Facebook Twitter Google +1     Admin

Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2006.

¡Vacaciones!

        Ya estoy de vacaciones. No son muchos días, porque por motivos laborales no tengo más remedio que ir salpicándolas en distintos períodos. La ventaja de vivir en una zona costera hace que no sea necesario el huir de aquí a la búsqueda, por ejemplo, de playas maravillosas de las que tengo muchas cerca, aunque sí haré alguna escapada para ver otras calles, otros rostros y descubrir mundos diferentes. Parte de estos días estarán dedicados a disfrutar del día con más intensidad, a descansar, a leer y escribir más, a captar con más intensidad el lenguaje y los sonidos de la naturaleza. Sé que no hay que crearse grandes perspectivas que luego se frustren sino mimar cada rato con el que cuente. Porque tampoco tengo que olvidar que hay muchas cosas que durante el año se van arrumbando y que en estos días parecen gritar pidiéndome un tiempo y soluciones.

Soledad...

20060702223109-soledad.jpg

        "Pero ¡fíjate en sus caras! ¡Cuánta desconfianza, tensión, inseguridad y hostilidad hay en las caras descompuestas de las personas vayas donde vayas, en comunidades grandes y pequeñas, en el mundo entero! Toda esa tensión se debe a la soledad. La soledad se puede explicar y todos los argumentos son válidos, la pena es que ninguno consigue acertar la causa... Conozco a madres de seis hijos con la misma expresión de soledad y desconfianza, y a solterones burgueses que ni siquiera pueden evitar el gesto de quitarse un guante con tanta meticulosidad como si su vida no fuera más que una cadena de movimientos forzados. Y cuanto más se empeñen los políticos y profetas en construir comunidades cada vez más artificiales en el seno del mundo humano, cuanto más se eduque a los niños en ese sentido forzado de comunidad, tanto más despiadada será la soledad de las almas. ¿No lo crees? Yo estoy seguro. Y no me canso de hablar de ello."

"La mujer justa" (Sándor Márai)




Elogio de la poesía

        Literatura y educación son temas que me parecen fundamentales sobre todo en una sociedad que da prioridad absoluta a la "eficacia" que nos trae las tecnologías. Por eso me gusta como con un cazamariposas cazar al vuelo escritos y palabras que nos hagan reflexionar sobre ello:

        "¿Por qué no intentar la recuperación de la poeesía en las aulas de Primaria y Secundaria? Debemos aprovechar la nueva situación (comienzo de una nueva ley de educacuón) para conseguir que los alumnos aprendan poesías.

         Aprender y recitar poesías supone la síntesis de muchas destrezas y habilidades, no sólo lingüisticas sino también mentales. En la poesía se sintetizan a la vez la lectura, el enriquecimiento del vocabulario, la correcta pronunciación, la capacidad de abstracción, el desarrollo y la construcción de significados y el entretenimiento significativo de la memoria. Pocas actividades escolares cubren tan amplio espectro. La poesía puede ser una magnífica puerta de entrada en la Historia y en la Literatura, puede ser el acicate que despierte la curiosidad por saber quiénes fueron, qué hicieron y cuándo vivieron los que escribieron tan bien, los que acertaron a expresarse con el dominio del lenguaje, los que vistieron sus sentimientos, sensaciones y experiencias con unas palabras que han atravesado los años y los siglos para seguir atrapándonos entre los renglones que las sostienen."

Jaime Martín Moreno-(Inspector de educación)


El círculo rojo

20060704125826-telefono.jpg

       Hoy ha sido un día muy especial. De esos que, a partir de ahora y durante todo el resto de mi vida, señalaré con un círculo rojo en el calendario. Era media tarde, de esas tardes de verano donde el calor parece paralizar hasta los sonidos de la naturaleza, cuando el sonido estridente del teléfono rompió mis ensoñaciones. Era Toñi, su voz cálida y aterciopelada lamió mis oídos sin ningún rubor. Estaba en casa y, de pronto, no sé por qué, se me ocurrió llamarte por teléfono, me dijo como si estuviera excusándose.

