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Se muestran los artículos pertenecientes a Noviembre de 2007.

Error tipográfico

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         Toda la vida en los periódicos, los llamados duendes de la linotipia, han provocado erratas. Pero hay algunas, como en este anuncio de hoy en la página de televisión, que con la simple desaparición de una letra, puede conducir a un lector poco avezado a pensar todo lo contrario sobre el contenido del programa.

           ¿Dónde estará esa A que se ha perdido?


Cómo lee un buen escritor

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         Un libro interesantes para los aficionados a escribir y para aquellos que, cuando leen, gustan de fijarse especialmente en las palabras. Francine Prose, la autora, novelista y que además ha sido profesora de literatura y escritura creativa, explica al principio cuál es la intención de este libro:

         "En parte, este libro se ha concebido como respuesta a la ineludible cuestión de cómo los escritores llegan a aprender a hacer algo que no se puede enseñar. Lo que sabemos los escritores es que, en última instancia, aprendemos a escribir a partir de la práctica e intensos esfuerzos, repitiendo la prueba del ensayo y el error, del éxito y el fracaso, pero también con la lectura de las obras que más admiramos. Así este libro representa un esfuerzo por recordar mi propio aprendizaje como novelista y por ayudar a los lectores apasionados y a los escritores en potencia a comprender como lee un escritor".

          Divide el texto en distintos capítulos: la lectura atenta, las palabras, las frases, los párrafos... En cada uno hace una introducción al tema, tras la que introduce fragmentos de textos de escritores reconocidos, que transcribe y desmenuza con amenidad, para que nos fijemos en la forma en que están escritos.

          Termina con una lista, que ella considera de "libros que deben leerse inmediatamente". Sin duda, quien lea este libro, podrá sacar más de una idea que le ayudará en ese camino de rosas y espinas, al mismo tiempo, que es la escritura. Un camino que, muchas veces, en vez de elegirlo, parece que nos ha elegido.

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Gente fastidiosa

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            Una vez más se me acercó aquella figura menuda, herida de arrugas por la vida. No entendía el por qué cobraba sólo la tercera parte de su pensión de viudedad.  Como todas, ella se enamoró siendo joven del “hombre de su vida”. Su marido con una generosidad más que discutible, compartió pronto con ella las consecuencias de sus borracheras y sus gestos violentos, hasta tal punto que la desesperación le hizo a ella solicitar el divorcio a los diez años de aquella ilusionada boda, pero…le dio pena y durante veinte años más siguió aguantándolo en su casa…  

            Como no tenía a donde ir, lo tenía “recogido”, dice ella.¡Pero si hasta murió en mi cama!, se lamenta. Pero nadie se fija en esos veinte años de duro recogimiento, sino en aquella sentencia de divorcio que supuestamente rompió aquella convivencia y hoy es el detonante de esa reducción drástica de la pensión que cobra. Se da la vuelta y se retira con sus andares lentos y pesados. Una vez más se ha desfogado, aunque sabe que no tiene nada que hacer.  Y es que hay algunos que parece que no tienen suficiente con dar una mala vida, sino que además siguen fastidiando hasta después de muertos.


Día de pesca

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          Hoy paseando por la playa mi mirada quedó atraída por esta caña de pescar, que, cual tenue pabilo, oscilaba flexiblemente con el jugueteo combinado del viento y de la marea que tensaba el sedal. Me sentí tentado a sentarme allí y dejar que mi vista fuera siguiendo, como a un viejo reloj de sol, la sombra que comenzaba dibujándose en la arena para, sin mojarse, zambullirse en el mar.

          Acomodarme, sin prisas, sobre la arena; sabiendo que durante esas horas, nadie te espera y nada esperas, sólo el lento trascurrir del tiempo, que convertido en viejo amigo conversa conmigo con lo único que sabe hacerlo: con la variedad que va tomando luz y las distintas sensaciones que produce. Dejar que mis oídos se acomoden en ese leve rumor que este mar sin olas produce al lamer con suavidad las orillas. Seguir el vuelo de las gaviotas que dibujan con sus alas acompasadas estelas en el azul del cielo. Contemplar las libélulas que expectantes se posan sobre la caña y siguen su vuelo en cuanto esta vibra levemente. Y, al fin, escuchar esas palabras que el viento susurra al oído de aquellos que están atentos.

          Y cuando terminara el día, y los azules mutaran primero a maravillosos tonos pasteles que despiden al sol, para luego ennegrecer cielo y mar en una tenebrosa uniformidad, emprender el camino de vuelta, probablemente sin un solo pescado, pero con la satisfacción de haber disfrutado de un maravilloso día de pesca.

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Alboreando

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          Así está la calle, cuando mis pasos solitarios, al amanecer retumban contra las paredes. Los tonos grises van desapareciendo a medida que la luz del sol, asoma a lo lejos entre los edificios y va iluminando las paredes. A estas horas me encuentro con muy poca gente, la vida empieza a bullir pero en el interior de las casas, y siempre somos los mismos los que nos cruzamos en las esquinas y los buenos días que intercambiamos quedan, durante un rato, flotando en el aire.            

          Suelo iniciar alegre este camino cotidiano de ida al trabajo, incluso aunque sea lunes. Simplemente el hecho de poder ir andando es un avance, cuando en un principio trabajaba a 600 km de mi casa, luego a 180 km y separado por el mar, más tarde a 50 km y ahora puedo ir caminando disfrutando de este paseo.              

           No es el mejor trabajo del mundo, ni siquiera aquello para lo que me preparé duramente en mis años universitarios, pero la vida me condujo hasta él y aunque inicialmente me revolvía contra aquella labor cotidiana, el paso de los años y la experiencia, ha  hecho que le haya encontrado ciertas cualidades que lo hacen agradable y atractivo.             

          Cada mañana inicio ese camino hacia lo desconocido que sólo cuando la luz del sol ya se ocultó hace rato y la almohada apoya con su ternura mi cabeza, puedo decir si, ha sido un día digno de olvidar o, por el contrario, ha valido la pena.


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