Blogia

El búcaro de barro

Estrangulamiento urbano

Estrangulamiento urbano

     Estamos en la semana de feria. Y durante semanas la ciudad está siendo estrangulada por la feria, que se pone en el paseo principal, dividiéndola en dos. El paseo acaba lleno de boquetes en los que se colocan grandes postes para colgar los farolillos y las flores plantadas en la primavera acaban sucumbiendo a los pisotones y a los vasos de plástico que le caen encima. Algunas calles, a medida que se acerca esta semana, se van haciendo más estrechas, se colocan casetas y al final son cortadas y abducidas de la circulación urbana. Se hace imposible circular en coche, porque todo el mundo lo hace por los pocos caminos que quedan disponibles y no digamos la búsqueda de aparcamientos, donde se pueden encontrar coches aparcados en los sitios más inverosímiles, sin que nadie se meta con ello.

   La feria avanza hacia casi la orilla del mar, desde aquí se puede ver al fondo los cacharros de la misma. Siempre nos quedará darle la espalda y mirar hacia el mar o lo que cada vez hace más gente, aprovechando los días de vacaciones el ir a conocer tierras diferentes. Al fin y al cabo suele salir más barato el aprovechar una oferta hotelera que pasar unos días en la vorágine de la feria.

Los ojos amarillos de los cocodrilos

Los ojos amarillos de los cocodrilos

     Siempre me han llamado la atención los cocodrilos como personajes literarios, por eso me llamó especialmente el título de este libro de la escritora francesa Katherine Pancol . No tenía idea de qué iba, pero después de leer sobre él me atrajo el leerlo y una feria del libro fue una excusa para comprarlo.

      Empecé a leerlo y en pocas páginas me quedé atrapado por esa historia de personajes grises, cotidianos y en el fondo sufrientes, pero que tremendamente vivos por dentro. Poco a poco la vida logra despertar lo que  logran encontrar la manera de vivir la vida y no simplemente sobrevivir. Más de quinientas páginas en una historia que de aparentemente cotidiana se hace corta. Un libro que deja un buen sabor de boca.

      Cito una frase de Paul-Émile Victor que pone la autora en su página web, porque me ha gustado especialmente: "Vivre, c'est se réveiller la nuit dans l'impatience du jour à venir, c'est s'émerveiller de ce que le miracle quotidien se reproduise pour nous une fois encore, c'est avoir des insomnies de joie." (Vivir es despertarse por la noche con la impaciencia del día que está por llegar, es maravillarse de que el milagro cotidiano se reproduzca para nosotros una vez más, es tener insomnios por la alegría).

Saludo matutino

Saludo matutino

      Esta mañana al abrir la persiana, descubrí a esta hermosura que me saludaba sin ruidos desde el otro lado de la ventana.

Contra el viento

Contra el viento

        Esta semana he aprovechado lo que se alargan los días, para caminar por la tarde en la playa. Hoy he vuelto a ir a pasear, a pesar de que era uno de los escasos paseantes envueltos en un fuerte viento de poniente. El poniente en nuestra zona es frío, todo lo contrario que el levante. Ha sido una sensación agradable la de caminar contra el viento, observando las palmeras del paseo marítimo curvadas como haciendo educadas reverencias, la arena dibujada de ondas que quebraban el paso de mis huellas y el mar convertido en un hisopo gigante que me salpicaba de agua salada mientras me hablaba de todo y de nada, a la vez.

          Ese esfuerzo creciente contra el viento valió la pena y disfruté mucho del paseo, sobre todo cuando al dar la vuelta sólo tuve que izarme en sus brazos invisibles y cómodamente me trajo hasta el punto de partida.

Azuzando a las musas

Azuzando a las musas

Hoy he estado sacando cosas, primero las chanclas de goma del armario envueltas en ese polvo invisible de los meses y segundo mis piernas blancas de los pantalones para brindarlas a la mirada del sol. Crema bronceadora que poco a poco va cubriendo toda esa piel que expongo al aire, una butaca de playa y un libro que leído bajo un cielo azul parece contar la historia de otra manera.

