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Se muestran los artículos pertenecientes a Marzo de 2010.

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... el aroma a primavera y que ésta haya empezado antes en este árbol que tengo frente a mi casa, que en los grandes almacenes.


Plácido rincón

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         Todas las ciudades tienen esos rincones en las que sus muros parecen destilar placidez. Son calles de muchedumbres ausentes y coches huídos, por las que los únicos turistas que pasean son los extraviados y en la que se oyen los trinos de los pájaros desde lo alto de árboles invisibles. Tras los visillos de sus cierros, atisban ojos de colores desconocidos que miran hacia esos caminantes que transitan con unos pasos, que le acompañan, de ásperos sonidos que chocan contra las paredes. Los adoquines rugosos alfombrean sonrientemente los suelos. De sus casapuertas oscuras escapan al aire una mezcla de los olores de los pucheros con los de la humedad reinante.

                 Son calles, en que rotan despacio las ruedas de los carritos de la compra y se pasean a perros bostezantes, difíciles de descubrir, más que para los que tienen intuición afilada o sensibilidad desarrollada., en ellas los minutos se alargan hasta extremos insondables y, cuando se llega al final de la misma, da la impresión de haber atravesado el túnel del tiempo. Mientras se pasea por ellas ¡qué buena ocasión para hacer brotar esos sueños ilusionados que tan escondidamente nos acompañan cada día!

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De los amores negados

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             Un libro que me atrapó desde el principio con la dulzura de su prosa. Es el primero que leo de la escritura colombiana Ángela Becerra y, desde luego, me ha animado a conocer alguna cosa más de su producción literaria. Es una historia donde amor y desamor se mezclan en partes iguales. El matrimonio entre Fiamma y Martín, empieza a hacer aguas y, sin saber cómo, estando tan cerca son conscientes de que no pueden estar más lejos. Fiamma sicóloga, a punto de entrar en la cuarentena, y que dedica sus horas a solucionar la vida de sus pacientes, no logra solucionar la suya propia. Martín subdirector de un periódico no logra mantener en su casa el prestigio del que goza en su trabajo. Ambos prietos y necesitados de ese amor que no encuentran, lo derraman en Estrella y David, que les hacen descubrir, en la madurez de sus vidas lo que es el renacer de una pasión que ellos creyeron sucumbida para siempre.

            Su forma de escribir es viva y envolvente y la capacidad que tiene de combinar adjetivos es única. El tono amable de la obra, convive con otro hondo y mágico. Es uno de esos libros que no me importaría leer otra vez, no ya tanto por el argumento, sino porque su lectura hace que el espíritu se acune dulcemente entre sus líneas. Mi descripción  se queda corta y prefiero citar un par de párrafos para que sepáis de lo que os hablo:

 A la mañana siguiente, los dos arrastraban una ausencia fantasmagórica. Parecían deslizarse transparente por la casa, queriendo hablar sin voz, tratando de sincerarse aunque sólo fuera por señas. Ninguno de los dos aceptaba la responsabilidad de que su relación se estuviera yendo a pique. Ambos esperaban que el destino decidiera por ellos favorablemente a sus deseos; que incluso fuera él, sin presiones, quien hiciera la mejor elección para no caer en la equivocación propia. Nunca como ahora habían sentido en sus carnes la inconsciente facilidad con que se habían dado el sí aquel día lejano en la basílica de la Dolorosa. Aquel nudo prieto, que había atado sus vidas, parecía de hierro fundido. ¿Por qué un no costaba tanto de decir? ¿Qué era lo que arrastraba la negación que no poseía una afirmación? ¿Por qué era tan ligero y fácil, tan sonriente y abierto, decir sí? ¿Por qué para llegar a un no se debían atravesar tantos obstáculos?¿Por qué dolía tanto escucharlo o decirlo?

Los dos desayunaban preguntas sin respuestas...” 

“Iba yéndose sin querer hacia las murallas, empujando sus ganas desganadas. Volvía a vestir de blanco y cara lavada inmaculada. Parecía una virgen abandonada en su noche de bodas. Subía cada escalón como si escalase el Everest sin equipo apropiado. Al coronar la rampa de piedra, un atardecer rayado le esperaba inconcluso. Parecía como si el pintor que lo estuviera pintando se hubiese cansado, abandonado la obra con la mitad de lienzo por hacer. En sus mejores días, Fiamma habría corrido a buscar su cámara para fotografiar aquella maravilla, pero el momento le impedía visualizar colores. Sufría de una acromatía interna de alegría. Estaba ciega al color de la vida, porque su alma se negaba a verlo.”

Y, por cierto, hay una edición de bolsillo por sólo 5 euros.


