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Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2009.

Seminario de novela juvenil

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      La Fundación Caballero Bonald ha organizado, un interesante seminario sobre "La novela juvenil", a desarrollar en sesiones mensuales con el siguiente plan:

29 de enero Jesús Díaz Armas habló de "En busca de un lector adolescente: paseo por la actual novela juvenil".

19 de febrero Jordi Sierra y Fabra, autor de "Lágrimas de sangre" conversa con María José Gómez Navarro

26 de marzo Mariasun Landa autora de "Mi mano en la tuya" dialoga con José García Oliva

23 de abril Eliacer Cansino autor de"El misterio Velázquez" dialoga con Antonio Ventura

21 de mayo Joan Manuel Gisbert autor de "Los espejos venecianos" dialoga con Rosa Huertas Gómez

11 de junio Lorenzo Silva autor de "El cazador del desierto" dialoga con Aida Rodríguez Agraso

    Una buena oportunidad para que los amantes de las letras se acerquen  a estos importantes autores que tan bien han sabido acercar al mundo de la literatura para jóvenes.


La isla

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     Este opúsculo a camino entre el relato y la novela escrito por Giani Stuparich, ha sido una verdadera sorpresa para mí. En la isla se narra la historia de un hombre enfermo de cáncer que le pide a su hijo que abandone la montaña, en la que pasa el verano, por unos días para acompañarlo, a la isla en la que nació y el hijo iba en su juventud.

      Un último esfuerzo anímico y de salud parece acompañar a este hombre animoso al que acompaña un hijo quebrado por dentro ante la cercanía de la muerte del padre. Un acompañamiento mutuo al pasado, en que dos seres que se quieren se encuentran frente a frente y las palabras parecen enmudecer ante el flujo de sentimientos, ante una despedida tácita que se produce en esos días de aparentes vacaciones, donde la vida empuja como si fuera un tornado.

      Un libro que no aparecerá entre los más vendidos, pero que gustará a quien le guste leer algo diferente y de calidad. Está escrito con un lenguaje cuidado, que atrapa para sumergirse en estas líneas de las que cito dos párrafos textualmente:

"Una lucha cuya suerte ya estaba decidida. Sin esperanza. Volvía a apagarse la luz en los ojos turbios de su padre como el preludio de una derrota. Sin embargo, tal vez quien combate no tenga una conciencia plena de la inevitable derrota y pueda resistir y recobrar el aliento para luchar todavía. Pero quien asiste impotente a la trágica lucha, y tiene en sus venas la misma sangre que la víctima, sufre con un horror reprimido y todos sus minutos están envenenados."

"El sol, al declinar tras el bajo perfil del promontorio que resguardaba el puerto como en un abrazo, había dejado en el cielo una luz pálida, de una inconsolable melancolía. Un crepúsculo singular: de tintas pobres, apenas velado por una dorada calígine; el sol había desaparecido como sin avisar. Había cesado hasta el menor soplo de brisa y en el aire había quedado un estupor cansino".


¡Hoy toca!

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      Sí, eso es lo que pensó Susan cuando, abrazada aún por las sábanas, escuchó ese silbo al aire que producía su marido mientras se vestía y que ella identificaba con el grito de llamada del macho en celo. Hoy toca…hacer el amor.

         Robert cogió su cartera y el aroma de un breve beso continuó en el aire tras cerrar la puerta. Susan se levantó de la cama, dando un salto, hoy sería un día largo. Lo primero que hizo fue ducharse, le gustaba sentir el agua deslizándose sobre su cuerpo e imaginaba que arrastraba por el desagüe sus suciedades exteriores y sus demonios internos.  Se miró al espejo y se fue gustando mientras lentamente sus cabellos se engalanaban sobre sus hombros recuperando unas formas que hacía tiempo que no disfrutaban. A continuación, se depiló, aunque no esa depilación habitual sino aquella tan especial que sabía que a Robert tanto le seducía. Extendió sus pinturas a lo largo de todo el lavabo y dudó, decidió y eligió aquellos colores que aquel día le vendrían mejor para resaltar las líneas de su rostro y los pliegues de sus párpados. Culminó aquel arreglo con su lápiz rojo de tonos brillantes que daba a sus labios una seductora apariencia de humedad continua. Se vistió y se dirigió a visitar a la masajista, quien con ágiles dedos fue recolocándole mansamente todos los músculos en su lugar y fomentada por su desnudez, aquel íntimo contacto la llegó a excitar. Se dirigió a continuación  a una tienda de lencería donde eligió un conjunto que ajustaba y resaltaba su cuerpo. Me lo llevo puesto, le dijo a la dependienta.

         Las luces de la tarde comenzaban a declinar cuando, como otras veces, agazapada tras un árbol vio a Robert descender los escalones de aquella casa de cortinas horteramente amarillas en las ventanas y subir al coche, para tras aquel paréntesis, seguir su jornada laboral.

