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Se muestran los artículos pertenecientes a Marzo de 2006.

Escribir...

   El escritor es hermano del ilusionista y su arte consiste en hacer visible a los demás su mundo interior, pero debe hacerlo con cuidado, de forma íntima, discreta, sin la estridencia de lo evidente.

(Guillermo Samperio)


Regalos...

              La Junta de Andalucía últimamente está un tanto dadivosa como si le sobrara el dinero gastándolo en cosas un tanto "sui generis". En primer lugar van a dar, me parece que eran doscientos euros, a aquellos estudiantes de ciclos formativos que estudien cosas que no son habituales de su sexo. Por ejemplo una que estudie mecánica del automóvil o uno que estudie peluquería. La mitad se la dan al matricularse y la otra mitad cuando termine. Esto me parece algo absurdo, ¿qué se pretenderá con ello? ¿Tal vez que uno que fuera para mecánico con el señuelo de los doscientos euros se dedique a teñir cabelleras el resto de su vida? Me parece que hay maneras más prácticas de gastar el dinero y más bien se debería incentivar el aprovechamiento académico cualquiera que fuera el sexo del estudiante o la materia que estudiara.

           Otra de las ideas geniales es regalarle a todos los recién nacidos un maletin con un cd y un libro, como modo de incentivar a la lectura. ¿De quién? ¿Del recién nacido? Cuando este aprenda a leer cualquiera sabe donde está el dichoso libro. Me imagino al padre metiéndole prisas al niño para que aprenda a leer cuanto antes y se lo pueda leer, temiendo una inspección de la junta que le pida la devolución del maletín por no haberlo aprovechado convenientemente. ¿No habrá otras maneras más lógicas de motivar el acercamiento al libro?

           Da la impresión de que hay una mente genial que se dedica a pensar en cómo invertir el dinero, independientemente de su eficacia y mirando sólo la propaganda de los hechos. Cómo decía aquel: ¡qué hablen de mí aunque sea mal!



Antes de mirar por la ventana

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Corazón helado,

manos húmedas,

sentimientos fríos,

sensibilidad agarrotada,

oídos taponados,

lengua dormida,

ojos velados,

pies quietos,

poros cerrados,

y quietud no escogida.

Al mirar por la ventana

vi que los almendros

estaban en flor,

noté unas alas a mis espaldas

y este vuelo hacia mi blog.


Gotas de silencio

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    Hoy he estado totalmente sólo en mi trabajo. Una parte del edificio quedó vacía hace unos días y de los dos que estamos el otro ha marchado de vacaciones. Se me hace extraño trabajar rodeado de tantas gotas de silencio cayendo a mi alrededor. No porque lo huya, el silencio me gusta, pero a veces la mañana se hace larga y eso que el trabajo no me falta. De vez en cuando se interrumpe por alguien que llega hasta aquel, ahora, aislado lugar, que me pide que le solucione algún papeleo o le aclare una información. Cuando sus pasos van perdiendo sonoridad a medida que se alejan vuelven las gotas de silencio.

    Un silencio que todo lo invade y que me hace pensar que el silencio total no existe. Se interrumpe por esos ruidos imperceptibles que no solemos escuchar: el sonido de la impresora en reposo, las ramas de los árboles agitadas, el tecleo de un escrito que suena como el redoblar de unos tambores e, incluso en algunos momentos, me pareció escuchar a una mosca que respiraba cerca de mi oreja.

     Es difícil que el silencio lo invada todo y si pretendiéramos forzarlo a tal extremo llegaríamos, incluso, a escuchar el bombeo de la sangre que realiza el corazón, o el zumbido confuso del no-silencio. Lo malo es que no siempre coincide en los momentos que apetecería. Yo por si acaso estos días no llevaré chubasquero a trabajar y me dejaré empapar bien por las gotas de silencio que se derramarán sobre mí a lo largo de toda la mañana. Su humedad me puede venir bien para el resto del día.