                Ha sido el primer día de playa. La piel parece desprenderse de esa pátina grisácea a la que le condenó el crudo invierno, que hemos tenido este año y empieza a abrirse a las distintas sensaciones que me van envolviendo. La brisa me inunda por entero en caricias sedosas que me hacen sentir a gusto. El rumor de las olas va sosegando hasta los últimos ápices de nerviosismo. El calor me embriaga en sensaciones placenteras. Mientras mi mirada, distraída de vez en cuando, de las páginas del libro se posan unas veces dejando mecerse por las ondas marinas, otras siguiendo las huellas de la gente que va caminando por la orilla sin un destino concreto. No es extraño que todo ese cúmulo de impresiones azuce a las musas que también andan perezosas y sean capaces de crear en mi cabeza variadas historias. Todo lo que me rodea me ayuda a tener unos instantes de felicidad.

                ¿Todo? Bueno, casi todo…porque en un determinado momento y columpiadas en el viento de levante, multitud de mariquitas hicieron su entrada en la playa y harto de sacudirme aquellos objetos voladores e identificados, cogí mis aperos y me vine para casa.

Cuentos alígeros (2)

Cuentos alígeros (2)

    Ya hablé de este volumen cuando me anunciaron que uno de mis microrrelatos iba a ser publicado en él, pero ahora ya lo tengo en mis manos. Siempre es grato encontrar las ideas, que salieron de dentro de uno, aterrizadas en forma de letras negras sobre una página blanca de papel y sabiendo que van a llegar a todo aquel que abra este libro y se sumerja en su interior.

     Este libro de la Editorial Hipálage es un libro vivo, el género del microrrelato es ágil y el hecho de que sean trescientos veintisiete personas distintas las que han plasmado algo de sí, hace que los relatos tengan una gran variedad, como un gigantesco fresco creado por pinceladas muy diferentes. Es posible abrirlo por cualquier sitio, el texto con el que nos encontremos,sea de dos lo de treinta líneas siempre tiene su final más o menos redondeado. A mí me ha pasado que me ha enganchado y cuando me ponía a leer y terminaba uno de ellos, tenía que pasar al siguiente a ver si la nueva aventura que me proponía era más apasionante que la acababa de leer.

Un trabajo casi arqueológico

Un trabajo casi arqueológico

 

                Raúl regresó preocupado del colegio por el trabajo que le había mandado su profesor. Ya le habían avisado que al llegar a Secundaria las tareas se hacían más complicadas, pero no imaginó que pudiera ser tanto.  En cuanto merendó entró en su cuarto encendió el flexo y sacando el portátil con el que trabaja en clase, se conectó a la web de la clase donde estaban desarrolladas las instrucciones del trabajo que tenía que realizar.

                Tenía primero que buscar a un amigo, buscó en su lista de cuatrocientos amigos del Tuenti y pasó un rato hasta decidirse. Sobre un folio fue esbozando entre inspiraciones personales y búsquedas de Google aquello que se le fue ocurriendo. Le costó trazar letras sobre el papel y le vinieron recuerdos de sus ya casi ancestrales clases de caligrafía. ¡Qué esfuerzo le llevó rellenar una página de un folio! Luego sacó aquel papel doblado y amarillento que le había costado recorrer tres librerías hasta encontrarlo y que le llamaban sobre.  Puso el nombre de su amigo y debajo unos códigos extraños que no sabía de dónde salían pero que había que ponerlo. El papel lo metió en el sobre que cerró pegándolo con la lengua, no supo por qué le gustó ese gesto.  A continuación puso el sobre junto al pc, entró en el programa de correo electrónico y le dio a “enviar”.  Algo había hecho mal porque aunque reiteró ese gesto varias veces, el sobre seguía allí.  Solamente al profesor de Lengua se le podía haber ocurrido una cosa tan complicada, para comunicarse, como ésta que se hacía antiguamente y a la que llamó “escribir una carta”.

 

Aurora Boreal

Aurora Boreal

       El cadáver de un célebre predicador es encontrado asesinado en el impresionante templo de la población de Kiruna. La policía busca indicios inculpatorios en Sanna, la hermana del asesinado, quien se esconde y llama a su antigua amiga la abogada Rebecka Martinsson que es abogada en Estocolmo, a quien cuyo viaje le servirá para reconciliarse con el pasado.

    Libro de título sugestivo de la escritora sueca Asa Larsson. La trama, aunque atractiva, no me ha acabado de enganchar y me ha costado el terminar este libro, que llevaba tiempo queriéndolo leer. Me han atrapado más otros relatos policíacos suecos que he leído últimamente.

Parece imposible...

Parece imposible...

