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Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2011.

Lo que esconde tu nombre

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     Esta novela de Clara Sánchez, fue Premio Nadal 2010 y es de esos libros que me enganchan desde el principio. Nos cuenta la historia de una joven que se retira a un pueblo de la costa levantina y, embarazada de un hombre del que no está enamorada, intenta encontrar un sentido a su vida. Conoce en la playa a un matrimonio de octogenario noruegos que le ayudan y entre ellos se crea una amistad, donde empiezan a tratarla como una nieta. Aparece Julián, octogenario también, antiguo prisionero de un campo de concentración que contacta con Sandra y  le avisa de que detrás de la fachada afable de esa pareja se esconden dos antiguos nazis a los que él conoció muy bien. Las investigaciones de Julián atraen la atención del lector y lo acompañamos descubriendo una trama silenciosa, la Hermandad, de antiguos nazis que existe en aquel escondido lugar.

La narración se articula en los monólogos interiores de Sandra y Julián y a través de ellos vamos entrando en un argumento que siempre invita a leer más.

"El olor a tierra y a flores mojadas, incluso antes de que se hubiesen mojado, se mezclaban con la humedad del mar. Se me abrían los pulmones, respiraba mejor que nunca, lo que sería muy bueno para el niño. Al fin y al cabo yo era su ventana al mundo y lo que le llegaba sería muy poco. Oxígeno, música algunas veces, los latidos de mi corazón y posiblemente mi tristeza y mi alegría."

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El vals lento de las tortugas

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Segunda parte del libro Los ojos amarillos de los cocodrilos, en que la francesa Katherine Pancol, nos envuelve de nuevo con ese peculiar universo de sus personajes ya conocidos y sus tramas bien urdidas. Su protagonista sigue siendo Josephine, esa mujer cuarentona y gris, que se hizo famosa con la publicación de una novela histórica. Ahora ha cambiado de domicilio a una zona mejor de Paris, en donde vive con su hija pequeña. Su hermana descubierta en el engaño de querer hacerse pasar por la autora de dicha novela, malvive depresivamente en un centro siquiátrico. Y su marido que supuestamente fue devorado por un cocodrilo, da de vez en cuando señales de vida. Josephine está muy enamorada con un amor prohibido por su cuñado y un día yendo por la calle sufre un intento de asesinato.

         La autora nos presenta una serie de personajes aparentemente normales, pero en los que nos revela sus deseos más íntimos. Aparece un asesino en serie de mujeres. Un niño con una inteligencia fuera de serie. Un hechizo capaz de destrozar una familia. Y sobre todo en sus páginas todos revelan una necesidad grande de ser amados. El estilo es dinámico donde monólogos interiores y diálogos encajan a la perfección y un cierto tono de humor, a pesar de las tragedias, tiñe todo el relato.

"Él la estaba esperando cerca de las barcas. Sentado en un banco, las manos en los bolsillos, las piernas estiradas, su gran nariz apuntando al suelo, una mecha de pelo moreno barriendo su rostro. Ella se detuvo y le miró antes de abordarle. Por desgracia no sé tomarme el amor a la ligera. Me gustaría echarme al cuello de aquel a quien amo, pero tengo tanto miedo de asustarle que ofrezco la cara humildemente para recibir un beso. Le amo a hurtadillas. Cuando levanta sus ojos hacia mí, cuando atrapa mi mirada, me adapto a su estado de ánimo. Me convierto en la enamorada que él quiere que sea. Me enciendo a distancia, me controlo en cuanto se acerca. Usted no sabe nada de eso, Luca Giambelli, usted se cree que soy un ratoncito temeroso, pero si apoyara su mano sobre el amor que hierve dentro de mí, le produciría quemaduras de tercer grado."

En un momento determinado uno de los personajes dice: "Quiero una piel contra la que frotarme, pero una piel que me hable y que me ame", pero esta frase se le puede aplicar a muchos de ellos.

