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Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2011.

Deambulando por las calles

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     (Puerta en Calzada de Valdunciel)

        Me encantan los pueblos castellanos, tan distintos  en tamaños y colores a los pueblos, ciudades más bien por su tamaño, de esta tierra del sur. La semana pasada he disfrutado paseando por uno, en las horas del mediodía. Silencio roto por el repiqueteo de mis suelas sobre el asfalto y algún gorjeo que llega por el aire desde la rama de algunos de los escasos árboles. Aprovecho la cámara de fotos para robar instantes de esta quietud y poder luego recrearlos. La máxima altura es la de la torre de la iglesia, que bajo el patronazgo de Santa Elena, es testigo del camino de los peregrinos que van a Santiago por la ruta de la Plata. En las casas, calladas y de planta baja o con un piso, predominan los tonos beiges y ocres. Algunas en su dejadez externa muestran el abandono de sus vecinos, que parecen mantenerlas allí como retazos de un pasado familiar que se va desdibujando con el tiempo. Las nubes colorean el cielo con los tonos otoñales recién inaugurados.

     Suenan las campanas de la iglesia y en torno a ella y enfrente en el bar de la plaza observo a los únicos habitantes. Una joven madre cruza delante mía llevando a dos niños pequeños de la mano, que son como el anuncio futuro de que a pesar de todo en este  pequeño pueblo seguirá habiendo gente.

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Las primeras nubes

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     Ayer dando un paseo por la playa vi las primeras nubes de la temporada por este rincón sureño. A pesar de la amenaza de lluvias para este fin de semana, estas nubes famélicas y desvaídas se han ido deshilachando y no han provocado, ni por asomo, caída  de agua. El otoño se resiste a llegar. En la playa algunos toman el sol en bañador, mientras una bandada de gaviotas descaradas, posadas muy cerca, gritan como si quisiera expulsarlos de su territorio otoñal. Paseo en mangas cortas, el sol quema, mientras escucho música del mp3  y divago con mis ideas.

      No sé por qué me viene a la cabeza, la historia de P. Hace más de quince años, que por razones laborales lo conozco. Siempre me ha parecido un "pobre hombre", especialmente cuando viene a verme, de tal manera  que, si viniera conduciendo en vez de andando y le hicieran la prueba de la alcoholemia,  perdería todos los puntos de sopetón. La última vez que lo llamé a su casa pues tenía que ir a hacer unas gestiones, me cogió el teléfono su mujer y me vino a decir como en aquella frase que se hizo famosa en el 23f: "ni está ni se le espera"...porque está en la cárcel.

       Las siguientes noticias que tuve de él fue por una llamada telefónica de la trabajadora social de la cárcel, le había dicho que me llamara para un expediente que tiene pendiente de resolver. Lo que más me impresionó fue el saber que no tenía a nadie, ni familia ni amigos que pudieran venir a la oficina a recoger o traer los papeles. Se los envié por correo y hace poco los recibí por el mismo medio una vez completados por la trabajadora social. Pensaba qué le habría ocurrido para estar en esa situación, pero días después al abrir el periódico veo sus iniciales, que las conozco bien, inmersas en un juicio por violencia doméstica. Ahora comprendí muchas cosas... Pero hay algo que acabo sin entender, en todos estos años que marcan su vida ¿no tiene ni siquiera un amigo o un simple conocido?


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