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Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2006.

Una presente y futura madre

            Tu sonrisa interrumpió mi rutina laboral. Hacía tiempo que no venías a verme y te noté especialmente guapa. Entonces recordé que me dijiste que te habías quedado embarazada y esa hermosura, que siempre producen los embarazos, era la que desprendías. Tu barriga de seis meses, no muy grande, ya empezaba a redondear y me confesabas tus miedos acompañados de esperanzas, siendo como es el tercero y llevándose catorce años con el hermano que le precede.

          Venías a que te orientara respecto a una vieja deuda, que por motivos laborales, le pusieron hace diez años a tu marido y que ahora de nuevo había asomado sus afilados dientes y temías que los hincara sobre una de las cosas que más quieres, tu casa.  El verdadero culpable de aquello, un antiguo jefe de él, se desentendió del tema y ahora cae, como una pesada losa, sobre vuestra familia, aunque tu estás segura de que hay Alguien arriba que tiene paciencia para dar a cada uno lo que se merece. Por lo que me contaste las cosas no estaban nada bien al respecto y dudaba que más recursos sirvieran para nada, por eso lo único que cabía es pactar una forma de pago adecuada.

          Seguiste tu camino a hacer nuevas gestiones en busca de nuevas ideas con la que aminorar el efecto del problema y me dijiste que me tendrías informado de las gestiones que fueras haciendo. Cuando te alejaste, no pude menos de envidiar esa vitalidad que encierras en esa menuda figura y que, cual el ave Fénix, te hace resurgir, una y otra vex, de las cenizas aunque sea por la necesaria supervivencia de los tuyos de la que eres el verdadero motor. Tu hijo llegará en a una familia que no está nada boyante económicamente, pero puede estar seguro de que tendrá una madre que aparte de quererlo, lo sostendrá. lo apoyará y lo defenderá con uñas y dientes.


Desistimiento

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     Cuando se estudia Procedimiento Administrativo se estudia el desestimiento  que uno de los modos de finalizar cualquier procedimiento . Es decir, que el interesado desista de seguir, ya porque no pueda o ya porque no le interese. Algo así tendré que hacer unos días con el blog,  desistir de escribir en él.

     Desde  aproximadamente una semana tengo un problema en mi PC , empieza a hacer cosas "raras", hasta el extremo de que salen de él correos que no he escrito y mi messenger chatea con gente a las que yo no soy el que escribe . Temo que ocurra como en "2001 una odisea del espacio", donde el ordenador de la nave se hace con el mando de ella y, de manera similar, yo pueda perder el mando de este artilugio . Aunque más bien me inclino porque algún indeseable haya hecho de las suyas a través de un método que desconozco. Por todo ello, antes de que la cosa vaya a más, a partir de mañana voy a llevar el ordenador a un informático para que me lo chequee. Ello me obligará, no sin cierta pena,  a apartarme de este mundillo hasta que dentro de unos días pueda tenerlo, una vez arreglado, de nuevo en mis manos.


Dice la razón

Dice la razón: Busquemos

la verdad.

Y el corazón: Vanidad.

La verdad ya la tenemos.

La razón:¡Ay, quién alcanza

la verdad!

El corazón: Vanidad.

La verdad es la esperanza.

Dice la razón: Tú mientes.

Y contesta el corazón:

Quien miente eres tú, razón,

que dices lo que no sientes.

La razón: Jamás podremos

entendernos, corazón.

El corazón: Lo veremos.

(Antonio Machado)


Caricias matinales

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                Un rayo de luz travieso que surcó las rendijas de las persianas le dio a Ella en los ojos e hizo que se despertara. Giró sobre la cama su cuerpo desnudo huyendo del puntual resplandor. Había descansado bien y notaba la próxima llegada de la primavera en un ansia interior que se reflejaba en su piel erizada. Estiró su brazo derecho y le alegró notar que El estaba cerca. Al notar el contacto de su piel, sus dedos coronados en uñas cortamente afiladas con una cuidada manicura, parecieron adquirir alas sobre El. Lo fueron recorriendo, arriba y abajo, jugando en aquellos recovecos que formaba su piel y notando como, poco a poco, se iba estirando. Le gustaba sentir como crecía entre sus manos y como aquel cuerpo tan próximo a Ella respondía a aquellas caricias matinales. Siguió un buen rato con ese particular juego, mientras la mano izquierda se ocupaba en dibujarse su propio cuerpo. Le gustaba, también, sentir esa euforia primaveral  con que su recortado vello púbico o sus sobresalientes pezones saludaban a sus caricias.