         Susan volvió a casa y cenó.  Dejó su ropa sobre la silla y se tendió sobre la cama, con aquella lencería que estrenaba, a leer un libro. Robert llegó tarde, la saludó distraído y la besó con ese olor a perfume barato que a ella ya le resultaba insultantemente familiar. Se desnudó, quejándose del cansancio del día y  se dirigió hacia la ducha. Susan dejó sus gafas y el libro sobre la mesa de noche y se dedicó a elaborar fantasías en el techo.

         Robert entró en el dormitorio ya con el pijama puesto y le dio las buenas noches, dándole primero un beso y luego toda su espalda. En pocos minutos su respiración suave mutó a ronquidos, fue entonces cuando Susan se dirigió al salón, una vez más había perdido aquella apuesta que se había hecho consigo misma. Sacó un billete de diez dólares de su cartera y lo introdujo en la hucha que ella llamaba de las frustraciones. Ya quedaba poco para completar el precio de aquel revólver que había decidido comprar. Era barato, de una sola bala, pero no importaba, estaba segura que desde detrás de aquel árbol y a tan poca distancia de los escalones no podría fallar el disparo.

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Sabor a primavera

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     Me gusta, llegadas estas fechas, eludir de vez en cuando la vista de los papeles que tengo sobre la mesa de la oficina y dirigirla al balcón en el que tengo esta maceta de aeonia. Es una planta agradecida y que crece  a pesar de que, no siempre, me acuerdo de regarla todos los viernes, como símbolo del fin de semana. Es la primera planta a la que todos los años veo florecer y esa salpicadura de pétalos amarillos, especialmente al mediodía,  me colorea la mañana.

    Ha coincidido la floración con los primeros días de sol, que aquí en Andalucía con temperaturas que llegan hasta los 20ºC ya empieza a tener sabor a primavera. Vendrás más lluvias, probablemente, y alguna que otra bajada de temperatura, pero la naturaleza siguiendo su camino inexorable ya abandona las temperaturas del crudo invierno. Ojalá este brillo de primavera que ahora se extenderá por doquier no quede solo reducida a la naturaleza.


Y todavía...

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… nos quejaremos de que nuestra vida es difícil.

Nos conocemos hace ya unos cuantos años. Acudió a mi oficina con un fajo desorganizado de papeles que, aunque no tenían que ver con mi trabajo, sabía que lo podría orientar. Andrés ha aprendido burocracia a base de recorrer despachos, cosa que nunca le ha asustado como aquella vez, hace diez años, en que subió al tren para ir a Madrid y fue directamente a un Ministerio, desde el que llamaron asombrados diciendo que qué hacía aquel hombre allí. Tras un rato en que estuve explicándole qué pasos debía dar, le costó trabajo pero su cabeza moldeada a empujones por la vida acabó enterándose.

             Ya más relajado, resuelta aquella preocupación, me habló de su vida con un tono jocoso, aunque no exento de una cierta angustia. Se levantaba a las siete de la mañana a fregar la cocina, lo primero que hacía su mujer al levantarse era “revisar” que estuviera en perfecto estado de revista y decía que en eso se jugaba su plato de comida. En su casa tiene diez personas de distinto parentesco a las que hay que darles de comer, cuando no hay comida, decía, se reunían en torno a la mesa vacía. Uno de sus hijos es minusválido síquico y llega a mediodía del centro al que acude, otra de sus hijas tiene problemas con la droga y una de sus nietas pequeñas tiene una minusvalía física que la hace totalmente dependiente. Contaba que el dormía en el sofá porque cualquiera quita a la nieta de ese lado de la cama al lado de su abuela. El soluciona todos los papeleos y cuando llegan las doce de la mañana llega su mejor rato del día, en el que olvida todos sus problemas y es que, a pesar de sus más de sesenta años, se dedica a correr 20 km y se siente nuevo. Se marchó con la sonrisa en la boca… y cuando escucho cosas como estas ¿tengo derecho a decir que mi vida es difícil? ¡Desde luego que no!


Me gustan...

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...esos ratos como el de esta mañana, en los que por unas horas dejo de lado aquello que me preocupa y logró centrarme en las sensaciones que me rodean: el color del mar, el bramido de las olas rompiendo y engalanándose de espumas, el trino confundido de los distintos pájaros saludando al sol y el alfombrado multicolor de las flores sobre los campos verdes.

     ¡Qué fácil resulta, cuando se abre uno a las sensaciones, el alcanzar sin esfuerzo la cima de los sueños!


Un encuentro etéreo

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     Recuerdo cuando te vi por vez primera, fue al doblar una esquina. Tus formas voluptuosas, ondulantes al aire y acicaladas por los rayos de sol, atrajeron irremisiblemente mi mirada. Troqué el camino, que seguía hasta ese momento, para seguir la senda que me marcabas. Cual una moderna Salomé bailabas en el espacio, pero sin la protección aparente de ninguno de los siete velos. Mis ojos y mis pasos pugnaban por acercarse a ti, pero tú como si juguetearas conmigo acelerabas tus movimientos. No podría decir hasta cuando duró aquel juego mientras el que mi mente fantaseaba con todo lo que podría hacer yo contigo.  Solo sé que, sin razón aparente, impresionante pompa, ¡estallaste en el aire!


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