       Era de por sí sorprendente aquella llamada teniendo en cuenta que durante los últimos veinte años, siempre que habíamos hablado, era yo el que efectuó la llamada. Sólo por aquella inaudita iniciativa valía la pena saborear cada minuto de aquella llamada que se extendió durante, casi, media hora. Nos despedimos, yo triste al escuchar el click del teléfono, ella diciendo un "ya te llamaré" que bien sabía que nunca cumpliría. Pero a la vez yo estaba con esa euforia de haber conseguido algo que nunca imaginé.

       Aún con aquella alegría reflejada en mi rostro salí a la calle, en busca del vidente de mi barrio para entregarle, el otro cincuenta por ciento, los dos mil euros que le debia por sus hechizos para que ella me llamara ese día. Ya sé que puede parecer un poco caro, pero doy bien empleado ese dinero porque a partir de ahora tendré en mi almanaque siempre señalado ese día con un círculo rojo  como el día que, al fin, Toñi me llamó por teléfono.


A la Mancha

20060705115000-mancha.jpg

      En estos días que muchísima gente se viene hacia las costas, yo voy a hacer el recorrido inverso y me voy a La Mancha. Ya sé que no está tan de moda como el pasado año con tanto Quijote por todos lados pero, sin embargo, creo que sigue teniendo como todas nuestras regiones muchos encantos de los que disfrutar. Concretamente voy a recorrer Ciudad Real y la ciudad de Almagro, antigua capital de la orden de Calatrava, y aprovechar el festival de teatro clásico para asistir a un par de obras de teatro. Alimentaré el espíritu con esos textos bien trazados del siglo de Oro mientras que en aquellos escenarios privilegiados, teniendo de techo las estrellas, me dejaré acariciar por el aire de la brisa nocturna y el de las aspas de los molinos. ¡Hasta la vuelta!


Empapado de teatro

20060710203135-almagro.jpg

       Empecé mi viaje en el tren, y en uno de sus pasillos me encontré a un viejo amigo de los tiempos de Facultad. Parecía que era un encuentro providencial, porque hacía dos años que no nos veíamos y dentro de unos días se marchará durante varios años a trabajar a Chile, así que aquel bamboleo del vagón nos sirvió de charla y abrazo de despedida. Cuando llegamos a Almagro la primera imagen es la de una ciudad sosegada y tranquila. Las calles solitarias de chinos empedradas raramente vislumbran la presencia de vehículos de motor, abundando para desplazarse, soprendentemente, las bicicletas. Es de esos lugares de los que se siente nostalgia, una vez conocido, cuando uno tiene ganas de apartarse del mundanal ruido y refugiarse en el silencio ambiental.  Muchas iglesias y palacios jalonan sus calles embelleciendo la vista y el devenir por sus calles. El resto del año es un pueblo solitario pero en esta época bulle. En estos días del festival del teatro clásico todo parece girar en torno a este arte, no en vano es en esta ciudad donde se encuentra el Museo Nacional del Teatro.

      Toda la ciudad gira en torno a su plaza Mayor una plaza alargada y bien cuidada con una original estructura que recuerda, según decía uno que había viajado más que yo, a Bruselas. Siempre que salía era paso obligado y pude ver lo diferente que es esa plaza por la mañana cuando las sombras de las columnas se alargan con los rayos solares primigenios, a la tarde donde el calor silencia y vacía todos sus rincones. Al atardecer aquella cobra una vida inusual, todas las terrazas se llenan, muchos visitantes y mucha gente del mundo de la farándula, no era raro encontrarse por allí, a actores conocidos de series televisivas, al diseñador Elio Berhanyer que había ido a inaugurar una exposición de joyas o...a un vecino de mi pueblo.

