la ilusión que los empujaba estaba dispuesta a saltar por los mayores obstáculos. El tiempo transcurrido matiza las ilusiones aunque, a cambio, afina las armas de la experiencia,

             Hoy al fin, empiezan las tan envidiadas como necesarias y merecidas vacaciones de los admirados enseñantes. Ojalá que sea un buen momento para recuperar esas fuerzas necesarias que nuestros hijos, en septiembre, agradecerán.

Sueños

Sueños

        Puedo aguantar mucho tiempo sin comer, pero no consigo que pase un día sin avivar y disfrutar de mis sueños. El soñar es un aderezo imprescindible en nuestra vida y un contrapunto a una cotidianeidad que muchas veces se nos muestra con una complicación y una dureza inmutable.  Los sueños, a su vez, tienen que ir cargados de un cierto realismo utópico que nos permita distinguir los que son posibles de los sueños imposibles. No hay duda de que los más maravillosos son los imposibles, aquellos que sabes que nunca alcanzarás, por mucho esfuerzo que pongas en ellos. Y que en cuanto les acercas tus manos se disuelven entre tus dedos. Aunque el ser consciente de ello no debe desanimarnos para que dejemos de soñarlos.

          El esfuerzo y la habilidad que ejercitamos en los sueños imposibles, orientan nuestra capacidad de soñar y, muchas veces, nos conduce hasta los sueños impensables. Esos sueños que nunca se nos hubiera ocurrido ni imaginarnos y que, sin embargo, cuando los conseguimos, como un regalo imprevisible, son muchos más maravillosos que el mejor de los sueños imposibles.

          Y esto no me lo ha dicho nadie, simplemente me lo ha enseñado la experiencia de la vida.

 

De museos

De museos

    Siempre me han impresionado de Madrid sus museos y me ha gustado visitarlo. Recuerdo de mi primer viaje a Madrid, cuando tenía 6 años, la visita al museo del Prado y del dolor de pies que me entró, recorriendo aquellos largos pasillos que nunca parecían terminar. ¿Quién me iba a decir que años después, cuando vivía allí, lo iba a conocer de maravillas, usándolo como cálido refugio en aquellos inviernos en que vivía en un piso sin calefacción?

    Esta vez la visita fue al Museo Thyssen en el Paseo del Prado y en el que nunca había estado. Me sorprendió gratamente la colección, muchos cuadros de conocidos pintores, que está situada en un Palacio de Villahermosa modélicamente restaurado.

    Disfruté mientras paseaba, como hago en todos los museos, fijándome no sólo en los cuadros sino en todo aquel entorno que me rodeaba: en las paredes color cazuela en la que pendían los cuadros, en el eco sonoro de las salas solitarias del sonido de mis zapatos asíncronos, en las distintas miradas de los que me cruzaba (aburridas, expectantes, asombradas, despistadas...). La visión de algunos cuadros la oteé como hace una mosca que pasa veloz frente a ellos, otros me detuve en detalles que me llamaron la atención y algún otro, aprovechando los cómodos bancos que agradecían mis riñones, los contemplaba entre embelesado y sosegadamente.  Me fijé en los vigilantes de la sala, siempre he pensado que es un trabajo de observador que daría para una larga novela que se podía desarrollar durante años en los pocos metros que ocupan la sala.

     Pasé por la tienda de recuerdos, raudo y veloz porque no se me suele antojar eso que llaman recuerdos, para eso tengo mi memoria. Terminé mi paseo deseoso de escribir algunas ideas que se me habían ocurrido, tal vez era el esqueleto de este post y me senté en una de las mesas de la cafetería que tiene en la planta baja. Había sobre la mesa un extraño aparato, con pinta de cenicero, que al parecer apretando un botón aparecía un camarero, aunque para evitar situación ridícula acudí al clásico: por favor puede venir? Escribí mientras bebía esta Coca-Cola de la foto. Cuando me trajeron la cuenta, examiné la botella, le di vueltas del derecho y del revés, intentando descubrir en ella una firma, que no veía, de algún famoso escultor. Pero no, era una clásica botella de la famosa marca. Entonces, ¿cómo es posible que tuviera que pagar por ella 2,85 €?