No me convences

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      No, no me convences, con que eres una artista original y no perteneces a un grupo de desarrapados bohemios y tampoco con que causes admiración en muchas partes del planeta. Empiezas a resultarme engorrosa, con tu insistente presencia, cansina y obsesiva. Ya puedes vestirte de algodones o en tus trajes más grises, me da exactamente igual. Me estás hartando  tanto cuando vas sola o amontonada en esa abigarrada pandilla que causa hartazgo.

         No, no me convences, querida nube, de que te admire, por hermoso que sea el cuadro, como éste de la foto en el que has pintado, con las gotas de la lluvia, árboles boca abajo en el suelo.


Mi gorro de lana

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       A estas alturas del calendario y en estas latitudes, ya es difícil que vuelvan fríos tan intensos como los que ha hecho y por eso va siendo hora de guardar alguna pieza de abrigo como mi gorro de lana. Este gorro es de esas prendas que me han acompañado constantemente durante largo tiempo, más de treinta años. Aún existe la tienda de deportes donde lo compré, pensando que iniciaba mis estudios universitarios 600 km más al norte de donde yo vivía y había escuchado que  por allí era posible, como así ocurrió, pocos meses después, que conociera la nieve. 

 

       El color verde y blanco, no era casual, estaba elaborándose la Constitución y con ello empezaba a hablarse del estado de las autonomías, cada una enarbolaba como signo diferencial su bandera, y los colores de la bandera andaluza se decidieron que fueran el blanco y el verde. Me gustaba llevar sobre la cabeza en mis devenires por tierras castellanas ese signo de distinción en una ciudad donde, entonces, éramos muy pocos los andaluces. En aquellos fríos paseos a la Facultad, a temperaturas gélidas, me lo ponía encasquetado en mi cabeza y escondiendo dentro mis orejas que, a pesar de todo, parecían llegar estiradas por el frío.

 

Por aquí ya es muy raro que me lo ponga, no hace tanto frío, pero sin embargo en alguno de esos días en que hasta la respiración ha parecido helarse, lo he sacado del armario y sin importarme el aspecto más o menos ridículo del borlón blanco agitado por el viento, me digo con Luis de Góngora. "Ándeme yo caliente y ríase la gente..."


Cuentos alígeros

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             El pasado año a través de una charla en esta mesa camilla literaria, en que a veces se convierte la blogosfera, me enteré del concurso de microrrelatos que hace la editorial Hipálage del que luego realiza una publicación de los seleccionados. Este año me avisaron del plazo para concursar y envié uno mío que ha sido seleccionado para publicarse. En total han sido enviados 878 textos de los que han sido seleccionados 327 que irán publicados en un libro con el título de Cuentos Alígeros que está a punto de publicarse y salir a las librerías.

           Siempre alegra el ver cómo esas letras, que un día brotaron de mis dedos, escapan de la virtualidad de la red para posarse en forma de letras negras sobre una página en blanco a la vista de todo aquel que tenga ese libro en sus manos.


Desesperación

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         Llevaban ya conviviendo, hoy hacía tres años,  y en ninguna de aquellas 1095 noches, que en su desesperación traducía a 94.608.000 segundos ya transcurridos, ella había hecho por acercarse a él para vestirlo de mimos o ataviar su cuerpo en besos. Su desesperación iba creciendo por momentos, pero qué podía esperar, como le decía un buen amigo de atildado bigote y orejas en soplillo, si ella había rechazado a tan buenos pretendientes para quedarse con él, por la única razón de que por las noches lo que hacía era “dormir y callar”.  Y además, añadió, todos sabían de ella, como en un secreto a voces, que era una ratita muy presumida.

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Desperezándose

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            Esta mañana al amanecer, sentí un gran estruendo.  Asomándome a la ventana para observar la causa de aquel estrépito, pude ver a los árboles que, pensando que nadie los veía a esas horas, estiraban sus ramas hacia el cielo mientras se desperezaban al viento.


¡Resistiremos!

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         Pertenezco a una generación cuyo origen se va alejando, cada vez más, en el tiempo y en la que para azuzar los recuerdos infantiles debemos recurrir a las fotos en blanco y negro en la que nuestros flequillos recortados coronaban unas frentes lisas y sin arrugas. Por entonces vivíamos en una sociedad de contados aparatos electrónicos, enchufados a 125 voltios, donde la democracia era algo extraño que había en otros países y vivíamos en un continuo ordeno y mando de la sociedad y de nuestros ascendientes…y sin embargo ¡resistimos!

         Coincidió nuestra entrada en la Universidad, con el cambio social, todo empezó a cambiar de manera vertiginosa y mucho de lo que aprendimos siendo niños, ahora no servía para nada, porque ¿de qué sirvieron mis siete años de estudio aplicado, durante mi época escolar, de la Formación del Espíritu Nacional? Intentamos formarnos como buenos profesionales en aquellas aulas universitarias, pero cuando salimos de ellas descubrimos que no era sencillo encontrar trabajo y muchos tuvimos que, sobre la marcha, dirigir nuestros pasos hacia ámbitos profesionales que nunca imaginamos. Participamos de la ilusión que se atisbaba tras aquellos resquicios que se abrían en nuestra sociedad y soñamos con Jarcha en la “Libertad sin ira” y con Labordeta que “habrá un día en que todos al levantar la vista veremos una tierra que ponga libertad”. Y aquellas elevadas ilusiones se desintegraron en la cruda realidad…y sin embargo ¡resistimos!