...que esta imagen, tomada hoy, de tanto colorido y sosiego se simultanee con esas partículas horrorosas e invisibles que me han atacado hoy, produciéndome ráfagas incontroladas de estornudos y lagrimeos carentes de tristeza. Sí, ya hoy ha quedado irremisiblemente inaugurada la temporada primaveral de alergia, que me acompañará , habitualmente, durante todo un mes.

Una compleja relación

Una compleja relación

         Quizás si él hubiera preguntado a los de su alrededor le habrían advertido que no le convenía aquella relación con ella, pero por si acaso se abstuvo de preguntarlo. Desde que a ella la vio a ella se sintió prendado por su peculiar belleza, le encandiló aquel tono azabache de su piel, e incluso aquella mancha roja que en ella resaltaba con una especial donosura. La atracción se fue convirtiendo en irresistible, tanto, que concluyó que era algo netamente genético lo que le atraía tan sexualmente de ella.

            No le costaba darse cuenta de que a ella no le resultaba nada indiferente y que también se sentía fascinada por él. Se acercaron mutuamente y, sin decirse una sola palabra, los gestos lo decían todo, sus cuerpos se fusionaron tan igual o tan diferentemente de cómo se hacía desde los albores de la historia. Disfrutó de aquel momento como si fuera el último de su vida.

Cuando su cuerpo terminó de agitarse, sintió, casi inadvertidamente, como los quelíceros de ella se hincaron sobre su piel y fueron inoculando su veneno en el interior de su cuerpo. Su vista se le fue nublando y sus ocho patas se quedaron sin fuerzas, ahora fue cuando entendió por qué a aquella atractiva araña le llamaban la Viuda Negra.

           

Envidia a los columpios

Envidia a los columpios

            Tengo envidia a los columpios con ese trabajo tan gratificante de divertir siempre. Con sus patas bien fijas en el suelo y unas cadenas que en vez de atar sirven para liberar su asiento oscilante. Se dejan acariciar por el sol, refrescar por la lluvia y  les basta con una  mano de pintura para sentirse renovados. Por la noche, cuando silencian sus chirridos, se dejan alumbrar por la luna y acariciar por la mirada de las estrellas. Espabilan cada mañana sin necesidad de desperezarse siempre que obtengan ese impulso necesario y creativo que los pone en movimiento y que raramente, desde entonces, les impide que la soledad los invada.

            Cada día siempre es nuevo y viene cargado de los rumores de un jolgorio infantil que nunca envejece, porque, con el tiempo, los niños que juegan siempre son sustituidos por otros. Surcan el aire sin cansarse, jugueteando a su alrededor las ramas de los árboles, moscas, libélulas y mariposas de colores, con lo que semejan celebrar una perpetua fiesta de cumpleaños.

            Sí, decididamente tengo envidia de los columpios.

Su primera vez

Su primera vez

Tras una noche inquieta de evaporados sueños, despertó. Había llegado para ella aquel día tan importante de su primera vez. Se levantó con sus ojos aún entrecerrados y se dejó acariciar por el agua caliente. Mientras se secaba y blancos vahos se desprendían de su piel contempló, dubitativamente, su cuerpo desnudo, intentando adivinar la mirada con la que él la cubriría dentro de unas horas. Un cuerpo, que ya rozada la cuarentena, iba a dejar al descubierto, por primera vez, aquel tesoro que guardaba entre sus piernas. 

     Embadurnó su piel, friccionándola insistentemente  de pies a cabeza, con cremas untuosas de diversas consistencias. Apuró su depilado hasta extremos, para ella, hasta entonces inconcebible. Ensayó mil peinados hasta descubrir que lo que mejor le sentaba era peinado con algo de volumen y caída natural. Y maquilló su rostro dándole una viveza similar a la que conseguían arrancar los impresionistas a los, en sus orígenes, simples lienzos blancos.

         Abrió con delicadeza la caja de cartón donde tenía primorosamente doblado aquel juego de lencería de ribetes y encajes color vino tinto y un olor a tela nueva abrazó su nariz. Ajustó el sujetador y las bragas a su cuerpo gustando la delicadeza con que abrazaban sus curvas. Zapatos oscuros de tacón alto y un vestido de brillante color de fuego, que descendió sobre su cuerpo agitando el aire circundante, completaron su atuendo. Salió de su casa intentando retener la velocidad de sus pasos y que la impaciencia no le hiciera llegar antes a la cita que él le había dado.