       Las comidas allí son consistentes: migas de pastor, duelos y quebrantos, las famosas berenjenas de Almagro, un queso exquisito y chorizos y morcillas variadas. Una dieta que alimenta pero que si fuera habitual, producirá algo más que alimento. Aquí pongo mi "pero" y es referente al pan. En todos los lugares en los que he estado ponían rebanadas de pan de pueblo y he echado mucho de menos al pan blanco normal que es uno de los manjares que más aprecio.

       En cuanto a museos nombraré a dos de ellos. Por un lado el ya citado Museo Nacional del Teatro, que cuando me di cuenta estaba visitándolo el día siete del mes siete a las siete de la tarde, un museo relativamente interesante para visitar. Al entrar encontramos una frase de Shakespeare:

"Todo el mundo es teatro, y todos los hombres y mujeres no son sino actores. Tienen sus entradas y salidas de escena, y cada uno de ellos interpreta diversos papeles en la vida".

Tras pensar si tendrá razón el dramaturgo seguimos el paseo en el que podemos ver guiones mecanografiados, caricaturas, retratos, trajes de época usados por famosos actores. Distintos cuadros en el que destacaría uno de Madrazo en el que pinta a María Guerrero haciendo de doña Inés y cuidadas maquetas de obras teatrales, la que más me gustó fue una del Teatro Real en la que representaba la obra de "Los pescadores de perlas".  Algo que me pareció excesivo: la seguridad. Me parece necesaria la seguridad en los museos, pero hay formas más disimuladas de ponerla. En algunos momentos parecía que estaba visitando las joyas de la corona de Inglaterra. Entrabas en una sala y el vigilante te miraba de arriba abajo, y sentía esa mirada agarrada sobre mí durante todo el tiempo. Cuando me libraba de ella era porque ya me había atrapado la mirada del vigilante de la siguiente sala. Lo dicho: excesivo. También visité el Museo de encajes, dedicado a esa labor tan característica de este sitio como es el encaje de bolillos. Será porque carezco de la sensibilidad adecuada pero no me gustó, eso sí acaba uno enterándose de todas las intimidades del tal encaje de bolillos.

      Los espectáculos teatrales dominan todo el entorno. No es raro encontrar a los actores ensayando en distintos edificios o patios las distintas obras de teatro. A pesar de las dificultades que suele haber encontré entradas para dos obras. Las dos en lugares en escenarios bien acondicionados y empezando poco antes de las once de la noche. Todo perfectamente organizado incluida la adquisición de agua en aquellas calurosas noches techadas por estrellas. La primera obra fue "Don Gil de las Calzas Verdes" una comedia de enredos que me hizo pasar un buen rato. La otra fue la "Tragedia de Don Duardos" más bien la tragedia era de los sufridos espectadores, a pesar de ello todos aplaudimos, pero yo todavía días después de haberla visto me pregunto por cuál era el argumento. Tampoco hay que olvidar los espectáculos teatrales, como el de la foto, que se realizaban en la calle para disfrute de todos. Siempre es bueno hacer algo distinto en vacaciones y en estas impregnadas de teatro lo he conseguido.


Je perdu le do...

     Así empezaba una conocida canción francesa en aquellos tiempos que en el sistema educativo aprendíamos poesías y canciones en francés, a veces incluso antes de saber lo que significaban. Yo no acababa de entender en esta canción como se puede perder el DO de un clarinete. ¿A dónde habría ido a parar? Recordaba esto cuando el otro día leía en un artículo de Andrés Trapiello que se le había perdido una palabra. Una palabra que encontró en un libro de Unamuno, intentó luego recordarla pero yació perdida hasta que años después reapareció de nuevo.

     Y hablando de pérdidas he estado varias semanas preocupado por que me desapareció un relato que estaba escribiendo y del que llevaba ya escrito once folios. La pérdida de un relato es algo que me duele. Las palabras están dentro de nuestra cabeza en alegre mezcolanza y es todo un trabajo artesano el ir recuperándolas, separarlas y darles un lugar en las frases. Sentía que las horas que había dedicado a ello, el trabajo de documentación que había realizado y la mayor o menor calidad del texto se habían desintegrado en la nada. Rebusqué en el pc, registré una copia de seguridad que tengo...y nada...totalmente desaparecido. Además es que parece que actualmente como un texto no esté en un disco duro en la práctica no existe. Al fin, se me ocurrió una idea, estuve registrando en viejos papeles y ahí apareció el relato. Me dio mucha alegría encontrarme con él. Ahora tendré que teclearlo entero, pero no importa, las ideas, el genio de aquellos momentos está en sus frases.