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De cumple

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   Hay un día en el año que es un poco diferente a los demás: te llaman, te mensajean y te llegan correos llenos de buenos deseos; para a partir del día siguiente un número más añadirse a tus datos y acompañarte en los próximos 365 días. Hoy ha sido ese día. Hace años me "deprimía" un poco, no tanto por el hecho de cumplir años sino porque se le olvidara a algunas personas que me importaban. Con los años, afortunadamente, las sensaciones han cambiado. Me gusta cumplir años y me siento a gusto avanzando hacia delante en el camino de la vida. Lo importante es hacerlo con salud y con esa sensación, más o menos engañosa, aunque no importa, de que las arrugas y todo sus entornos, se van colocando en los sitios donde mejor sienta. Y si no sientan tan bien...tampoco importa mucho porque la vista se va "acortando" para ayudarnos a ello.


¿Buenos aires?

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    Tras un mes de julio y primeros de agosto de sol y temperaturas agradables, el tiempo ha cambiado en este rincón del sur. Las temperaturas han subido hasta los treinta y cuatro grados, las ventanas de las casas permanecen cerradas y las persianas bajadas hasta media altura y cuando se sale a la calle un abrigo hecho de aire caliente nos rodea y dificulta, en cierto modo, hasta respirar con fluidez.

    De tres a seis de la tarde las calles se descubren  solitarias, como las de un pueblo fantasma y sólo osan pasear  los visitantes que deben aprovechar cada hora de las que tienen, que para eso les está costando la estancia en el hotel. Cuando el día  declina la gente empieza a salir, una acera sigue solitaria, la del sol, y la otra se va notando ya bulliciosa. Las terrazas de los bares empiezan a llenarse hasta que no se encuentra una mesa libre y un ligero viento nocturno parece relajar el día. Para los dueños de los negocios son buenos estos aires de levante, pero yo en verano prefiero mil veces el viento de poniente.


El club de los viernes

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   Es la historia de Georgia Walker, una mujer feliz y luchadora. Vive en Nueva York y sin ayuda ha criado una hija que ahora es adolescente. Tiene una bonita tienda de lanas en Manhattan donde se ha creado un curioso club, que todos los viernes se reúne en torno a su pasión por el punto. 

    En torno al punto, Kate Jacobs, va entretejiendo las distintas historias de las ocho mujeres que allí se reúnen. Sus distintas historias la han conducido a este lugar en el que pueden compartir una vida que ahora les empieza a cambiar y en las que de alguna forma siempre el amor está presente.

    Un libro distraído, atrapa desde el principio haciendo que el lector se sienta acogido por sus letras y partícipes de las distintas aventuras de sus protagonistas.

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Mi máquina de escribir

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            Ahora que te he descubierto arrumbada en un rincón del trastero, mientras motas de polvo dibujan líneas sobre tu funda, máquina de escribir, he recordado la historia que juntos hemos vivido. Mis recuerdos originales son los de la máquina de mi padre y su tecleo rápido sobre la mesa del salón.  Alguna vez me la dejaba y yo, colocando el folio, intentaba remedar su velocidad. Lo único que conseguía eran unas líneas de letras caprichosamente mezcladas y una serie de varillas que se enganchaban unas con otras y que tras liberarlas me tiznaban de negro las yemas de los dedos.

                Un acercamiento más serio fue, durante un verano adolescente, en una academia de mecanografía durante varias semanas en las tardes de temperaturas imposibles. Aquellas máquinas eran negras, a mi me parecían jorobadas, de teclas redondas sobre las que había  que realizar un  gran esfuerzo para teclear aquella frase de muestra en la que estaban todas las letras del abecedario. Raramente volví a encontrarme con una máquina de escribir, hasta que empecé el servicio militar, donde presentado a una prueba de mecanografía conseguí destino en una Caja de Reclutas.  Me pasé casi todo el tiempo en una oficina con una especie de ordenador a pedales con un gigantesco teclado, una pantallas minúscula y unos soportes que eran discos flexibles grandes. Terminada la carrera y ya trabajando, un día se me ocurrió presentarme a oposiciones para la Administración y no tuve más remedio que mejorar la velocidad y calidad de mi teclado. Me apunté a una academia de mecanografía, que todavía existe, junto al Palacio de Deportes de Madrid. Ahora las máquinas se habían modernizado y escribía con unos auriculares sobre los oídos donde me dictaban machaconamente.

