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Se muestran los artículos pertenecientes a Junio de 2010.

Estrangulamiento urbano

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     Estamos en la semana de feria. Y durante semanas la ciudad está siendo estrangulada por la feria, que se pone en el paseo principal, dividiéndola en dos. El paseo acaba lleno de boquetes en los que se colocan grandes postes para colgar los farolillos y las flores plantadas en la primavera acaban sucumbiendo a los pisotones y a los vasos de plástico que le caen encima. Algunas calles, a medida que se acerca esta semana, se van haciendo más estrechas, se colocan casetas y al final son cortadas y abducidas de la circulación urbana. Se hace imposible circular en coche, porque todo el mundo lo hace por los pocos caminos que quedan disponibles y no digamos la búsqueda de aparcamientos, donde se pueden encontrar coches aparcados en los sitios más inverosímiles, sin que nadie se meta con ello.

   La feria avanza hacia casi la orilla del mar, desde aquí se puede ver al fondo los cacharros de la misma. Siempre nos quedará darle la espalda y mirar hacia el mar o lo que cada vez hace más gente, aprovechando los días de vacaciones el ir a conocer tierras diferentes. Al fin y al cabo suele salir más barato el aprovechar una oferta hotelera que pasar unos días en la vorágine de la feria.


Kilometreando

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        He tenido la oportunidad de viajar varios cientos de kilómetros y ver esos paisajes y escenas diferentes que ayudan a mantener viva, eso tan importante como mi capacidad de asombro. Y he conocido tierras almerienses. He navegado entre esos inmensos mares de plástico que forman sus invernaderos y cuyos distintos matices blancos y grises compiten con el mar azul desde cuya superficie lanza destellos los rayos de sol.

             Mis pies han recorrido las estrechas calles del casco antiguo de la capital, siguiendo el laberinto que conduce a la Alcazaba. Las piedras me hablaron de historia y de siglos y de las muchas culturas que han visto crecer dentro y fuera de sus murallas. Y desde lo alto he jugado a mirar las cosas a la distancia de un pájaro, relajar la vista en el horizonte y deslizarla entre esas callejuelas que desde la altura parecen simples rajas abiertas entre casas desordenadas y al fondo, siempre presidiendo cualquier paisaje, la inmensidad del mar.

             Estuve en el desierto de Tabernas y me reencontré con  aquel paisaje que me había hecho soñar en aquellas películas del oeste de mi juventud. Eran películas diferentes a las del oeste americano, en estas el malo no lo era tanto y el bueno tenía sus defectos. Por unas horas aquellos viejos cow-boys cobraron vida delante de mí.

            Y además, tuve tiempo de disfrutar de un hotel en el que era fácil, aparte de bañarme, el soñar y el leer en la piscina. De hecho me leí un libro de cuatrocientas páginas. Me gusta observar a la gente con las que coincido en el hotel de sitios lejanos y tan diferentes. Observo a los camareros diligentes, intentando averiguar qué pensarán sobre eso de trabajar, algunos se repetían desde la mañana a la noche, mientras los demás descansan. Una gran mayoría de los huéspedes alojados eran trabajadores de unos conocidos grandes almacenes, que había abierto una tienda en las proximidades la semana anterior y era curioso verlos, sin que te quisieran vender nada, ornando el comedor con  los llamativos uniformes femeninos de vivos colores y con unos pantalones negros, que competían unos con otros, en estilizar armoniosamente las piernas. Junto al hotel, la playa con una arena que se convierten en una verdadera tortura para los pies, tan diferente de la arena blanca de aquí que los masajea con hasta cierta ternura. Aquí no hay océano, sino un mar igual de azul, pero perezoso en mareas.

             En definitiva, satisfecho, porque siempre se aprende algo cuando te empapas de un mundo diferente al habitual.

 


La estrategia del agua

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    Este es el sexto libro de esa atípica pareja de guardia civiles, Bevilacqua y Chamorro, creados por la imaginación del escritor Lorenzo Silva. Ya han ascendido, desde sus primeras aventuras, el primero a brigada y la segunda a sargento y, esta vez, tendrán que afrontar la investigación del asesinato de Oscar Santacruz con dos tiros en la nuca. Y lo que podría parecer, dados los antecedentes policiales de la víctima, un caso de ajuste de cuentas, resulta no ser tan sencillo. Contarán con la ayuda de un nuevo miembro en su equipo el guardia Juan Arnau y el apoyo inestimable de la juez que lleva el caso.