     Para escribir bien estoy convencido que se necesita, aparte de las cualidades personales, el esfuerzo de muchas horas. Muchas de las frases geniales que podemos plasmar sobre el papel en blanco figuran en una caja fuerte que tenemos interiormente, lo que ocurre es que la mayoría de las veces hemos perdido la combinación y sólo es posible abrirla con mucha paciencia y tesón.


Escribiendo que es gerundio

20060712134739-escribiendo.jpg

       Hace unos cuatro años la lectura de algún que otro libro despertaron en mi interior el gusanillo de la escritura. Y así, con mayor o menor torpeza, me puse a ello con tesón. En este tiempo he leído mucho al respecto, hice un estupendo taller literario y sobre todo no he parado de escribir, a veces con ganas, otras con despiste, unas experimentando, otras intentando copiar estilos...pero siempre escribir y escribir, sea en papel o en el pc, disfrutando.

       ¿A qué viene esta mirada hacia atrás a mi afán de escribir? A que ayer por la noche recibí un correo electrónico que me llenó de satisfacción, en un concurso literario al que se han presentado 179 relatos, tras el primer premio han dado dos menciones de honor, una de ellas a uno de mis relatos. Económicamente no me supone un céntimo de euro, pero eso es lo de menos, prefiero saber que un jurado objetivo ha constatado que uno de mis relatos pueda tener una cierta calidad literaria. Sí, ya sé que esto es mirarme un poco el ombligo, pero que mejor que compartir con vosotr@s, los que asomáis la cabeza de vez en cuando a este vuestro rincón, mi primera alegría literaria. En definitiva siempre he entendido que mi blog es el lugar donde ejercito mi gimnasia cotidiana de retozar con las palabras y l@s que me leéis sois mis primeros lectores.  Gracias a vosotr@s por leerme y a much@s de los que con vuestros consejos o comentarios me estimuláis a que el teclado no le salgan telarañas. Esto es como un pequeño empujón para seguir escribiendo que es gerundio.


Buena vista

20060714160415-comanches.jpg

        En aquella tribu comanche había dos miembros sumamente respetados debido a su capacidad visual. Nube Blanca era capaz de distinguir un lince a cinco kilómetros y Topo Alado que era ciego pero cuando miraba hacia dentro de sí veía cosas imposibles de otear para cualquier otro. De Nube Blanca se decía que dicha habilidad le había salvado varias veces la vida. De Topo Alado que su capacidad de mirarse interiormente sólo se la había salvado una vez, pero ésta había sido para siempre.


La mujer justa

20060715144504-la-mujer-justa.jpg

Hay veces que sin nadie que te lo aconseje, ni saber cómo llega a mis manos un libro que luego resulta ser una verdadera joya, eso es lo que me ha pasado con “La mujer justa” de Sándor Márai. No conocía nada del autor, ni del libro y de empezar a leerlo como uno más, en cuanto llevaba leídas una cuantas páginas el estilo me atrapó.

El autor, Sándor Márai, nació en 1900 en una población húngara, hoy perteneciente a Eslovaquia. Fue un autor reconocido por la crítica y el público europeo hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. En 1948 va al exilio comenzando un peregrinaje por París, Londres, Palermo, Canadá, que finalizará en San Diego (California). En 1989, tras la muerte de su mujer y su hijo, se suicidó.

