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Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2009.

Cita a ¿ciegas?

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     Él salió de su casa con paso vacilante, iba a encontrarse con ella. Mientras caminaba era consciente de que su visión del mundo había cambiado, aunque él se resistía a reconocerlo. Llevaba días esperando aquella cita y cuando estuvo delante de ella descubrió que sus piernas le temblaban. Lo condujo, con suma delicadeza,  hasta una silla y se sentó frente a él. Las delicadas manos de ellas, tan frías como suaves, con unas uñas delicadamete recortadas, levantaron su rostro indicándole que le mirara fijamente a sus ojos.

      Sus miradas se encontraron, él admiró aquellas negras pestañas que servían de antesala a unos ojos luminosos que resaltaban en un rostro mimosamente ornado por una leve capa de maquillaje. Ahora miraba sus labios y estaba inquieto  pendientes de aquellas palabras que sabían que podían cambiar el resto de su vida. Al fin, aquel silencio se quebró con la voz dulzona de ella:

-Sí, efectivamente necesitas gafas, pero has tenido suerte, porque este mes tenemos rebajas porque estamos de aniversario- le dijo la dependienta de  la óptica a la que había acudido.


Atardecer

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   Todos los días hay un atardecer, pero no siempre es tan hermoso como éste que acabo de contemplar hoy.


Cometas en el cielo

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      Este libro nos narra en el Afganistán de los años 70 una doble historia de amistad entre dos padres y dos hijos.  Se centra sobre todo en la amistad entre los hijos: Amir, hijo de un hombre rico, y Hassan hijo del criado y que comparten la misma casa. Esta amistad se trunca en un determinado momento por culpa de Amir y eso les obliga a separarse. Posteriormente, circunstancias polítucas hacen que Amir y su padre tengan que reiniciar una vida desde el principio, exiliados en los Estados Unidos.

      Nunca se le irá de la mente de Amir, aquella amistad que él destruyó. Un día, muchos años después,llamado por otro antiguo amigo, vuelve a Afganistán, ahora ocupado por los talibanes y se da cuenta de que es muy diferente de aquel país que él conoció. Tendrá la oportunidad, de la forma que menos hubiera pensado, de sanar parte de aquella herida que le había acompañado durante tanto tiempo, viajará por el país y, de alguna manera, hasta dentro de sí mismo.

       Como telón de fondo aparecen esas cometas que dan título al libro y que era uno de los pasatiempos preferidos de Amir en su infancia.  Hermosas pinceladas de aquel desconocido país aderezado con esta historia de amistad.


Ayer 10 de enero...

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...fue su ¡ochenta cumpleaños! No sé cómo lo hace pero se sigue manteniendo eternamente joven y las arrugas no llegan a su rostro ni a sus aventuras. Sí, un día como ayer hace ochenta años la primera tira con los dibujos del intrépido reportero Tintín fue publicada en una revista belga. Obra maestra del dibujante George Remi, más conocido con el seudónimo de Hergé, este periodista tan peculiar, nunca escribe nada, pasa por aventuras que nos han hecho soñar a todos los que las hemos leído.

      Con Tintín he subido al Himalaya y he viajado en un cohete hasta recorrer la superficie lunar. He participado en un viaje por el Amazonas y conocido los secretos de la India. He conocido revoluciones y conspiraciones. He estado en China,  conocido a los indios americanos y recorrido el país del oro negro. He recorrido pirámides y viajado en todo tipo de medios de locomoción. He subido a camellos y he sabido que "las llamas cuando se enfadan, escupen". He visto aerolitos que caían del cielo y conocido a los descendientes de los incas. He luchado con piratas y visitado Africa...

       Pero esto no lo he hecho solo con él nos acompañaban en estas aventuras un nutrido elenco de personajes. Empezando por el bravo capitán Haddock y siguiendo por el sabio y despistado profesor Tornasol, los divertidos Hernández y Fernández,  la inmensa Bianca Castafiore (que sólo canta el aria de las joyas de Fausto) y el perverso Rastapopoulos.

         Se anuncia que estas aventuras serán llevadas al cine por Spielberg, tiene que ser interesante el verlas en la pantalla grande, a pesar de que no será siempre igual que esos dibujos originales por los que se mueve el personaje.

        Sí, han sido muchos años y siguen siéndolo los que llevo disfrutando de su compañía, la mitad de su vida, y de sus aventuras que nunca mueren. ¡Qué menos que en agradecimiento regalarle este post de recuerdo por su cumpleaños!


Arte

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      Hay figuras construidas por la naturaleza que son verdaderas obras de arte, como ésta que acabo de atrapar hace unas horas con mi objetivo. Sólo hay que estar atento a ellas.


Sólo unos centímetros

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      Cuando Vicente y Lidia, se conocieron en el Chat nunca pensaron que aquella relación pudiera llegar tan lejos. Y aquellas palabras intercambiadas, al principio breves, escritas a la luz de dos flexos, era una de las asombrosas coincidencias que detectaron entre ellos, se transformaron en sesudos diálogos en los que compartían confidencias en la intimidad de la noche. Casualmente, también, vivían en el mismo pueblo y, aunque no era demasiado grande, el capricho del azar nunca había querido que se conocieran personalmente. Vicente nervudo e impetuoso, tras varios meses de conversaciones, le propuso que podrían conocerse. Lidia grácil y menuda, le respondió que no se atrevía a encontrarse frente a frente con él, a pesar de que con el tiempo imaginaba sus ojos cada vez más luminosos.

 

            Y aquella cháchara impenitente siguió mientras iban cayendo sucesivamente las hojas del calendario, como si el otoño hubiera llegado a la vida. Eso debió pensar Lidia que temerosa de que llegara el invierno y sintiendo en su corazón, cada vez más, la primavera y  con sus defensas socavadas decidió, deseó, necesitó… conocer a Vicente.

 

            Vicente tenía un negocio en el que echaba muchas horas y allí quedaron citados una noche, a una hora en que la luna llena ya había conquistado el cielo. Con la puerta ya cerrada sus miradas se anudaron en aquel local y se sentaron frente a una mesa en la que Vicente llenó dos copas de Rioja. Y mientras sus ojos se dedicaban expectantes a ponerle imagen a todas esas palabras que conocían del otro, su conversación viva fue virando hacia un tono almibarado, en el que los dos se sintieron muy a gusto.

 

            Llegó un momento, que tras echar Lidia un sorbo de aquel brebaje rojizo, sus ojos chispearon con especial intensidad y fue cuando Vicente aprovechó la oportunidad esperada. Quería, le dijo con cierto pudor, que ella tomara posesión de esos “centímetros de carne” de él que Vicente había salvaguardado con cariño hasta aquella ocasión. Lo habían tecleado muchas veces en sus ordenadores, y le habían dado ese nombre eufemístico, pero hasta ahora no se había atrevido a proponérselo tan directamente.

 

            Una nube de pena ensombreció los ojos de Lidia, quien sin decir palabra se levantó y salió dando un portazo. ¿Cómo se había atrevido Vicente, por muy carnicero que fuera, el ofrecerle aquel filete de secreto ibérico, “unos centímetros de carne” ellos le llamaban, diciendo que lo había guardado para ella cuando sabía perfectamente que era una vegetariana convencida?

 

            Vicente la vio alejarse cabizbaja y por primera vez en su vida odió su profesión, miró a la luna y, extrañamente, se dio cuenta que ahora estaba en cuarto menguante.


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