Encontra-dos

     El azar hizo que nos encontráramos hace tiempo. En un punto en el centro de la nada. Charlamos y nos conocimos y entre nosotros se creó una afinidad que nos llevó a descubrir que coincidíamos en bien poco. Nuestras opiniones a la vez que compartidas se radicalizaron y cada vez teníamos cada uno, más claro, que nuestra posición era la adecuada.

     Nuestros encuentros se convirtieron en líneas paralelas que siempre caminaban a la misma distancia, pero sin acercarse un ápice. Eso convertía nuestras charlas, a la vez, en cordiales y tensas y parecía extraño cómo seguían manteniéndose cuando la coincidencia era nula y aquel paralelismo originaba un cierto estiramiento por nuestra parte.

    Al fin un día me di cuenta que nos acercábamos, siempre estuve seguro que ese momento llegaría, y una vez más se cumplió la propiedad de las líneas paralelas y, al igual que ellas, tuvimos nuestro punto de encuentro y coincidencia...en el infinito.


Día de la mujer trabajadora

20060308225532-mujertrabajadora.jpgDesgraciadamente, todavía, muchas veces nos seguimos perdiendo en demasiadas palabras...

Ignorantes pero simpáticos

      Desde que somos pequeño vamos conociendo a esa gente metepatas aunque de buen corazón. Los que para evitar lloros nos dieron un bombón ignorando que teníamos una gastroentiritis. Los que en el examen nos dejaban copiar las soluciones de los problemas y luego nos pillaba el profesor porque sólo dos alumnos pusieron tan gran barbaridad. Los que nos avisan que tenemos un muñeco de papel a la espalda y cuando giramos la cabeza tropezamos con un escalón y nos caemos de boca.  Los que nos advierten de una pareja que se morrea por la calle descaradamente, sin saber que ella es mi novia.

      Multitud de ejemplos de estos podríamos citar, pero un caso especialmente peligroso de estos es los que se supone que están informados y se dedican a la atención al público, quieren ser serviciales pero la ignorancia no les deja ir más allá de sus narices. Es el caso típico del que va a una ventanilla y le dicen: aquí no es pero vaya a la calle Z que es allí, cuando sólo se lo imagina. Y allí va el sufrido contribuyente de una oficina a otra sin que nadie le solucione su problema.El otro día a mi trabajo me llegó una señora de andar dificultoso y que, por culpa de individuos de estos, llevaba toda la mañana yendo de un lado a otro.

     Alguna vez cuando he salido a una calle del centro por la mañana la he visto llena de gente. Y he pensado ¿nadie trabaja? Pero después de experiencias de ese tipo, me pongo a pensar si muchos de los que caminan por las calles no serán sufridos des-informados que van de un lado a otro buscando ese lugar, esa persona que le solucione su, llega a pensar, irresoluble problema.


Avatares

  Mi compañero ha decidido alargar sus vacaciones, cosa de la que me enteré el lunes a las ocho de la mañana mediante un post-it pegado en mi pc de la oficina, y se ha tomado otra semana. Mala cosa ésta de que el lunes tenga que mentalizarme para estar solo otra semana de trabajo, no por el tema de la soledad sino porque al tener que hacerlo todo no tengo ni un minuto libre y la mesa va acumulándose de papeles que son imposibles de tramitar.

  Me veo trabajando con dos ordenadores a la vez, no sé por qué hay programas que sólo funcionan en uno de ellos, y dos teléfonos, sin contar el móvil, aparte de atender a la gente que se acumula frente al mostrador o al cartero que espera, nervioso, que le prepare la correspondencia. Por eso cuando llegan las dos de la tarde y cierro la puerta, intento hacerme consciente de mí mismo y me doy cuenta que en toda la mañana no he podido "pensar", sólo tengo tiempo para actuar, escribir a toda velocidad en el ordenador mientras tengo la oreja ocupada con el auricular del teléfono.

  Cuando salgo a la calle, me doy cuenta que ando como por inercia, hasta que las neuronas empiezan a funcionar regularmente sin la opresión del reloj que me impone estas sesiones laborales. No es raro, pues, que lleve unos días en que me cueste más escribir y sacar post de la chistera de mi cabeza...¡primero tendré que encontrar la cabeza!