La mujer justa está compuesta de tres partes, las dos primeras publicadas en 1941 en Hungría y la tercera escrita en el exilio italiano se añadió posteriormente. La forma de escribir esta novela, me parece sumamente meritoria ya que está escrita en forma de tres monólogos, un género complicado donde los diálogos no aparecen, simplemente esas reflexiones del personaje dirigidas a un interlocutor anónimo  que consiguen atrapar la atención del lector. En la primera parte es una mujer, Marika, la que cuenta a una amiga cómo descubrió que su marido la engañaba, aunque no tenía una amante. Ese hueco ocupado por el engaño hace que la mujer no pueda sentir ese amor que hubiera necesitado. En la segunda parte es el marido, Péter, el que cuenta su historia, su matrimonio y a una muchacha mucho más joven que él, con la que se casó. En la última parte es Judit esa muchacha pobre, sirvienta, que un día se enamoró de un hombre rico la que cuenta su vida. Pocos personajes pero sus vidas se entrelazan una y otra vez a través de estas páginas.

La capacidad observadora de Márai se despliega  a través de todo el libro. Un libro que hace pensar, ya que reflexiona sobre multitud de temas: la pobreza, la felicidad, el amor, la cultura, el sexo, las relaciones entre clases sociales. Y no es difícil que al leer alguno de estos temas nos interpele y debamos detener la lectura para reflexionar sobre lo leído.

 

“Y también conocía el movimiento ondulatorio que empuja continuamente al ser humano entre la satisfacción y el deseo, entre la sed y el hastío, en una oscilación que atrae y repugna a la naturaleza humana sin darle paz ni solución. Todo esto lo sabía, aunque no con la certeza con que lo sé ahora que me acerco a la vejez. Quizá entonces todavía alimentaba una esperanza en el fondo de mi corazón, esperaba que existiese un cuerpo, un único cuerpo capaz de acoplarse en perfecta armonía a otro cuerpo para aplacar la sed del deseo y el hastío de la satisfacción en una especie de manso reposo, en ese sueño que los hombres suelen llamar felicidad. En la vida real no existe, pero yo entonces no lo sabía.

En la vida real sólo a veces la tensión del deseo, la excitación no va seguida de una fase de introversión, de ese profundo abatimiento que aparece una vez satisfecho el deseo. Desde luego, también hay hombres que se comportan como cerdos, para lo que todo es absolutamente indiferente, que ponen el deseo y la satisfacción en el mismo plano. Quizás sean los únicos que de verdad se sienten saciados. Pero yo no deseo esa clase de saciedad. Como te he dicho, en aquella época no lo sabía con certeza; quizá tenías esperanza en algo, pero sin duda me despreciaba un poco a mí mismo y, en una situación tan grotesca como aquélla, me reí de mis propios sentimientos. Había muchas cosas que todavía no sabía, por ejemplo que cuando un ser humano obedece a la ley de su cuerpo y de su alma nunca es ridículo”.


Un viaje en bus

20060717204817-autobus1.jpg

       Uno de los días que estuve en Almagro tuve la "genial" idea de montar en el autobús para ir de visita a Ciudad Real, que se encuentra a 23 km. Hacía muchísimo calor. Lo primero fue encontrar la estación de autobuses. Esta consiste en un pequeño edificio en el que hay un bar en torno al cual para el autobús, ni marquesina ni nada que se le parezca. Me di cuenta que todo el mundo pedía turno y tras ponerme en la cola hice lo propio. Luego me explicaron que es que el autobús solía llegar ya lleno y no era extraño que algunos tuvieran que quedar en tierra, hasta que avisado otro autobús llegaba de Ciudad Real. Finalmente todos entramos aunque a los últimos de la cola les tocó ir de pie. Ya me imaginaba las cestas con las gallinas, pero no, lo único que me tocó delante fue una veinteañera que estuvo todo el rato hablando con una amiga superpija que se jactaba de que en Ibiza, como era azafata, entraba en todas las discotecas porque conocía a todos los relaciones públicas que, encima, le invitaban.

