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Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2011.

El hermano Cortés

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   No exagero si digo que hace más de treinta años que sigo la trayectoria de José Luis Cortés en el mundo del comic religioso, donde este sacerdote malagueño es un verdadero artista. Las viñetas de Cortés son tiernas y a la vez honda, haciéndonos reflexionar. He leído todos sus libros desde aquel "Qué bueno que viniste" del año 1976, un original acercamiento a los evangelios de la infancia o ese que tanto me impactó en mis años jóvenes de "Francisco el buenagente", la historia de San Francisco de Asís en dibujos. 

   Me alegró el enterarme de que ahora dibuja, ya jubilado en una editorial, desde hace algo más de un mes una viñeta diaria en Periodista digital, en un blog llamado Hermano Cortés en el que su dibujo expresa más de mil palabras. Aconsejo de vez en cuando acercarse por él y saborear el mensaje que nos transmiten esos dibujos que no nos dejarán indiferentes.


Noche de Reyes

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    Hoy es una noche especial en nuestro país, porque a diferencia al resto del mundo esa tradición de que los Reyes Magos dejan los regalos a los niños, triunfa sobre la de ese señor orondo y vestido de rojo. A mí siempre me ha despertado este día sentimientos encontrados hasta tal punto, que prefiero recibir regalos cualquier día de no-reyes del resto del año. Quizás sea una reminiscencia de mi infancia que para recibir ese regalo sufría el peaje de una noche en que el nerviosismo y el miedo a que me descubrieran despierto aquellos majestades orientales me dejaran sin regalo.

      Con los años he superado ese miedo hasta el punto de que tantos días festivos con desenlace en este día, hacen que desee que llegue pero para suspirar como un superviviente cuando ha superado una difícil prueba. No me gusta esa cierta "tensión" que se crea de que hay que regalar y que hace que acaben haciéndose, en muchas ocasiones, regalos absurdos que ni siquiera se abrirán.

      Yo prefiero regalar en otras ocasiones del año, por el aniversario, por algún evento señalado o simplemente...porque apetece llegar de esa manera a esa persona. En cuanto a regalos sigo prefiriendo aquellos en que lo de menos es lo que cuestan monetariamente:

-los que reflejan en su cariño la creatividad del que regala

-los que recuerdan momentos vividos y compartidos

-los que nunca me hubiera esperado

-los que esperaba con desesperación

-los que no ocupan espacio en el armario

-los que son tan únicos que a los demás les parecería una tontería

-los que producen lágrimas de alegría

-los que me traen ráfagas de un corazón ajeno

-los que me me pueden acompañar muchas horas al día

-los que casi no se notan

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Realidad y ficción

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     En el mundo de la escritura no siempre está delimitada la frontera entre realidad y ficción. Y el enlace caprichoso que el escritor hace con las letras para formar las palabras, tiende a crear frases que pueden embellecer la realidad hasta el extremo de desdibujar la historia o inventarla. Eso estoy acostumbrado a hacerlo cuando escribo algún relato, pero hoy quiero mezclar la realidad y la ficción en este dibujo, en el que mi mano ficticia sostiene el cuadro de mi último dibujo real.

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Ella, que todo lo tuvo

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   Una nueva novela de Angela Becerra, en la que nuevamente he disfrutado de la prosa elegante de esta escritora colombiana. La protagonista es una escritora que tiene un accidente de tráfico, en el que desaparece su marido y su hija pequeña, a la que trata infructuosamente de encontrar. Vuelve a Firenze y allí se dedica a restaurar libros y a hacer visitas a una vieja librería con la que establecerá una especial relación. Al mismo tiempo una sensual dama con una máscara recibe en un ático a hombres solitarios. La soledad es una característica de muchos de los personajes y va atravesando las líneas de una parte a otra. Como siempre, da gusto leerla y sobre todo saborearla.

    "Sí, el ser humano necesitaba de las frustraciones y negaciones para encumbrar al amor. ¡Ahhh!, pero qué maravilloso era cuando, después del dolor, llegaba aquella sensación de muerte y vida en la saliva del beso de la amada. Quizá era esa humedad tan ajena la que alargaba la vida; allí, se diluía el sinsentido de los días, el fracaso y la absurda erudición. Un beso iguala a los mortales a su condición de humanos. Llevaba a circular la sangre por rincones dormidos donde la insensibilidad yacía apoltronada como una okupa usurera. Obligaba con dulzura a que las células gritaran de gozo. Banquero y mensajero, joven y viejo, mujer y hombre, listos y tontos, todos sin excepción renacían en un beso sentido."


En la balaustrada

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(Foto de elbúcaro)   

-Siempre me han dicho los viejos de la bandada que las balaustradas son un lugar privilegiado para ligar. ¡Voy a comprobarlo con esta bellezona!