Ver más allá

Un día, como por casualidad, Fidel descubrió que al cerrar los ojos frente a alguien era capaz de entrar  y ver en el interior de esa persona. En un principio se sintió entusiasmado con esta nueva cualidad. Y, entonces, cuando estaba con alguien era capaz de saber lo que había detrás, de sus gestos, de sus miradas, de sus lágrimas, de sus enfados, de sus halagos, de sus sonrisas, de sus palabras …pero descubrió tantas máscaras e hipocresía que no pudo resistirlo. Y aquella aparente virtud se convirtió en un problema. Después de esto Fidel, por temor, no ha vuelto a cerrar los ojos y lleva despierto varios meses.


Contaminación

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   Nunca he fumado, pero si hubiera sido fumador estoy seguro que, a mi edad, ya lo hubiera dejado. Nunca me ha molestado en exceso el humo de los cigarrillos, pero con la nueva ley del tabaco debe ser que me estoy acostumbrando más a los ambientes libres de humo que cuando entro en uno ahumado me molesta mucho más que antes.

   No sé por vuestra tierra, pero aquí en todos los bares se deja fumar con lo que aprovechan algunos para echar todos los humos que no dejan en otros lugares. Por eso cada vez se me hace más insoportable entrar en los bares. Todos los jueves tengo que hacer una hora de espera por la tarde y aprovecho para entrar en uno a tomarme un café y leer tranquilamente. Pues bien, cada semana pruebo en uno diferente. En uno a la contaminación tabaquera de dos postadolescentes se sumaba la contaminación acústica de sus charlas y el aún peor contaminación de un olor agrio que impregnaba el ambiente. Y encima uno con el móvil dirigiendo la empresa a toda voz, probablemente si apagara el móvil y asomara la cabeza por la ventana le escucharían mejor.

  Otro día cambié de bar. En este era el único parroquiano a esas horas por lo que la atmósfera estaba despejada. Tenían un sillón cómodo y acogedor, pero no todo puede ser perfecto y la televisión gigante a toda potencia ponía videoclips. ¿Tan difícil es leer tranquilo en un bar mientras se degusta un café sin que me afecte la contaminación?


Francisco Ayala

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   Sí siempre es bueno celebrar un cumpleaños en este caso es algo especial, son los cien años de una persona viva, un escritor de prestigio y cuya vida que fue testigo privilegiado del siglo XX, la podemos seguir celebrando cuando ya hemos entrado, hace varios años en el XXI. Mi particular homenaje con este dibujillo.


Un nudo en la garganta

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         Andrew McGregor, de ascendencia escocesa, habitante desde hace varios años de las Vegas, se despertó con dolor de cabeza. El despertador no había sonado y tuvo que acelerar sus preparativos matinales para no llegar tarde al instituto donde daba clases de Química. Cuando se estaba afeitando notó como un nudo en el estómago. ¿Qué le preocupaba? Se lo iba preguntando mientras conducía por una de las iluminadas avenidas de la ciudad. Tal vez fuera que no sabía la manera de introducir la tabla periódica a alumnos que, mientras él hablaba, escuchaban sus MP3 o jugaban con la Gameboy. Se había quejado de la situación al director y su único consejo fue que tuviera iniciativas pedagógicas al respecto y que no le complicara la vida que él seguía necesitando su suplemento de sueldo como director.

        Entró en su clase y tras decirle a Thomas, siempre Thomas, que dejara de colgarse de la lámpara sintió que su nudo en la garganta se iba apretando más. No supo cómo lo consiguió pero al cabo de diez minutos en cada silla había sentado sólo un alumno. Desenrolló un mural de la tabla periódica de los elementos en la pared. Fue cuando señalaba al Litio y justamente cuando una bola de papel rozó la patilla de sus gafas, haciendo como si fuera un movimiento postrero de baile cayó fulminado en el suelo.  Por una única vez en su etapa docente la clase quedó sumida en un silencio sepulcral durante unos minutos.

-¿Qué opinas Grissom?- le preguntó la guapa forense, mientras con un bisturí abría la epidermis de la garganta de Andrew, como si ésta tuviera una invisible cremallera, tumbado cuan largo era sobre la mesa de autopsias.