    Como en las anteriores novelas, narrada en primera persona por Bevilacqua en la que va desbrozando la investigación y esas inquietudes de toda índole que, como hombre cuarentón, le acompañan en su día a día. Una novela que sin duda gustará a los que somos seguidores de esta distraída saga.

    "Y no porque no me gustara su carácter, ni porque a sus treinta y cuatro años Chamorro hubiera dejado de ser una mujer atractiva. De hecho, el tiempo le había sentado bien, y salía ganando frente a la veinteañera insegura que era cuando la conocí. Aunque fuera siempre con la cara lavada y no hiciera nada para combatir las arrugas de expresión. Aunque llevara esa media melena de corte funcional. Viéndola, uno se preguntaba cuándo aprenderían tantas tontainas que las pinturas de guerra, la peluquería y las inyecciones de bótox son un arma mucho menos eficaz, en la escaramuza amorosa, que la serena conformidad consigo misma de una mujer contenta de serlo con todos sus avatares, incluido el paso del tiempo".


Mezcolanza literaria

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    La pasada semana, durante una de sus tardes, pude disfrutar de una grata mezcolanza literaria, la de poder escuchar hablar de literatura a dos escritores muy diferentes. En primer lugar acudí a una charla donde Almudena Grandes, acompañada del crítico literario Angel Basanta, nos habló de su producción literaria. Se comentó las dos etapas en que se puede dividir su escritura, la primera que empezó con "Las edades de Lulú" que la catapultó a la fama y la segunda con "Los aires difíciles", donde empieza a escribir de una manera diferente e incluso, por primera vez, a usar en narrador en tercera persona. Habló la escritora de sus colaboraciones en el diario El País y de que cómo disfruta tanto escribiendo, por eso prefiere la novela sobre el cuento, porque dura más su elaboración. Un cuento es como una escalera sin rellanos, la novela tiene que tener páginas que actúen como rellanos para el lector. De cara a próximas publicaciones anunció que estaba trabajando en una especie de Episodios Nacionales, que a modo de gran tapiz con distintos personajes, trataría hechos de la España comprendida entre 1939 y 1964.

     Aproveché un breve descanso para salir de aquella sala sin que se me notara mucho y tras recorrer en coche veinticinco kilómetros llegué al salón de actos de una biblioteca donde Jesús Maeso de la Torre, iba a presentar su última novela histórica "La cúpula del mundo". Novela situada en la época de Alfonso X el Sabio, es una ficción con tinte de novela negra en la que se recrea una hermosa historia de amor. La idea de escribir esta novela le surgió al autor en el pueblo burgalés de Covarrubias, cuando le llamó la atención un grupo de noruegos visitando una tumba, que había en una iglesia, que resultó ser la de la princesa Cristina de Noruega. El capellán le informó, además, que cuando unos años antes abrieron su sarcófago, encontraron junto al cuerpo un verso y dos recetas médicas. Esta princesa llegó a la corte de Alfonso X y se casó con un hermano y se hablaba de que entre los que fueron a buscarla había un "médico de almas". Su protagonista no es Alfonso X, sino otro tipo de personajes secundarios, aquí dicho médico de almas y la princesa. Parecía interesante el tema y las páginas que llevo leídas hasta ahora no me han decepcionado.

     Una interesante tarde sumergido en letras donde el escuchar a otros hablando de sus letras sirven para azuzar y darles algo de ánimo a las mías, sin duda, mucho más humildes.


Lecturas de junio

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   Me gustan estos días de junio en que las tardes me permiten acercarme hasta la playa y regodearme en el disfrute silencioso y vivo de la lectura de un libro. La temperatura es agradable aún el sol no caldea  como en verano y la piel se dejan acariciar por estos rayos trémulos que tan quedamente desperezan a la melanina de la piel. La playa casi desierta no está invadida, todavía, como lo estará en pocos días, por las sombrillas multicolores de nativos y foráneos y el molesto murmullo de la muchedumbre. El rumor de las olas, a modo de sonoro silencio,  invita al sosiego y a dejar que la mirada, posada tenuemente sobre las líneas, avive la mente, azuce a la imaginación y dispare los sueños hasta más allá de las estrellas.