En la gran ciudad

En la gran ciudad

    Por razones de trabajo, he pasado unos días en Madrid. Siempre me ha gustado esta ciudad, en la que residí durante cuatro años, no para vivir, aunque sí para venir unos días con el billete de vuelta a mi tierra en el bolsillo. Recorro caminos ya conocidos y veo cómo han evolucionado y descubro otros rincones nuevos que siempre causan mi admiración y mi sorpresa.

    Me reencuentro con viejos amigos y sobre todo paseo mucho, como si mis pies estuvieran dotados de alas, fijándome en la gente con la que me cruzo y en esos tics tan habituales en la gran ciudad que sólo captamos los que procedemos de latitudes más tranquilas.

     Al llegar la noche llegaba al hotel con el cansancio como compañero y al echar un vistazo a través de la ventana, veía este edificio de la maternidad al otro lado de la calle. No hay duda, por su gran letrero, de lo que es. A pesar de ser tarde,siempre se divisaban personas esperando en aquellas salas iluminadas. No era difícil imaginar la esperanza, el miedo, la ilusión, el tedio...que podrían embargarles a aquellas horas. Volvía a asomarme con las primeras luces del amanecer. Ahora aquellas salas aparecían silenciosamente solitarias. Tenía un recuerdo para aquellos antiguos vecinos de enfrente de aquella noche, deseándoles que ojalá ahora fueran un poco más felices que entonces.

La última cima

La última cima

    Una película sin duda distinta y que no deja indiferente. No es una película sino un documental dirigido por Juan Manuel Cotelo en el que nos narra la vida y muerte del sacerdote Pablo Domínguez, quien murió en una ascensión al Moncayo, el decía que quería morir en la montaña, a la edad de 42 años.

     A través de sus amigos, de su familia, descubrimos la excepcional personalidad de este joven sacerdote, con un gran talante intelectual y humano. Un reportaje que en muchas escenas no deja de emocionar y que, en el fondo, nos acerca a la vida, tan simple como llena, de un cura. Más información sobre la película en su página web.

En la soledad de la playa

En la soledad de la playa

        Hoy era un día perfecto de verano para aquella ansiada excursión a la playa. Había amanecido un sol radiante y aprovechando que su marido estaría todo el día fuera, ella preparó las cosas para disfrutar el día con él, junto al mar. Siempre conducía ella. Él se sentó a su lado, sin parar de lanzarle miradas cargadas de amor.

-Seguro que te gusta donde te voy a llevar es una cala solitaria de la que me hablaron el otro día.

         Él, por toda respuesta, sonrió.

         Detuvo el coche junto a la playa y ella extendió su mirada deslizándola por aquellas arenas desiertas. En pocos minutos ella se desvistió quedando adornada su piel, solamente por un sucinto y coloreado biquini que aderezaba sus curvas. Él revolcaba su cuerpo desnudo por la arena, sabedor de que ella no le quitaba su mirada de encima. Ella se sentía tan feliz que tuvo algo de remordimiento al recordar a su marido.

         En ese instante, él semejando los andares de un felino, se acercó a cuatro patas a ella, quien abrió los brazos para acoger, pegada a su piel, la desnudez de él. Entonces, ocurrió algo mágico que ella nunca olvidaría: él la miró a los ojos, sus labios húmedos de saliva se entreabrieron y por primera vez en su vida le dijo eso que ella llevaba tanto tiempo anhelando escuchar:

-¡Ma-má!

¡Oh!

¡Oh!

   Por segundo año el Instituto Cervantes celebra el día del español, un día en torno la importancia de nuestro idioma en el mundo. Los que nos movemos en este mundo de las palabras sabemos de lo fundamental que es la lengua y el uso adecuado de ella para comunicarlos de distintos modos.

   En la web abierta con ese motivo se pueden ver aquellas palabras de nuestro idioma más votadas por los internautas. Son palabras hermosas, sonoras y algunas, incluso, al pronunciarla en voz alta parece acurrucarse sobre sí mismo. Algunas su simple sonido nos evocan mundos oníricos o cercanos.

