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Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2009.

Esta mañana...

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...cuando, al amanecer, vi el sol desperezarse de esta manera, imaginé que hoy podría ser un día bonito...¡y no me equivoqué!


Un asesinato piadoso

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            Un hombre aparece asesinado en el cobertizo de su jardín. El suegro confiesa ser el asesino, para liberar a su hija del maltrato al que la sometía su marido. Se encargará de la investigación la juez Mariana de Marco, es la cuarta entrega de éste personaje. El narrador acompaña a la juez, una mujer cuarentona, divorciada y con un punto de atracción por los hombres que tienen un punto canalla. Seguimos su vida en una reconocible ciudad del norte de España y participamos de sus dudas sobre el punto de la vida en el que se encuentra y sobre un caso que aparentemente es muy sencillo, pero que su tenacidad le revelará que es mucho más intrincado y complejo de lo que parecía en un principio.

           

Primer libro que leo de este autor y aunque su lectura no me ha apasionado, me ha parecido distraído y agradable para pasar el rato. En algunos momentos la intriga engancha y empuja a no parar de leerlo.

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Manual de instrucciones

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     Cuando los rayos del amanecer alumbraron su cuerpo, Laura, saltó de la cama. Su marido se dio la vuelta para dormir un rato más. Sintió el suelo frío en la planta de sus pies. Llevaba tiempo preocupada por qué regalarle a su marido por las bodas de plata de matrimonio que, en las próximas semanas, iban a celebrar. ¡Tenía una idea! Se le había ocurrido en este último rato. Le regalaría algo escrito y dibujado por ella...se podría titular: "Manual de instrucciones para extraerles su magia a unos pechos femeninos".    

     Sonrió ante esta ocurrencia, pero fue sólo un instante, porque enseguida un rastro de pena nubló su semblante y sus lágrimas se fundieron con el agua de la ducha.


La marquesina de autobús

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             Hacía frío el otoño ya había hecho descender la temperatura y aquellas seis personas se refugiaron algo apretados , en aquellas primeras horas de la mañana, bajo la marquesina del autobús. Y como del contacto nace la confianza, cuando llevaron un rato de espera empezaron a charlar, tampoco había nada mejor que hacer… Y hablaron de lo divino y de lo humano, hasta que llegado el atardecer esa hora que empareja incluso a seres tan diferentes, como el sol y la luna, crecieron en sus intimidades. Cuando el sol salió, al día siguiente, la euforia les embargaba e incluso se alegraron, en días sucesivos de no ser el único amanecer que habrían compartido.

 

            A los nueve meses, cuando ya la primavera hacía brotar flores donde menos se esperaba, nuevos y minúsculos inquilinos, aumentaron los seres que pululaban bajo la marquesina. La densidad aumentó, menos mal que empezaba a hacer mejor tiempo y algunos salían a pasear por los alrededores, pero por la noche volvían y apretados dormían en su seguro refugio. El tiempo pasó y los niños hasta crecieron y se empezaron a dar clases usando de pizarra, el papel donde se señalaba el horario de autobuses.  Celebraron fiestas bajo aquella marquesina, incluso una feria a las que todos eran tan aficionado e incluso en Navidades se intercambiaban de regalo aquello que llevaban en los bolsillos.

 

            Los maduros se convirtieron en ancianos y los niños en rebeldes adolescentes y en aquel mundo pequeño se desarrollaban historias y conflictos como en el resto del planeta, lo que las caracterizaba era la espera de un autobús que tardaba más de lo habitual. Un día uno de aquellos adolescentes, más osado que el resto, se alejó cincuenta metros de la marquesina y en un poste de la luz vio un papel amarilleado por el sol y desgarrado por el viento en el que ponía: “A PARTIR DEL UNO DE OCTUBRE EL AUTOBÚS NO PARARÁ MÁS AQUÍ  POR CAMBIO DE ITINERARIO”. Un vacío desconocido lo invadió, aunque sólo fue un  instante, era de noche y era la hora de irse de botellón con  sus "colegas" a uno de los extremos de la marquesina donde lo estaban esperando.