       Llegué a Ciudad Real, allí estuve veintidós años antes, viviendo durante nueve meses en el que fue mi inicio como docente, una profesión que me encantaba, pero de la que las circunstancias de la vida me apartaron a empellones. La ciudad está muy cambiada, me costó reconocer muchos de sus antiguos rincones, el paso del AVE y la cercanía a Madrid la han transformado. Aunque, entonces, tuve a ciento veinte alumnos no me encontré a ninguno por la calle. Eso era lo que me esperaba porque me hubiera resultado difícil reconocer a aquellos simpáticos niños de diez años en los actuales y sesudos padres de familia en que se han convertido. Visité el colegio por el que anduve y me di cuenta que los muros a pesar de que envejezcan lo hace menos que las personas con las que allí me encontré. Me senté en una plaza a recuperar fuerzas y en la mesa de al lado reconocí a un conductor de autobuses de mi pueblo con el que me puse a hablar. Tomé una cerveza con tapa y ya me iba a quejar del tamaño ridículo de la misma cuando me advirtieron que estaba incluída en el precio de la bebida.

       Como seguía haciendo mucho calor y ya había recorrido lo principal me volví hacia la estación de autobuses para hacer el viaje de vuelta. El autobús de nuevo saturado de pasajeros. Detrás mía la veinteañera de la ida que volvía de compras y que se puso a hablar con otra, no era la superpija, que estaba al otro lado del pasillo:

-Te has enterado de que X, tienes novio?

-Ya es mayorcita, tiene al menos veinticuatro años, aunque el novio es mucho mayor.

-Tú crees? No me lo parece tanto.

-Que sí, que tiene unos cuanto años más seguro, se le nota en la pinta que tiene.

    En esto uno que está a mi lado interrumpe la conversación, soprendiéndonos a todos: ¡Veintiocho! ¡Veintiocho años tiene!. Y ante la sorpresa de las dos interlocutoras, añadió: que sí, que es muy amigo mío y cuando baje os puedo enseñar hasta una foto que tenemos juntos. Las dos chicas pusieron cara de no saber donde meterse y yo no pude aguantar la risa. Si no fuera por estas distracciones que agobio de viaje. El autobús tenía el aire acondicionado puesto pero eso no impedía que las gotas de sudor chorrearan bajando mi cuello.

 


José María Pemán

20060718210937-entierro-peman-1981.jpg

         La figura de este escritor gaditano siempre ha ido unida a mi niñez. Casi todos los días pasaba por delante de su casa en la Plaza de San Antonio y a través de la ventana de su despacho no era raro ver aquella figura enjuta escribiendo. Nació en 1897 y siempre recordaba la historia de que había sido compañero de clase de mi abuelo. Su persona se hacía habitual en muchos de los eventos sociales y culturales de aquella época. Pemán murió en 1981, la foto que acompaña a este post es de su entierro hecha por elbúcaro, y en estos veinticinco años parece que su figura ha sido desdibujada o silenciada tal vez porque se le ha unido a determinadas corrientes políticas, cuando creo que algo que le caracterizó es que su postura nunca fue radical.

          Al cumplirse los veinticinco años de su fallecimiento me parece interesante la iniciativa del Diario de Cádiz de poner al alcance de sus lectores una recopilación de una parte de su extensa obra (Memorias, Poesía, Artículos y Narrativa) realizada por la profesora de la Universidad de Cádiz Ana Sofía Pérez Bustamante. Recuerdo algunos de sus artículos escritos con ese especial gracejo gaditano que le caracterizaba o aquella serie de la que fue autor, El Séneca, de nuestra televisión de los 70 protagonizada magistralmente por el actor Antonio Martelo. Una iniciativa importante la de esta publicación que viene a sacar de su injusto olvido a este escritor fundamental en la España del siglo XX.

 

SE IBA EL PENSAMIENTO MIO

  Se iba el pensamiento mío

por entre los juncos verdes

de la orillita del río.

Se iba el pensamiento mío...

Él iba tras su quimera.

Por cortarle su carrera,

por torcerle su destino,

una flor dijo a su paso

-Tengo pétalos de raso...

Y un pájaro: -Yo sé un trino

más claro que el cristalino

manar de la torrentera...