    Quiero contribuir con mi palabra. Yo votaría por la palabra ¡Oh! Así escrita entre exclamaciones. Primero porque es una palabra que economiza el lenguaje, formada por sólo dos letras, una hermosa, redondeada y luego una h que, sin decir nada, se hace necesaria como apoyatura y compañía. Me gusta lo que expresa: asombro, admiración, esa capacidad tan necesaria para seguir sintiéndonos vivos y así encerrada entre esos signos, tan breve, es capaz de sustituir con creces al mejor de los discursos admirativos. Sí, decididamente me quedo con esa palabra.

    ¿Tú cual elegirías? ¿Por qué?

Lecturas de junio

Lecturas de junio

   Me gustan estos días de junio en que las tardes me permiten acercarme hasta la playa y regodearme en el disfrute silencioso y vivo de la lectura de un libro. La temperatura es agradable aún el sol no caldea  como en verano y la piel se dejan acariciar por estos rayos trémulos que tan quedamente desperezan a la melanina de la piel. La playa casi desierta no está invadida, todavía, como lo estará en pocos días, por las sombrillas multicolores de nativos y foráneos y el molesto murmullo de la muchedumbre. El rumor de las olas, a modo de sonoro silencio,  invita al sosiego y a dejar que la mirada, posada tenuemente sobre las líneas, avive la mente, azuce a la imaginación y dispare los sueños hasta más allá de las estrellas.

Mezcolanza literaria

Mezcolanza literaria

    La pasada semana, durante una de sus tardes, pude disfrutar de una grata mezcolanza literaria, la de poder escuchar hablar de literatura a dos escritores muy diferentes. En primer lugar acudí a una charla donde Almudena Grandes, acompañada del crítico literario Angel Basanta, nos habló de su producción literaria. Se comentó las dos etapas en que se puede dividir su escritura, la primera que empezó con "Las edades de Lulú" que la catapultó a la fama y la segunda con "Los aires difíciles", donde empieza a escribir de una manera diferente e incluso, por primera vez, a usar en narrador en tercera persona. Habló la escritora de sus colaboraciones en el diario El País y de que cómo disfruta tanto escribiendo, por eso prefiere la novela sobre el cuento, porque dura más su elaboración. Un cuento es como una escalera sin rellanos, la novela tiene que tener páginas que actúen como rellanos para el lector. De cara a próximas publicaciones anunció que estaba trabajando en una especie de Episodios Nacionales, que a modo de gran tapiz con distintos personajes, trataría hechos de la España comprendida entre 1939 y 1964.

     Aproveché un breve descanso para salir de aquella sala sin que se me notara mucho y tras recorrer en coche veinticinco kilómetros llegué al salón de actos de una biblioteca donde Jesús Maeso de la Torre, iba a presentar su última novela histórica "La cúpula del mundo". Novela situada en la época de Alfonso X el Sabio, es una ficción con tinte de novela negra en la que se recrea una hermosa historia de amor. La idea de escribir esta novela le surgió al autor en el pueblo burgalés de Covarrubias, cuando le llamó la atención un grupo de noruegos visitando una tumba, que había en una iglesia, que resultó ser la de la princesa Cristina de Noruega. El capellán le informó, además, que cuando unos años antes abrieron su sarcófago, encontraron junto al cuerpo un verso y dos recetas médicas. Esta princesa llegó a la corte de Alfonso X y se casó con un hermano y se hablaba de que entre los que fueron a buscarla había un "médico de almas". Su protagonista no es Alfonso X, sino otro tipo de personajes secundarios, aquí dicho médico de almas y la princesa. Parecía interesante el tema y las páginas que llevo leídas hasta ahora no me han decepcionado.

     Una interesante tarde sumergido en letras donde el escuchar a otros hablando de sus letras sirven para azuzar y darles algo de ánimo a las mías, sin duda, mucho más humildes.

