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Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2011.

Nemesis

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   Esta novela está ambientada en la comunidad judía de Newark en New Jersey en el verano de 1944. Cuando ya la segunda guerra mundial está terminando allí se desata una epidemia de polio, entre los jóvenes, que va creciendo de una manera alarmante. El protagonista es Bucky Cantor, un joven profesor judío que dirige la escuela de verano. Su vida ha sido complicada, criado por sus abuelos porque su madre murió en el parto y su padre fue a la cárcel, ahora es un joven responsable que se enfrenta a aquella epidemia con miedo y rabia a la vez y que se lamenta de no haberse podido enrolar en el ejército por culpa de su miopía. Su novia está en un campamento con jóvenes lejos de allí y le propone que se vaya allí, pero él duda y le parece que si se va es como abandonar a sus  alumnos de la escuela de verano en medio de aquella epidemia. 

Una novela dotada de una cierta crudeza. Es la primera que leo de Philip Roth y, a pesar de que me ha parecido distraída no me ha gustado especialmente.


¿Por qué?

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    Durante un buen rato me pregunté esta mañana el porqué todo el mundo paseaba por la acera de la izquierda, mientras la de la derecha estaba totalmente vacía.

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Vieja postal

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Hay veces en los que un descubrimiento en un rastrillo de cosas viejas, trae  a colación viejos recuerdos. Es el caso de esta postal, encontrada hace unos días, de la que aquí he plasmado un recorte, de la Alameda de Cádiz. Calculo que data de 1967 y lo que azuza mi nostalgia es verme retratado en ella con las manos colocadas sobre mi cabeza y acompañado de algunos de mis amigos, en aquel rincón gaditano que fue testigo de mis primeros juegos infantiles.


Escritura creativa

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     Ayer por la tarde en el salón de actos de la fundación Caballero Bonald de Jerez de la Frontera, hubo una interesante sesión sobre escritura creativa, impartida durante cuatro horas por el escritor sevillano Julio Manuel de la Rosa.

      Con voz pausada fue introduciéndonos, con su experiencia en talleres literarios, en el mundo de la escritura, con la pregunta inicial de si se puede aprender a escribir y las dos teorías, voluntaristas y espontáneos, que hay al respecto. Nos indicó las cuatro fases de la escritura:

a) Invenire: invención de idea o palabra

b) Ordenación o disposición: el plan

c) Elocución o escritura del texto.

d) Corrección: el arte de tachar o corregir. Todo texto es mejorable.

     Dos opciones básicas en la escritura creativa: Describir y Narrar. Habló de los distintos tipos de descripción y en cuanto a la narración de su técnica y las características de la estructura narrativa. Señaló las narraciones más importantes del siglo XX. Toda la charla estuvo salpicada de textos de diversos autores que sirvieron de ejemplo a la teoría. Finalizó esta interesante sesión, que nos ayudó a acercarnos al apasionante mundo de las letras, con una metodología de análisis crítico sobre las lecturas.

      El búcaro no tenía la cámara de fotos,  pero sí un bolígrafo azul que, entre toma y toma de apuntes le sirvió para hacer este retrato del conferenciante.

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Lustro más uno

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        El pasado mes de noviembre se cumplieron ya seis años desde aquel día en que decidí alojar mis letras en este blog. Este rincón comenzó como un lugar en el que posar mi ejercicio cotidiano de escritura.  Desde entonces, acompañando al ánimo inspirativo, he venido escribiendo con mayor o menor regularidad o pereza. He procurado insertar una reseña de todos los libros que he ido leyendo, lo que me ayuda a tener un recordatorio de los mismos y en qué época los leí. Me he obligado a rescatar retazos de mi memoria con los que he revivido algún tiempo más o menos lejano. He aprovechado para colgar dibujos realizados con las líneas que se escapan de mi bolígrafo. Y, por fin, otras veces simplemente he escrito por el puro placer de escribir.

         Durante todo este tiempo, he ido leyendo otros blogs, disfrutando de las letras ajenas o contactando con personas interesantes de la blogosfera. Muchos quedaron en el camino, simplemente un día cambiaron de lugar porque cambiaron de vida o simplemente de ganas de escribir y con ellos se fueron sus letras. Otros desaparecieron ¿para siempre?, y quedaron sus post como símbolos de unas ideas que en aquel momento y quién sabe por qué razones bulleron en su interior. En fin, hay otros que siguen resistiendo, pese a la escasez de tiempo o los cambios cotidianos y siguen regando de flores nuevas sus blogs.

