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Se muestran los artículos pertenecientes a Mayo de 2011.

Amigos para siempre

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    Un año más la editorial Hipálage, ha recopilado los microrrelatos seleccionados, de los enviados para un concurso, en los que había que escribir sobre la amistad. El resultado es este ejemplar con este nombre tan atractivo de "Amigos para siempre", que se podrá adquirir en librerías. Entre los relatos seleccionados hay uno del autor de este blog.


Tú serás mi cuchillo

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    Acabo de terminar de leer esta novela del escritor hebreo David Grossman, que es conocido aparte de por sus escritos por ser un activista por la paz. Aquí nos narra la historia de Yair un librero de 33 años y Miriam una profesora de un liceode 40 años, los dos felizmente casados. En una reunión de antiguos alumnos del liceo a la que acude Yair, descubre a Miriam, ni siquiera se hablanm, pero él la observa y decide mandarle una carta a la dirección del liceo donde le propone una relación meramente epistolar pero en la que se intuye que quiere mostrar lo más hondo de sí mismo. Miriam le contesta y así se inicia entre ellos una relación marcada por palabras escritas que van en uno y otro sentido.

      Casi tres cuartas partes de la novela está constituida por las cartas de Yair, no sabemos lo que contesta Miriam, a no ser algunas referencias, pero se puede observar que entre ellos se establece un intenso nexo. La segunda parte, mas breve nos lleva al conocimiento íntimo de Miriam una madre fuerte que lucha para sacar adelante a su hijo discapacitado.

       Es una narración intensa, pero que a mí no me ha terminado de atrapar en algunos aspectos. Sí que me ha atraído la atención y, en algunos momentos, su lectura me ha hecho pensar y mi mente ha divagado en íntimas reflexiones.

    "Quizá debiera contarte que, en mi necedad, durante las últimas semanas he estado pensando que si yo tengo un objetivo en la vida eres tú. O que está relacionado contigo. O que a través de ti lograré, de algún modo, alcanzarlo. Esta creencia no tiene demasiada lógica, pero así es como lo he pensado y es solo a ti a quien puedo escribir algo como esto sin sentirme ridículo. Ahora tendré que volver a buscar ese "objetivo" en otro lugar más sencillo, donde según parece más fácil me resulta buscarlo, bajo la luz, en nombres como Luz o Clara. Lástima.

   Se me ocurre que sí, supongamos, me secuestraran o desapareciera sin dejar rastro, y viniera un detective para intentar entender y recomponer quién he sido solo según lo que los demás que me rodean saben de mí, no lo conseguiría. Mira, también eso lo he sabido gracias a ti, que vivo, sobre todo, de lo que no tengo."


Valdejimena

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         Tras rebuscar entre unos viejos papeles me apareció este dibujo que hice en aquel lejano abril de 1977 del santuario de Valdejimena en Salamanca. Al pararme ante esas líneas de boli negro que pretendieron retratar en una escena aquellas viejas piedras, brotan en torrente mis recuerdos de entonces. Era la primera vez que salía durante tanto tiempo, una semana, lejos de mi tierra sureña. Viajé en el exprés hasta Madrid y de allí seguí el viaje en autobús camino de Salamanca. Miraba expectante aquel paisaje de ancha meseta, novedoso, por la ventanilla y aquella sensación desconocida de sentirme “tan al Norte” me producía cierto vértigo, especialmente cuando atravesamos bajo el túnel de Guadarrama.

            Llegué a Salamanca ya por la tarde, me esperaban algunos amigos y me acompañaron al piso. Aquella noche dimos nuestro primer paseo por aquellas calles. ¡Qué poco imaginaba que mis ojos de asombrado turista se convertirían meses más tarde en los de un habitante más de aquella ciudad, que a partir de un determinado momento acabaría “enhechizándome”!

            Al día siguiente, un destartalado autobús nos conduciría a Valdejimena. Disfrutaba recorriendo aquellos campos de alrededor, nunca había visto tanta hierba o un rebaño de ovejas y contemplando aquellos árboles de enrevesadas formas que, en un principio pensé que eran olivos, pero que me dijeron que se llamaban encinas.Y en uno de aquellos ratos, en una plaza que tenía forma como para usarse para corridas de toros, sentado  en el suelo fui dibujando aquellas piedras sin pensar que alguna vez me serviría para acordarme de ellas. Recuerdo aquellos días con una mezcla de quietud y de sana alegría. Fue una experiencia maravillosa en la que ratos de reflexión y el apoyo entusiasta de aquellos jóvenes, casi todos con algún año mayor, que yo me ayudó a trenzar sueños para el futuro y a tomar decisiones que cambiarían mi vida, que acababa de salir no hacía mucho de la adolescencia. 

            Cuando terminamos aquellos días la mayoría se fueron de vacaciones y yo durante un par de días pude ir conociendo algunos rincones salmantinos y disfrutando de una Semana Santa que no tenía nada que ver con la de mi Andalucía, ni siquiera en las temperaturas. Me asombré al darme cuenta que se podía estar, andando por la calle, a temperaturas inferiores a cero grados sin que el cuerpo se quedara congelado.  El sábado santo 9 de abril, mientras estaba en el salón de aquel piso, en el que luego pasé cuatro años de mi vida estudiantil, apareció en aquella televisión en blanco y negro Adolfo Suárez para anunciar la legalización del partido comunista. Me fui a la cama, no me acababa de acostumbrar al hecho de dormir con calefacción, con una doble sensación, que luego se ha cumplido, que aquellos días iban a ser el inicio de una etapa tan fundamental para el resto de mi vida como lo iba a ser para la historia de España.


Sólo en la cocina...

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...escuchando Onda Melodía, entre humos. La olla expréss expulsa vapor oliendo a puré de verdura. La tapa de la otra olla borbotea mientras los macarrones se cuecen. La luz de la tarde, entrando por la ventana, estalla sobre el mantel de la mesa. Mis manos huelen a cebolla. Un pájaro se posa en el alféizar de la ventana.

    Sólo en la cocina, escuchando Onda Melodía, logro encontrar un minuto para sentirme feliz.


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