-Es la primera vez, en toda mi carrera en el C.S.I, que veo un caso de muerte por asfixia al formarse y apretarse un nudo en la garganta.


La montaña mágica

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   Acabo de terminar este libro de Thomas Mann. Ha sido una lectura que me ha durado varios meses,  como consecuencia de ello tengo todavía varios libros pendientes de leer, algunos de los que me trajeron los reyes. Me ha gustado el libro, aunque en ocasiones he llegado a pensar que no culminaría las casi 1000 páginas en letra pequeña que lo compone.

   El protagonista es Hans Carstop, un joven alemán que va a un sanatorio antituberculoso en Suiza a acompañar a su primo Joachim que se encuentra allí internado. Hans llega con la intención de pasar allí tres semanas, pero enferma también y aquella breve estancia se convierte en una larga estancia de siete años en que toda su vida de "allá abajo" queda apartada por un nuevo concepto del tiempo y de la realidad, muy diferentes.

"Una narración que recogiese la acción desarrollada a lo largo de cinco minutos podría durar, a su vez -si describiese hasta el último detalle de dichos cinco minutos-, mil veces más; y al leerla se nos podría hacer corta, aunque fuese muy larga en relación con el tiempo de lo narrado o imaginado. Por otra parte, también es muy posible lo contrario: que la duración de los acontecimientos narrados sea infinitamente mayor que la duración propia del relato que los presenta en extracto".

  La idea del tiempo va empapando todo el relato, a veces  parece que el tiempo se detiene. Otras salta. En ocasiones, el tiempo poco parece importar. A mí me ha llegado a pasar, me sumergía en su lectura y parecía como que mi concepto temporal formaba parte de lo que se relataba y me veía inmerso en aquel ambiente sosegado, vivo en apariencia, de aquel sanatorio entre montañas cubiertas de nieve. Por sus páginas pasan distintos personajes todos con sus vidas apartadas y reunidas en aquel lugar. Pero los personajes siguen manteniendo sus ideas, sus pasiones y, a veces, se organizan elaboradas discusiones, incluso filosóficas que se hacen difíciles de leer.

   Un libro aconsejable, para leerlo sin prisas y dejar el resto de las cosas, mientras se lee, en las afueras de sus páginas.


El tiempo meciéndose

Durante la lectura de “La montaña mágica” de Mann ha habido momentos en que, participando de esa situación temporal en que el tiempo parece detenerse y mecerse en el aire, no he podido dejar de evocar dos años muy diferentes de mi vida, en lugares que distaban más de dos mil kilómetros y en que tuve la sensación de que las circunstancias externas de mi vida se detenían.

Fue como si esa “prisa” que nos acompañara por avanzar en el día a día, quedara oculta y disfrazada de una capa que parecía detenerla. Yo era consciente de que la vida seguía fuera de las fronteras que me rodeaban, si se me olvidaba, las pocas y puntuales interferencias, cartas o llamadas de teléfono, que me llegaban de los que estaban “fuera” se encargaban de recordármelo.

Siendo tan diferentes los lugares y circunstancias, había una serie de coincidencias:

-Se coincidía con gente con la que difícilmente se hubiera coincidido en la vida cotidiana.

-Nuestros orígenes tan diversos me abrían a circunstancias, personas y situaciones no imaginadas anteriormente.

-Salvo pequeñas y concretas salidas de aquel ambiente la estancia era de veinticuatro horas y, en ambos casos, casi trece meses.

-El tiempo era lo que más abundaba, quizás por eso se le daba tan poco valor. Nunca fui tan rico en tiempo como en aquellos dos años.

-En uno de los lugares pasé tanto frío como nunca tuve y en el otro disfruté de tanto sol como nunca sentí.

-A pesar de los conflictos que siempre surgen, el ambiente era relajado, no existen muchas de esas cosas que estresan la vida cotidiana: no había que hacer compras, ni actividades domésticas, no había que preocuparse de organizar el día, no había que hacer declaración de la renta, ni siquiera mirar la  cuenta del banco…¡no disponía de ninguna!