               Aquel rayo primigenio se derramó ahora por la habitación iluminándola con el resplandor naciente de una mañana viva. Su mano izquierda rodeaba suavemente una  peca en su barriga de la que se encontraba muy orgullosa, mientras su mano derecha ocupada en aquel cuerpo, llegó a ese lugar que, siempre, a ella le gustaba especialmente palpar. Su mano hurgaba, gustaba, sentía….hasta que se dio cuenta de algo…El tenía el pelo demasiado largo y de esta tarde no pasaba que lo llevara a ese peluquero canino que tan primorosamente dejaba a los caniches como el suyo.


Pre-primavera

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     Esta mañana salí a la calle temprano a comprar unos churros.  Todo estaba silencioso. Los domingos cuando el amanecer acaba de pasar parece que ha derramado unos polvos mágicos que adormilan toda la naturaleza. La calle estaba vacía y los tenues rayos del sol intentaban lamer la humedad nocturna del techo de los coches. Mirando hacia la playa veo la bruma que está levantando coloreando de un azul plomizo las aguas del mar. Me cruzo con algunos paseantes acompañados de perros sueltos y jaleosos que corren perdidos sin saber muy claro hacia dónde. Una señora coja me da los buenos días mientras su cuerpo bascula de uno a otro lado con esa tranquilidad de no tropezar, en ese movimiento de vaivén, con nadie debido a la soledad de la acera.

    Pero un rumor sordo envuelve el ambiente, hay algo que no soy capaz de captar en medio del ese silencio un cierto temblor del aire, una fuerza que se oculta a mi alrededor. Al fin noto lo que es, al acercarme a unos árboles sus ramas desnudas están cargadas de una pelusilla que anuncia el despertar de la naturaleza en unos días. En esta zona sureña de muros encalados y vientos cálidos la primavera está a punto de entrar. Al llegar a casa voy a la terraza donde en medio de las macetas tengo una a la que tengo un especial cariño, su primera flor, de un amarillo brillante, me saluda desde su carnosa ramilla.


14 de Febrero - San Valentín

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¡Qué nunca falte el hilo suficiente y las ganas de coser!


La isla de las palabras

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      El otro día desde fuera de nuestras fronteras me recomendaron un libro de título seductor: "La grammaire est une chanson douce" (La gramática es una canción dulce), porque pensaban que me podía gustar. Estuve buscando en España dicho título pero no me aparecía por ningún sitio, hasta que me di cuenta que lo habían traducido con un título diferente: "La isla de las palabras". Un libro muy vendido en Francia pero que también varía en precio pues si allí de bolsillo sale por 5 € la edición española en la editorial Salamandra sale por 14,50 €.

        El autor, Erik Orsenna, es miembro de la Academia Francesa y ha recibido, entre otros, el prestigioso premio Goncourt.Es un libro que se lee fácil y de no muchas hojas, yo lo he intercalado entre las páginas de otro que me estoy leyendo y aunque está aconsejado para niños a partir de nueve años es adecuado para todo los que disfrutamos con las palabras. Juana y su hermano Tomás naufragan y llegan a una isla, pero a pesar de haber sobrevivido no consiguen hablar. Allí conocerán al señor Enrique que les guiará hacia la ciudad de las palabras donde estas habitan como seres vivos e incluso se casan con otras palabras para formar frases. Me ha gustado este librito aunque creo que el argumento podría dar más juego y extenderse más, se hace corto.

    


Apuntes laborales

         Hoy me han dado un escrito en el que me reconocen el sexto trienio. Dieciocho trabajando en la misma empresa en trabajos muy diferentes, haciendo unas funciones que nunca imaginé que iba a desarrollar. Yo estaba ilusionado por la enseñanza pero las circunstancias me condujeron hasta donde estoy hoy. Al principio me resistía a ello e incluso después de aprobar oposiciones me dedicaba a estudiar mi vocación frustrada, hasta que los años, el poco tiempo o, tal vez, el realismo me vencieron. Pero como el otro día le decía a una antigua compañera, que empezamos juntos y ahora vive en otra ciudad. ahora vivo en una etapa laboral que no la cambiaría por otra. Me gusta y disfruto con lo que hago, me permite organizarme cotidianamente, tratar con la gente, sentir que lo que hago vale la pena y, algo muy importante, sonreir varias veces a lo largo de la mañana.