Y el viento:- Yo sé el divino

cantar de la Primavera...

Pero él siguió su camino,

porque iba tras su quimera.

(José María Pemán)

No hay comentarios. Comentar. Más...

La florista

20060719202639-florista.jpg

      No le resultó extraño a la florista aquel individuo, envuelto en un aire misántropo, la primera vez que fue a encargarle un ramo de flores para entregarlo al día siguiente. Le dijo que preparara uno a su gusto, el más bonito que se le ocurriera, que quería enviarlo. En una tarjeta a la vista de ella escribió unas hermosas palabras de amor, antes de pagarle. El repartidor cuando fue a llevarlo se dio cuenta que la casa no existía y lo trajo de vuelta a la floristería donde permaneció adornándola hasta que se marchitó. Al mes siguiente volvió por allí, ella ahora se fijó en él tenía una cara amable y no supo por qué no se atrevió a decirle que aquel ramo no había podido entregarse. Repitió el mismo ritual y ella eligió un hermoso ramo. De nuevo el repartidor tuvo que volver con él porque ahora, una dirección distinta, tampoco existía. Y así un mes y otro como una rutina elaborada, cada encargo terminaba indefectiblemente presidiendo, a modo de reclamo , el mostrador de la floristería.

       Durante poco más de tres años, la entrada de aquel hombre en la floristería se hizo habitual. Ahora era como un cliente habitual de esos que no tienen que decir lo que quieren y las sonrisas de él y la florista presidían el local durante aquel rato. Pero aquel día aquel hombre solitario al doblar la esquina, perdido en sus ensoñaciones, no advirtió un camión que se le echó encima y detuvo su corazón para siempre.

       Al día siguiente, como todos los meses, se iba a proceder al reparto de aquel ramo póstumo, pero el repartidor no acudió a trabajar, la impresión que le causó el ver un atropello mientras hacía un stop con la moto, le hizo desmayarse y darse un golpe en la cabeza. Esta vez fue la florista tras un día de mucho trabajo, era el dos de noviembre, la que tuvo que llevar el ramo a la dirección indicada en la tarjeta. Como era de suponer no existía y con la duda de si volver a la floristería pasó por delante de la puerta del cementerio donde se vio arrastrada hacia dentro por una muchedumbre armada toda ella con ramos en las manos. Paseó de manera distraída por entre las tumbas, todas estaban cargadas de flores, había una muy reciente, era de alguien que había muerto el día anterior, aún no había fraguado el cemento de la lápida.  De pronto sintió una gran pena ante aquella tumba desnuda y dejó aquel precioso ramo a sus pies. Poco podía imaginar la florista que aquella tumba era de aquel hombre que se lo había encargado y como los muertos nunca hablan, de lo que tampoco pudo enterarse es que aquellos encargos no eran más que una excusa que tenía aquel hombre, secretamente enamorado de ella, de verla todos los meses y mandarle un ramo de flores, sin duda, el preferido de ella.


Abriendo un paréntesis...

20060723150953-parentesis.jpg

     Estamos en época de vacaciones y, aunque disfruto con esto de escribir, me doy cuenta que necesito descansar del blog por unos días. Aunque no ando vacacionando suficientemente, porque estoy trabajando, creo que me vendrá bien el alejarme un poco de aquí y cambiar de actividad ya que me percibo cierto agotamiento de neuronas más síquico que físico. Así que procederá a abrir un pequeño paréntesis en mi andadura casi cotidiana por la blogosfera y aprovecharé para dedicar más tiempo a la lectura, tengo varios libros aún pendientes, a dibujar y fomentar mi creatividad por otro lado, a ordenar esos papeles que se acumulan sin orden en un montón a lo largo de todo el año...y a preparar la próxima llegada de las Perseidas y limpiar un poco el cielo de obstáculos e incomodidades para que éstas se sientan a gusto en su peregrinar anual. ¡Sed felices! Hasta la vuelta...Chulo


Archivos

Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris
Plantilla basada en el tema iDream de Templates Next