Los olivos de Belchite

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         Una novela, la primera escrita por Elena Moya, en el que el peso del pasado  y su influencia en la historia presente van recorriendo todas sus páginas.

        María es una joven, con un buen puesto de trabajo en un banco de Barcelona, a donde ha escapado del entorno matriarcal en el que se desarrolló su infancia en Belchite, donde su familia tiene una empresa dedicada a la producción de aceite de oliva.  Le quedan pocos meses para  su boda con Jordi, el heredero de una empresa de Cava, perteneciente a una afamada familia catalana. El trabajo de María la conduce a Inglaterra, donde distintas circunstancias le socavan los cimientos de la organizada vida a la que aspira, hasta límites que nunca hubiera ella sospechado. También el habitual sosiego de Jordi es sacudido y sus perfectas estructuras empiezan a desmoronarse.

            Unos diálogos ágiles, acompañados de esas reflexiones que no se llegan a pronunciar, hacen que la narración fluya. Los personajes principales van evolucionando a medida que lo hace la trama y en otros secundarios se van descubriendo duras historias que son las que les ha hecho llegar al punto en el que ahora se encuentran.


Sé lo que estás pensando

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       Siempre me ha gustado la novela policiaca y he disfrutado con las historias de Agatha Christie, las novelas de Sherlock Holmes, ese deletreo que atrapa del alfabeto del crimen de Sue Grafton o las aventuras de la forense Scarpetta. Esta novela, la primera de su autor John Verdon, no tiene nada que envidiarle a esas que he citado.  La historia es brillante y es bueno leerla en una época que se tenga tiempo porque atrapa de tal manera que peligra hasta el tiempo no libre.

            Un hombre recibe una carta que le invita a pensar en un número del 1 al 1000, cuando abre el sobre que acompaña la carta se da cuenta de que se trata del número que exactamente había pensado. Percibiendo amenaza en el tono de la carta acude a un antiguo compañero de facultad, Dave Gurney, que ha estado durante veinticinco años trabajando en el departamento de Homicidios de la policía de Nueva York, pero ahora está retirado. Dave ante lo que supone un chantaje no está demasiado animado a ayudarle y le aconseja a su amigo que acuda a la policía local, pero cuando éste muere asesinado se implica  en el caso. A medida que va avanzando la historia, se da cuenta que se la tienen que ver contra un asesino en serie, sumamente inteligente y que las únicas pistas que va dejando son para burlarse de la ineptitud policial.

            El argumento no descansa, unas veces nos deja mirar en el interior del protagonista y otra en los acontecimientos que van sucediendo. Buen desarrollo de las investigaciones policiales y muy vivas las reuniones en las que todos hablan para dar su punto de vista sobre los hechos que van sucediendo. Al terminar quedo con ganas de leer una segunda novela de este autor.

 


A mi lado

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       Cada día permaneces a mi lado, inadvertida, casi reflexiva,  alborotando mi día  con tu silencio. Me muestras tu aspecto lánguido y sinuoso, dejándote acariciar por el aire, revivir por el sol y empaparte con el agua de las nubes. Hay días que ni te miro, que ni siquiera te hago caso. Otros en los que tu lozanía me alegra el ánimo y algunos en los que me apena tu contrita imagen.  Hay épocas en que me olvido de ti y cuando sorprendido, te redescubro, pareces mirarme cómplice aunque no tengas  ojos abiertos.  Sólo te tengo a ti…

            …en la terraza de mi oficina, eres mi única planta. A pesar de que te presto una habitual indiferencia, cuando llega esta época siempre te resurges, te atildas con tus mejores flores amarillas y me regocijas anunciando como heraldo de buenas noticias, que pronto, muy pronto llegará la primavera.


La ruta de los buenos días

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     Cada mañana, aún de noche cerrada, al salir de casa con los últimos restos de sueño aún adheridos a mi cuerpo, deambulo por las calles solitarias camino de mi trabajo. Siempre me llama la atención a esas horas la solidaridad madrugadora de los escasos paseantes, que hace que al cruzarnos con alguien aunque sea desconocido, se intercambien unos espontáneos “buenos días”. Saludos de tonos muy diferentes: desde ese afable acompañado de un leve movimiento de cabeza, a ese otro que se adivina tras un semigruñido o incluso ese saludo doble del “buenos días, buenos días” que me dirige un senegalés mientras la blancura de su sonrisa destella en la penumbra de la calle.

            Así ese cotidiano itinerario se convierte en una ruta de buenos días hasta que entro en el interior del edificio donde trabajo. Cuando vuelvo a salir a la calle, un par de horas más tarde ya dejaron de brotar esos espontáneos saludos y yo me pregunto ¿en qué momento exacto del día se transforma en una simple calle esa ruta matinal de los buenos días?


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