¡Oh!

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   Por segundo año el Instituto Cervantes celebra el día del español, un día en torno la importancia de nuestro idioma en el mundo. Los que nos movemos en este mundo de las palabras sabemos de lo fundamental que es la lengua y el uso adecuado de ella para comunicarlos de distintos modos.

   En la web abierta con ese motivo se pueden ver aquellas palabras de nuestro idioma más votadas por los internautas. Son palabras hermosas, sonoras y algunas, incluso, al pronunciarla en voz alta parece acurrucarse sobre sí mismo. Algunas su simple sonido nos evocan mundos oníricos o cercanos.

    Quiero contribuir con mi palabra. Yo votaría por la palabra ¡Oh! Así escrita entre exclamaciones. Primero porque es una palabra que economiza el lenguaje, formada por sólo dos letras, una hermosa, redondeada y luego una h que, sin decir nada, se hace necesaria como apoyatura y compañía. Me gusta lo que expresa: asombro, admiración, esa capacidad tan necesaria para seguir sintiéndonos vivos y así encerrada entre esos signos, tan breve, es capaz de sustituir con creces al mejor de los discursos admirativos. Sí, decididamente me quedo con esa palabra.

    ¿Tú cual elegirías? ¿Por qué?


En la soledad de la playa

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        Hoy era un día perfecto de verano para aquella ansiada excursión a la playa. Había amanecido un sol radiante y aprovechando que su marido estaría todo el día fuera, ella preparó las cosas para disfrutar el día con él, junto al mar. Siempre conducía ella. Él se sentó a su lado, sin parar de lanzarle miradas cargadas de amor.

-Seguro que te gusta donde te voy a llevar es una cala solitaria de la que me hablaron el otro día.

         Él, por toda respuesta, sonrió.

         Detuvo el coche junto a la playa y ella extendió su mirada deslizándola por aquellas arenas desiertas. En pocos minutos ella se desvistió quedando adornada su piel, solamente por un sucinto y coloreado biquini que aderezaba sus curvas. Él revolcaba su cuerpo desnudo por la arena, sabedor de que ella no le quitaba su mirada de encima. Ella se sentía tan feliz que tuvo algo de remordimiento al recordar a su marido.

         En ese instante, él semejando los andares de un felino, se acercó a cuatro patas a ella, quien abrió los brazos para acoger, pegada a su piel, la desnudez de él. Entonces, ocurrió algo mágico que ella nunca olvidaría: él la miró a los ojos, sus labios húmedos de saliva se entreabrieron y por primera vez en su vida le dijo eso que ella llevaba tanto tiempo anhelando escuchar:

-¡Ma-má!

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La última cima

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    Una película sin duda distinta y que no deja indiferente. No es una película sino un documental dirigido por Juan Manuel Cotelo en el que nos narra la vida y muerte del sacerdote Pablo Domínguez, quien murió en una ascensión al Moncayo, el decía que quería morir en la montaña, a la edad de 42 años.

     A través de sus amigos, de su familia, descubrimos la excepcional personalidad de este joven sacerdote, con un gran talante intelectual y humano. Un reportaje que en muchas escenas no deja de emocionar y que, en el fondo, nos acerca a la vida, tan simple como llena, de un cura. Más información sobre la película en su página web.


En la gran ciudad

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    Por razones de trabajo, he pasado unos días en Madrid. Siempre me ha gustado esta ciudad, en la que residí durante cuatro años, no para vivir, aunque sí para venir unos días con el billete de vuelta a mi tierra en el bolsillo. Recorro caminos ya conocidos y veo cómo han evolucionado y descubro otros rincones nuevos que siempre causan mi admiración y mi sorpresa.

    Me reencuentro con viejos amigos y sobre todo paseo mucho, como si mis pies estuvieran dotados de alas, fijándome en la gente con la que me cruzo y en esos tics tan habituales en la gran ciudad que sólo captamos los que procedemos de latitudes más tranquilas.