Ronquidos

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En la soledad de la cama, Laura, echaba de menos aquellos ronquidos de él de los que tanto se quejó. Pero ahora era demasiado tarde, otra mujer ya los había hecho suyos al descubrir el punto de ternura que se encerraba en aquel ulular nocturno.


De lecturas

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(portada de TBO del año 1967)

 

Inicié mi inmersión en el mundo de la lectura con viejos TBOs, que hoy conservo como verdaderos tesoros encuadernados, algunos incluso de los que les compraba mi abuelo, a mi madre,  cuando era una niña. De allí pasé a los comics de Tintín y Astérix, en los que todavía me recreo de vez en cuando y di el salto a Enid Blyton y Julio Verne. Luego rebuscaba en la biblioteca de mis padres, intentando encontrar aquellos libros, especialmente en la vieja colección RTV que me sedujeran con sus letras. Después libros de todos los tamaños y colores han formado parte de mis lecturas.

Me preocupa como transmitir mi afición a la literatura a mis hijas y aunque ellas leen, me doy cuenta de que no sirve de mucho los consejos partenales al respecto. A veces, basta que con ilusión les aconseje uno para que dormite días sobre su mesa hasta que vuelvo a recolocarlo al lugar en el que estaba de mi biblioteca. De todas formas, cómo podría competir mi vieja colección de libros de Julio Verne, editada en los setenta, y de de letra minúscula y apretujada sobre páginas rugosas y amarillentas con esos libros de hojas satinadas, colores vivos y dibujos atractivos que les ofrecen las librerías.

Supongo que debe ser así, porque cuando pienso en los libros que he leído, pocos de ellos fueron los que me aconsejaron mis padres. Probablemente es que los libros que leemos, como la vida de cada día, sea, en realidad, algo muy nuestro.


En el mercado

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         Nunca me gustó durante los años de juventud que pasé en  Cádiz, que me llevaran a comprar al mercado. Donde más disfrutaba, era fuera de sus muros: aquellos puestos de tebeos viejos y el olor vivo del puesto de churros de “la guapa”. Entrar en aquel viejo edificio, a donde siempre iba obligado, no me hacía ninguna gracia. Aquel bullicio de señoras y carros de compra, sin control, por aquellos pasillos, me resultaba agobiante. Y eso que había cosas que me llamaban la atención, como aquella carnicera de pechos gigantes que no paraban de sorprenderme, mientras nos despachaba la manteca colorá, el aspecto siempre grato a la vista de los puestos,  tan brillantes, de fruta o aquel olor de los puestos de pescado que siempre me hacía entrar con la nariz tapada mientras recorría, a paso rápido, aquellos pasillos.

 

            Ayer aprovechando que tuve unas horas por la mañana, visité el nuevo mercado, abierto la semana pasada tras largos meses de reforma. Y ahora sí que me gustó pasear por aquellos soportales reformados, con todo perfectamente colocado y entre la curiosidad de los numerosos viandantes que expectantes recorrían con su mirada todo aquel espectáculo novedoso. Lo que más me gustó es el poder pasear por la zona de pescadería sin tener que taparme la nariz entre las sonrisas estáticas de los marrajos y las patas agitadas de las galeras que se amontonaban vivas dentro de las cajas. Lo que menos me gustó la imposibilidad de que me acompañaran aquellos pasos que antiguamente me obligaban a entrar por aquellos rincones.  Al salir un suculento olor a churros llegó hasta mi nariz….

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Celebrar la alegría

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         Hoy celebramos el cumplimiento de una esperanza, de esa esperanza que la humanidad durante siglos esperó y que nunca nadie pudo imaginar que se pudiera realizar de aquella manera tan original y sencilla a la vez. En la persona de un niño alumbró esa divinidad a la que el ser humano anhelante de trascendencia siempre se ha acercado de muy distintas maneras. Y en lo más pequeño alumbró lo más grande, un milagro sólo visible para aquellos que tengan el corazón abierto para verlo.