 Entre la variedad de cosas que hago esta mañana sin ir más lejos:

-Le traduje una carta en francés a una señora aclarándole lo que le pedían.

-Le di la enhorabuena a uno que vino a hacer una gestión, porque su mujer está embarazada. Se enteró el mismo día, tras una espera de tres años en que los han llamado de la seguridad social para la fecundación in vitro. Y acaba de cobrar el permiso de maternidad tras la adopción de una niña china con la que están encantados.

-Regué una maceta de flores amarillas que me he llevado para animar al fichero, que últimamente lo veía muy serio.

-Le rellené a uno que no sabe leer un papel para solicitar asistencia jurídica gratuita.

-Felicité a la que me soluciona en el banco los problemas laborofinancieros desde hace más de cinco años y que la semana que viene se casa.

-Informé a uno que había estado "en el colegio" (eso me dijo él, aunque bien sabía yo la de rejas que tiene ese colegio) de qué trámites tenía que hacer para poder cobrar algo.

-Aconsejé a un matrimonio maduro que reclamaran en el banco el dinero de su madre fallecida y que les habían bloqueado.

      Todo ello en un edificio en que hace un par de días éramos nueve y ahora sólo quedamos dos, esta mañana yo sólo pues mi compañero estaba de permiso. Tampoco tuve tiempo de sentir la soledad, de vez en cuando, detenía la maraña de papeles que tenía entre manos y me sentía acompañado al oir la respiración de mi flor.


Día de cementerio

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       El fallecimiento ayer de un familiar ha hecho que hoy haya pasado parte del día en el cementerio. Alboreaba el día y mientras los rayos del sol desgarraban unas nubes negras yo estaba ante la verja cerrada del cementerio. Acompañaba a un familiar en la triste ocasión de exhumar los restos de su padre. Las carreteras de alrededor, habitualmente atestadas, estaban a esta hora solitarias y silenciosas y sólo un viento suave con cierto olor a lluvia nos envolvía. A los pocos minutos una moto se detuvo junto a nosotros y de ella bajó quien luego me enteré que era el enterrador.  Abrió la verja y entramos en aquel recinto marmóreo, florido y mudo.  Un hombre bajito de aspecto espectral, que llevaba una bolsa en la mano, y con toda la pinta de haber dormido allí nos dio los buenos días. Al poco llegó el jefe del sepulturero uniformado con una bata azul y nos dirigimos hacia donde estaba situado el nicho.

        Allí había sido colocado un tablón sobre dos caballetes alzados en unos desvencijados ladrillos, un lugar que no resistiría una inspección de prevención de riesgos laborales, y donde el sepulturero armado de un martillo se subió. Alzado en aquel pedestal aprovechó para desenfundar un cigarrillo y poniéndolo entre sus dedos con la otra mano martilleó hasta abrir el nicho. Entonces fue cuando me vinieron a la memoria las palabras de la poesía de León Felipe:

Que no se acostumbre el pie a pisar el mismo suelo,
ni el tablado de la farsa, ni la losa de los templos
para que nunca recemos
como el sacristán los rezos,
ni como el cómico viejo
digamos los versos.
La mano ociosa es quien tiene más fino el tacto en los dedos,
decía el príncipe Hamlet, viendo
cómo cavaba una fosa y cantaba al mismo tiempo
un sepulturero.
No sabiendo los oficios los haremos con respeto.
Para enterrar a los muertos
como debemos
cualquiera sirve, cualquiera... menos un sepulturero.

Quitó los restos de los escombros y posteriormente poniéndose unos guantes de goma de los que se usan para fregar fue sacando los restos y metiéndolos en una bolsa gris donde ponía el título de "Restos anatómicos". Se dejó vacío el nicho y salimos a la salida por aquel pasillo ornado de tantos recuerdos y lágrimas secas.

        Cuatro horas más tarde volvimos por allí ahora al entierro. El tráfico ahora era denso. El cielo estaba casi oculto en nubes negras. Y el cementerio seguía vacío. El encargado con la bata azul que ya conocía esperaba en la puerta y cuando llegué a la tumba, que ya conocía, allí estaba el sepulturero, nervioso, porque el ataúd se estaba retrasando. En voz alta, para que lo oyéramos, se quejaba de que eran la una y cuarto de la tarde y su jornada terminaba a la una. Al fin para su tranquilidad llegó el ataúd y el séquito de familiares. Volvió a sentirse protagonista sobre aquel tablón y por ello sería que encendió otro cigarrillo. El cielo como queriendo apagarlo empezó a soltar agua, primero poco a poco y luego a chorros. Entre los dos operarios metieron el ataúd en aquel agujero negro. Mientras el suelo se mojaba de lluvia y lágrimas, el sepulturero acabó de poner cemento. Salimos despacio chapoteando por aquel suelo desigual y me acordé, al atravesar la verja mientras el sepulturero se iba contento a comer, de aquel otro poeta que dijo: ¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos!  