La estrategia del agua

La estrategia del agua

    Este es el sexto libro de esa atípica pareja de guardia civiles, Bevilacqua y Chamorro, creados por la imaginación del escritor Lorenzo Silva. Ya han ascendido, desde sus primeras aventuras, el primero a brigada y la segunda a sargento y, esta vez, tendrán que afrontar la investigación del asesinato de Oscar Santacruz con dos tiros en la nuca. Y lo que podría parecer, dados los antecedentes policiales de la víctima, un caso de ajuste de cuentas, resulta no ser tan sencillo. Contarán con la ayuda de un nuevo miembro en su equipo el guardia Juan Arnau y el apoyo inestimable de la juez que lleva el caso.

    Como en las anteriores novelas, narrada en primera persona por Bevilacqua en la que va desbrozando la investigación y esas inquietudes de toda índole que, como hombre cuarentón, le acompañan en su día a día. Una novela que sin duda gustará a los que somos seguidores de esta distraída saga.

    "Y no porque no me gustara su carácter, ni porque a sus treinta y cuatro años Chamorro hubiera dejado de ser una mujer atractiva. De hecho, el tiempo le había sentado bien, y salía ganando frente a la veinteañera insegura que era cuando la conocí. Aunque fuera siempre con la cara lavada y no hiciera nada para combatir las arrugas de expresión. Aunque llevara esa media melena de corte funcional. Viéndola, uno se preguntaba cuándo aprenderían tantas tontainas que las pinturas de guerra, la peluquería y las inyecciones de bótox son un arma mucho menos eficaz, en la escaramuza amorosa, que la serena conformidad consigo misma de una mujer contenta de serlo con todos sus avatares, incluido el paso del tiempo".

Kilometreando

Kilometreando

        He tenido la oportunidad de viajar varios cientos de kilómetros y ver esos paisajes y escenas diferentes que ayudan a mantener viva, eso tan importante como mi capacidad de asombro. Y he conocido tierras almerienses. He navegado entre esos inmensos mares de plástico que forman sus invernaderos y cuyos distintos matices blancos y grises compiten con el mar azul desde cuya superficie lanza destellos los rayos de sol.

             Mis pies han recorrido las estrechas calles del casco antiguo de la capital, siguiendo el laberinto que conduce a la Alcazaba. Las piedras me hablaron de historia y de siglos y de las muchas culturas que han visto crecer dentro y fuera de sus murallas. Y desde lo alto he jugado a mirar las cosas a la distancia de un pájaro, relajar la vista en el horizonte y deslizarla entre esas callejuelas que desde la altura parecen simples rajas abiertas entre casas desordenadas y al fondo, siempre presidiendo cualquier paisaje, la inmensidad del mar.

             Estuve en el desierto de Tabernas y me reencontré con  aquel paisaje que me había hecho soñar en aquellas películas del oeste de mi juventud. Eran películas diferentes a las del oeste americano, en estas el malo no lo era tanto y el bueno tenía sus defectos. Por unas horas aquellos viejos cow-boys cobraron vida delante de mí.

            Y además, tuve tiempo de disfrutar de un hotel en el que era fácil, aparte de bañarme, el soñar y el leer en la piscina. De hecho me leí un libro de cuatrocientas páginas. Me gusta observar a la gente con las que coincido en el hotel de sitios lejanos y tan diferentes. Observo a los camareros diligentes, intentando averiguar qué pensarán sobre eso de trabajar, algunos se repetían desde la mañana a la noche, mientras los demás descansan. Una gran mayoría de los huéspedes alojados eran trabajadores de unos conocidos grandes almacenes, que había abierto una tienda en las proximidades la semana anterior y era curioso verlos, sin que te quisieran vender nada, ornando el comedor con  los llamativos uniformes femeninos de vivos colores y con unos pantalones negros, que competían unos con otros, en estilizar armoniosamente las piernas. Junto al hotel, la playa con una arena que se convierten en una verdadera tortura para los pies, tan diferente de la arena blanca de aquí que los masajea con hasta cierta ternura. Aquí no hay océano, sino un mar igual de azul, pero perezoso en mareas.

             En definitiva, satisfecho, porque siempre se aprende algo cuando te empapas de un mundo diferente al habitual.