             Por eso hoy celebramos la alegría, no una alegría vana y sin razón, sino una alegría compartida que sobre todo es cercanía a los demás y solidaridad con aquellos que nos necesitan. Y en un día como hoy nos deseamos felicidad, ese anhelo cotidiano que tanto buscamos y que tan difícil, muchas veces, se nos hace encontrar. Y celebramos el encuentro con esas personas que tenemos alrededor y nos sentimos especialmente cercanos de aquellos que tienen un huequito en nuestro corazón y que la distancia se empeña en separarnos y nos acordamos de esos otros que tanto aportaron a nuestra vida y se marcharon, siempre se van antes los mejores, a otra vida mejor. Con esta llegada de Jesús se nos anuncia que otro mundo es posible...

            Y desde este pequeño rincón del esta gigantesca red, a ti que por lo que sea te has acercado hasta mis letras, aunque sea por pura casualidad, o a ti que sueles darte de vez en cuando un paseo por aquí te deseo ¡muchas felicidades! y te invito a compartir la alegría. ¿Te animas?

 


Navidades lluviosas

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Parecía imposible, hace unos días en que los campos estaban secos y los pantanos escaso de agua, que de pronto las nubes venidas en formación y abundantes descargaran de forma tan bestial sobre nuestra tierra sureña. Estos temporales están dando más de un problema, anegando casas y en algún lugar hasta formando remolinos en el aire con un balcón. Aquí pongo una foto obtenida hace diez minutos donde se observa un foco de luz con melenas de agua que ha sido la característica de estos últimos días. Las navidades las he pasado sin salir, porque ¿a dónde vamos a ir si no tengo una barca para recorrer las calles?


La no-navidad

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        Hace unos días iba bajando una cuesta con una bolsa de regalos, cuando desde el otro lado de la carretera alguien me llamó. Reconocí a Julia, una joven de 35 años y a quien por motivos laborales he tratado en variadas ocasiones. Cruzó la calle y se acercó a mí, para preguntarme a ver si conocía algún sitio donde le dieran una paga. Su historia es truculenta, madre de siete hijos y abuela de una nieta estuvo cobrando por víctima de malos tratos, pero ya esa paga se le había terminado y su situación actual se había convertido en crítica. Como siempre las cosas se pueden convertir en peor, a su hija de doce años, al estallarle el cristal de una ventana, se le clavaron varios trozos en su cuerpo y estuvo a punto de desangrarse, estando ingresada durante varios días en la UCI del hospital. Me habló de este último episodio, toda su historia la conocía yo de sobra, y de lo mal que lo había pasado. Ahora venía con una bolsa con alimentos que le habían dado en un convento de monjas. No me pidió nada, pero ¿cómo no iba a sacar dinero de mi cartera de modo que ella pudiera comprar algunas cosas en aquella Nochebuena? Me dio un abrazo agradecida y, con ojos llorosos, siguió su camino, mientras yo como un maxmordón pensaba que algunas personas lo tienen muy complicado para sentir la alegría de la navidad y, más bien, sus días se convierten habitualmente en una no-navidad. 

            Cuando se mira a lo lejos el árbol de Navidad, los adornos y demás aderezos nos espumillean  con sus luces y multitud de colores de esa alegría, casi infantil, de este tiempo. Si, por el contrario, hacemos, como en esta foto, el esfuerzo de acercarnos a una de esas bolas, vemos que ahora el mundo se ve monocolor y deformado. Hay gente que, por mucho que lo intente, no puede alejarse de la bola…

 

 