Cuando llamó a su puerta él la esperaba... Intercambiaron unas breves palabras, teñida por el rubor, casi no lo miró a sus ojos. Todo sucedió bastante rápido, ella se tendió  y le brindó la oquedad entre sus piernas y él desarrolló lo prometido con la habilidad que le caracterizaba. No sintió ningún dolor...Ya se lo había avisado que una revisión ginecológica no era tan molesta como se decía. Ella se prometió a sí misma no tardar tanto en acudir a la segunda como había tardado en venir a ésta.

El penúltimo sueño

El penúltimo sueño

 

Dos  ancianos, Joan y Soledad, vestidos de boda y abrazados son encontrados muertos en un piso de Barcelona. Lo que más llama la atención es que, aparentemente, no se conocían. Andreu, hijo de Joan, y Aurora, hija de Soledad,  cada uno por su lado empiezan a investigar el pasado de sus padres y van descubriendo que había muchas cosas que desconocían sobre sus vidas, quizás las más fundamentales.

La búsqueda es complicada porque les llevará a una historia ocurrida más de sesenta años antes, en la que no sólo los protagonistas están muertos sino que los demás personajes, recuerdos y paisajes, aparecen sumamente desvaídos, cuando no desaparecidos, por la pátina del tiempo. Estas indagaciones le harán surcar el océano y atravesar unas fronteras personales que nunca imaginaron.

Una bonita historia, bien hilvanada por Angela Becerra, de amores intensos y desencuentros insistentes. A través de toda ella se filtran los sones musicales de un piano, que resuena constantemente, a través de los dedos de tres generaciones de las respectivas familias y un amor que no sólo sigue vivo durante tantos años sino que se prolonga más allá de la vida de sus protagonistas. 

  “Su boca se acercó húmeda de aliento hasta posarse en los párpados cerrados de la mujer de viento. Un beso ingrávido suspendido en un hilo de seda.

            Quería sentirla sin romperla. Temía que aquella pasión se le desbocara como caballo nocturno, pero no pudo evitarlo. Por lo menos no sus dedos, que resbalaron desde el cuello blanquísimo, nacimiento de piel palpitante, hasta rozar el centro del escote, metiéndose entre dos montañas de piel que se erguían respondiendo vivas.

             Aurora, que no podía abrir los ojos, inmovilizada como estaba de placer, sentía aquellos dedos como diminutos pájaros en fuga dentro de su corpiño; teñían de ansias con sus plumas rojas no sólo las zonas tocadas, sino los lugares más impenetrables de su cuerpo. Aún no se habían besado y ya su piel se le caía en suspiros. No podías detenerlo. Sabía que sólo bastaba una palabra, su propia mano o una mirada abierta para impedir que la tocara, pero su voluntad no la escuchaba; había desplegado por fin sus alas y volaba por encima de ella misma…enseñándole el placer del primer vuelo.”

 “-Dejame amarte con los ojos.

            Lo dejó.

            Sus ojos se convirtieron en sus manos. Nunca lo había hecho así. Empezó a desvestirla con aquel verde húmedo que concentraba todas sus ansias: primero la tomó desde el alma. Palmo a palmo, botón a botón, fue desatando el vestido de su espíritu hasta tocar con sus ojos aquella piel escondida y poseerla. Después, su mirada se hundió en su pensamiento. Entrando y saliendo.. entrando y saliendo, despacio, sin prisas. Sintiéndola sin tiempo. Nada lo esperaba y lo esperaba todo. Sus ojos rebuscaron entre los pliegues femeninos de sus miedos y pudores, hasta encontrar la llave y liberarla… Ahora la sentía rotundamente desnuda en su vestido negro. Libre, bella, plena… Una aurora boreal encendida. Sólo con sus ojos. Sí, podía amarla sólo con sus ojos.

         Aurora sentía su cuerpo en llamas. Su mirada quemaba, humedecía, esclavizaba, hundía, elevaba…elevaba... La hacía sentir viva.”

Nexos inadvertidos

Nexos inadvertidos

      Junto a mi trabajo, desde hacía años, había un gran supermercado en el que yo aprovechaba muchos días al terminar la jornada para comprar esas cosas de última hora que siempre faltan en una casa. Era cómodo tenerlo ahí, por eso me entristeció cuando me enteré que, por motivos estratégicos, la empresa lo iba a trasladar. Y así lo hicieron hace un mes, el supermercado, como si fuera un templo egipcio que se traslada piedra a piedra, y todo su personal se desplazaron a otra  localidad distante 25 kilómetros y dejando, en cierto sentido, huérfano al barrio.