-Viví como una liberación el salir de ambos sitios y regresar a la vida cotidiana, no era consciente entonces de que nunca más tendría la posibilidad de ver al tiempo mecerse de aquella forma.

¿Habéis tenido alguna vez estas sensaciones?


Día atípico

   Hoy ha sido un día atípico, salí muy pronto del trabajo pues tuve que ir a Jerez a la consulta del dentista. Se nota que este fin de semana es el premio de motociclismo, me crucé con muchas motos por el camino. Alguno a unas velocidades de vértigo que parecía que el casco no podía ir a la misma velocidad. Una de las avenidas estaba ya cortada y la preparaban con graderíos para que estos días las motos hagan sus habilidades, algo que no le hace demasiada gracia a los vecinos de la zona. Los comerciantes, sin embargo, apoyan todo lo que sea traer motos porque eso le potencia sus negocios.

   Por la tarde estuve leyendo un rato "La orden negra" una novela histórica del historiador Calvo Poyato que se lee bien y me está resultando interesante. Luego me tuve que mentalizar para no dejar de ir al gimnasio. Sudor, dolor de piernas y agujetas en la barriga, pero dicen que eso es "bueno". Pero luego al llegar a casa no pude resistir la tentación de un chorizo de Teror y sucumbí a su seducción. Teror, para quien no la conozca, es una bonita ciudad Gran Canaria donde está situado el santuario de la patrona Nuestra Señora del Pino. Son unos chorizos blandos, parecen sobrasada, que durante el servicio militar me calmaron muchos días el hambre y ahora me han traído unos cuantos de allí y, cada vez que como uno, me vienen a la memoria recuerdos enterrados de cuando uno tenía poco más de veinte años. La sutil diferencia era que entonces no me entraban remordimientos por comerme esos chorizos.

   Esta noche voy a ir a una conferencia de título interesante "De Tartessos al Islam" que da Jesús Maeso un profesor jienense afincado en Cádiz y una verdadera autoridad en la escritura de novelas históricas. Todo lo que sea aprender y ensanchar el espíritu es algo que se agradece.


La orden negra

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   La desaparición real de una cartera con unos documentos propiedad de Himmler, lugarteniente de Hitler, en la Barcelona de 1940, le sirve a José Calvo Poyato, escritor cordobés y profesor de historia, para urdir una interesante intriga con pinceladas históricas un género donde se le nota a sus anchas. La sorpresiva aparición de esa maleta en el 2003 hace que una pareja de amigos-amantes, Marta Amat y Ramón Nogues, se vean envuelta en una serie de peligrosas aventuras en las que aparecen desde una sociedad secreta nazi, mafiosos rusos o el servicio secreto británico, todos tras el contenido de esa maleta. Un contenido que podría ser peligroso si cae en malas manos.

   Un libro interesante que se lee fácil y donde, algo tan de moda últimamente, nos acerca a las distintas tradiciones sobre existencia del Grial. Para pasar un rato agradable y entretenido.


Los aires difíciles

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   Acabo de ver esta película. En el año 2002 leí la novela del mismo título, en la que está basada, de Almudena Grandes. Probablemente me influyó mucho que me gustara tanto el cómo la leí. Fue en ese tiempo en que el verano se anuncia,  finales de mayo, en que por las tardes me iba con el libro y una hamaca a la playa, aún desierta de veraneantes, y me sumergía en la lectura acompañado por el ruido de las olas que rompían en la orilla y el viento, los aires difíciles tan citados en la novela, que parecía, en ocasiones, que brotaba de las palabras escritas.

   Los protagonistas son dos madrileños Juan Olmedo y Sara Gómez que vienen a coincidir en un mismo pueblo, son vecinos, de la costa gaditana, en Rota. Los dos arrastran un pasado complejo y en ocasiones trágicos que se revelan a través de una amistad que surge entre ellos. Una tercera protagonista, Maribel natural del pueblo, que hace de asistenta de los dos también arrastra su historia. Historias que se entrecruzan teniendo como fondo algo tan característico de esta zona: los vientos. Unos vientos que influyen en el comportamiento de los habitantes del lugar y que los madrileños van conociendo a través de las palabras de Maribel. Una historia que me apasionó cuando la leí y que me dejó un grato recuerdo de mi encuentro con este libro. Además, posteriormente, tuve la oportunidad para completarlo de escuchar la presentación del libro en una noche de verano agosteño de boca de su autora y que ella me lo firmara.

