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Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2010.

Cielo azul

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       Esa foto sacada esta mañana es un simple cielo azul, donde unos aviones se han dedicado a hacer dibujos con sus blancas estelas. Un simple cielo azul, pero que tras dos semanas de lluvias abundantes, de olor a humedad en el ambiente y de viento y zonas anegadas, lo agradece la naturaleza y el ánimo.

       Hasta los pájaros, enmudecidos en estos días, recuperaban esta mañana el coloreo de sus trinos y gorjeos que aderezaban el aire. Los naranjos de la calle cargados de fruta, brillan como caprichosos semáforos de tonalidad equivocada. Y es que después de los temporales que hemos sufrido, se agradece este día de invierno con olor a primavera.

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La extraña pareja

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        Aquella mañana, al levantarme de la cama, percibí algo extraño. Mis movimientos iniciales disimétricos, me informaban de que algo insólito me estaba sucediendo. Aquella sensación, se transformó en pocos minutos en una simple percepción y, por ello, no tardé en olvidarme de aquel leve estremecimiento que me había sacudido al inicio de mi jornada.

         El día siguió como otro cualquiera y en él viví los retazos cotidianos de trabajo, de sonrisas, de olvidos y de sueños. Sobre todo, era en aquellos momentos en que deambulaba por la calle, cuando, tenuemente, me volvía aquella extrañeza inicial acentuada por la presencia constante de aquella pareja, que de manera insistente no se separaba de mí. Ni siquiera los ratos de comida o aquellos en que charlaba con alguien, conseguían hacerme olvidar que algo me ocurría. 

            Coincidió la desaparición de la luz solar con mi llegada a casa. Me senté en la cama, con el alivio del fin del día y procedí a quitarme los zapatos y, entonces fue, cuando al depositarlos en paralelo sobre el suelo, me di cuenta que ¡había pasado todo el día con un par de zapatos diferentes!

 

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Dicen...

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...que después de la tempestad llega la calma...¡y se agradece!

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¿Frío?

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           ¡Qué manía con que en estas tierras del sur nunca hace frío! Que nos lo digan estos días... Aquí refleja muy bien el dibujante Mel  este falsa idea, de manera muy acertada, en su dibujo publicado hoy en el Diario de Cádiz.


Cruzar

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    Hay momentos en la vida en que dar un, aparente, pequeño paso es como cruzar un arco, que no sabemos con qué nos encontraremos. Esa ignorancia es la que nos impide darlo y desde aquí tratamos de imaginar lo que habrá al otro lado...


En la vertical

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            Entras como tantas veces lo haces y por eso no le das importancia al hecho de atravesar esa puerta. Los tacones repiquetean sobre el suelo y, erguido en ellos, ascienden tus piernas torneadas en el aire hasta coronarse en tus nalgas, que se embuten, exquisitas en la tela ceñida de tu falda roja. Tu blusa descuidadamente abierta descubre tu más hermosa pareja de ondulaciones. Piensas en ti, esculcas en tu interior, y la soledad lacerante, que te acompañó durante toda la mañana, te hiere tan intensamente que parece agitar tu cuerpo. Una agitación que te pasa inadvertida porque se acompasa con el suelo que ahora empieza a temblar bajo tus pies. No sólo el suelo, ahora también el movimiento se transmite a las paredes. Cierras los ojos como para querer olvidar todo. Te apetecería tanto no estar sola en este momento…pero lo peor que tiene la compañía es que no siempre se eligen las ocasiones de disfrutarla. Te sientes engullida en las vibraciones que se producen a tu alrededor y, como pidiendo seguridad, te agarras con fuerza a la carpeta que tienes entre tus manos. No eres capaz de calcular los minutos que transcurren en esta agitación. Tienes el tiempo justo de atusarte el pelo cuando, al fin, se detiene y se abre la puerta del ascensor. Al salir a la calle, agradeces la ráfaga de aire helado que maquilla tu gesto.

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Un conocido

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     Hace muchos años, incluso antes de conocerlo, me fijé en aquel individuo con el que todos los días coincidía en un viaje a las seis media de la mañana en un autobús que rompía la oscuridad de las carreteras con sus focos. Alto y de aspecto adusto y circunspecto, con una barba cuidada y de porte elegante, cargaba con una bolsa donde le suponía el equipaje para unos días de ausencia por un trabajo que, entonces, yo desconocía. Mi situación laboral cambió y  dejé de subir en aquel autobús y de verlo, hasta que, al cabo de los años, volví a verlo con motivo de mi trabajo. 