      Ahora da una cierta pena el pasar junto a aquel local, en otro tiempo vivo, y hoy cerrado con papeles grises, pegados en los cristales, como queriendo disimular la actual desnudez del local. Ayer sábado, como tenía tiempo, me fui a hacer la compra a esa otra población y de paso conocer al nuevo supermercado. Y fue, cuando me di cuenta que, a veces estrechamos nexos entre las personas que nos pasan inadvertidos. Mi relación con los trabajadores había sido de simple cliente, pero todos me saludaban sonrientes al descubrir a aquel antiguo cliente al que ya conocían. Lo que más me llamó la atención fue, al cruzarme con un pasillo con el encargado que llevaba dos garrafones de aceite,  y al reconocerme se detuvo y dejando uno en el suelo, me saludó estrechándome la mano muy afectuosamente. Y es que en nuestra vida cotidiana vamos dejando más nexos y rastros, entre los que nos rodean, de los que podríamos sospechar.

Lo que le falta al tiempo

Lo que le falta al tiempo

     El otro día en un paseo por la Biblioteca pública el nombre de Angela Becerra me atrajo en este libro desde una de las estanterías y cinco minutos después salía con él entre mis manos, pensando en disfrutar con la escritura de esta autora colombiana. Y no me ha decepcionado su lectura que he hecho en este largo fin de semana.

      La novela está ambientada en París, donde en una casa del Barrio Latino, vive Manzarine una joven huérfana. Sus únicas compañías son una gata y el cadáver incorrupto de una joven, la Santa, que tiene guardado en un armario. Un secreto del que desconoce su historia, pero tras el que anda una sociedad secreta. La afición a la pintura de Manzarine, le hace que solicite recibir clases a Cádiz un afamado y maduro pintor de renombre internacional. Pronto una extraña corriente, donde se entremezclan la pasión profesional y la erótica, se crea entre ellos y una imparable necesidad del otro los suma en una continua crisis vital.

       Una historia, que atrapa desde el principio, con sabores de Paris, con retazos de misterio y empapada de pasión, presidido todo ello por la quietud de la Santa y el misterio que encierra.

       "Volvía sobre su pasado. Iba recorriendo un escenario vivido, tratando de pescar sueños en el lago de su memoria que le sirvieran para su presente. Algún deseo olvidado en el recodo de una esquina, algo que se hubiera quedado en aquellas calles, tan vividas por él y su mujer y les resucitara...a ambos. Tenía ganas de volver a desear a Sara como al comienzo de su relación, de sincronizas sus anhelos con su tiempo, de que deseo y edad convergieran, de aceptar lo inevitable: el inicio de su decadencia. Pero el recuerdo recurrente de su alumna no lo dejaba."

Una dama en juego

Una dama en juego

          En 1913 una joven española, huérfana, se traslada al ducado de Brunstriech a un palacio en el corazón del imperio austro húngaro, junto a unos familiares que allí viven. La que se suponía una estancia apacible empieza a complicarse con una serie de acontecimientos y crímenes en la que aparecerá involucrada una peligrosa secta. Trama de espionaje en el corazón de una Europa turbulenta previa al inicio de la Primera Guerra Mundial y en que, a la vez, la protagonista se verá envuelta en la tensión seductora a la que le someten dos hermanos.

     Bien documentado y con variados personajes, a pesar de los cuales esta novela no me ha terminado de enganchar. Para que me guste una novela sus personajes deben seducirme, para bien o para mal, y estos no lo han hecho. No he acabado de convencerme y en algunos momentos me llegaron a parecer más como actuantes de una obra de teatro que como personajes novelescos.

El escritor

El escritor

    Un ex-primer ministro inglés decide escribir sus memorias con la ayuda de un escritor, pero hay algo en ellas que resulta sumamente peligroso, pues la película comienza con la muerte de ese escritor. Contrata a un segundo escritor que es con el que viviremos la intriga de acercarse hasta ese lugar tan protegido donde vive el ex-primer ministro y se va involucrando en una historia que se complica cuando lo quieren juzgar en el Tribunal de la Haya por unos asesinatos cometidos en la guerra de Irak.

     Es la última película de Roman Polanski y que, sin tener una acción trepidante, la trama no decae y atrapa el interés, acompañada por una buena música y unos paisajes sobrios. Es imposible no solidarizarse con este escritor cuando nos damos cuenta, que su afición literaria lo está introduciendo en un peligroso laberinto de complicada salida. Me gustó mucho...