                Pocos meses antes del examen fue cuando la descubrí, pasaba de vez en cuando por el escaparate de aquella tienda y ella me sonreía desde el escaparate. No era de las más pequeñas, ni tampoco de las más grandes, lo que era importante pues tenía que cargar con ella el día que fuera al examen. Mi economía no  era muy boyante, pero al fin tenía mi máquina de escribir. Me gustaba la letra que tenía: original y cursi, decían otros. Me entrené con  ella y el día del examen, tras hacer los supuestos prácticos los tuve que mecanografiar. No sé que sería lo que estaba  mal, si los supuestos o lo mecanografiado, pero...¡me suspendieron!  En las oposiciones que finalmente aprobé…no me exigieron mecanografía.

                Aquella máquina, después de aquello, se quedó en un rincón para siempre, sólo alguna vez la he sacado y ahora semeja a un viejo pc sin pantalla y con impresora, sin cables, incluida, y cuando, como ahora,  la tengo entre mis manos y oigo el ruido de sus teclas no puedo dejar de sentirme invadido por las hebras de la nostalgia.

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El tiempo entre costuras

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Nos narra la historia de una joven modista de Madrid, Sira Quiroga, que pocos meses antes del alzamiento, abandona el novio con el que se iba a casar y su ciudad siguiendo hasta Tánger a un hombre del que se enamora.  Al cabo de un tiempo, éste la abandona y ella se traslada a Tetuán, donde se encuentra sola y sin dinero.  A través de algunas amistades y tras algunos trapicheos en los que se mete logra montar un taller de costura, donde en poco tiempo adquirirá  merecida fama. La guerra estalla y distintos personajes históricos se introducen entre las páginas.  Sira, a través de un amigo británico, consigue sacar de Madrid en plena guerra a su madre que vendrá a ayudarle en su taller. Poco a poco, irá madurando y apareciendo en ella la mujer resolutiva y valiente, que unos años antes no pudo imaginar. Acabada la guerra se trasladará a Madrid, donde seguirá con su costura y otro tipo de actividades, sin duda mucho más peligrosas.

Primera novela de la manchega María Dueñas, que ha resultado todo un éxito editorial. Narrada en primera persona, vamos asistiendo a esa evolución paulatina de la protagonista. En algún momento me ha parecido flojear la narración, quizás en esa parte en que la protagonista habla de “oídas”, pero luego se recupera un tono, que en algunos momentos arrastra  con la intriga que nos crea.  No me ha decepcionado las expectativas que tenía creada con su lectura.

“Me devolvió la sonrisa y un pellizco en la mejilla, cargados los dos de afecto y de una sabiduría tan vieja  como los tiempos. Ambas intuíamos que a partir de entonces todo sería distinto. Nos seguiríamos viendo, sí, pero sólo de cuando en cuando y discretamente. Íbamos a dejar de compartir techo, ya no presenciaríamos juntas las broncas, sobre el mantel; no recogeríamos la mesa al terminar de cenar, ni hablaríamos con susurros en la oscuridad de mi mísera habitación. Nuestros caminos estaban a punto de separarse, cierto. Pero los dos sabíamos que, hasta el fin de los días, nos uniría algo de lo que jamás nadie iba a oírnos hablar.”

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Anoche soñé contigo

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          Esta es la historia de dos mujeres, Olga y Mari Loli, muy diferentes en algunos aspectos, formación y estatus, pero muy semejantes en esas dudas que acompañan a toda mujer en alguna época de sus vidas.

         Olga, bióloga, a punto de cumplir la cincuentena y con dos hijos adolescentes, al regresar a casa tras una expedición en el Hespéride, nota extraño a su  marido, cargado de un cierto embobe y de una nueva estética.