La escritora

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                   Un día más se sentó ante el ordenador, con sus hombros desnudos sintiendo la caricia suave de su melena rubia, con sus dedos finos de uñas recortadas dispuestos a construir palabras y, sobre todo, con esa mirada expectante con la que se contemplaba cada tarde la pantalla, a través de las volutas caprichosas del té con limón. Curiosa y con el corazón habitualmente en un brete se acercaba a aquellas letras, que imaginaba de caligrafía fuerte si estuvieran escrito sobre el papel, que le iban desnudando la atractiva personalidad de Ramón. Era una sensación inusual las que aquellas letras le causaban, por un lado le atraían y seducían, por otro le inquietaban y preocupaban., aunque siempre contaba las horas para que llegara ese rato vespertino, en que deseosa y expectante se ponía a leerlo.

           Le gustaba aquel diálogo entre corazones en el que ella empezó abriéndose con la levedad del ser, pero que a través del paso de los días había ido abriendo ante aquel hombre desconocido las más hondas de sus entretelas. Era el hombre perfecto, muy diferente de aquellos con los que la vida parecía haberle obligado a tratar. Siempre tenía la palabra adecuada para hacerla gozar, cuando no ese piropo acertado que le hacía escalar su autoestima hasta extremos inusitados. Había tomado la costumbre, cual madrastra de Blancanieves, terminar todos los días su misiva  virtual con la misma pregunta: ¿Quién es la mujer más hermosa del mundo?

           “Tú, mi reina” y después seguía comentando el argumento del día, sobre el que ella había iniciado el día anterior en un diálogo rico y vivo. Hablaban de lo divino y de lo humano y ella se dejaba seducir por sus palabras. Ella amante de la escritura disfrutaba  excitadamente con aquel intercambio epistolar, hasta aquel día…

            “Tú estás bien, sin embargo las hay mejores”, aquello era presentimiento de tempestad y las letras que siguieron, esta vez eran diferentes, ahondaban en sus debilidades femeninas y se regodeaba en ellas. Ella intentó defenderse en la respuesta, pero el correo de vuelta era aún más duro. Llegó un momento que se le hizo insoportable que alguien se cebara así en ella y aquella actitud tornó en tal desesperación que un día, tras una frase especialmente hiriente abrió la ventana y se lanzó al vacío del espacio y de su vida.

             Nadie se preocupó de que aquellas cartas ya no llegaran, porque aquella escritora había intentado el más difícil todavía, como un jugador de ajedrez que juega contra sí misma, ella se escribía su propio chateo, pero lo más peligroso fue cuando intentó experimentar ahondando en sus defectos. ¡No pudo resistir que alguien conociera tanto sus zonas oscuras como las conocía ella.!


2.010 razones para ser feliz

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Porque..

- respiramos

-el sol sigue saliendo cada mañana

-hay más de uno que nos quiere

- hay más de dos a los que queremos

-existen las cosquillas

-comemos cuando tenemos hambre

-porque las caricias siguen siendo gratuitas

-seguimos con capacidad de asombro

-la luna llena nos cosquillea como si fuera nueva cada veintiocho dias

-el mar y el cielo siguen siendo azules

-sigue intacta nuestra capacidad de soñar

-somos capaces de vivir realidades

-la primavera nos sonríe con sus colores

-el verano nos abraza con su viveza

-el otoño nos mece en nostalgias

-el invierno nos hace gustar especialmente el calor de hogar

-los niños nos hablan de futuro

-las cerezas seguirán estando dulces

-el sueño repara el cansancio del día

-seguimos teniendo fuerzas para sonreír cada mañana

-leer nos permite viajar desde el sillón

-escribir nos permite construir mundos nuevos

-todos los días aprendemos algo nuevo

-cuando nos lo proponemos podemos crecer sin aumentar en estatura

-hay mariposas entre las flores

-tenemos un techo sobre nuestra cabeza

-aún está vivo el lenguaje de las miradas

-la lluvia sigue dando vida a la tierra

-desaparecen los anuncios en televisión española

...se me ocurren muchísimas más...¿y a ti?

¡FELIZ 2.010!


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