Divagación

Divagación

     Se me ocurrió esta mañana mientras realizaba esta foto: no sé por que les llaman flores "Silvestres" cuando por su color rotundamente amarillo más bien deberían llamarse flores "Piolínes". Silvestre como en las antiguas televisiones sigue siendo en blanco y negro.

Una mirada nueva

Una mirada nueva

Los últimos chorros de agua caliente huyeron por el desagüe mientras ella estiraba la toalla y salía de la ducha. El contraste con el aire fresco erizó levemente el vello rubio de su piel, se restregó con insistencia de pies a cabeza. Secó sus cabellos que caían como tupidas cortinas sobre su rostro y atisbando a  su través vio reflejada su madura desnudez en el espejo. Su cuerpo había cambiado. Las entradas de sus cabellos tintadas de tonos níveos, le avisaban de que debía visitar a su peluquera. Sus pechos rutilantes, en otra época, se abatían en una caída no exenta de cierto sosiego. Sus caderas se habían abierto aforando sus nalgas y su barriga se había abultado como si protegiera a un pizpireto ombligo que intentaba asomarse. Todo el conjunto se sostenía con donosura sobre unas piernas que habían ganado apetitosa turgencia con los años y se levantaban sobre unos pies armoniosamente situados sobre la alfombrilla.

Se contemplaba lánguidamente cuando un pensamiento súbito hizo como si su cuerpo, sin violencia externa, hubiera sufrido la más hábil de las cirugías hermoseándose mágicamente ante su mirada. Se consideró feliz, como nunca, de aquella envoltura con que se presentaba ante el mundo y que había hecho madurar su cuerpo con aquellas formas y manera y es que, constataba, ¡no había nada mejor para sentirse bien que dejarse acariciar por la mirada tierna y, siempre nueva, que él siempre posaba mimosamente sobre ella!

¡Resistiremos!

¡Resistiremos!

 

         Pertenezco a una generación cuyo origen se va alejando, cada vez más, en el tiempo y en la que para azuzar los recuerdos infantiles debemos recurrir a las fotos en blanco y negro en la que nuestros flequillos recortados coronaban unas frentes lisas y sin arrugas. Por entonces vivíamos en una sociedad de contados aparatos electrónicos, enchufados a 125 voltios, donde la democracia era algo extraño que había en otros países y vivíamos en un continuo ordeno y mando de la sociedad y de nuestros ascendientes…y sin embargo ¡resistimos!

         Coincidió nuestra entrada en la Universidad, con el cambio social, todo empezó a cambiar de manera vertiginosa y mucho de lo que aprendimos siendo niños, ahora no servía para nada, porque ¿de qué sirvieron mis siete años de estudio aplicado, durante mi época escolar, de la Formación del Espíritu Nacional? Intentamos formarnos como buenos profesionales en aquellas aulas universitarias, pero cuando salimos de ellas descubrimos que no era sencillo encontrar trabajo y muchos tuvimos que, sobre la marcha, dirigir nuestros pasos hacia ámbitos profesionales que nunca imaginamos. Participamos de la ilusión que se atisbaba tras aquellos resquicios que se abrían en nuestra sociedad y soñamos con Jarcha en la “Libertad sin ira” y con Labordeta que “habrá un día en que todos al levantar la vista veremos una tierra que ponga libertad”. Y aquellas elevadas ilusiones se desintegraron en la cruda realidad…y sin embargo ¡resistimos!

            Ya entramos en la edad madura y la vida sigue a base de nuevos aprendizajes, fracasos y empujones. Nuestros hijos, ya crecidos, “adolescentean” y si antes no podíamos imponernos a nuestros padres, hoy nos resulta todavía más complicado el oponernos nuestros hijos. Las canas y arrugas forman parte habitual de nuestra cotidianeidad y algunos achaques comienzan a asomar. Y justo cuando estamos en ese punto en que la madurez nos empieza a enseñar algo del sosiego de la vida, asoman los políticos, que incapaces de sacarnos de la crisis económica,  nos amenazan de que no se nos ocurra pensar que vamos a tener una jubilación como la que había hasta ahora, sino que intentan oscurecer nuestras perspectivas de futuro amenazándonos con más años de trabajo y menos dinero de pensión, pero si llevamos tantos años aguantando, más que les pesen...¡resistiremos!