El cerdo insatisfecho

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Un cuentecillo que me ha llegado hoy por correo electrónico y que comparto con vosotros:

             "Había llegado a la granja un nuevo aniimalito. Inmediatamente se dispuso a explorar su nuevo hogar.Conoció a las gallinas, y le pareció desagradable lo ruidosas que eran.Conoció a las vacas, pero le pareció desagradable el que hablarán con la boca llena.Y así fue conociendo a todos los animales. Y a todos les miraba defectos para no juntarse con ellos. Pero los animales que más le desagradaron fueron los cerdos, por sucios y mal olientes. Comían sus propias heces y se revolcaban en el lodo.Llegada la noche, se acercó al estanque a beber. En la superficie del estanque vio una luz blanca redonda y hermosa, vio hacia arriba y encontró la misma luz. Es la luna, pensó.Vio de nuevo hacia el estanque, y encontró diminutos puntos brillantes. Luego vio hacia arriba. Eran las estrellas. Entonces pensó "lo mismo que se mira arriba, es lo mismo que se mira en el estanque". Vio de nuevo hacia el estanque y después de unos segundos se puso a llorar. 
           Él también era un cerdito."

 


Miedo a volar

        Tengo mucho miedo a volar.  Siempre lo he tenido.  No lo puedo remediar, pero eso de ver el suelo bajo mis pies me aterroriza .  Todo el mundo me dice que no es para tanto, que sólo es cuestión de relajarse y pensar en otra cosa, pero no terminan de convencerme.  Con lo tranquilo que se puede ir andando a todos lados... que se tarda más, ¡pues claro!  Pero, ¿para qué tenemos tanta prisa?   La vista desde arriba es preciosa, pero a mí ¡qué más me da, si me siento nervioso e intranquilo!  Creo que tendré que pedir ayuda sicológica a un profesional, sino a este paso acabaré sin conocer nada.
-¡Gaviotín! Deja de hablar sólo y ven para acá.
-¡Voy en seguida, mamá!
         Uf, me temo que vamos a empezar hoy más temprano la clase de vuelo. ¡Qué no me pase nada!


Paseo vespertino

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     El salió a la calle bastante saturado por el ambiente del día. Caminó sin rumbo fijo, simplemente hacia ese destino incierto al que le conducían sus pies. Y en este disperso camino al ritmo sincrónico de las suelas de sus zapatos, al doblar una esquina, fue cuando se topó con Ella.

     En un principio su presencia, casi olvidada, le sorprendió ya que, aunque la reconoció con prontitud, su imagen se le había desdibujado en la memoria. No tuvo tiempo de decidir si le gustó encontrarla, porque en seguida se colocó a su lado y, la verdad es que, tampoco El se esforzó mucho por desembarazarse de Ella. Caminaron uno junto al otro y fueron construyendo palabras en el aire que iban transformándose en un diálogo. El se sorprendió, una vez más, de lo bien que lo conocía. Ella empezó a cuestionarle muchas cosas, a desempolvarle recuerdos, incluso, en ocasiones, a incidirle dónde más le dolía. Pasearon entre el bullicio de los comercios, atentos a lo suyo, aislados de los demás como en una hermética burbuja. En algún momento El detuvo sus pasos, pero ya se encargó Ella de darle motivos para seguir andando. Al fin se pararon en un bar y pidió una cerveza. Ella le dijo a El que nunca tomaba alcohol. No sé por qué, penso El, pues nunca le había visto conducir. En algún momento a El le pareció sentir su caricia fría y despierta helándole los sentimientos, pero debía ser, más bien, consecuencia de la cerveza helada que fluía por su garganta. Cuando se levantaron la noche había apagado ya los colores pero, paradójicamente, Ella brillaba cada vez más en la creciente oscuridad. Siguieron caminando hacia la casa de El mientras las luces de la calle creaban sombras juguetonas sobre la acera. El la notaba íntimamente cercana, parecía que se le había adheridol con la misma fuerza que el percebe a una roca. Ya llegando a casa aquella presencia de Ella le estaba produciendo hartazgo. Con mano temblorosa  El abrió con la llave y cerró de golpe quedándose Ella en la escalera. Sintió que Ella le seguía llamando pero no cedió a sus ruegos.