        Los comentarios en los post son bastante escasos, por no decir prácticamente nulos, hubo épocas en que abundaban más, lo que me lleva a dudar, aunque sé que hay gente que entra por aquí, si me leen. Eso no es algo que me desanime, cuando uno vive respira porque sí, no por el hecho de que los otros vean cómo lo hace. Cuando gusta escribir ocurre algo similar, se escribe por puro placer, aunque gusta que los demás lean lo que escribes, tampoco es algo esencial para seguir haciéndolo. Eso, sin embargo, no quiere decir que pueda llegar un día en que estas letras se coloquen las alas y se decidan a volar hacia lugares nuevos o inexplorados.


Feliz Navidad

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    Hace años en estas fechas compraba una buena colección de felicitaciones navideñas y un pliego de sellos y durante horas me dedicaba a escribir. Era una excusa, para una vez al año, acercarme a gente que habían formado parte de mi historia y que ahora estaban lejos. Iba al león de correos y veía cómo iba desapareciendo aquel mazo de cartas en su boca. De esas pocas volvían, pero a pesar de ello seguí con esa costumbre,

Los tiempos evolucionarion y la forma de comunicarnos dio lugar al abandono del papel por los sms y las letras digitales y hoy hay otras formas muy diferentes de felicitar. A mí de todas formas me gusta siempre darle un puntito diferente, más personal con algo que no proceda de esa biblioteca sin fondo que es internet, como con este dibujo.

Así que desde aquí para los que:

-habitualmente siguen mis letras

-me conocen

-es su primera vez que leen mis letras

-bostezan o sonríen al leerme

-saben a qué me refiero

-están hartos de que le feliciten

-leen esto lejos de la Navidad

-se pregunten quién escribe esto

-para el que entra por casualidad

-para ti

-para todos

¡FELIZ NAVIDAD!


Trayecto en tren

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        Siempre que viajo en tren me envuelve un poco la nostalgia que produce el desplazarme hacia otro lugar donde se despierta mi sensibilidad de una manera muy especial. Y eso que estos trenes son muy diferentes a aquellos de olor rancio, traqueteo continuo y detenciones inauditas en mitad de la nada. Se nota que es época de vacaciones, el tren entra veloz rasgando la estación con el doble de vagones de lo habitual. Voy en uno de los últimos vagones por lo que tengo que recorrer unas decenas de metros por el andén, lamentando que mi maleta además de ruedas no tenga motor.

         Coloco la maleta sobre mi asiento y me acomodo, con una cierta incomodidad, valga la contradicción, porque he sido de los afortunados en viajar frente a otro asiento. Allí se sienta un individuo alto, de cabellos largos por detrás e intermitentes sobre la cabeza, boca cerrada en forma de A y unas estudiadas patillas que adelgazan por la mejilla hasta desaparecer.  Tanto él como yo tenemos que hacer habilidades con las piernas para no estorbarnos mutuamente. No dice nada, sólo mira al frente, mientras yo abro mi libro y leo, mientras me gusta mirar a mi alrededor. No presto atención a la película, la he visto hace poco.

         Cuando miro por la ventana, los olivos parecen perseguirse unos a otros, mientras atravesamos las tierras de Jaén. A mi derecha una pareja madura, ella oronda apoyada en el cristal de la ventana, hace punto sin parar con dos agujas. A él con una gorra cuya visera casi le roza las gafas, le falta un brazo y lee a Stieg Larsson en un libro de bolsillo que apoya contra su pierna izquierda.  Con suma habilidad descansa el libro y saca el móvil del bolsillo para mirar la hora. Interrumpe ella el punto para decirle que quiere una cocacola light y él sumiso deja el libro sobre el asiento para desaparecer hacia el vagón cafetería. Frente a ellos una pareja muy joven, él descansa su cabeza, casi descolgada y de ojos cerrados, sobre el hombro de ella, una chica de rasgos sudamericanos con uñas muy cuidadas de color de moras.

         Sigo leyendo. El tren ralentiza su marcha, miro por la ventana cuando entramos en una Ciudad Real fantasmagórica, casi desaparecida por la niebla. La puerta del vagón se abre continuamente y al fondo la luz roja indica wc ocupado. Una mujer de formas de tan apretadas, estilizada, pasa a mi lado y su perfume nos impregna, Mi vecino gestualiza convirtiendo su boca en A, ahora en U.

           Los primeros edificios de Madrid aparecen tras la ventana y coches, muchos, camino de quién sabe donde. Distingo edificios conocidos y el tren se va rodeando de otros trenes que le hacen como de coro. La velocidad disminuye hasta que el tren se para del todo. Desciendo del tren con mi maleta y de nuevo me doy un obligado paseo de muchos metros hasta llegar a la estación, al menos no llueve. Cuando llego a la parte principal me detengo y me pongo a admirar a las tortugas que hay allí. No corren, están casi estáticas y yo diría que hasta sonrientes…

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