     Al llegar la noche llegaba al hotel con el cansancio como compañero y al echar un vistazo a través de la ventana, veía este edificio de la maternidad al otro lado de la calle. No hay duda, por su gran letrero, de lo que es. A pesar de ser tarde,siempre se divisaban personas esperando en aquellas salas iluminadas. No era difícil imaginar la esperanza, el miedo, la ilusión, el tedio...que podrían embargarles a aquellas horas. Volvía a asomarme con las primeras luces del amanecer. Ahora aquellas salas aparecían silenciosamente solitarias. Tenía un recuerdo para aquellos antiguos vecinos de enfrente de aquella noche, deseándoles que ojalá ahora fueran un poco más felices que entonces.


De museos

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    Siempre me han impresionado de Madrid sus museos y me ha gustado visitarlo. Recuerdo de mi primer viaje a Madrid, cuando tenía 6 años, la visita al museo del Prado y del dolor de pies que me entró, recorriendo aquellos largos pasillos que nunca parecían terminar. ¿Quién me iba a decir que años después, cuando vivía allí, lo iba a conocer de maravillas, usándolo como cálido refugio en aquellos inviernos en que vivía en un piso sin calefacción?

    Esta vez la visita fue al Museo Thyssen en el Paseo del Prado y en el que nunca había estado. Me sorprendió gratamente la colección, muchos cuadros de conocidos pintores, que está situada en un Palacio de Villahermosa modélicamente restaurado.

    Disfruté mientras paseaba, como hago en todos los museos, fijándome no sólo en los cuadros sino en todo aquel entorno que me rodeaba: en las paredes color cazuela en la que pendían los cuadros, en el eco sonoro de las salas solitarias del sonido de mis zapatos asíncronos, en las distintas miradas de los que me cruzaba (aburridas, expectantes, asombradas, despistadas...). La visión de algunos cuadros la oteé como hace una mosca que pasa veloz frente a ellos, otros me detuve en detalles que me llamaron la atención y algún otro, aprovechando los cómodos bancos que agradecían mis riñones, los contemplaba entre embelesado y sosegadamente.  Me fijé en los vigilantes de la sala, siempre he pensado que es un trabajo de observador que daría para una larga novela que se podía desarrollar durante años en los pocos metros que ocupan la sala.

     Pasé por la tienda de recuerdos, raudo y veloz porque no se me suele antojar eso que llaman recuerdos, para eso tengo mi memoria. Terminé mi paseo deseoso de escribir algunas ideas que se me habían ocurrido, tal vez era el esqueleto de este post y me senté en una de las mesas de la cafetería que tiene en la planta baja. Había sobre la mesa un extraño aparato, con pinta de cenicero, que al parecer apretando un botón aparecía un camarero, aunque para evitar situación ridícula acudí al clásico: por favor puede venir? Escribí mientras bebía esta Coca-Cola de la foto. Cuando me trajeron la cuenta, examiné la botella, le di vueltas del derecho y del revés, intentando descubrir en ella una firma, que no veía, de algún famoso escultor. Pero no, era una clásica botella de la famosa marca. Entonces, ¿cómo es posible que tuviera que pagar por ella 2,85 €?


Sueños

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        Puedo aguantar mucho tiempo sin comer, pero no consigo que pase un día sin avivar y disfrutar de mis sueños. El soñar es un aderezo imprescindible en nuestra vida y un contrapunto a una cotidianeidad que muchas veces se nos muestra con una complicación y una dureza inmutable.  Los sueños, a su vez, tienen que ir cargados de un cierto realismo utópico que nos permita distinguir los que son posibles de los sueños imposibles. No hay duda de que los más maravillosos son los imposibles, aquellos que sabes que nunca alcanzarás, por mucho esfuerzo que pongas en ellos. Y que en cuanto les acercas tus manos se disuelven entre tus dedos. Aunque el ser consciente de ello no debe desanimarnos para que dejemos de soñarlos.

          El esfuerzo y la habilidad que ejercitamos en los sueños imposibles, orientan nuestra capacidad de soñar y, muchas veces, nos conduce hasta los sueños impensables. Esos sueños que nunca se nos hubiera ocurrido ni imaginarnos y que, sin embargo, cuando los conseguimos, como un regalo imprevisible, son muchos más maravillosos que el mejor de los sueños imposibles.

          Y esto no me lo ha dicho nadie, simplemente me lo ha enseñado la experiencia de la vida.

 

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