        De vez en cuando coincidíamos.  Cogió confianza conmigo y acudía de vez en cuando a que le solucionara algunos de sus asuntos.  Aquella habitualidad me hizo conocerlo mejor, sobre todo cuando empezaba a hablar de temas familiares y me contaba de los trabajos de sus hijos y de cómo iban labrándose camino en la vida. Y detrás de aquel gesto serio que lo caracterizaba, descubrí en ocasiones una leve sonrisa que lograba esbozar bajo su bigote. Hacía tiempo que no nos veíamos, pero hace mes y medio nos saludamos en la consulta del médico, lo encontré extremadamente delgado...

Llegamos a apreciarnos, por eso esta mañana no pude evitar ,que cuando tuve en mis manos su certificado de defunción, un leve temblor recorriera todo mi cuerpo.

 


A pesar de...

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...los atascos, los baches, las curvas, la estrechez entre los asientos, los ratos de espera, las excesivas paradas, la música estridente de la radio, las conversaciones a gritos,...hay momentos en los que viajar en autobús se convierten en un verdadero placer para los sentidos.

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Un largo fin de semana

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             Volvía a casa a mediodía del viernes, con una mezcla de agotamiento y felicidad, la semana había sido dura, pero provechosa y el cansancio acumulado durante los cinco días la hacía apetecible el descanso del fin de semana. La envolvía una cierta euforia, había logrado culminar dos importantes proyectos que tenía entre manos y había sido calurosamente felicitada por su jefe, quien la auguró un pronto ascenso. Se sentía, alzada en su recién estrenado cuarenta y cinco años, en un estupendo momento de su vida, a gusto consigo misma y con lo que hacía. Los clientes siempre preferían que ella les atendiera su capacidad organizativa y templada les hacía sentirse cómodos. Y se sentía admirada y querida por sus compañeros, en alguno de los cuales, ella se daba cuenta, despertaba algo más que admiración en alguno y algo más que envidia en alguna..

     El movimiento del ascensor la despertó de su ensimismamiento y se dio cuenta que era el momento de ir desnudándose de aquel disfraz y mutarse en aquel otro que, cada vez, le iba pesando más. El beso leve como el aire de su marido estuvo acompañado del “ya era hora” que estaba muerto de hambre… Tardó poco en desastrar su imagen y meterse en el ambiente onírico de los humos de la cocina. Su hijo adolescente con gesto malencarado le dijo que estaba harto de aquellas comidas que hacía y masculló continuamente hasta el momento del postre. Recogió toda la cocina y después puso el lavado, tras lo cual retomó el coser unas cortinas que le quedaron pendientes del fin de semana anterior, mientras el ruido de la televisión de su marido y la música de su hijo, pugnaban por vencerse mutuamente en el aire. Preparó la cena y cenaron, ahora en atmósfera silenciosa, su hijo se había ido y volvería “cuando le diera la gana” como claramente le indicó. Se sentó en el sofá y cuando despertó escuchó los ronquidos de su marido desde la cama.

            El sábado y el domingo no mejoraron mucho aquel panorama vivido entre sus ropas desaliñadas de marmota, su no parar en casa, su preparación del trabajo de la semana y su soledad acrecentada en la ausencia de cariño y caricias. Por eso no fue extraño que, durante la ducha del domingo por la noche, mientras el agua resbalaba por su cuerpo desnudo, sus lágrimas brotaran confundiéndose con los chorros de la ducha y con voz encogida, como quien dice sus últimas palabras, musitara en un par de ocasiones: ¡menos mal que mañana es lunes!

 


La planta de mi oficina

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     En mi oficina sólo tengo una planta, que surgió de un pequeño brote que planté en la tierra de una maceta. Me gusta verla todos los días asomada en el balcón y contemplarla cómo evoluciona su crecimiento a lo largo de todo el año. Hay épocas en que está más triste, otras parece querer escaparse en busca de aventuras y ahora en estas fechas regada por las abundantes lluvias que sazonaron su tierra se encuentra en su época más lozana. Crece sin desmayo y abre sus flores amarillas alegrándome la vista y anunciándome que dentro de muy poco nos visitará ¡al fin!, tras este crudo invierno, la primavera.


Desnudez

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Lo más hermoso de la desnudez es, cuando como en este caso, se convierte en la alborada de una futura y maravillosa fecundidad.

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