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Se muestran los artículos pertenecientes a Mayo de 2009.

Una inolvidable aventura

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      Por motivos de trabajo, durante la semana pasada, he cogido cuatro aviones y recorrido más de mil kilómetros para realizar, por motivos laborales, un curso en tierras gallegas. El sitio donde se celebraba era un paraje encantador, rodeado de la mayor policromía de verdes que nunca había visto y situado en una altura desde la que se divisaba una hermosa extensión de mar que,  con la luz cambiante del día y los diseños elaborados por las nubes, siempre se veía nueva. 

  He aprendido cosas, entre otras a sobrevivir veinticuatro horas sin equipaje, gracias a la ineptitud de la compañía aérea. He compartido el tiempo con un grupo de personas procedentes de todos los puntos de España y he recorrido ciudades pétreas de acogedores soportales. He experimentado la caricia dulzona de la lengua gallega en mis oídos.  Por la noche teníamos tiempo de disfrutar de la gastronomía del lugar: esos animales con coraza que, al arrancárselas, permiten paladear con exquisitez sabores poco habituales, regados con un vino de Albariño que fluía en ríos dorados por nuestras gargantas.

         Durante estos días el mundo mundial y el mío local, han seguido su ritmo, aunque en aquel extremo norte de la península pareciera que se había detenido por unos días. He vivido lejos de los periódicos, de la televisión, de internet...y me he dado cuenta que se puede vivir sin esas cosas tan "necesarias" que me suelen rodear habitualmente. Y esa "desintoxicación" me ha venido de maravillas cuando, además, la he podido compatibilizar con el sueño de paisajes y ciudades diferentes y el conocimiento de gente maravillosa.

  Sí, en definitiva, una grata aventura, que ha dejado un sabor en los labios que sé que perdurará durante mucho tiempo.


Adiós Benedetti

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      Hace unos días nos ha dejado el poeta uruguayo Mario Benedetti con él se nos va un hábil entretejedor de versos. Sostengo entre mis manos uno de sus libros "Preguntas al azar" y recuerdo aquel lejano día de 1986 en aquel rincón del parque del Retiro, en que estaba la feria del Libro, en que él me lo dio dedicado con su trazo vivo y anguloso.

        Me siento deudor de sus palabras, porque a través de ellas ¡cuántas veces he logrado salir de la monotonía y hacer ascender mi espíritu hacia esos lugares donde sólo la creatividad es capaz de conducirlo!, también porque sus palabras, en más de una ocasión, han sido el vehículo para transmitir, aquello que sentía, de la mejor manera posible.

          Descanse él en paz, pero sus palabras, no mueren, seguirán vivas allá donde haya un corazón atento que quiera escucharlas.

TE QUIERO

Tus manos son mi caricia,
mis acordes cotidianos;
te quiero porque tus manos
trabajan por la justicia.

Si te quiero es porque sos
mi amor, mi cómplice, y todo.
Y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.

Tus ojos son mi conjuro
contra la mala jornada;
te quiero por tu mirada
que mira y siembra futuro.

Tu boca que es tuya y mía,
Tu boca no se equivoca;
te quiero por que tu boca
sabe gritar rebeldía.

Si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo.
Y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.

Y por tu rostro sincero.
Y tu paso vagabundo.
Y tu llanto por el mundo.
Porque sos pueblo te quiero.

Y porque amor no es aurora,
ni cándida moraleja,
y porque somos pareja
que sabe que no está sola.

Te quiero en mi paraíso;
es decir, que en mi país
la gente vive feliz
aunque no tenga permiso.

Si te quiero es por que sos
mi amor, mi cómplice y todo.
Y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.


La soledad de los números primos

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            No son muy habituales los cientificos dedicados a la escritura, por eso es especialmente llamativo el caso de Paolo Giordano, joven licenciado en Física Teórica y que ha tenido un éxito rotundo con su primera novela.

            Los números primos llamados gemelos, como el 11 y el 13, son aquellos que están muy próximos pero sin llegar a tocarse nunca. Así con esta metáfora matemática nos presenta el autor las historias de Alice y Mattia. Dos historias desde la soledad más profunda, que marcadas por sendas tragedias desde su infancia les condicionará durante todo el devenir de su existencia. Unas vivencias que, a veces, se entrecruzan y sin que puedan impedirlo les acompañara durante toda su vida:

           “Los años de instituto fueron para ambos como una herida abierta, tan profunda que no creían que fuera a cicatrizar jamás. Los pasaron como de puntillas, rechazando él el mundo, sintiéndose ella rechazada por el mundo, lo que a fin de cuenta acabó pareciéndoles lo mismo. Habían trabado una amistad precaria y asimétrica, hecha de largas ausencias y muchos silencios, como un ámbito puro y desierto en el que podían volver a respirar cuando se ahogaban entre las paredes del instituto”.

            Las personas que comparten las vidas de los protagonistas quedan contagiado, uno de ellos en su desesperación: “No pedía mucho, sólo la normalidad que siempre había merecido”, recoge el grito de todos los que sufren y miran a su alrededor deseando simplemente ser como los otros.

           Decididamente hay gente para los que la vida no es nada sencilla y sólo anhelan no tener sobresaltos, todo esto nos lo cuenta con sus líneas elaboradas de diestra maestría literaria, Paolo Giordano, a lo largo de todas estas páginas.

      “El aire frío de la mañana le entraba por la chaqueta pero no quiso cerrársela bien; olia a limpio. Lo esperaba una ducha, una taza de té caliente y un día como cualquier otro, y no necesitaba más”.


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