   Al rato El fue consciente de que Ella, la soledad, ya se había marchado pero se hizo una pregunta que no deja de inquietarle: ¿cuándo volverá de nuevo?


¿Nacida prematuramente?

       El frío de la mañana hizo que se sacudiera entera. Y un ligero temblor le hizo estremecerse. Llegó a pensar si es que no había nacido demasiado pronto, cuando una gota de nieve, derretida, resbaló por sus pétalos como una lágrima y mecida por el aire,  cayó sobre el suelo, alegrando a una minúscula semilla que estaba brotando.


Felinofobia

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-Nunca me han gustado los gatos ni soporto esa estampa de sabihondos y astutos que se gastan. No aguanto cuando me miran con esos ojos que parecen que van a atravesarme más allá de mis entretelas. No me fío de sus andares sincrónicos y silenciosos  que me resultan hipócritas. Tampoco de esas uñas ocultas prestas a salir y arañar en el instante más inesperado. Me parece falsa su sinuosa elasticidad. No, mamá, no me convencerás a los gastos no quiero verlos ni en pintura.

-Pero hija, ¡a ese paso te quedarás soltera toda la vida! –repuso mamá gata alzando sus ojos rasgados al cielo, mientras suspiraba y pensaba que cada vez entendía menos a las gatas jóvenes.


Una historia de la guerra civil que no va a gustar a nadie

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        Siempre me han gustado lo que he leído de Juan Eslava Galán, desde aquel ya lejano 1987 en que ganó el premio planeta por "En busca del Unicornio". De entre los muchos y variados libros de este licenciado en Filología Inglesa destacaría uno que me impresiónó muy favorablemente, "La lápida templaria", escrita con el sobrenombre de Nicholas Wilcox. A éste siguió, con dicho sobrenombre también una trilogía de novelas sobre los templarios. Hasta años después no se dio a conocer que ese desconocido escritor, aparentemente británico, y Juan Eslava se trataban de la misma persona.

        Este libro sobre la guerra civil no me ha decepcionado. Su lectura se hace atractiva y ayuda a ahondar y conocer muchos de los episodios y protagonistas de aquella trágica contienda en la que quedó tan de manifiesto la división de las dos Españas. Por sus páginas pasa toda una galería de personajes de los dos bandos, con sus grandezas y también con muchas de sus miserias. Numerosas fotos ayudan a ilustrar el texto y a poner cara a muchos de los nombres citados. Sí he encontrado algunas ideas repetitivas, aunque no sé si será una técnica del autor para que, pedagógicamente, quede más clara. He palpado en su lectura la cercanía de aquellos hechos que, aunque transcurridos ya setenta años, figuran, más de lo que imaginamos, inmersos en el subconsciente colectivo. El ser humano no cambia mucho a través de los años, los que cambian son las circunstancias, las historias se repiten y parte de los barros de hoy tienen su origen en aquellos oscuros lodos.


Historia-s

         A pesar de que fui de aquella generación que se tuvo que aprender aquella temida lista de los reyes godos, eso no me influyó negativamente para que desde adolescente me entusiasmara la historia y leyera mucho sobre ella en libros y enciclopedias, a pesar que en que aquella época algunas páginas de nuestra historia estaban escritas más bien como historietas.

        Pero si hay alguna historia que me apasiona es la historia de cada día, la reciente y la que han sufrido y vivido mis ascendientes o la mía propia. Lo que ocurre es que de todo esto me di cuenta tarde y en cuanto a la historia de mis ascendientes, por ley de vida, ya quedan pocos para poner aquellas historias por escritos y en cuanto a la mía intento recomponerla por escrito con la ayuda de mi memoria, por si dentro de unos años alguien hubiera que le interesara también la historia. Pero en este trabajo de reconstruir el pasado he encontrado una gran dificultad: mi memoria es buena y es capaz de traer al papel los acontecimientos y personas vividas, pero ¡qué difícil es re-vivir las sensaciones y sentimientos del pasado, siempre modificados por el paso inexorables de los años! Para tener más vivo lo que uno sintió ante uno de esos acontecimientos que cambiaron nuestra vida, hay que escribirlo casi al mismo tiempo que transcurren y no dejarlo "envejecer" que los matiza, los amolda o simplemente los convierte en políticamente correcto.


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