            Ya entramos en la edad madura y la vida sigue a base de nuevos aprendizajes, fracasos y empujones. Nuestros hijos, ya crecidos, “adolescentean” y si antes no podíamos imponernos a nuestros padres, hoy nos resulta todavía más complicado el oponernos nuestros hijos. Las canas y arrugas forman parte habitual de nuestra cotidianeidad y algunos achaques comienzan a asomar. Y justo cuando estamos en ese punto en que la madurez nos empieza a enseñar algo del sosiego de la vida, asoman los políticos, que incapaces de sacarnos de la crisis económica,  nos amenazan de que no se nos ocurra pensar que vamos a tener una jubilación como la que había hasta ahora, sino que intentan oscurecer nuestras perspectivas de futuro amenazándonos con más años de trabajo y menos dinero de pensión, pero si llevamos tantos años aguantando, más que les pesen...¡resistiremos!


Una mirada nueva

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Los últimos chorros de agua caliente huyeron por el desagüe mientras ella estiraba la toalla y salía de la ducha. El contraste con el aire fresco erizó levemente el vello rubio de su piel, se restregó con insistencia de pies a cabeza. Secó sus cabellos que caían como tupidas cortinas sobre su rostro y atisbando a  su través vio reflejada su madura desnudez en el espejo. Su cuerpo había cambiado. Las entradas de sus cabellos tintadas de tonos níveos, le avisaban de que debía visitar a su peluquera. Sus pechos rutilantes, en otra época, se abatían en una caída no exenta de cierto sosiego. Sus caderas se habían abierto aforando sus nalgas y su barriga se había abultado como si protegiera a un pizpireto ombligo que intentaba asomarse. Todo el conjunto se sostenía con donosura sobre unas piernas que habían ganado apetitosa turgencia con los años y se levantaban sobre unos pies armoniosamente situados sobre la alfombrilla.

Se contemplaba lánguidamente cuando un pensamiento súbito hizo como si su cuerpo, sin violencia externa, hubiera sufrido la más hábil de las cirugías hermoseándose mágicamente ante su mirada. Se consideró feliz, como nunca, de aquella envoltura con que se presentaba ante el mundo y que había hecho madurar su cuerpo con aquellas formas y manera y es que, constataba, ¡no había nada mejor para sentirse bien que dejarse acariciar por la mirada tierna y, siempre nueva, que él siempre posaba mimosamente sobre ella!


Divagación

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     Se me ocurrió esta mañana mientras realizaba esta foto: no sé por que les llaman flores "Silvestres" cuando por su color rotundamente amarillo más bien deberían llamarse flores "Piolínes". Silvestre como en las antiguas televisiones sigue siendo en blanco y negro.


El escritor

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    Un ex-primer ministro inglés decide escribir sus memorias con la ayuda de un escritor, pero hay algo en ellas que resulta sumamente peligroso, pues la película comienza con la muerte de ese escritor. Contrata a un segundo escritor que es con el que viviremos la intriga de acercarse hasta ese lugar tan protegido donde vive el ex-primer ministro y se va involucrando en una historia que se complica cuando lo quieren juzgar en el Tribunal de la Haya por unos asesinatos cometidos en la guerra de Irak.

     Es la última película de Roman Polanski y que, sin tener una acción trepidante, la trama no decae y atrapa el interés, acompañada por una buena música y unos paisajes sobrios. Es imposible no solidarizarse con este escritor cuando nos damos cuenta, que su afición literaria lo está introduciendo en un peligroso laberinto de complicada salida. Me gustó mucho...


Una dama en juego

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          En 1913 una joven española, huérfana, se traslada al ducado de Brunstriech a un palacio en el corazón del imperio austro húngaro, junto a unos familiares que allí viven. La que se suponía una estancia apacible empieza a complicarse con una serie de acontecimientos y crímenes en la que aparecerá involucrada una peligrosa secta. Trama de espionaje en el corazón de una Europa turbulenta previa al inicio de la Primera Guerra Mundial y en que, a la vez, la protagonista se verá envuelta en la tensión seductora a la que le someten dos hermanos.

     Bien documentado y con variados personajes, a pesar de los cuales esta novela no me ha terminado de enganchar. Para que me guste una novela sus personajes deben seducirme, para bien o para mal, y estos no lo han hecho. No he acabado de convencerme y en algunos momentos me llegaron a parecer más como actuantes de una obra de teatro que como personajes novelescos.

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