   Los escenarios de la película, aunque también en la provincia gaditana, se han ido hacia otra zona cerca del Estrecho de Gibraltar: Zahara de los Atunes y Barbate. El año pasado que estuve un fin de semana en la primera de estas poblaciones coincidí, precisamente, con el equipo de rodaje y me dije que en cuanto la estrenaran iría a verla. La película también me ha gustado, aunque sigue bastante bien al libro, nos omite el complejo pasado de Sara Gómez, al parecer la hubiera extendido demasiado y se concreta sólo en el de Juan Olmedo. Por eso noto al personaje de Sara Gómez, que interpreta Carme Elías que queda como cojo. Hay varios feed-backs que si no se ha leído el libro pueden despistar al principio, pero el director ha tenido la buena idea de presentar en esos casos al protagonista sin barba por lo que nos damos cuenta que estamos, en ese momento, en su pasado.  La fotografía de la película es hermosa como la costa que retrata, en cuanto al viento, aunque no se le da la importancia que en el libro, sopla bastante y es que, en esa zona siempre hace algún viento. Una película digna de ver, dirigida por Gerardo Herrero, y que ayer consiguió la Biznaga de Oro al mejor largometraje en el noveno Festival de cine español de Málaga.


El gorrión y el ciruelo

-Anda que para ocho días que te han durado las flores, menudo trabajo el tuyo de soportar calor, fríos, viento y lluvia – le dijo el gorrión al ciruelo en el que estaba posado.

-Tienes razón, son sólo ocho días, pero doy por bien empleado ese esfuerzo de todo el año por disfrutar de esos ocho días y, además, olvidas que tengo el recuerdo de esos días y la certeza de que sé que, de nuevo, volveré a florecer- le respondió éste agitando las ramas y sonriéndole al viento, que acarició sus renovadas hojas, mientras le hacía un guiño.


Sospecha

   Cuando ella le dijo al despedirse: "Tanta paz lleves como descanso dejas y, por favor, cierra la puerta por fuera".

    No supo por qué, pero empezó a sospechar que no le caía demasiado bien.


César y Marisa

    Traigo hoy hasta el blog una noticia que he leído en el Diario de Cádiz de ayer y como me parece buena, no todo van a ser desgracias, me apetece compartirla. Marisa, de 36 años, es una gaditana afectada de una enfermedad degenerativa, que hace que le vaya deteriorando distintos órganos, entre ellos el páncreas y los riñones. Aficionada a Internet ya había tenido algún que otro desengaño amoroso, de gente con la que contactaba y que cuando se enteraba de su enfermedad hacía mutis por el foro. Hasta que conoció a César un sicólogo colombiano, de su misma edad, nacionalizado español que vivía en Tenerife. Pero éste, tras conocer su enfermedad, siguió chateando con ella hasta que llegó un momento en que le ofreció, para trasplantar, uno de sus riñones. Otro, pensó ella, que echa un órdago, pero éste no desapareció y siguió insistiendo con su oferta.  Le dijo a ella que por qué no se iba a Canarias pero ni ella ni su familia se fiaban mucho, de uno que ofrecía algo sin nada a cambio, aparte de que ella estaba en Cádiz muy apoyada por su familia. Finalmente fue César el que se trasladó a Cádiz y terminó con la desconfianza de la familia. Tras hacerle las pruebas de compatibilidad del riñón, vieron que era más compatible que el de la propia hermana de Marisa. Ya le hicieron el trasplante a Marisa, ahora algo de él siempre lo llevará con ella.
 
            Cuando este mundo internaútico crea, en algunas personas, tantos miedos y temores sobre todo en los que lo desconocen, esta vez se puede decir que para Marisa ha sido providencial, ya que su vida ha cambiado no sólo en el aspecto de su salud sino en todos los sentidos.


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