         Mari Loli trabaja de cajera en un supermercado, de 37 años, una hija de guardería y dos hijos adolescentes, observa como su marido con la excusa de pedidos que tiene que hacer con el camión se ausenta cada vez más de su casa.

         Tanto una como otra acusan la íntima frialdad de sus maridos y empiezan a sospechar de la infidelidad de los mismos. A través de las letras, cuando las protagonistas reflexionan o hablan con sus amigas nos llegan sus dudas sobre la infidelidad ajena, que van tornando a ese sentimiento entre miedo dudoso y gustosamente osado ante la posible propia infidelidad.

         Nos aparecen retratadas sus vidas cotidianas, con sus lamentos, en ocasiones silenciosos, y sus expectativas que las hace volar más allá de la realidad y, en el fondo, sobrevivir, más allá de lo que imaginaban. Aunque son dos historias totalmente diferentes, en algunos momentos de la narración, la escritora juega con nuestras protagonistas y se relacionan levemente en el transcurso de sus historias.

         Su autora Gemma Lienas, autora de novelas tanto para jóvenes como para adultos entra aquí en la intimidad de dos mujeres para hablarnos de la mujer.

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Solazándome

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Aunque no soy  muy amigo de quebrantar las rutinas, por lo que tienen de romper esa seguridad cotidiana a la que ya uno está adaptado, siempre agradezco el poder disfrutar de unos días de vacaciones. En esta ocasión han transcurrido en un pequeño hotel de la sierra. El tiempo maravilloso, el cielo coloreado de azul y una brisa que revitalizaba y sacudía tensiones. En un rincón bien aprovechado de la parcela, una piscina, casi solitaria, en la que tumbado en la hamaca hacía largos ratos de relajamiento de mente, observando el cielo o el baile de las hojas. El rumor cadencioso y constante del agua envolvía el aire en una sinfonía a la que ayudaba el susurro de las ramas de los árboles, el agitar nervioso de las hojas de las macetas  y el trinar asincrónico de los distintos pájaros.

         Sobre una hamaca asoman unas piernas de tonos níveos, que desprenden suavidad desde la punta de los dedos de los pies, hermoseados por una pintura violácea, hasta las simétricas turgencias de sus muslos.

         Pendo mis sueños en el aire, hasta que al fin mi mano coge el bolígrafo negro y el cuaderno para detener esta escena y que quede anclada en mi memoria.  Al principio sólo son unas líneas suaves, casi invisibles, y perdidas que pretenden encuadrar el rincón, para ir luego reafirmándolas, oscureciendo el trazo y reavivarlo dándole sombras. Al final surgió esto del papel, no un retrato de la realidad, sino mi particular visión de aquel lugar y aquel instante que, para siempre, ha quedado plasmada por estas líneas negras.

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Galopando

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          Los caballos galopando por las playas de Sanlúcar parecen estar huyendo de un verano, que tan rápido como al ritmo de esos pasos va quedando enterrado por el peso de las hojas caídas del calendario. Atrás quedan las huellas en la arena, tan breves como fútiles y con ellas los recuerdos, los momentos únicos o para olvidar, las ilusiones frustradas y todas las nostalgias que parecen acompañar al final de un verano.

         Ahora se introducirán en un tiempo diferente, no sólo de temperaturas más frías, sino de circunstancias más ordenadas, muchas veces dirigidas por la dictadura del reloj. Todo parece volver a la “normalidad” y las playas quedan vacías, reservadas para una elite de privilegiados mientras que casi todos se desperezan antes del amanercer y el cansancio va incrustándose en nuestros músculos en ese transcurrir  del día hasta esas otras horas en que el sol prontamente se retira a su refugio horizontal, acortando drásticamente las horas de luz.

         Tendremos una época, el otoño, que nos servirá para irnos acostumbrando, hasta que llegue esos días fríos, negros y lluviosos en que nos apetecería hibernar, pero siempre  en nuestro interior, seguiremos manteniendo el deseo ilusionante del próximo verano.

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