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Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2010.

Atardecer castellano

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    Durante este fin de semana he sido vapuleado por distintos autobuses, mientras recorría más de 1.600 km por distintas carreteras. Pero ha valido la pena, porque he estado con viejos amigos y visto cosas maravillosas, como este atardecer de mil colores, cuando el sol estaba a punto de ocultarse sobre unas lomas charras.

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Amaneciendo

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     He aprovechado bien el día y también he visto amaneceres y disfrutado de ese momento en que el sol se despereza entre las nubes. La tierra se viste elegantemente de colores y hasta un tren surca la vía para dar dinamismo a la escena, previendo, como luego lo fue, un día precioso en todos los sentidos.


Pequeño rincón

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     Nuestra vida diaria está lleno de pequeños rincones que nos invitan al sosiego y a co-sentir con el ambiente que les rodea. No es fácil habitualmente el captarlos en medio del ajetreo cotidiano, pero la simple cuadrícula de una foto, como ésta de un rincón salmantino, nos puede ayudar a abstraer y separar una imagen de todo lo que le rodea.

      La luz tenue que por contraste delinea sombras, adornadas de vegetación, en medio del brillo de la piedra de Villamayor, nos dibuja el sosiego de la brisa, invitándonos a pararnos, aunque sólo sea un infinitésimo instante y a sentirnos feliz.


Sensación

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    En las últimas semanas tengo la sensación de que el reloj me puede y ahora, al entrar en este rincón, he tenido que limpiar las telas de araña que se han formado. He sacado brillo y he abierto las ventanas para que entre el aire fresco y revitalizante del otoño. Ahora que vuelvo a estar aquí más a gusto, detengo el reloj y afilo mis dedos para seguir escribiendo...


La hora de las sombras

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 Ese es el titulo de esta interesante novela del escritor sueco Johan Theorin. Esa hora de las sombras es la de cada atardecer en la que los ancianos de Öland se reúnen para conversar y contar historias terribles. Una de esas historias es verdadera la desaparición del pequeño Jens, un día en la niebla, camino de la playa. Han transcurrido veinte años y, de pronto, la aparición de una de las sandalias del pequeño hace revivir la historia. Su abuelo empieza a investigar y se lo comunica a su hija Julia que vive ahora lejos y que vuelve a aquella tierra de su infancia y que tanto dolor le produjo para siempre. 

   La trama se complica y la intriga crece a medida que van trascurriendo las páginas. Dos historias una muy antigua y otra actual caminan en paralelo hasta que hábilmente se entrecruzan. Una novela que atrapa en sus páginas.

 

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La tapadera del retrete

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         No sé si alguna vez se os ha roto la tapadera de un retrete, a mí nunca…hasta el otro día… El problema que vino a continuación fue el averiguar donde venden tapaderas del retrete y si todas serían iguales. Empecé una concienzuda investigación de la que saqué distintas conclusiones:

1)    No todos los inodoros son iguales.

2)    Se venden tapaderas en multitud de sitio, llegué a pensar si las venderían en el comercio de alimentación de la esquina, que hay casi de todo.

3)    Para averiguar el tipo de tapa, nunca me había fijado, hay que levantarla y leer las dos palabras, que pone. La de arriba es la marca del sanitario y la segunda el modelo.

Fui a una ferretería cercana con esos datos, pero me dijeron que disponían de varias tapas, pero no de la marca que necesitaba, que si lo desatornillaba y les llevaba la tapadera vieja, tal vez encontrara una parecida. Como no me pareció un sistema muy exacto, preferí llamar a una tienda de saneamientos, donde me dijeron que en dos días me la tendrían. Efectivamente, dos días después a las ocho y media de la tarde estaba desatornillando la vieja y mirando las instrucciones de colocación de la nueva, que nada tenían que ver con la antigua. Los gráficos de montaje me sonaron a Ikea, pero al fin tras no demasiados sudores quedó colocada la tapadera. Ya harto de la vieja, la metí en la caja de la nueva y la bajé a un contenedor de basura. La tapa estaba perfecta, pero el problema vino al abrir la tapa… el asiento estaba lleno de ondulaciones, venía defectuoso de fábrica. ¿Y  ahora qué? Ya era tarde, habían cerrado la tienda y me pasé toda la noche soñando con tapaderas y dudando de si no tenía que haberme metido dentro del contenedor para sacar la caja y poder devolverla.

     Al día siguiente llamé y les expliqué el problema, me dijeron que no había pega, que la volvían a pedir y que en dos días la volvían a tener de nuevo allí y me la descambiaban. Hoy fui con la tapadera a la calle envuelta en plástico, como el que lleva un wc portátil para una urgencia y me llegué a la tienda. No estaba la que me había atendido por teléfono y la de ahora me decía que donde estaba la caja que me habían dado, al final la convencí, que no quería caja, ni tornillos, que todo lo tenía, sólo la tapadera y me la dio. Ésta estaba perfecta, la examiné con lupa y, al fin, tras una semana de dimes y diretes, idas y vueltas ya tengo colocada la tapadera. Por cierto, esta vez ya no me hicieron falta las instrucciones, tras esta experiencia me he convertido en todo un experto en tapaderas de retretes.


Otoñeando

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        Hoy es el último día de octubre. Un mes que iniciamos con el ingenuo entusiasmo de un calor veraniego que esta vez se pudiera convertir en eterno y que terminamos hoy con esa hora de luz extraviada por el capricho humano de atrasar las agujas de los relojes. El viento,  al otro lado de mi ventana, agita con fuerza la rama de los árboles como queriendo provocar la caída de las hojas antes de tiempo, mientras silba con un acorde menor de película de terror. En este sur de clima benigno empezamos ya, cuando nuestros vecinos del norte hace tiempo que lo hicieron, a almacenar las camisas de manga corta en el fondo de los armarios y a dejar extrañamente vacíos los altillos tras airear sobre las camas esas mantas que siempre guardan un cierto tufillo a las apreturas en que estuvieron guardadas.

         Y es que el otoño siempre llega… Y sus luces y colores siempre me hacen soñar. Nunca he sabido por qué me retrotraen a aquellas tardes infantiles en que la noche se adueñaba de la calle antes de que con mi maleta regresara del colegio al seguro refugio de la casa familiar donde la merienda caliente me esperaba acogedora.  El tiempo otoñea y las ilusiones buscan un hueco en ese devenir cotidiano que obliga más a refugiarse entre los muros, para desarrollar esos talentos ocultos, que  el silencio siempre fluyen de una manera más sencilla. Llegarán las lluvias y los fríos y los bosques de tonos ocres darán lugar a las ramas paupérrimamente desnudas del invierno. La naturaleza, como nosotros, aparentemente calla en manifestaciones vitales, pero sólo será una transición que bien llevada nos conducirá un año más a ese gran milagro de la primavera, pero para ello no podemos despistarnos…

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